Homilías de cuatro minutos

Quinto Domingo de Pascua

Joseph Pich

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Camino, Verdad y Vida 

            Jesús les dijo a sus discípulos: me tengo que ir para preparar un lugar para cada uno de vosotros; voy a volver para llevaros conmigo; el camino ya lo sabéis. Tomás, que era un hombre práctico, le dice: Maestro, no sabemos a dónde vas, como podemos saber el camino. Gracias a su lógica, tenemos estas preciosas palabras de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” Él es todo, el número uno, el paso obligado. Él debería ser nuestro centro, nuestra cima, nuestra alma, nuestro amor. Nos podemos preguntar: ¿Cuál es el lugar de Jesús en nuestra vida? Cuando miras una foto de un grupo de personas, puedes adivinar las relaciones entre las personas, dependiendo del lugar donde se hallan en la foto. La que está en el centro suele ser la más importante. Si tomas una foto de las personas que cuentan en tu vida, ¿Dónde pones a Jesús? ¿En un lado, atrás? O quizás sea un selfie.

            San Agustín dice que el camino nos lleva a la verdad, y la verdad a la vida. Jesús es el camino, el único camino. Hay muchos senderos en la vida, tantos como personas, pero sólo hay un único camino. Nuestra vida sólo puede ir en una dirección. Si queremos llegar al cielo necesitamos seguir a Jesús. Venimos de Dios y a él volvemos. Estamos aquí sólo por unos años, pasando por esta vida como una estrella fugaz, que aparece y desaparece. Hemos sido creados sin nuestro consentimiento, pero depende de nosotros el llegar a nuestro destino final. Hay un famoso dicho en la vida espiritual: Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti.

            Es muy fácil perderse. Lo vemos a nuestro alrededor. Tanta gente que pierde su camino. Hay tantas cosas en nuestras vidas que intentan alejarnos del camino, distraernos, atascarnos, hacernos dar la vuelta. Esa es una de las razones porque Jesús vino a la tierra, para mostrarnos el camino. Él es el atajo, la línea directa, el sendero derecho, la autopista. Él es el verdadero GPS. Confiamos que nuestros móviles nos llevarán a donde queremos ir, pero a veces nos fallan: se ha agotado la batería, no tenemos internet o no hay cobertura. Sin embargo, no confiamos en Jesús, el auténtico GPS, que nunca falla, el único que nos puede dirigir hacia nuestro destino mas importante, el cielo. Si le buscamos, él nos encontrará, y una vez lo hallamos, no tendremos otra libertad que la de amarle. No le dejaremos y mantendremos nuestros ojos en él. No nos perderemos.

            Si seguimos el camino, encontraremos la verdad. Jesús siempre nos conduce a la verdad. A veces no seguimos el camino porque no queremos aceptar la verdad. No nos gusta lo que la verdad nos dice, lo que significa. Vivimos en una sociedad relativista que no le interesa la verdad. La gente adapta la verdad a lo que piensan o como viven. O vives como piensas, o acabas cambiando tus creencias. Ese es el problema de la verdad: tiene una influencia en nuestras vidas. Es fuerte, pero nos hace libres. Nos libera de las cosas a las que estamos adictos o somos esclavos.

            Y la verdad nos lleva a la vida. Cuando vivimos de acuerdo con la verdad de nuestra naturaleza, comenzamos a vivir una auténtica vida cristiana y somos felices porque así es como nos ha creado Dios. Estamos en el camino del cielo.

 

 

josephpich@gmail.com