Homilías de cuatro minutos

Miércoles de Ceniza

Joseph Pich

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Miércoles de Ceniza

            “Vuelve a mí”, el Señor nos dice en la primera lectura de la Misa de hoy. Significa que hemos abandonado el camino, que hemos perdido nuestra dirección y tenemos que parar y dar media vuelta. Hemos ido en dirección contraria, hacia nuestro yo, nuestro egoísmo y nuestra soberbia. Jesús nos dice: vuelve a mí, da la vuelta, cambia de sentido, haz un giro de 180 grados. No es fácil hacerlo. Hace falta una pequeña conversión, reconocer que estamos equivocados y volver a poner a Dios como centro de nuestra vida. Abandona los impulsos de tu corazón, que no te hacen feliz, y vuelve a tu Padre Dios, que da sentido a tu vida.

            Cuando el sacerdote ponga hoy las cenizas en tu frente, te recordará las palabras de la Escritura: “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás.” Es un recuerdo de que sin Dios no somos nada, que sin él, todo lo que nos queda es un poco de ceniza que vemos en este plato. El viento se lo va a llevar con su fuerza. Volveremos a la tierra que nos vio nacer. Nos ponen las cenizas en la frente para que tengamos nuestros pensamientos bien centrados. La Iglesia quiere inscribir en nuestra mente algo que es muy importante. Memento mori. Recuerda que somos mortales. Recuerda que venimos de Dios y a él retornamos.

            En el libro El Alquimista, el chico pregunta: “Por qué tenemos que escuchar al corazón.” Y el viejo responde: “Porque donde está el corazón, ahí está nuestro tesoro.” Ubi thesaurus cor: nuestro tesoro está donde nuestro corazón. Para descubrirlo tenemos que escuchar sus latidos. No es algo que estemos acostumbrados, pues normalmente no oímos los latidos del corazón. Los escuchamos con el estetoscopio. El Papa Francisco dice que “nuestro corazón siempre señala hacia una dirección. Es como la aguja de un compás que siempre busca el norte. También lo podemos comparar con un imán que necesita pegarse a algo.” Es bueno saber lo que es.

            El Papa Francisco en una de sus homilías del miércoles de Ceniza propone tres pasos para la Cuaresma: “Limosna, oración y ayuno. ¿Para que sirven? Nos recuerdan tres realidades que no desaparecen. La oración nos reúne con Dios; la limosna a nuestro prójimo; el ayuno a nosotros mismos. Dios, mi prójimo y mi vida: son realidades en las que debemos invertir. La Cuaresma nos invita a concentrarnos primero en Dios, a través de la oración, que nos libera de esa vida mundana y horizontal, centrada en nosotros. Nos invita a fijarnos en los demás con la limosna, que nos libera de la vanidad de adquirir y pensar que la cosas son solo buenas si son para mí. Y finalmente, la Cuaresma nos invita a fijarnos dentro del corazón, con el ayuno, que nos libera de los apegamientos a las cosas que adormecen el corazón. Ayuno, limosna y oración: son tres inversiones en los tesoros que nunca caducan.”

            En este viaje a través de la Cuaresma, ¿Dónde debemos fijar nuestros ojos? ¿Dónde debemos centrarnos? La Iglesia tiene la respuesta: en Cristo crucificado. Es bien sencillo: Jesucristo está en la cruz, y si queremos encontrarlo, debemos subir al madero de la cruz.

 

josephpich@gmail.com