Por Encima De Las Nubes
Una vision de la vida desde una perspectiva cristiana.Entendiendo nuestra vida desde la perspectiva de Dios y su Palabra.
Por Encima De Las Nubes
Episodio 5 - "Mira a Jesus No a Los Hombres"
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
Este episodio expone cómo la frase “Mira a Jesús, no a los hombres” —aunque bíblica en su origen— ha sido usada para silenciar dolor, encubrir abusos y evitar responsabilidad dentro de la iglesia. A través de una reflexión honesta y bíblicamente fundamentada, el episodio muestra que mirar a Jesús no significa ignorar la realidad, sino discernirla: reconocer frutos, validar heridas y proteger el alma. Jesús nunca pidió que calláramos injusticias ni que permaneciéramos en ambientes dañinos; pidió que siguiéramos Su voz. Este capítulo invita a sanar, a abrir los ojos y a recuperar una fe que no niega el dolor, sino que lo lleva a la verdad que libera.
El episodio numero 5 lleva como título y vamos a enfocarnos in esta area Mira a Jesús, no a los hombres. Gracias por una vez más por estar con nosotros, por compartir esta experiencia, por darte la opportunity to preguntar, de sentir, de sanar, de moverte in the direction correcta, porque deseas y anhelas acercarte a Dios, deseas y anhelas sanar, deseas y anhelas mantenerte cerca de Dios. And we're going to talk about escuchado muchísimas ways. Mira a Jesús y no a los hombres. Y aunque suena spiritual, suena correcta, suena bíblica, the pregunta is siempre that se utiliza tiene ese sentido, o simplemente muchas veces se utiliza como un arma, como un como una herramienta de manipulación de una forma u otra. Así que cuando alguien cuando alguien se verdad, cuando una persona que está lastimada, expresa y tiene la oportunidad de compartir con otra persona de confianza o con otra persona que tiene el deseo de ayudar. Cómo se siente lo que le está pasando, qué le ha ocurrido, quién lo hirió, por qué lo hirieron, cómo se siente. Muchas veces recibimos esta respuesta, la hemos utilizado de diferentes maneras en diferentes áreas. No mires a los hombres, mira a Jesús. Y le añadimos siempre, los hombres son imperfectos, sabemos que van a cometer errores, la iglesia es un hospital, aquí nadie es perfecto. Todo este tipo de frases utilizamos. Y aunque la frase en sí misma tiene sentido, no debemos mirar a los hombres, debemos enfocarnos en Jesús. Ese siempre ha sido el plan de Dios, el plan de Jesús mismo. ¿Por qué? Por la misma razón, el hombre es imperfecto y comete errores. Y una cosa es cometer errores. Y otra es hacer las cosas a propósito o tener una doble intención en lo que se dice, en lo que se hace. Y como dije, y aunque la frase en sí misma no carece de una verdad, cuando se utiliza de manera incorrecta, se convierte o se puede convertir en un arma que lleva en sí misma, lleva con intención de minimizar el dolor de esa otra persona, tapar cualquier tipo de error que se haya cometido y manejarlo de una manera no correcta. Y muchas veces no se lleva la intención de hacer daño. Quiero aclarar eso. Pero ocurre. Y tenemos que ser muy cuidadosos de no invalidar, de no minimizar el dolor de la persona que viene. Porque muchas veces la persona solamente quizás quiere soltar lo que tiene, expresarse. Dejarle saber a otra persona, mira, estoy pasando por esto, tengo esta situación. Con la intención de que la persona escuche, sacar eso del pecho. Y muy probablemente que la persona, pues, vamos a orar, darle un buen consejo, pero no siempre el consejo correcto es decirle, no mires a los hombres, mira a Jesús. Y como dije, se utiliza muchas veces para mantener este tipo de argumento o este tipo de conducta. Lo que dice Hebreo 12.2, puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. O Jeremías 17,5, Maldito el varón que confía en el hombre. Y esos versos están ahí, tienen sentido, tienen sentido, pero hay que saber cómo los utilizamos