The Mexican War/La Guerra de Intervención
El conflicto bélico entre México y los Estados Unidos de América, ocurrido entre 1846 a 1848. A resultado de la derrota, México perdería más de la mitad de su territorio a manos del pujante país norteamericano, el cual aspiraba por expander sus fronteras de costa a costa. México, por otra parte, se encontraba enfrascado en disputas internas y la falta de liderazgo y las pugnas por el poder, hacían que la situación fuera óptima para una invasión norteamericana. El país azteca ya había perdido Texas ante los colonos norteamericanos y no estaba dispuesto a otra afrenta por parte del vecino país del norte. Estaba por verse quién sería el triunfador y cómo cambiaría, para las dos naciones, el futuro de cada una de ellas.
The Mexican War/La Guerra de Intervención
Juárez Muere, Díaz Asciende
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Un país puede elegir principios o resultados, pero cuando intenta sostener ambos sin tensión, la historia lo alcanza. Nos adentramos en el arco que va del duelo por Benito Juárez al ascenso imparable de Porfirio Díaz, repasando las batallas de Mihuatlán, Carbonera y la toma de Puebla que sellaron el destino del Imperio de Maximiliano y despejaron el camino hacia una nueva era política. Contamos cómo la prensa, la Iglesia y las élites reaccionaron a la muerte de Juárez, y cómo Lerdo de Tejada apostó por la continuidad del proyecto liberal hasta chocar con la reelección, la impugnación de José María Iglesias y el llamado de Díaz con el Plan de Tuxtepec.
Una vez ganada Tecoac, el porfirismo propuso una síntesis seductora: orden, progreso, inversión y modernización, con la Constitución de 1857 como estandarte simbólico y un sistema bajo control efectivo del Ejecutivo. Contrastamos el liberalismo de principios —soberanía popular, no reelección, estado laico— con el liberalismo de resultados que sacrificó libertades políticas para estabilizar un país cansado de guerras. En este marco, examinamos la jugada maestra de Díaz con la Iglesia: tolerancia social sin regreso al poder político. Recuperamos los perfiles clave de Pelagio Labastida, el pragmatismo moderno de Eulogio Gilo y la energía organizativa de José Mora y del Río, cuyo impulso al catolicismo social formó redes de educación, caridad y juventud que inquietaron al régimen.
La modernización no vino sola: ferrocarriles, telégrafo y electricidad crecieron junto a la censura, la represión laboral y el despojo agrario que agravó la desigualdad entre hacendados y campesinos. La crisis de 1907 golpeó salarios y certezas, y la célebre entrevista de 1908 a James Creelman abrió expectativas democráticas que Díaz frustró con un nuevo fraude, empujando a la sociedad hacia la Revolución de 1910. Acompáñanos para entender cómo se negoció el poder, cómo se tejieron alianzas con la Iglesia y cuáles fueron los costos sociales del progreso porfirista. Si esta historia te ayuda a mirar el presente con otros ojos, suscríbete, comparte el episodio y deja tu reseña para seguir la conversación.
De Juárez A Díaz: Tránsito Del Poder
Toma De Puebla Y Caída Del Imperio
La Muerte De Juárez Y Su Legado
Lerdo, Reelección Y Crisis Constitucional
Tuxtepec Y La Victoria En Tecoac
Nace El Porfiriato: Orden Y Progreso
Iglesia Tolerada: Sin Poder Político
Obispos Clave: Labastida, Gilo, Mora
Catolicismo Social Y Vigilancia Estatal
Modernización, Desigualdad Y Control
Crisis De 1907 Y Promesa De Apertura
Fraude, Ruptura Y Camino A La Revolución
Cierre Y Próximo Tema
SPEAKER_00Minutes noite kantak i kovier muutettu tarkkopeliat. Then you can contact the podcast of The Mexican War, The Guerra Intervention, and the new capital of this. Much for your attention. We will cover the period of the mortgage of Benito Juárez and the arrival at the end of Porfirio Díaz, which generated the Porfiriato and the mando of President of the Republican porfirio Diaz, the one during 35 years. The Constitution Liberal of 1857, the private derechet of the Iglesia Catholic, and the one fomentable desarrolling libre and sovereign with the influence of the Iglesia Catholic. Pocus, during the intervención norteamericana, el clero católico decidió apoyar a los invasores, lo que generó una profunda division entre el gobierno mexicano and the Iglesia Católica. In este nuevo episodio, vamos a cubrir la muerte de Juárez, como ya lo mencionamos, y el arribo de Porfirio Díaz al poder. Antes de empezar a describir la muerte de Juárez, vamos a cubrir el arribo de Porfirio Díaz a la vida politica del joven país mexicano. Durante la toma de Puebla, effectuada por el ejército que comandaba Porfirio Díaz el 2 de abril de 1867 fue clave para la causa republicana. Antes de la toma de