México es un país con una rica tradición oral, donde abundan historias maravillosas y memorables. Las cuales se balancean entre la realidad y la ficción. A través de los años, todos estos relatos se han ido pasando de generación en generación. Algunos se han perdido y otros prevalecen hasta nuestro días. 

Y hoy te traigo un episodio que te gustará ya que es otro relato de leyendas de México, y tengo como invitada a mi mamá, la señora Cecilia Rojas, quien más adelante compartirá con nosotros un relato fenomenal.

Esta es, sin duda, la razón de que la mente humana le haya concedido un papel tan importante y poderoso; pues ¿quién no ha leído relatos acerca de lechuzas que se transformaban en hombres y tenían un poder sobrenatural?

 Las lechuzas y los búhos están mejor documentados en el folklore, leyendas y relatos históricos que otras especies. Se le atribuyeron características asociadas a la muerte y al desastre, es el ave de los muertos, el correo de las ánimas, el mensajero del más allá.

Esta ave ulula, es decir, el sonido de su llanto y el gemido, y su canto. De aquí que se dice que, dejar de oír su lamento, es signo de tristeza, y cuando guarda silencio es señal de prosperidad. Se dice sobre el búho que es un ave lúgubre, a quien se la ve de día y de noche merodeando por los cementerios y habita en las cavernas y se cuenta que es un ave portadora de calamidades y dicen que su presencia en una ciudad presagia desolación.

El silencioso y fantasmagórico vuelo de la lechuza común, alimentado por su siniestro canto, constituye una de las razones por las que esta ave nocturna ha sugerido muchos mitos y supersticiones. 

Aunque también se las suponía dotadas de sabiduría y se utilizaban en la medicina popular y en la magia. Este silencioso cazador de la oscuridad ha fascinado a la humanidad desde el comienzo de los tiempos. Símbolo de la luz, de la sabiduría y de las tinieblas, su anatomía es todo un prodigio de la naturaleza. 

Estas aves, son unas marginadas en todas partes. Y así como sus compañeros alados las repudian, los seres humanos proyectan en ellas sus miedos y anhelos, estas aves nocturnas han excitado desde siempre la fantasía. Quizás se deba a su apariencia ligeramente humana. Los búhos no tienen los ojos a los lados de la cabeza, como otros pájaros, sino de frente. Sus grandes ojos, su rostro plano, su postura erguida y digna, les aportan esa apariencia tan especial. Pocos seres se pueden dibujar con tan pocos trazos. El búho tiene un potencial icónico claro. Su costumbre de volar sigiloso a través de las tinieblas para caer desde las alturas sobre unas presas desprevenidas, le ha valido una posición contradictoria en el subconsciente colectivo de la humanidad: símbolo de la sabiduría y mensajero del otro mundo.

La lechuza simboliza la muerte, la noche, el frío y la pasividad, es el pájaro de los muertos y se le considera ave de mal agüero. 

En muchos aspectos, no es demasiado difícil apreciar por qué este pájaro había adquirido una reputación tan siniestra. La razón principal es que quizá por ser un pájaro de la noche y de la oscuridad, y de ahí su asociación con la muerte y lo mágico. Otro factor es el grito de la lechuza, pues durante el día se había visto tal llamada con incertidumbre, pero normalmente se oía en el crepúsculo o durante la noche, lo que podría considerarse como horripilante y siniestro.

Los nativos de América tuvieron preocupaciones semejantes a los de los pueblos europeos respecto al canto del búho y la lechuza, siendo su aparición señal de que alguno había de morir en ella pronto. La lechuza es un animal fatídico que anuncia la muerte. 

En la cultura azteca del antiguo México (Teotihuacán), la lechuza estaba consagrada al dios de la lluvia, pero entre los aztecas, simboliza una criatura demoníaca nocturna y un mal presagio. Asociado a las fuerzas naturales como lo son la noche, la lluvia y las tempestades. 

Su mala reputación y sus gritos son las únicas señales que anuncian su vuelo silencioso. 

También se cuenta que fue un ave de mal agüero y por eso la gente de los pueblos engañadas lastimosamente por el demonio le temían con un terror de ignorancia y superstición. 

Su presencia junto a la de las brujas quienes son sus compañeras de maleficios, ha causado mucho temor por mucho tiempo y en muchas culturas del mundo.  

 

La Chorca, la leyenda de la mujer lechuza

La imagen de la bruja nocturna, de la mujer que se transforma por la noche en ave de rapiña, que vuela emitiendo gritos espantosos, que entra en las casas para devorar a los niños, está en el origen del mito demonológico. Esta leyenda se remonta a la antigüedad. Se creía que las lechuzas se transformaban en brujas y que entraban por las ventanas de la guardería mientras que los niños pequeños estaban durmiendo, y chupaban su sangre cuando estaban en sus cunas. 