y en qué contexto. Obviamente, pues la palabra los expresa. El impacto que puede crear cuando utilizamos los versos de esa manera o cuando utilizamos esa frase con la intención de que la persona se olvide de lo que está pasando, se enfoque en otras cosas, se enfoque más en buscar a Dios y olvidarse de lo que el hombre diga. Y vamos a ignorar el que está al frente, vamos a ignorar el que mirió en ese aspecto, no creando ningún tipo de inconformidad, no sintiéndose uno que está incómodo con la persona o no. Simplemente lo ignora. Y creo que es un poquito complicado, más complicado que simplemente dejarlo así. Y cuando se utilizan de esa manera, lo que pueden causar es un daño a veces irreparable. Y conocemos muchísimas personas que cuando hablamos con esas personas nos dicen, no, porque en la iglesia me hirieron de tal manera que yo ahora mismo no quiero saber de la iglesia. No es que no quieran saber de Dios, y hago la aclaración, no es que no quieran saber de Dios, simplemente no quieren saber del sistema religioso. ¿Por qué? Porque les pareció o a quienes lo hirieron, o la persona que está herida, como que a nadie le importó lo que la persona sintiera, o no le importa lo que la persona esté experimentando. Y cuando lo utilizamos prácticamente de esa manera, eso es lo que le estamos diciendo. Mira, tu dolor no es importante ahora mismo. Lo importante es que te enfoques en buscar a Dios y lo importante es que te enfoques en otras cosas. Y olvídate de lo que te hicieron. Y mi hermano, mi hermana, eso no siempre funciona así. El corazón lo sana Dios. Y nosotros, cuando vamos a dar un consejo, cuando vamos a orar con la persona, no podemos enterrarle otra puñalada, no podemos simplemente dejarle saber o hacerle entender o hacerle ver. Olvídate de eso. Eso no es nada, no importa. Porque no. Hay que validar la condición emocional y espiritual en la que pueda estar esa persona con la que estamos hablando. Y aunque es cierto que debemos mirar a Jesús, Él es el centro, Él es el fundamento, Él es el autor y consumador de la fe, Él es nuestra esperanza, es nuestro sanador, es quien nos salva. Jesucristo no en ningún momento nos ha pedido a nosotros que simplemente ignoremos lo que estamos experimentando, que ignoremos lo que ocurrió, lo que pasó. Por el contrario, Él quiere que lo traigamos a Él, que lo hablemos, que nos comuniquemos. Inclusive, el mismo Pablo nos recomienda, nos habla en la Biblia que nos confesemos nuestras faltas unos a otros, que hablemos con nuestros hermanos. Y cuando nos encontramos en situaciones similares donde hablamos con el hermano y eventualmente escuchamos que otra persona sabe lo que yo le dije al hermano o a la hermana, como que no todo el mundo está apto para escuchar, no todo el mundo está apto para dar un consejo al respecto y hay que utilizar el discernimiento en ese aspecto. Pablo, en un momento dado, nos dejó saber en el capítulo 3 de Timoteo que vendrían en los últimos días, en los tiempos postreros, gente amadores de sí mismo, gente engañadores, gente que buscaría solamente su satisfacción personal. Y había que tener cuidado al respecto, había que alejarse de esa gente, había que tener discernimiento para que esas personas no causaran un daño irreparable en nuestras vidas. De hecho, no causaran daño alguno. Y como dije ahorita, o anteriormente, a veces causan daños irreparables. Jesús en Mateo capítulo 7, verso 16, como hablamos en el episodio anterior, por sus frutos los conoceréis. Eso dijo Jesucristo, por sus frutos los conoceréis. Y eso no significa, como decimos con la frase, mira a Jesús, no mires a los hombres. Eso no era lo que Jesucristo estaba diciendo. Jesucristo estaba dándonos una advertencia para que tuviésemos cuidado, para que tuviésemos nuestros cinco sentidos, alertas, pendientes, donde utilizáramos con sabiduría el discernimiento para que pudiésemos discernir quién viene de Dios