Puebla, anteriormente, tras la victoria en la batalla de la Carbonera, la cual ocurrió el 18 de octubre de 1866, Díaz aseguraba el arriba directamente a la ciudad de Puebla. Durante la toma de la ciudad de Puebla por parte de Porfirio Díaz y su ejército, se convertiría en el golpe militar más devastador en contra del imperio de Maximiliano de Asburgo. La toma de la ciudad de Apuela colaboró para poder aislar a Maximiliano y abrir el camino directo hacia la Ciudad de México. Antes de la batalla de la carbonera, Díaz lograría una victoria clave in the batalla de Mihuatlán el 3 de octubre de 1866, consiguiendo romper la resistencia imperial in el sur andas avanzar hacia la capital oaxaqueña. Ahora sí, cubriendo el evento de la muerte de Juárez, este último fallece el 18 de junio de 1872 en una habitación del Palacio Nacional. La causa anunciada por el gobierno fue que pereció debido a un ataque cardíaco. La prensa liberal catalogó la muerte de Juárez como duelo nacional y promovió la exaltación a su legado político. La prensa pidió que se ejerciera un luto national en su honor y publicó editoriales que lo calificaban como el padre de la patria, el defensor de la soberanía national y el primordial fundador del Estado laico. Por su parte, la prensa conservadora reaccionaría a la muerte de Juárez con cautela, estos evitaron emitir elogios y subrayaron los excesos y la dureza empleada por su gobierno. Algunos de estos editoriales declaraban que la muerte de Juárez abría la posibilidad de una posible reconciliación nacional. La iglesia, por su parte, no organizaba ningún tipo de muestra pública de duelo institucional y veía la muerte de Juárez como el fin de un adversario. Algunos de sus miembros catalogaban el deceso de Benito Juárez como un castigo divino. Otros segmentos del clero veían la muerte del presidente Juárez como una oportunidad para que el país regresara al orden cristiano. Otro sector, el cual era más moderado, manifestaba resignación y aceptación y reconocía que las leyes de reforma eran irreversibles en naturaleza y veía la muerte del mandatario como un hecho político, no como religioso. Su sucesor, Sebastián Lerdo de Tejada, era esperado por la Iglesia de ser más conciliador y menos rígido que su antecesor. La institución religiosa esperaba que se permitiera mayor presencia public in the Iglesia and suavizaran la application of the leyes of reform and that it would have been the two institutions. Lerdo de Tejada decidía al continuar con el radicalismo del juarismo y cerró cualquier possibilidad de restaurar la influencia eclesiástica en la vida pública. Tras la conclusión de su primer mandato, Sebastián Lerdo de Tejada buscó la reelección en 1876. El Congreso de la República ratificó su reelección el 26 de octubre de 1876. Sin embargo, dos actores se opusieron a la declaración y a la reelección del Edo de Tejada. El primero fue Porfirio Díaz, un líder militar y opositor político del Erdo de Tejada. El segundo fue José María Iglesias, el cual era el presidente de la Corte Suprema de Justicia. Iglesias, como presidente de la Corte Suprema, denunció la reelección como un golpe de Estado constitucional y la consideró como nula. Y además invocó el artículo constitucional, el cual lo convertía en presidente interino a la falta de presidente validado por la Constitución. Por su parte, Porfirio Díaz publicaba el plan de Tuxtepec en 1876, en el cual denunciaba la reelección del Erdo de Tejada y llamaba a la insurrección popular. Díaz recibía el apoyo de muchos sectores que repudiaban la reelección del Erdo y contaba con la fuerza militar para lograr obtener sus objetivos. Tras la promulgación del plan de Tustepec, ambos bandos libraron encuentros militares con resultados mixtos hasta que arribaron a la batalla de Tecoac. Durante esta batalla, el ejército de Díaz, el cual estaba mejor organizado y con mayor número, lograba romper las líneas comandadas por Ignacio R. Alatorre. La clave de esta victoria fue la caballería porfidista, la cual jugó un papel clave en la contundente victoria sobre las fuerzas de Alatorre. Alatorre se retiró vencido del campo de batalla para después trasladarse a Veracruz y luego al exilio permanente. Así era como llegaban al fin los deseos de Sebastián Lerdo de Tejada de reelegirse como presidente. José María Iglesias, a la ausencia del Erdo de Tejada, reclamaba la presidencia, pero era rápidamente desplazado por Porfirio Díaz. Porfirio Díaz entra triunfalmente a la Ciudad de México y es declarado como presidente interino. Ya en 1877 era electo presidente e iniciaba oficialmente el periodo del Porfiriato. La derrota del Erdo de Tejada significaba el fin de la era juarista alerdista y le otorgaba a Porfirio