 La mujer lechuza o la Chorca es un personaje muy interesante y muy tenebroso, que con las características de una mujer con una belleza sorprendente oculta un secreto: en la mañana parece una persona ordinaria pero en la noche se transforma en una criatura abominable y demoníaca, una especie de demonio al que le crecen alas y la nariz, que trata de consumir la sangre de los bebés para permanecer hermosa y joven. La Chorca no solo es una sola mujer, sino varias, que visitan los hogares de las familias que tienen un bebe recién nacido que no esté bautizado o consagrado y los dejan sin ninguna gota de sangre, dejándolos secos y muertos. 

Se le describe a la Chorca con unas alas gigantes con la capacidad de volar muy alto y a grandes distancias para poder llegar a los diferentes pueblos; una nariz lo suficientemente desarrollada para oler a grandes distancias la esencia de la sangre de los niños, para cuando ya llega al hogar de la familia se coloca en el techo en el punto exacto en donde se encuentra al infante.

Otra característica que se podría mencionar de la Chorca es que en su apariencia humana viven apartadas de los pueblos. Si la Chorca no llega a consumir sangre de los niños no cristianizados su apariencia cambia radicalmente, puesto que, en vez de parecer joven y hermosa, se ve de la edad de una anciana con la cara deforme y llena de maldad, preparada para hacer lo que sea para volver a ser joven. 

Para poder comprender la leyenda en su totalidad primero debemos comprender que en un principio, en aquellos pueblos en los que todavía no se habían convertido al cristianismo, había altos índices de mortalidad infantil sin comprender realmente el por qué, aparecían muchas veces cuerpos de bebés y niños muertos por la mañana. El fanatismo, ignorancia y la superstición creaban  historias sobre las que una mujer, con características demoníacas y vampíricas, se aparecía por la noche en esos poblados, a la que llamaron La Chorca, o mujer lechuza. 

Pero estas son simples historias basadas en la superstición e ignorancia, ahora hablemos de la realidad en la historia y de las posibles maneras de entender cómo los bebés murieron en esas condiciones y encontrarle un sentido en la vida real sin tocar temas fantásticos y mitológicos, para dar respuesta usando la ciencia en la leyenda de la Chorca.

En primer lugar, tenemos que entender que esta mitología se creó hace mucho tiempo en una época donde no existía lo que hoy conocemos como medicina forense, por lo que no se podría estudiar las muertes de los bebés que se mencionan en la leyenda para dar una explicación científica; estas leyendas tuvieron principios en pueblos donde la falta de higiene y agua potable causaba enfermedades y muertes entre los más vulnerables de la población, entre ellos los recién nacidos. No tenían conocimientos de higiene personal, y esto creaba otros problemas comunes de salud como resfriados, gripe, fiebre y vómito, que sin ninguna intervención médica, los bebés morían frecuentemente, hay un sinfín de ejemplos de que morían de cualquier manera, por lo que al no encontrarle explicación alguna, se dio una explicación sobrenatural de estos hechos.

Cuando los españoles llegaron a colonizar América, intentaron por la fuerza imponer su religión cristiana a los indígenas nativos, quienes creían firmemente en sus dioses de la naturaleza. Años después durante la época colonial, el método que usaron, los españoles para mantener a la población ignorante y sometida, fue la de crear historias como esta, en donde una mujer se transformada en una lechuza y absorbiera la sangre de los bebés que no estuvieran bautizados. Con esto, los padres asustados contactaban a un sacerdote para que les bendijera al bebé y así la Chorca no se lo llevara.

 

Y es aquí donde regresamos otra vez a la fama de las lechuzas como aves de mal agüero quienes traen maldiciones. 

Como dije anteriormente, México es un país lleno de historias misteriosas. En cada una de sus ciudades se cuentan un sinfín de leyendas protagonizadas por personajes como la Llorona, la muerte y por espíritus que aún vagan en unas de las dimensiones que no les corresponde. Si no lo has hecho aún, te invito a que escuches la primera parte de la serie de leyendas de este podcast, el episodio número 9, donde te hablo de La Llorona, una leyenda de un espectro en forma de mujer quien llora la muerte de sus hijos. 

A continuación te contaré unos de estos relatos que han pasado de generación a generación. Un relato que me contó mi mamá y el cual yo se lo conté a mis hijos.  La leyenda de la Lechuza. 

Durante las noches lluviosas de fuertes tormentas, muy comúnmente se iba la luz eléctrica en la Ciudad de México, a esto se le llama un apagón, dejándonos a todos en una plena oscuridad y sin más que hacer más que sentarnos alrededor de la mesa con velas encendidas a esperar que regresara la luz. Este era entonces el foro perfecto para contar leyendas e historias de miedo. La lluvia afuera golpeaba y mecía los árboles, dándoles ese aspecto fantasmal mientras se oían los alaridos espectrales del viento llorándole a la noche. Y bajo la luz de las velas. Mi mamá nos contaba sus historias de su niñez. Ella creció en el estado de Durango localizado a unas 560 millas u 890 km de la ciudad de México en el norte de la República Mexicana. He aquí, la narración de mi mamá, la señora Cecilia Rojas, en sus propias palabras: 

 

Les quiero contar una de mis memorias de niña más impresionantes que aún recuerdo. Yo vivía con mi familia en la ciudad de Durango en la República Mexicana en la década de los 1950s. Vivíamos en una hacienda, que es  una casa estilo colonial española. Su arquitectura cuenta con un gran portón de madera, que se usaba para que los carruajes de viajeros jalados por caballos entraran  al patio principal de la casa. Las haciendas tienen largos corredores con las habitaciones alrededor del patio central.

