Explico clara y concisamente la forma más eficiente de invertir. Tengo un doctorado en inversiones por Princeton University, soy miembro de la facultad de economía de Rice University en Houston TX, director de inversiones en Inscription Capital, y presidente del investment advisory board de GBM. Educational Podcast. No financial advice.
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Ser su propio jefe tiene un costo que rara vez aparece en las cuentas. En este episodio separamos su capital humano del financiero para revelar cuánto cuesta realmente emprender, y por qué, para muchos, hay un camino más eficiente hacia la riqueza.
Bienvenidos a Cómo Invertir. Soy Julio Cacho. Hoy quiero hablarle a quienes están pensando en poner un negocio porque creen que esa es la forma de generar rendimientos altos. Si usted ha pensado algo como, si trabajo para alguien más, le hago rico a otro. Mejor trabajo para mí y el rendimiento es mío. Este episodio es para usted. Porque esa frase, que suena tan lógica, esconde un error de contabilidad que le puede costar años de su vida y buena parte de su patrimonio. Vamos a corregirlo juntos. Y para hacerlo, primero necesito que entienda algo. Usted no es dueño de un solo tipo de capital. Es dueño de dos. El primero es su capital humano. Es el valor de sus conocimientos, sus habilidades, su experiencia su capacidad de trabajo. Para casi todas las personas, este es el activo más grande que tendrán en la vida. Si suma todo lo que puede llegar a ganar trabajando a lo largo de su carrera, esa cifra normalmente supera, por mucho, cualquier ahorro que llegue a acumular. El segundo es su capital financiero. Ese es más fácil. Es el dinero que ya tiene y que puede invertir. Y aquí está la clave de todo. Su capital humano le paga un salario. Su capital financiero le paga intereses, dividendos, ganancias. Son dos rendimientos de naturaleza distinta, pero cuando usted abre un negocio, los mete a los dos en una sola bolsa y deja de saber cuánto le está pagando cada uno. Porque para la mayoría de la gente un negocio propio no es una máquina de inversión, es una forma de autoempleo. Usted pone su trabajo, pone su dinero y al final del año recibe una sola cifra a la que llama utilidad. Pero esa utilidad no es ganancia pura. Es la suma de tres cosas, el pago por su trabajo, el rendimiento de su dinero y un residuo. Y solo ese residuo, lo que queda después de pagarse a usted mismo un salario justo y después de descontar lo que su dinero habría rendido en otra parte, solo eso es la verdadera ganancia de emprender. El economista Frank Knight lo explicó hace un siglo. La utilidad genuina del empresario es lo que sobra una vez que se le paga a todos los factores, incluido el trabajo del propio dueño a precio de mercado. Entonces la pregunta correcta nunca fue cuánto gané con mi negocio. La pregunta correcta es cuánto gané por encima de lo que habría ganado empleándome y poniendo mi dinero en el mercado. Eso se llama costo de oportunidad. y es la única vara honesta para medir si emprender valió la pena. Ahora vienen los datos, y son incómodos. Uno pensaría que, a cambio de tanto riesgo, el emprendedor al menos cobra más por su trabajo que un empleado. La evidencia dice lo contrario. El estudio clásico de John Hamilton siguió los ingresos de miles de personas y comparó lo que ganaban como autoempleadas contra lo que ganaban personas parecidas con un salario. El resultado fue claro y persistente. El autoempleado promedio gana menos que lo que habría ganado como empleado. Y la brecha no se cierra con el tiempo. Se amplía. Según sus estimaciones, en una década, el autoempleado acumula alrededor de un 35% menos de ingresos que en un empleo comparable. Dicho en simple, muchos emprendedores le están haciendo un descuento a su propio negocio sobre el valor real de su trabajo. ¿Y el dinero invertido? Ya lo platicamos en episodios anteriores. Los investigadores Moskovitz y Bissing-Jorgensen midieron los rendimientos del capital metido en negocios privados durante décadas y encontraron una paradoja. Pese al riesgo descomunal y a que es imposible diversificar, el capital empresarial privado no rindió, en promedio, más que un simple índice del mercado accionario. Júntelo todo. En el negocio típico, el componente de trabajo paga menos que un empleo y el componente de dinero paga igual que la bolsa. pero con muchísimo más riesgo. Ninguna de las dos cuentas, por separado, justifica la apuesta en términos puramente financieros. ¿Por qué pasa esto? Por la misma razón de siempre. El mercado no le paga por correr riesgos que usted pudo haber evitado. Cuando usted se emplea e invierte en un índice global, Diversifica sus dos capitales. Su trabajo descansa en un empleo con ingreso estable, y si la empresa quiebra, sus habilidades siguen siendo vendibles. Su dinero descansa en miles de empresas de docenas de países. Pero cuando emprende, hace lo contrario. Concentra sus dos capitales en una sola apuesta. Si el negocio falla, y recuerde que dos terceras partes fallan en 10 años, pierde su inversión y su fuente de ingreso al mismo tiempo, en el mismo golpe. Entonces, ¿por qué tanta gente emprende? Por razones legítimas que no tienen nada que ver con maximizar rendimientos, la autonomía de ser su propio jefe, la vocación de construir algo, el gusto por el oficio. Esos motivos son válidos y para muchas personas valen más que el dinero. El problema aparece sólo cuando alguien emprende creyendo que es la jugada financieramente superior, y aquí los estudios muestran algo revelador. Los emprendedores sobreestiman dramáticamente sus probabilidades de éxito. En la investigación clásica de Cooper y sus colegas, la enorme mayoría calificaba sus propias probabilidades de triunfar en 70% o más, y una tercera parte las creía prácticamente seguras. Cuando las tasas reales de supervivencia son mucho menores. Nos enamoramos del puñado de grandes ganadores. y olvidamos que el resultado típico está por debajo del promedio. Entonces, ¿cuál es la conclusión? Si su objetivo es construir patrimonio, para muchas personas el camino más eficiente no es emprender. Es lo contrario. Invertir en su capital humano para que su empleo pague lo máximo posible y colocar su capital financiero en un índice global de acciones que históricamente ha entregado un rendimiento real cerca al 6 o 7% anual, por encima de la inflación, sin que usted tenga que adivinar nada ni concentrar todo su riesgo en un solo lugar. Emprenda si lo mueve la vocación, la autonomía, el propósito. Pero no emprenda creyendo que es la forma segura de ganar más, porque las cuentas bien separadas casi nunca dan ese resultado. Y antes de una decisión de esta magnitud, vale la pena sentarse con un asesor financiero profesional que le ayude a hacer este cálculo con sus propios números. ¿Cuánto vale su capital humano hoy? ¿Cuál es su costo de oportunidad? ¿Y qué camino lo acerca más a sus metas? No para desanimarlo de soñar. sino para que sueñe con los ojos abiertos. Soy Julio Cacho y esto fue Cómo Invertir. Hasta la próxima.