Explico clara y concisamente la forma más eficiente de invertir. Tengo un doctorado en inversiones por Princeton University, soy miembro de la facultad de economía de Rice University en Houston TX, director de inversiones en Inscription Capital, y presidente del investment advisory board de GBM. Educational Podcast. No financial advice.
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¿Conviene abrir un negocio o invertir en bolsa? La intuición dice una cosa. Los datos dicen otra. Recorremos las estadísticas de supervivencia empresarial en México y el mundo, el estudio Bessembinder, y el caso a favor de la diversificación.
Bienvenidos a Cómo Invertir. Soy Julio Cacho. En el episodio de hoy vamos a hablar de algo incómodo. La mayoría de los negocios fracasa y la mayoría de las acciones individuales también. Los datos que voy a compartir en los próximos minutos deberían cambiar la forma en la que ustedes piensan acerca de invertir su dinero. Empecemos por las cifras. En Estados Unidos, la Oficina de Estadísticas Laborales lleva más de tres décadas siguiendo la trayectoria de cada negocio nuevo. Sus resultados son consistentes año tras año. Cerca del 20% de los negocios nuevos cierra en su primer año. La mitad no llega a los 5 años. Y aproximadamente dos terceras partes han desaparecido al cumplir 10 años. En México, el panorama no es más alentador. Según los estudios del Inegi, la esperanza de vida promedio de un negocio mexicano al momento de abrir sus puertas es de apenas 7.7 años. En muchos sectores, entre el 60 y el 70% de los negocios cierra antes de cumplir 5 años. Y no piensen que esto solo aplica a los pequeños. De las 500 empresas más grandes que componían el índice Fortune 500 en 1955, menos de 60 siguen existiendo hoy. La vida promedio de una empresa dentro del índice S&P 500 ha caído en 70 años, de más de 6 décadas a menos de 20 años. Piensen en Sears, en Kodak, en Blockbuster, en Pan Am. gigantes en su momento. Hoy, recuerdos. ¿Por qué pasa esto? Thomas Sowell, en su libro Economía Básica, lo explica con claridad. Las empresas no caen por mala suerte ni por la incompetencia de sus directivos. Caen porque otras empresas, frecuentemente recién nacidas, encuentran formas mejores, más baratas o más convenientes de servir al mismo cliente. La competencia es el motor implacable que reordena la economía. y la competencia por su naturaleza es impredecible. Si en 1997 alguien hubiera podido predecir con certeza que una pequeña librería en línea llamada Amazon valdría más de un billón de dólares dos décadas después, lo habría hecho y se habría hecho rico. Si alguien hubiera podido predecir que Apple al borde de la quiebra ese mismo año, sería la empresa más valiosa del planeta, lo habría hecho. Nadie lo hizo. Y la razón es profunda. Si todos pudieran predecirlo, el precio ya reflejaría esa información y la oportunidad desaparecería. Ahora pongan atención al dato más importante del episodio. El profesor Hendrik Wessenbinder publicó en 2018 un estudio que analizó el rendimiento de todas las acciones cotizadas en Estados Unidos desde 1926. Casi un siglo de datos. Su hallazgo. Apenas el 4% de las acciones generó todo el crecimiento neto de riqueza de la bolsa en ese periodo. Y más del 58% rindió. A lo largo de su vida, menos que las letras del tesoro. Menos que un bono prácticamente sin riesgo. Procesa en eso un momento. La mayoría de las acciones, individualmente, fueron peor inversión que un instrumento gubernamental seguro. Un puñado concentró toda la riqueza creada. ¿Qué se desprende de aquí? Si usted elige una acción al azar, lo más probable, matemáticamente, es que pierda frente a un instrumento seguro. La única manera de asegurarse de tener en su cartera a las pocas grandes ganadoras, cuyo nombre nadie conoce de antemano, es tenerlas todas. Eso es la diversificación. No es opinión, es matemática. Un fondo indexado global de acciones le entrega, a un costo prácticamente nulo, mil de empresas en docenas de países. Históricamente ha rendido alrededor del 6 o 7% real anual. Compárenlo con el emprendedor promedio que invierte capital, tiempo y reputación en un negocio con dos terceras partes de probabilidad de cerrar en cinco años. Esto no es un argumento contra emprender. Emprender tiene valor mucho más allá del retorno financiero. Pero si el objetivo es estrictamente financiero, la matemática y la historia favorecen abrumadoramente al inversionista diversificado. Una advertencia importante antes de cerrar. Saber esto y vivirlo son dos cosas distintas. La mayor parte del rendimiento que el inversionista promedio pierde, no lo pierde por una mala estrategia. Lo pierde por un mal comportamiento en momentos críticos. Vende cuando los mercados caen. Compra cuando los titulares entusiasman. Abandona el plan cuando el vecino presume una ganancia extraordinaria con una acción específica. Por eso, contar con un asesor financiero profesional, uno que respete la evidencia, que no le prometa adivinar el futuro, que le ayude a construir una cartera acorde a su horizonte y su tolerancia, al riesgo es uno de los mejores aliados que un inversionista puede tener no para vencer al mercado sino para no vencerse a sí mismo cerramos con esto el mercado no premia a quien adivina ganadores premia a quien acepta que la incertidumbre es la regla no la excepción y se posiciona para beneficiarse del progreso económico sin importar qué empresas específicas suban o caigan la humildad ante el futuro es una virtud poco celebrada en las finanzas. También es, según un siglo de datos, la más rentable. Soy Julio Cacho y esto fue Cómo Invertir. Hasta la próxima.