Homilías de cuatro minutos
Homilías de cuatro minutos
Primer Domingo de Cuaresma
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
Las Tentaciones de Jesús
Jesús se retira al desierto guiado por el Espíritu para ser tentado. Quiere compartir nuestra experiencia diaria. Así entra en el drama de la existencia humana. Lo acompañamos para aprender de él, para participar de su fuerza. Jesús combate y se defiende como hombre, con las mismas armas que nosotros tenemos. Vamos al desierto con Jesús, como los padres del desierto, para hacernos más fuertes y estar a punto para luchar con el maligno. En el desierto no hay distracciones, no realidad virtual, no lugar donde esconderse. Es más fácil ver venir al demonio con sus falsedades; menos difícil derrotarlo. Lo sacamos de la ciudad y lo traemos a nuestro campo. Aquí somos tres, y el enemigo está en desventaja; con Jesús somos dos contra uno.
Esta Cuaresma vamos a pasar 40 días con Jesús ayunando y rezando. Los judíos estuvieron merodeando 40 años por el desierto. Moisés y Elías pasaron 40 días en oración y penitencia antes de encontrarse con Dios. 40 es un número bíblico que significa ser probados y descubrir quienes somos. Después de 40 días de ayuno, Jesús se encontró débil y el demonio aprovechó para tentarlo. Los tres enemigos del hombre son el demonio, el mundo y la carne. El mundo son los demás y la carne somos nosotros. Podemos ser atacados por uno, dos o tres de ellos. El peor somos nosotros, nuestro mayor enemigo.
¿Por qué Jesús se dejó ser tentado? Es un misterio. Quizá el demonio quería saber quién era Jesús, que fuerte era. Somos testigos de un combate entre Dios y el demonio. Podemos escoger qué lado apoyamos. Esperemos que vayamos con Dios, pues él siempre gana. En la historia de la humanidad al final Dios vence, aunque a veces parezca que es el demonio el que se lleva la mejor parte. Dios utiliza los ataques y acechanzas del maligno para llevar a cabo sus planes. Debe ser muy frustrante para el demonio el ver su trabajo fracasar al final. Aunque se vuelve más experimentado con el tiempo, nunca podrá vencer a Dios. En la crucifixión, Satanás pensó que iba a ganar matando a Jesús, pero solo consiguió nuestra redención.
¿Por qué Dios nos deja ser tentados? Las tentaciones en si mismas son indiferentes. Son buenas si ganamos; son malas si perdemos. Nos ayudan a crecer en amor y virtud. Le pedimos a Dios que nos las quite de encima porque no queremos problemas. Pero nos ayudan a ser más fuertes, a mostrar que amamos a Dios antes que a nosotros mismos y nos hacen más humildes, pues necesitamos su ayuda. Nos damos cuenta qué débiles somos y nos ayudan a aumentar nuestros méritos.
Aprendemos a conocernos. Normalmente somos tentados de la misma manera. Oscar Wilde andaba muy despacio escapando de la tentación, porque quería que le cogiera. Sabemos que si vamos a dormir tarde nos levantamos de mal humor. Una vez comenzamos a hablar de un tema concreto perdemos nuestra calma. Si voy de copas con esta persona beberemos demasiado. Cuando comienzo a comer cacahuetes no puedo parar. Sabemos que nunca seremos tentados por encima de nuestra capacidad. Tenemos todas las armas para resistir. Debemos utilizar las adecuadas. La Biblia es una buena arma; Jesús la utiliza contra el demonio. El Papa Francisco dice que deberíamos utilizar la Biblia como utilizamos nuestro móvil: lo llevamos con nosotros, lo miramos frecuentemente y nos sentimos desnudos sin él. La mejor arma contra el demonio es la Virgen.
josephpich@gmail.com