Homilías de cuatro minutos
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La Anunciación
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La Anunciación
Como dice San Pablo, “al llegar la plenitud de los tiempos”, Dios envió el arcángel San Gabriel a Nazaret, a una joven hermosísima, para hacerle una pregunta. Si pudiéramos elegir un momento de la historia para estar presentes, yo creo que muchos de nosotros elegiríamos la anunciación. Conocemos la escena por María. Los especialistas de Sagrada Escritura dicen que San Lucas escribió palabra por palabra lo que le dijo la Virgen, pues, aunque escribió en griego, las raíces son del arameo. Es un dialogo divino entre nuestra madre y el ángel. Por eso no es fácil de entenderlo; debemos hacernos pequeños, puros y humildes para comenzar a comprenderlo.
Es importante conocer a los protagonistas de esta escena: una niña y un ángel. Una niña de unos 15 años, muy bella, con una madurez especial para su edad. Y un arcángel llamado Gabriel, uno de los tres que conocemos por sus nombres en la Biblia. Su nombre significa “fuerza de Dios” o “Dios es mi fortaleza”. Aparece en todo lo relacionado con la encarnación, cuando Dios toma nuestra carne. Así envía mensajes a Daniel, Zacarias y María. Lo representamos con un lirio en la mano, para diferenciarlo de los otros dos, símbolo de pureza y fertilidad.
La escena ocurre en Nazaret, una aldea perdida a 150 kilómetros al norte de Jerusalén; unas 50 casas construidas cerca de un manantial. No era muy bien vista. Cuando a Natanael le dicen que han encontrado el Mesías y le dicen que viene de Nazaret, contesta: ¿Puede venir algo bueno de ahí? Había un dicho que decía, que, si Dios te castiga, te dará una esposa de Nazaret. La tradición oriental sitúa la escena en la fuente de la aldea. Nosotros la situamos en su casa, porque el evangelio da a entender que el arcángel entra en su habitación. Su casa no tiene nada que ver con las pinturas clásicas que los artistas han pintado de la anunciación. Dicen que debería ser una casa adosada a una cueva. Sin embargo, sería muy limpia y confortable.
La devoción popular dice que cuando entró el ángel, la encontró sumida en oración. San Josemaría escribe: “María está recogida en oración; pone sus cinco sentidos y todas sus potencias al hablar con Dios. En la oración conoce la Voluntad divina; y con la oración la hace vida de su vida: ¡no olvides el ejemplo de la Virgen!” Si un ángel viene a traernos un mensaje, ¿nos encontraría en oración? Tenemos que rezar para poder conocer la voluntad de Dios. A veces no queremos rezar porque no queremos saber lo que Dios nos pide. Otras veces somos perezosos o estamos muy ocupados. Nos cuesta dar tiempo a Dios.
Cuando María reza se torna más bella si cabe. Cuanto más reza, más hermosa. Es como si Dios levantara el velo que esconde su hermosura para enseñarnos lo que consigue la oración. Cuando habla con Dios, su faz brilla, mostrando destellos de divinidad. Como Moisés, cuando después de hablar con Dios, tenía que cubrir su cara para hablar con los Israelitas, pues los dejaba ciegos. Por mucho que lo intenten los artistas nunca conseguirán pintar su faz. San Josemaría se pregunta: “¡Cómo sería la mirada alegre de Jesús!: la misma que brillaría en los ojos de su Madre.”
josephpich@gmail.com