En este patio principal había árboles enormes que mi papá nos instaló un columpio donde mis hermanos y yo nos mecíamos por las tardes alegremente. Atrás de la casa, había corrales para animales domésticos como gallinas, guajolotes, conejos y puercos. 

Ante mis ojos de niña, esta casa era un paraíso, un ensueño donde disfruté mi infancia. Frente a la cocina, recuerdo que había un gran pozo profundo y negro de agua que se usaba para cocinar, lavar etc. 

Una vez, escuché a mi papá platicar con mi mamá acerca de una lechuza que lo seguía todas las noches cuando él regresaba a casa del trabajo. Una lechuza es un tipo de búho o tecolote, que son aves nocturnas. 

El contó que al pasar por un parque pequeño cerca de la iglesia de San Agustín, la lechuza se dejaba venir contra él desde el campanario y lo acosaba siguiéndolo hasta que él llegaba a casa. 

Esta historia de mi papá, coincide con una antigua leyenda de la época colonial, la cual cuenta que en ese entonces se tenía la superstición de que las lechuzas representaban brujas,  malos espíritu y mala suerte. Estas creencias aún persisten hasta el día de hoy.

Mi mamá, al ser creyente de esta leyenda, la oí hablar en una ocasión con dos sirvientas, que son las personas de servicio doméstico, de que tendría que hacer un ritual para liberar a mi papá del hechizo. Para lograrlo se tenía que realizar un conjuro a media noche en el patio central de la casa. 

Mi mamá tenía un pequeño libro de oraciones a San Cipriano, a quien se le pide protección contra espíritus malévolos. Ella tenía el libro en una mano y una vela encendida en la otra. Para mi gran asombro, oí a mi mamá y las sirvientas entonar un rezo y un cántico repetitivo para ahuyentar la lechuza y a los espíritus dañinos de nuestra casa. 

Aun puedo cerrar los ojos y escuchar la voz de mi mama recitando el cantico:  

 San Cipriano ve,

San Cipriano viene,

bájame esa lechuza

que va y viene.

San Cipriano ve,

San Cipriano viene,

bájame esa lechuza,

que va y viene.

Conforme los cánticos se fueron diciendo  más y más rápidos, escuche aleteos y vi a la lechuza volar desesperadamente en círculos entre los árboles bajo la luz de la luna, la lechuza empezaba a bajar y bajar cada vez más.  

De repente, unos fuertes golpes en el portón de la casa por fuera interrumpieron el conjuro. 

Mi mamá y las sirvientas corrieron hacia la puerta atraídas por esos ruidos para ver de qué se trataba. Al abrir el portón, se encontraron unas piedras afuera que habían sido lanzadas inexplicablemente puesto que la calle estaba desierta a esas horas de la noche.

Este incidente, provocó que se rompiera el conjuro liberando a la lechuza quien escapó del hechizo llevandose el maleficio, porque a partir de esa noche, la lechuza dejó de seguir a mi papá en el parque. 

Yo he escuchado esta historia a lo largo de mi infancia hasta la actualidad, y aunque hoy me doy cuenta de que se trata de leyendas de superstición, se le debe dar el  valor cultural y familiar que tiene. Los mitos y las leyendas representan una parte importante en la tradición cultural de la sociedad y son un patrimonio que se debe rescatar, pasar y no perder. La importancia que persiguen  estos relatos tradicionales o narraciones folclóricas es el enriquecimiento cultural y literario, al compartir con los más jóvenes las típicas leyendas regionales o nacionales, los adultos fomentan valores patrios en su sociedad. A través de las leyendas se marca una identidad nacional que crece con las personas al pasar los años.

Y volviendo al tema de la lechuza, que es un ave rapaz y nocturna, la lechuza ha sido desde antiguo un símbolo de la sabiduría filosófica, pero también ha soportado supersticiones que la calumnian. Hoy su población está disminuyendo y es necesario que conozcamos y apreciemos su valor. 

En muchos lugares, su disminución es causa de la creencia de que estas aves no traen nada bueno o será que la vemos ligada a la noche, que por su oscuridad da miedo.

Te invito a que sigas disfrutando de las historias y leyendas clásicas de terror del Antiguo México colonial en mi serie de leyendas, pero también hay que saber distinguir la realidad de la mitología. Tenemos que ser ciudadanos responsables por la protección del medio ambiente, y los animales quienes habitan en el medio natural. Vale señalar que la protección de los animales no se limita a los animales domésticos. En realidad, cada ser vivo tiene un puesto importante en el planeta, porque ayudan a mantener el equilibrio natural. Y sí, todos son valiosos, hasta esos animales que te dan tanto miedo.

 


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