y quién no viene de Dios, quién trae de parte de Dios algo y quién no trae de parte de Dios algo. Porque decirle a una persona en dolor es como decirle a alguien que se fracturó un brazo, que tiene el brazo fracturado, que tiene unas fracturas en el cuerpo, que está sangrando porque se dio una cortadura grave, tuvo un accidente. Es como decirle, mira, no, tranquilo, no te quejes, hermano, que te van a ayudar. Olvídate de eso, estás en el hospital. Olvídate del dolor ahora mismo, estás en el hospital. Oiga, mi hermano, eso no parece algo insensible, no parece totalmente algo fuera de lo común, de lo normal, que carece de amor, de empatía. Y es exactamente eso lo que le decimos, lo que hacemos con una persona que está herido, que está lastimado dentro de la iglesia, o que inclusive dejó de ir a la iglesia porque se siente herido y tenemos la oportunidad de hablar con la persona. No simplemente podemos dejar de ver y dejarle decir o decirle: mira, olvídate de eso, mira a Jesús, no mires a los hombres, olvídate de lo que te dijo el pastor, olvídate de lo que te dijo el presidente de las damas, de los caballeros, la presidenta de las damas, olvídate de lo que te dijo el misionero, la misionera, el maestro, la maestra, lo que te dijo el hermano. Olvídate de eso, mira a Jesús, olvídate de eso, vamos para la iglesia, olvídate de eso. No, no funciona así. Y es parte de lo que queremos trabajar en estos episodios, en esta en esta serie. Porque lo que pareciera es que queremos distraer a la persona y ponerle una curita por encima. O dejarle, o ponerle una anestesia, vamos a darle unas pastillas para el dolor. Sabiendo y reconociendo que eventualmente, si no se atiende la herida, si no se atiende lo que está pasándole a la persona, la condición en la que se encuentra, eventualmente, cuando se pase el efecto del medicamento, cuando tenga que cambiarse la curita, el vendaje, va a volver a sentir el dolor. Y probablemente con una infección mayor, con un problema aún más grande, porque no se atendió a tiempo. Cuando Jesucristo se encontró con diferentes personas que, ¿verdad? Ya fuera que habían pecado, que tuvieron diferentes situaciones. La Biblia nos menciona, como por ejemplo, la mujer adúltera. Jesucristo confrontó a los que le hacían daño. Jesucristo le dejó ver a la mujer adúltera: si cometiste un error, pasó algo, pero yo no te vengo a juzgar, yo no te voy a juzgar, yo no te voy a condenar. Condenó prácticamente en sus expresiones a los que venían acusándola cuando les dijo: Si alguno está libre de pecado, tire la primera piedra, porque muchas veces es más fácil juzgar, es más fácil tirar esa piedra, es más fácil decirle a una persona: olvídate, mira a Jesucristo, no mires a los hombres. Y a veces somos nosotros mismos, los mismos que expresamos esas palabras que decimos eso, con eso estamos tirando piedra, con eso estamos juzgando, con eso le estamos dejando ver a la persona. No importa, sigue para adelante. Jesucristo no hizo eso. Jesucristo, como sabemos en la historia, termina diciéndole a la mujer adúltera, ¿dónde están los que te acusaban? Bueno, ninguno, ninguno me tiró piedra, ninguno me dijo nada, todos se fueron. Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno, pero vete y no peques más. En otras palabras, podemos decirle a esa persona, tranquilo, vamos a bregar con esto, vamos a orar, y lo que tenemos es que estar pendientes de que eso no te vuelva a ocurrir. ¿Cómo lo vamos a hacer? Vamos a bregar con eso. Y vamos a trabajar con esas heridas. No solamente el que está herido, sino el que está escuchando, el que está tratando al que está herido. Cuando Jesucristo llegó al templo, viró las mesas y todo. No fue simplemente porque estaba molesto, es porque eso estaba causando heridas en las personas. Porque era más fácil venderle una paloma a una persona que la persona realmente trayese el sacrificio que tuviese en cuenta, el