Homilías de cuatro minutos

Cuarto Domingo de Pascua

Joseph Pich

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El Buen Pastor 

            En el cuarto domingo de Pascua tenemos el evangelio del buen pastor. Jesús es el Buen Pastor, que guía sus ovejas a buen pasto, que las conoce una a una y nos llama por nuestro nombre. Nos da mucha confianza saber que tenemos un gran pastor para guiarnos al cielo. Todo lo que tenemos que hacer es seguirlo. Los primeros cristianos tenían mucha devoción a esta imagen. En las catacumbas de San Calixto en Roma, se halla la representación más antigua que tenemos de Jesús, un hombre joven que lleva una oveja en sus hombros. ¿Has intentado alguna vez llevar a una oveja en tus hombros? No es fácil.

            Llamamos a Jesús el Cordero de Dios. En cada Misa el sacerdote nos muestra la hostia diciendo: “Este es el Cordero de Dios.” Él es el cordero del sacrificio. En el Antiguo Testamento los judíos ofrecían animales como sacrificio. Ahora no hace falta ofrecer más sacrificios, porque Jesús nos dio su vida por nosotros de una vez para siempre. Los Cristianos, como seguidores de Jesucristo, intentamos identificarnos con él, oveja y pastor.

            Ser pastor significa dar la vida por las ovejas. Es bonito ser jefe, pero exige sacrificio, responsabilidad de olvidarnos de nosotros mismos, hacer lo mejor para los demás. En una palabra, ofrecer tu vida por ellos; significa no tener tu vida propia. No podemos ser pastores de alquiler, que no conocen a sus ovejas, que son indiferentes a ellas; pastores que sólo piensan en ellos mismos, que están allí para aprovecharse, que no saben servir. Servicio es una palabra muy bella que casi ha desparecido del diccionario. Hablamos de derechos, pero nos olvidamos de nuestras responsabilidades. No nos gusta hablar de deberes.

            Somos también ovejas, que siguen los silbidos del buen pastor. No la oveja perdida de la parábola. Es muy fácil perderse. Nos gusta corretear, jugar con fuego, hacer lo que queremos, siguiendo las inspiraciones de nuestra soberbia o de nuestro egoísmo. Y cuando nos perdemos, nos quejamos. Queremos la libertad de hacer lo que nos da la gana, pero cuando tenemos problemas, pedimos ayuda. Jesús nos dice que tenemos que ser ovejas, no lobos. A veces preferimos ser lobos, luchando con todos, mordiendo a quien nos encontramos a nuestro paso, ladrando todo el tiempo. Ser oveja significa ser un animal tranquilo, sereno y sonriente. No se queja y te deja hacer lo que quieras. Hay mucha diferencia entre matar a una oveja y a un cerdo. La oveja muere sin rechistar; el cerdo lo hace despertando a todos los vecinos. Hay dos clases de personas: unos que crean problemas y otros que los resuelven. Una madre siempre ayuda. Un niño mimado siempre crea dificultades.

            En este domingo rezamos por vocaciones al sacerdocio. Le pedimos al Señor que nos envíe buenos pastores. Seguimos el consejo de Jesús: “La mies es mucha pero los trabajadores son pocos. Rogad al dueño de la mies, que envíe trabajadores para su mies.” Le pedimos que nos envíe pastores, especialmente de nuestra parroquia. Jesús sabe que necesitamos vocaciones. Todo lo que tenemos que hacer es pedirlas.

 

josephpich@gmail.com