Primero Dios, con Gerardo Farías

MATEO 2 - BELÉN EFRATA, DE TI SALDRÁ EL PASTOR DE ISRAEL

Gerardo

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Los sabios del oriente, probablemente de Babilonia o Persia, ven una estrella y se ponen en camino a Israel. No tienen toda la información, pero obedecen la luz que recibieron. Muchos creen que siguieron la estrella, debido a la antigua profecía: "Saldrá una estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel"  (Números 24:17). Herodes, en cambio, escucha la noticia del nacimiento del Rey y se llena de temor, porque para él Jesús no es un Salvador, sino una amenaza. Los líderes religiosos conocen la profecía, saben que el Mesías debía nacer en Belén, pero no se mueven. Tienen la Biblia, tienen la doctrina, tienen la información correcta… pero aún así no estaban esperando al Mesías. Por más increíble que parezca, el pueblo no estaba esperando a su Rey. Se puede estar cerca de la verdad y aun así no buscar a Cristo. Los sabios de oriente nos enseñan que la verdadera fe no solo admira señales; camina, busca, adora y entrega. Cuando encontraron a Jesús, no llegaron con las manos vacías. Le ofrecieron oro, incienso y mirra. Su adoración tuvo un costo. La fe superficial quiere bendición sin entrega; la fe verdadera se postra y ofrece lo mejor. ¿Qué le hubieras ofrecido tú a Jesús? ¿Es para ti Jesús un Rey Salvador o una amenaza a tu estatus quo?

Mateo también nos recuerda que Jesús nació en medio de amenaza, violencia y rechazo. Desde el comienzo, el Salvador no fue recibido, sino perseguido por un poder corrupto. Sin embargo, Dios protegió a su enviado. Herodes podía tener un trono, soldados y autoridad, pero no podía detener el plan de Dios. La aplicación es clara: cuando Cristo entra en nuestra vida, siempre revela lo que hay en el corazón. Algunos lo adoran, otros lo rechazan, y otros simplemente lo ignoran. La pregunta no es si conocemos la historia de Jesús. La pregunta es: ¿qué hacemos cuando su luz nos llama? Porque la estrella no fue dada para ser contemplada, sino para guiarnos hasta Cristo, el Hijo de Dios. Que el Señor te bendiga.