cuidado que tenía que tener, escoger con cuidado, con paciencia, el sacrificio que iba a ofrecer. Comprarlo en el templo era más fácil. Y creaba, creaba una fracción en la relación entre el hombre y Dios. En otras palabras, hería a los hombres. Y eso definitivamente fue causa de molestia, de enojo en Jesucristo. Cuando utilizamos esa expresión, y me voy a mantener en esto porque realmente es importante. Mira, o sea, no mires a los hombres, mira a Jesús. Se convierte prácticamente en una carga para las personas que están heridas. Para ti que estás herido, esto se ha convertido en una carga. Y me imagino que se ha convertido en una carga. Cuando tienes que pensar, tienes que decir, pues tengo que ir a la iglesia, tengo que encontrarme con esta persona, tengo que ver qué es lo que esta persona me pueda decir, me puede hacer. Y repito, no siempre se hace, se hiere con intención. Pero tenemos que ser cuidadosos en lo que decimos, cómo lo decimos y lo que hacemos y por qué lo hacemos. Tenemos que tener conciencia. Hace un tiempito atrás escuché a esta persona que está dando una clase de decir: Mira, si te molesta con algo que voy a decir porque me contaste algo, pues nada, párate fuerte, firme y olvídate, sigue para adelante, que eso no es nada. De antemano. Y eso ya lleva una intención de herir. Ya lleva una intención, o ya lleva falta de cuidado, falta de empatía, falta de conocimiento de amor, va carente de ese amor que Jesucristo ha expuesto en nuestras vidas. Y eso se convierte en una carga. ¿Por qué se convierte en una carga? Porque si tú vas a la iglesia ya con miedo, ya preparado, ya con, como he dicho anteriormente, con las defensas, con el sistema de defensa al 100, no vas a entender, no vas a escuchar, no vas a recibir lo que Dios pueda darte, porque vas a analizar absolutamente todo. Vas a hacer un escrutinio de cualquier cosa y cualquier cosa que sea similar o que comience a herirte un poco, lo vas a poner en una esquina, lo vas a poner a un lado y ya no vas a escuchar más nada, tus oídos se van a cerrar y definitivamente se convierte en una carga. Una carga que eventualmente pesa tanto que prefieres no cargarla y te alejas. Te alejas. Jesucristo dijo en Mateo 11, verso 30, mi yugo es fácil y ligera mi carga. Y cuando tú sientes una carga que es demasiado pesada para llevar, no es falta de interés. Es que realmente es demasiado pesada para llevar. Jesucristo no nos engañó, Jesucristo no nos dijo mentiras, Jesucristo dijo, mi yugo es fácil y ligera mi carga. Ahora, bien claro, dejó saber al sistema religioso de ese entonces, y se repite y hace eco en el sistema religioso muchas veces en diferentes lugares. No necesariamente en los concilios, puede ser el sistema religioso a nivel local. Donde les dijo en Lucas capítulo 11, verso 46. Y les dijo, hay de vosotros también intérpretes de la ley, porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aún con un dedo las tocáis. Es interesante que es fácil tirar la piedra, es fácil señalar, es fácil juzgar, es fácil dar un consejo sin empatía, dar un consejo sin amor, simplemente con la intención de vamos a tapar esto aquí, vamos a echar esto por un lado, vamos a minimizar el dolor de esta persona. Pero cuando nos toca a nosotros, wow, wow, qué difícil se nos hace entonces pasar la página y que alguien venga y nos diga, tranquilo, no mires a los hombres, mira a Jesús. Tenemos excusas, tenemos razones, tenemos cosas de más para decir, no, pero es que me hirieron y yo soy humano y yo, claro, y de la misma manera, la persona que viene a donde ti a hablar contigo, que es herido, es humano, siente dolor y padece. Y tenemos que ser cuidadosos, porque muchas veces los religiosos son los que son más dados a tirar piedra, más dados a acusar, a esconderse detrás de esa religiosidad, utilizando la Biblia, la escritura fuera de contexto, sin amor, para verse ellos más religiosos que nadie. Y