Díaz la oportunidad de restaurar el orden tras la huida del Erdo de Tejada y la incapacidad de José María Iglesias de formar una fuerza militar para emplearla en contra del ambicioso Díaz. Para el nuevo régimen, la victoria en Tecoac otorgaba a la nueva administración la oportunidad de validar su gobierno y declarar que la victoria había salvado a la República del Caos y que el triunfo había justificado la autoridad moral de Porfirio Díaz. También justificó el origen de un nuevo orden político. Para poder comparar los dos tipos de gobiernos, el liberalismo que había predicado Juárez y poco después Sebastián Lerdo de Tejada era un liberalismo compuesto de principios. Estos incluían la soberanía popular, la división de poderes, elecciones libres, el lema de no reelección, la supremacía constitucional, un Estado laico e independiente y la limitación del poder militar. Por su parte, el liberalismo profesado por Porfirio Díaz se convertía en un liberalismo de resultados, en el cual incluía orden, progreso, estabilidad, inversión y modernización económica. La idea fundamental era que si se lograba el progreso para el país, el liberalismo lograría triunfar finalmente aún a costa del sacrificio de las libertades políticas. Díaz nunca negó la constitución de 1857, pero la utilizó como un dogma simbólico y no como un conjunto de leyes y reglas pertinentes. Díaz permitía que se celebraran elecciones, pero eran mayoritariamente controladas por él. La división de poderes también era permitida por el presidente, aunque eran subordinadas por él. Existía el federalismo, pero los gobernadores eran designados y aprobados por el mismo Díaz. Porfirio Díaz, el cual no era anticlérigo, trató al clero de una manera personalizada, pero rechazaba el poder político que deseaba ejercer la curia romana. El objetivo de su gobierno era un orden político y no una cruzada ideológica, y no tenía interés de entablar una guerra cultural como la efectuada durante la presidencia de Juárez. El lema del gobierno porfirista era que el clero podría reconstruir su influencia social, pero nunca inmiscuirse en los asuntos políticos del gobierno que él predecía. En otras palabras, parecía que Díaz incitaba a la iglesia, dictaminando ustedes no se metan en política y yo no los perseguiré. Fue así como Porfirio Díaz permitió la presencia publica de sacerdotes, accedió que asociations religiosas, consistió al regreso de ordens religiosas, aunque siempre las mantuvo oficially prohibidas. Admitió la apertura ofinarios and the expanse of the education catholic, and hopefully since modification of the leyes of the reforma. Agobió por la educación laica, pero permitió la proliferación de escuelas católicas. El poder social de la iglesia la convertía en un elemento de cautela para Díaz. Al tolerarla, Díaz la convertía en dependiente del favor presidencial. Durante el porfiriato, la iglesia recuperó poder social, pero no así el político. Logró adquirir influencia moral y recuperar el control de la educación en muchas regiones, así como generar redes de caridad y asistencia, y logró obtener presencia pública en fiestas, procesiones y rituales. Pero el clero perdió poder político formal, capacidad de desafiar al Estado y el control sobre la La legislación jurídica y legislativa. ¿Cuál fue la relación de Porfirio Díaz con los obispos mexicanos? En relación a Pelagio Antonio de la Bastida y Dábalos, el cual era un símbolo del conservadurismo clerical, este se opuso fervientemente a las leyes de reforma y apoyó abiertamente a Maximiliano de Asburgo. Pelagio Antonio de la Bastida y Dábalos fue visto como el cerebro eclesiástico del Partido Conservador. Eulogio Gregorio Guilo y Zabala, el cual fue hijo de ricos hacendados ando, fue cercano a las élites económicas de México, ando modernizador, un pragmático andar la tierra natal de Porfirio Díaz. Por último, José Mora y del Río mantuvo una relación ambigua y tensa con Porfirio Díaz. Pelagio Antonio de La Bastida y Dábolos había huido de México después del triunfo liberal, pero Díaz permitió su regreso al país. Díaz comprendía que el abrir viejas heridas no era práctico o conveniente para su gobierno. Labastida aceptó la tregua ofrecida por Díaz, pero se retiró de la politica activa anduvo una influencia moral pero no así política. Decidió evitar una confrontación in contra del gobierno precedido por Porfirio Díaz, and Díaz logró neutralizar un símbolo religioso andar, pero sin necesidad de tener que enfrentarlo or humillar. Probablemente the avanzada de la bastida le ayudó a formalmente accepta la tregua ofrecida por el presidente. Por su parte, Eulogio Gregorio Gilo y Zavala representaba el tipo de obispos y clérigos que Díaz quería y