Explico clara y concisamente la forma más eficiente de invertir. Tengo un doctorado en inversiones por Princeton University, soy miembro de la facultad de economía de Rice University en Houston TX, director de inversiones en Inscription Capital, y presidente del investment advisory board de GBM. Educational Podcast. No financial advice.
Bienvenidos a Cómo Invertir. Soy Julio Cacho. Casi todo el que invierte quiere lo mismo. Rendimientos altos. Y la industria financiera está llena de gente dispuesta a venderle el secreto para conseguirlos. La acción del momento. El fondo estrella. El gurú que dice que vio venir la última subida. Hoy no le voy a vender ningún secreto. Le voy a contar lo que de verdad sabemos, después de casi un siglo de datos, sobre de dónde vienen los rendimientos altos. La respuesta es poco glamorosa, pero es confiable. Y eso, en finanzas, vale más que cualquier promesa. Empecemos por descartar el camino que casi todos intentan. La evidencia sobre predecir el mercado o sobre elegir las acciones ganadoras es abrumadora y desalentadora. Los estudios que comparan a los gestores profesionales contra un simple índice muestran, año tras año, país tras país, que la gran mayoría de los fondos administrados activamente rinde menos que su índice de referencia en plazos largos, y los pocos que ganan un año rara vez repiten al siguiente. Piénselo. si los profesionales mejor pagados del mundo con los mejores datos y los mejores equipos no logran predecir de forma consistente, es prudente asumir que el atajo de la predicción simplemente no existe. Entonces, ¿de dónde vienen los rendimientos? Aquí está el principio que ordena todo lo demás. En los mercados, el rendimiento esperado más alto no es una recompensa por ser inteligente, es una compensación por asumir riesgo. Y no cualquier riesgo sino el riesgo que no se puede diversificar. Esta distinción lo es todo. El riesgo de apostarle a una sola empresa, de que quiebre, de que la supere un competidor, no le paga nada. ¿Por qué? Porque usted pudo haberlo eliminado gratis, diversificando. El mercado solo le paga por el riesgo que nadie puede evitar, el de la economía entera. El de que existan recesiones, crisis, años malos para todos. Quien quiera rendimientos esperados más altos tiene que aceptar necesariamente más de ese riesgo. No hay forma de saltarse esta relación. Cualquiera que le ofrezca rendimientos altos sin riesgo le está mintiendo o se está engañando a sí mismo. Ahora la buena noticia. Un siglo de investigación ya identificó las dimensiones concretas por las que el mercado ha pagado, históricamente un rendimiento mayor. En lenguaje simple son pocas. Primero. Las acciones le han ganado a los bonos en el largo plazo justamente porque son más riesgosas. A eso se le llama la prima de riesgo de las acciones y es la fuente más grande y confiable de rendimiento para el inversionista paciente. Segundo. Dentro del mercado, ciertas características han venido acompañadas de mayores rendimientos. Las empresas baratas respecto a su valor en libros, las empresas más pequeñas, las empresas más rentables y prudentes. No son fórmulas mágicas, fallan durante años enteros, pero en promedio a lo largo de décadas han pagado una prima. Y aquí quiero detenerme en un factor especial, porque es a la vez el más sólido y el más incómodo de todos. Se llama Momentum. La evidencia es contundente. Las acciones que han subido en los últimos meses tienden a seguir subiendo en el corto plazo y las que han bajado tienden a seguir bajando. Este patrón es de los más robustos que existen. Aparece en casi todos los mercados, en distintos tipos de activos, a lo largo de más de un siglo. Pero, y aquí está lo incómodo. A diferencia del valor o el tamaño, el momentum es muy difícil de explicar como una compensación clara por riesgo. probablemente sea, en buena medida, un patrón de comportamiento. Los inversionistas reaccionan de menos ante las buenas noticias al principio, y luego reaccionan de más. Por eso hay que tratarlo con respeto pero con cautela. Capturarlo exige comprar y vender con mucha frecuencia, lo que dispara los costos, y de vez en cuando sufre desplomes severos y repentinos, justo cuando el mercado se da la vuelta. Es real, sí. combinado con el valor, incluso ayuda a diversificar. Pero no es dinero gratis tirado en el suelo. Es una prima difícil de cobrar en la práctica. La lección de todo esto no es perseguir un factor con fe ciega, es entender que el rendimiento tiene fuentes identificables y sistemáticas, no secretas, no mágicas, y usted puede inclinar su cartera hacia ellas de forma amplia y diversificada, sin apostar a nombres individuales. Ahora, la palanca más confiable de todas, la única que usted controla por completo, lo que paga. William Sharp lo demostró con una lógica casi aritmética. Como grupo, Todos los inversionistas obtienen el rendimiento del mercado antes de costos. Entonces, después de costos, el que paga comisiones altas necesariamente rinde menos que el que paga comisiones bajas. No es opinión, es matemática. Y los estudios lo confirman. De todos los datos que existen para predecir el rendimiento futuro de un fondo, el más confiable no es su historial, ni la fama de su gestor. Es qué tan bajas son sus comisiones. Cada punto que usted no paga en comisiones es un punto que se queda en su bolsillo. Con certeza, año tras año. Reducir costos es lo más cercano que existe a un rendimiento garantizado. Y la última verdad, la más subestimada. El tiempo y su propia conducta. El interés compuesto premia desproporcionadamente a quien permanece invertido. Y sin embargo, Los estudios muestran que el inversionista promedio obtiene un rendimiento menor que el de los propios fondos en los que invierte. ¿Por qué? Porque entra y sale en los peores momentos, vende con miedo en las caídas, compra con euforia en los máximos. Esa brecha se debe casi por completo a la conducta. Quedarse quieto, con disciplina, es una de las decisiones más rentables que existen. Entonces, ¿cuál es la receta honesta? No cabe en un titular llamativo, pero sí en un párrafo. Diversifique de forma amplia y global. Acepte conscientemente el riesgo que está dispuesto a tolerar. Mantenga sus costos lo más bajos posible. permanezca invertido a través de los años buenos y malos y resista la tentación de predecir y de concentrar. No es emocionante, pero es lo que un siglo de datos respalda y es enormemente más confiable que cualquier secreto que le quieran vender. Y como siempre, Traducir estos principios a una cartera concreta, cuánto riesgo tolerar, cómo controlar costos e impuestos, es justo donde un asesor financiero profesional aporta más valor. No para prometerle rendimientos que nadie puede garantizar, sino para ayudarle a capturar, con disciplina, los que el mercado sí ofrece. Soy Julio Cacho y esto fue Cómo Invertir. Hasta la próxima.