como dijo Jesucristo, por su fruto los conoceréis. Eventualmente su fruto sale a la luz y no se puede esconder. Por ende, seguimos el consejo de Pablo cuando decía, el consejo de la escritura, cuando nos dice, ¿verdad? Que si alguno de vosotros ha pecado, ¿verdad? Llamémoslo, tratémoslo como si fuésemos nosotros, tal como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Mirar a Jesucristo no significa que ignoremos lo que estamos sintiendo, por el contrario. Mirar a Jesucristo es recibir. Reconocer que Él está ahí, reconocer que Él entiende, reconocer que de la misma manera que Él fue traicionado por los suyos, por aquellos que estaban con Él, que compartían con Él, que dormían juntos con Él, que comían con Él, que caminaban con Él constantemente, fue negado, fue traicionado, fue prácticamente abandonado por casi todos ellos, menos el apóstol Juan. Él entiende eso. Así que cuando buscamos a Jesús, cuando queremos mirar a Jesús, cuando le decimos a una persona, mira a Jesús, es dejarle saber, mira, mira su carácter, o sea, cuál es su carácter. Su carácter es amor, su carácter es compasión, es esa empatía que lleva, que él entiende tu dolor, entiende tu problema. Escúchalo a Él. No es que ignores lo que te está pasando, escúchalo a Él. Y cuando te dice escúchalo a Él, es para que uses el discernimiento, para que te dejes llevar por lo que el Espíritu Santo te está tratando de decir. Y hay ocasiones donde el Espíritu Santo dice, tienes que moverte de este lugar y tienes que ir a otro lugar. Porque Jesucristo nos ofrece una paz que es innegable. Y esa paz, mi hermano, mi hermana, sobrepasa todo entendimiento. Por ende, utilizar el discernimiento para saber quién es quién. Caminar en esa verdad. Proteger tu corazón, proteger tu alma. Eso es mirar a Jesucristo. No es tolerar el abuso, no es justificar lo que no se puede justificar, no es simplemente callarte, aun cuando te está doliendo todo, cuando estás herido, a punto ya de muerte, y decirle a cualquiera que te pregunte, no estoy bien, estoy bien, no, en victoria, estamos bien en victoria, vamos para adelante. Pero te estás muriendo por dentro. Y finges estando en la iglesia. Niega, niegas constantemente lo que estás viviendo, lo que estás experimentando, al hacerlo de esa manera, permanecer ahí, en esa condición, sin tratar el síntoma, sin tratar realmente el problema. Perdóname, sin tratar la raíz del problema y tratando el síntoma, lo que se ve por encimita, es hacerte daño. Te vas a morir. Si no trabajas con eso. Mirar a Jesús. Es mirar su verdad. Es realmente estar consciente de lo que dice la Escritura al respecto. Es reconocer que Él está ahí por ti. Y que esa verdad escrita, esa verdad hablada de su parte, no te va a herir, te va a levantar, te va a sanar. Quiero dejarte con unas palabritas. Y quiero que recuerde que mirar a Jesús no significa que ignores lo que está a tu alrededor, que ignores a los hombres. Especialmente si es el hombre, ¿verdad?, quien te está hablando supuestamente de parte de Dios y te está hiriendo con eso. No es que estás rebelde, no es que no quieres sanar, no es que no quieres moverte, no es que no quieres cambiar, es que simplemente te está hiriendo. Lo que Él quiere es que nosotros utilicemos el discernimiento. Para utilizar el discernimiento tenemos que orar, tenemos que hablar con él, tenemos que buscar de Él, de Dios, tenemos que pedirle al Espíritu Santo que nos ayude para eso. Significa que protejas tu alma, que protejas tu corazón. No es que cierres los ojos, no es que te olvides de lo que te está pasando. Es que abras tus ojos, te des cuenta y mires con claridad, no ciegamente, lo que está pasando a tu alrededor. Y que sigas la voz de Jesús. Sigue su voz. Sigue. Síguelo a Él. Él dijo, mis ovejas oyen mi voz y me siguen. Y es triste. Es triste ver personas heridas, lastimadas y que a nadie le importa. Es triste ver cómo a veces utilizamos la