Homilías de cuatro minutos
Homilías de cuatro minutos
Sexto Domingo de Pascua
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La Voluntad De Dios
Hoy escuchamos en el Evangelio: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.” ¿Cuánto amo a Dios? ¿Qué estamos dispuestos a hacer por Él? Amar no son sólo sentimientos sino unirnos a la voluntad de Dios. Casarse significa hacerse uno, cuerpo y alma, tener una sola voluntad. Amas al otro cuando estás dispuesto a seguir su voluntad. Cuando la gente se casa se dan el uno al otro; ya no se pertenecen a sí mismos. Desde entonces tienen que pensar lo que la otra persona quiere de ellos. El fracaso se produce cuando uno o los dos no se dan completamente y permanecen solteros. Acaban viviendo dos vidas paralelas. Nuestra unión con Dios, dice San Juan de la Cruz, reside en la unión de nuestra voluntad a la suya. Cuanto más nos unimos a la voluntad de Dios, más nos convertimos en Él, hasta que llega un momento en que sólo tenemos una voluntad, la suya.
Dios nos ha dado una voluntad libre para poder amarle. Amar no puede ser obligatorio. La gente se queja del mal en el mundo, preguntando porque Dios deja que cosas malas sucedan, si es tan poderoso. Es porque nos ha creado libres. Ha preferido correr el riesgo y la aventura de nuestra libertad. Cuando la gente se enamora al principio hay una emoción intensa, que atrae uno al otro. Pero luego entra en juego la libertad: amo a esta persona porque quiero, porque es mi esposo, independientemente de mis sentimientos. A veces los sentimos, muchas veces no, y otras veces sentimos lo contrario.
Imagina que tienes dos trabajadores, uno muy laborioso, que hace lo que quiere, y otro más bien perezoso, pero que te obedece. ¿A cuál prefieres? El que hace lo que le dices. El otro es inútil. Es lo mismo con Dios. Podemos estar muy ocupados, pero haciendo nuestra propia voluntad. San Agustín dice con frase muy ajustada: Bene curris, sed extra viam. Corres bien, pero fuera del camino. Dios prefiere que sigamos su voluntad, a que estemos todo el día en la iglesia.
Dios ha diseñado un camino para cada uno de nosotros para seguirlo. ¿Te acuerdas de aquellos dibujos en las revistas, donde tenías que trazar una línea entre los puntos, para que apareciera una figura? El Espíritu Santo ha marcado los puntos. Todo lo que tenemos que hacer es unir los puntos cada día, justo el punto delante nuestro, sin que sepamos lo que va a resultar. No se descubre nada mirando hacia adelante. Solo se ve algo mirando hacia atrás. Para ver la figura en su totalidad, hay que volar por encima, como un águila o un drone, y mirar con los ojos de Dios.
Es muy importante la actitud que tengamos delante de la voluntad de Dios. Es fácil seguirla cuando se ajusta a la nuestra. Es más difícil cuando se oponen. Existen diferentes estados de conformidad con su voluntad: comenzamos con resignación, una palabra negativa; pasamos a desear quererla, aceptarla, y acabamos abandonándonos en sus manos. Como un bebé en los brazos de su madre. Un bebé no tiene voluntad propia; todo lo que hace es dejarse querer.
josephpich@gmail.com