respetaba. Gilo era aliado del progreso económico y también era capaz de pacificar comunidades reales, lo que le favorecía al régimen. Gilo y Zavala era un interlocutor confiable entre el gobierno porfirista y Roma. Gilo también empulsaba proyectos del gobierno de tipos educativos y agrícolas, empleando el orden porfirista de orden y progreso. Gilo fue disciplinado, moderno y obediente. Además, no se inmiscuía en los asuntos políticos del gobierno. Esta ideología enclavaba con los deseos de Díaz de poder mantener a la iglesia obediente y bajo control. Por su parte José Mora del Río asumió al arzobispado de la Ciudad de México in 1908. Ya durante esta época el porfiriato se encontraba in sus últimos años y comenzaba a mostrar grietas de debilidad. Mora del Río, a comparación de otros arzobispos, era joven con una gran energía andan más dispuestos que otros arzobispos to defender los intereses del clero. Mora y del Río comenzó a buscar más visibilidad pública para la iglesia e impulsó asociaciones católicas más organizadas. Además, intentó recuperar espacios que la iglesia había perdido desde el tiempo de la reforma. Como resultado de estas acciones por parte de José Mora y del Río, el régimen porfidista lo mantenía en constante vigilancia. La tolerancia que ejerció Porfirio Díaz sobre el clero colaboró enormemente para que bajo el liderazgo de Mora y del Río lograra fomentar la creación de asociaciones fieles, círculos católicos, grupos juveniles y organizaciones de caridad. Estas iniciativas, las cuales no contaban con un sentido político, lograron sentar las bases para un catolicismo social fuerte. La educación católica, la formación de asociaciones laicales y la revalorización de la vida parroquial convirtieron a la iglesia en un actor social poderoso, pero también sospechoso del régimen porfirista. Estas acciones lideradas y orquestadas por Mora y del Río desarrollaron un cambio cualitativo en relación al catolicismo pasivo de décadas anteriores. El movimiento Catolicismo Social, promovido por Mora y del Río, comenzó a formar jóvenes con disciplina, identidad religiosa sólida, un gran sentido de misión y cometido, una gran capacidad organizativa y además comenzaron a generar una percesión estatal de amenaza. Esta sólida estructura permitió que el catolicismo pudiera resistir, organizarse y en algunos casos levantarse en armas en contra del gobierno. Aun cuando el porfiriato trajo consigo progreso, modernización y crecimiento económico, también marginó a las clases bajas sociales, ya que su gobierno fue basado en alianzas con élites, militares y científicos solamente. Mantuvo un gobierno autoritario y centralizado, con elecciones controladas, una prensa censurada y no dudó en emplear el uso de la fuerza para lograr mantenerse en el poder. Invirtió recursos en la expansión masiva del ferrocarril y el telégrafo y trajo consigo la electricidad a la Ciudad de México. Impulsó la minería, el petróleo y la agricultura comercial, permitiendo la inversión extranjera, principalmente de los Estados Unidos, el Reino Unido y Francia. Pero al mismo tiempo permitió el despojo agrario, permitiendo a hacendados y otras corporaciones el arrebato de las tierras a indígenas y comunales. También promulgó la represión de la prensa, obreros y trabajadores férrios, los cuales se oponían a las políticas del régimen porfirista. Colaboró al desarrollo de la desigualdad entre ricos propietarios y el campesino empobrecido. Era así como la estabilidad lograda había sido como resultado de la elaboración de una coerción general y no de un consenso social y político aprobado por las masas. Sin embargo, una inesperada crisis económica en 1907 comenzó a generar caída estrepitosa de salarios, crisis económicas y tensiones sociales. En 1908, durante una entrevista concedida a James Creelman de Pearsons Magazine, Díaz aseguraba que México estaba listo y preparado para ejercer unas elecciones libres y abiertas. Estas declaraciones abrieron expectativas para poder organizar unas elecciones limpias y transparentes, lo cual no había ocurrido durante la dictadura del porfiriato, la cual había perdurado por 35 años de control político casi ininterrumpido. Cuando se intentó generar unas elecciones justas y confiables, Díaz traicionó a su convicción expresada al periodista estadounidense anteriormente y promovió otro fraude electoral a su favor. Esto hizo que la sociedad mexicana se rebelara en contra del régimen dictatorial en 1910, lo que generó el estallido de la Revolución México. Con este punto llegamos al final de este episodio. Para el siguiente episodio, el episodio numero 7, hablaremos exclusivamente del episodio de la Revolution Mexicana. Muchísimas gracias por su atención.