Primero Dios, con Gerardo Farías
Primero Dios, con Gerardo Farías
MARCOS 16 - EL QUE CREYERE Y FUERE BAUTIZADO SERÁ SALVO
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Marcos termina su evangelio llevándonos al centro mismo de nuestra fe: Jesús resucitó. La tumba estaba vacía. La muerte no pudo retener al Hijo de Dios. Las mujeres fueron las primeras en recibir la noticia: “Ha resucitado; no está aquí”. Este no fue un rumor débil ni una ilusión emocional. Hubo testigos. Hubo personas que vieron, escucharon y anunciaron que Cristo vive.
Sin embargo, el capítulo también nos muestra algo incómodo: los discípulos no creyeron fácilmente. Cuando María Magdalena les anunció que Jesús estaba vivo, ellos no creyeron. Cuando otros dos discípulos también dieron testimonio, tampoco les creyeron. La incredulidad no estaba en los enemigos de Jesús solamente; también estaba en el corazón de los que habían caminado con Él.
Eso debe hacernos pensar. Es posible haber escuchado las promesas de Dios, haber visto su poder, haber recibido su Palabra, y aun así tener un corazón lento para creer. La incredulidad de los discípulos no fue falta de información; fue resistencia del corazón. Jesús los reprendió por su dureza, porque no habían creído a los testigos de su resurrección.
Pero aquí está la gracia: Jesús no descartó a esos discípulos incrédulos. Después de reprenderlos, les dio una misión: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Qué impresionante. Jesús puso la Gran Comisión en manos de personas que acababan de fallar en creer. Eso nos enseña que Dios no llama a personas perfectas, sino a personas transformadas por el poder del Cristo resucitado.
La resurrección no es solo una doctrina para defender; es una verdad para proclamar. Si Jesús vive, entonces el evangelio debe avanzar. Si la tumba está vacía, el mundo necesita saberlo. Si hubo testigos que anunciaron esta maravillosa noticia, ahora nosotros también somos llamados a ser testigos.
Hoy el Señor nos confronta con dos preguntas: ¿creemos realmente que Jesús resucitó? Y si lo creemos, ¿por qué vivimos tan callados? Y tú, ¿ya le entregaste tu vida a Jesús mediante el bautismo?
Cristo venció la muerte. Cristo vive. Y porque Él vive, nuestra misión sigue en pie: anunciar al mundo que hay salvación, perdón y esperanza en el nombre de Jesús.