Explico clara y concisamente la forma más eficiente de invertir. Tengo un doctorado en inversiones por Princeton University, soy miembro de la facultad de economía de Rice University en Houston TX, director de inversiones en Inscription Capital, y presidente del investment advisory board de GBM. Educational Podcast. No financial advice.
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Toda la evidencia dice que concentrar en una sola empresa es mala idea. Y aun así, mucha gente lo hace. ¿Por qué? En este episodio exploramos las razones —de la lotería al exceso de confianza— y el giro de Nassim Taleb: por qué, aunque sea mala apuesta para usted, la sociedad necesita que alguien la haga.
Bienvenidos a Cómo Invertir. Soy Julio Cacho. En episodios anteriores construí un caso que parece imposible de refutar. Muy pocas empresas generan casi toda la riqueza del mercado accionario. Es prácticamente imposible saber cuáles serán por adelantado. Y concentrar su patrimonio en una o dos apuestas añade un riesgo que el mercado no le paga. La evidencia es abrumadora. Y sin embargo, Millones de personas, muchas de ellas inteligentes y bien informadas, siguen poniendo buena parte de su dinero en una sola empresa. ¿Son simplemente irracionales? La respuesta es mucho más interesante y tiene dos partes. ¿Por qué lo hacen y por qué? como sociedad, conviene que alguien lo siga haciendo. Empecemos por la primera razón, la atracción de la lotería. Acuérdese del hallazgo central. La riqueza de la bolsa se concentra en un puñado diminuto de grandes ganadoras. Eso convierte a las acciones individuales en algo muy parecido a un billete de lotería. Casi todas decepcionan, pero unas pocas se multiplican de forma espectacular. Y a los seres humanos nos encantan los billetes de lotería. Los estudios lo confirman. La gente paga además por apuestas con una pequeña probabilidad de una ganancia enorme, aunque el rendimiento esperado sea malo. No es solo un error de cálculo, es una preferencia. Comprar la acción de moda es comprar la ilusión, emocionante y real, de poseer a la próxima gran ganadora. La segunda razón es el exceso de confianza. La mayoría de las personas se considera mejor que el promedio para elegir. Matemáticamente imposible, pero psicológicamente universal. Y la investigación sobre inversionistas individuales es contundente y poco halagadora. Quienes más operan y más confían en su criterio son, en promedio, quienes peor rinden. El problema no es la falta de inteligencia. Es la certeza de que uno es la excepción a una regla que solo aplica a los demás. La tercera razón. Oímos a los ganadores, nunca al cementerio. Los seres humanos pensamos con historias, no con probabilidades. Y las historias que nos llegan están sesgadas. Oímos del vecino que compró la acción correcta y se hizo rico. del conocido que entró temprano a la empresa que explotó. No oímos de los diez que hicieron la misma apuesta y perdieron, porque esos no cuentan su historia en la comida familiar. Ese cementerio invisible distorsiona nuestra percepción de las probabilidades, y a eso se suma la familiaridad. Concentramos en lo que creemos conocer, la empresa donde trabajamos, la de nuestro país, la de nuestra industria. La familiaridad se siente como seguridad, pero no es diversificación. Muchos empleados han descubierto de la peor manera que tener su sueldo y sus ahorros en la misma empresa duplica el riesgo en lugar de reducirlo. Y hay una cuarta razón que no es un error. Para mucha gente, Apostar a una empresa es entretenido y significativo. Tiene una historia. Creo en esta compañía, en su fundador, en esta tecnología. Un fondo indexado global no tiene narrativa. Es sensato y aburrido. Parte de lo que la gente compra al concentrar no es solo rendimiento esperado. Es emoción, identidad, pertenencia. Y eso es legítimo, siempre que se reconozca como lo que es. Ahora viene el giro más interesante del episodio, y lo ha explicado muy bien Nassim Taleb. Que concentrar sea una mala apuesta para el individuo no significa que sea malo para la sociedad. Al contrario, es indispensable. La innovación no surge de un plan central ni de apuestas seguras. Surge de una multitud de personas haciendo apuestas pequeñas y arriesgadas, la mayoría de las cuales fracasa, mientras unas pocas triunfan de forma tan grande que impulsan todo el progreso. Cada emprendedor, cada inversionista que arriesga en una empresa nueva es, sin proponérselo, parte de un experimento colectivo del que salen las tecnologías y las compañías que nos benefician a todos. La estructura es asimétrica. El que apuesta asume una pérdida probable y acotada. La sociedad se queda con una ganancia ilimitada e impredecible. Taleb lo plantea casi como un acto de sacrificio. Los tomadores de riesgo, en conjunto, pierden dinero como grupo frente a una apuesta segura. pero su disposición a perder es lo que financia el avance del que todos nos beneficiamos. Lo que es bueno para el sistema, muchas apuestas independientes, no es bueno para cada apostador que enfrenta una alta probabilidad de ruina. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo. Y hay una segunda razón, más técnica. por la que conviene que la gente siga apostando a empresas individuales. Y esta toca directamente a quien prefiere indexar, como yo. Existe una paradoja clásica en finanzas. Si absolutamente todos se limitaran a comprar el índice y nadie se molestara en analizar empresas, no habría quien descubriera los precios correctos y el mercado dejaría de ser eficiente. La eficiencia de la que nos beneficiamos los inversionistas pasivos depende de que existan muchos inversionistas activos, la mayoría de los cuales, irónicamente, no le va a ganar al mercado esforzándose por encontrar el precio justo. Dicho de otro modo, quienes concentran, analizan y apuestan son los que mantienen los precios informativos y quienes indexamos viajamos gratis sobre ese trabajo. Sin los primeros, los segundos Entonces, ¿cuál es la conclusión para usted? No es de condena. sino de comprensión. La gente concentra por razones que mezclan lo racional, la preferencia por la lotería, el placer de la apuesta, con lo psicológico, el exceso de confianza, las historias sesgadas, y su actividad en conjunto financia la innovación y mantiene los mercados vivos. Está bien que exista, pero una cosa es entender por qué ocurre y celebrar sus beneficios colectivos y otra muy distinta convertirse en el individuo que arriesga su futuro. Para usted, como persona que construye un patrimonio, la conclusión de siempre se mantiene intacta. El núcleo de su dinero pertenece a una cartera amplia y diversificada, porque ahí las probabilidades juegan a su favor. Y si le atrae la emoción de apostar a una empresa, participar en la lotería, respaldar una innovación en la que cree, hágalo con una porción pequeña, que pueda perder sin alterar su vida, no con lo que necesita para su retiro. Así participa del juego que a la sociedad le conviene que exista, sin ser usted quien pague la cuenta si sale mal. Soy Julio Cacho y esto fue Cómo Invertir. Hasta la próxima.