escritura para tratar de manipular, para tratar de mantener una falsa espiritualidad. Porque a veces se entiende que es lo correcto decir lo que dice la escritura, pero cuando la escritura va carente de amor, cuando hablamos la escritura carente de amor, le quitamos el sentido a lo que está escrito. Y no va a ser el trabajo para lo cual fue enviado. Por el contrario, va a herir, va a lastimar. Y tapar el cielo con la mano y decir al final, pues, eso es lo que dice la Biblia. La verdad, si le molestó, pues que se moleste. Si se fue porque nunca fue parte de o no o nunca fue cristiano, nunca se entregó a Jesús. Mire, mi hermano, tengamos cuidado. Si algo yo tengo consciente es que yo no morí por ninguno de mis hermanos. Yo no he muerto, no he derramado mi sangre por nadie. Y como yo no lo hice, eso lo hizo Jesucristo. Es a Él quien le duele y quien nos mira. Y cuando hacemos las cosas sin amor, con falta de entendimiento, y herimos a alguien. Hay que tener cuidado porque hay un hay y hay una advertencia para aquel que hace tropezar uno de esos pequeñitos. Dice la Escritura, hay de aquel que hiciere tropezar alguno de mis pequeñitos, mejor le fue atarse una piedra de molino al cuello y echarse al mar. Enfrentar la justicia de Dios cuando herimos, cuando lastimamos una de sus ovejas, con intención. Es duro. Bien, le dijo Jesucristo a Pablo, dura cosa es dar cosas contra el aguijón. Y Pablo decía: dura cosa es caer en las manos de un Dios vivo. Y hay que tener cuidado, hay que amar, hay que proteger, hay que buscar proteger la Grey, hay que buscar proteger a nuestros hermanos, protegernos unos a otros, darnos la mano cuando fallamos, levantarnos, levantarnos como si fuese uno de nosotros, darle la mano y cuidarlo, protegerlo, buscar la manera de sanar esa herida. Y si fuese posible que nunca más se acuerde de lo que le pasó, mejor todavía. Pero esas experiencias son sumamente necesarias para que podamos ayudar a otros, para que podamos levantarle las manos a otros y poder entender a veces el proceso o la situación o la condición en la que se encuentra nuestro hermano, nuestra hermana. Así que muchas gracias por escucharme otra vez más, por permitirte inclusive cuestionar esas frases que te hirieron y de aquí en adelante utilizarlas tú mismo con intención, con amor, sabiendo cómo te has sentido cuando te las han dicho a ti y a nosotros los que la hemos utilizado, los que hemos herido, con esas palabras, sin darnos cuenta, seamos un poquito más conscientes y no minimicemos el dolor de esa persona. Vamos realmente a entender, vamos a empatizar con esa persona. Y vamos a ayudarle, vamos a levantarlo. Porque parece fácil decirla, pero realmente es dañina cuando se hace sin amor. En el próximo episodio, próximo sábado, vamos a estar hablando sobre el dilema que entonces enfrentamos cuando esa carga se hace tan pesada, tan pesada, que comenzamos a hacernos la pregunta, ¿me quedo o me voy? ¿Cómo tomar esas decisiones sin culpa, sin presión y con la paz de Dios? Porque no es me quedo o me voy en Dios. Es me quedo o me voy dentro de este lugar donde me están hiriendo, donde no encuentro paz, donde lo que encuentro es dolor constante. Así que nos escuchamos prontito. Y recuerda: mirar a Jesucristo no significa que obvies o olvides lo que te está pasando. Así que Dios te bendiga, Dios te guarde. Este que te habló, tu hermano Anel Pérez, muchas gracias por escucharnos. Recuerda, puedes escribirnos a por encima de las nubes 2.gmail.com. Repito, por encima de las nubes, el número 2 arroba gmail.com. O puedes en el mismo podcast enviarnos un texto y oraremos por ti. Vamos a trabajar juntos, vamos a crecer juntos, porque la intención es llegar al cielo todo lo más que podamos. Dios te bendiga, Dios te guarde. Gracias por escuchar. Por encima de las nubes, este es tu hermano y amigo que te habla, Anel Pérez. Dios te bendiga. Que tengas un excelente día.