Homilías de cuatro minutos
Homilías de cuatro minutos
Santísima Trinidad
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
Santísima Trinidad
Hoy subimos a la cima de la fe cristiana, al misterio de la Santísima Trinidad. Cuando contemplamos otros misterios de nuestra fe debemos andar de puntillas. Ahora tenemos que postrarnos ante la majestad de Dios, tocar el suelo con nuestra frente y guardar silencio. Estamos pisando tierra sagrada. No podemos ver a Dios y vivir. Sin embargo, Dios nos ha abierto su vida íntima. Nos ha dado acceso a su vida interior. Abre la puerta despacio y mira con asombro.
Decimos que Dios es incomprensible. No podemos meter a Dios dentro de esta calabaza que tenemos encima de nuestros hombros. Pero podemos intentarlo. San Josemaria decía que a veces Dios le daba luces para ver mejor, y se ponía muy contento; otras veces parecía que había chocado con un muro, y se ponía más contento, diciendo que Dios es mucho más grande de lo que podemos imaginar. Debemos sumergirnos en este misterio, sabiendo que nunca podremos tocar fondo, pero siempre podemos profundizar más. Santa Catalina de Siena decía que “la Santísima Trinidad es como un mar muy profundo, donde cuanto más buscas, más encuentras, y cuanto más encuentras, más buscas.” Deberíamos ser más ambiciosos. No podemos estar contentos como somos. Debemos profundizar más. Mira como los santos aman a Dios. No puedes hallar un amor más profundo y atractivo que el suyo.
Empleamos nuestro tiempo de muchas maneras, escuchando música, podcasts, audiolibros, viendo películas, siguiendo nuestras series de televisión, leyendo las noticias, las redes sociales, nuestros hobbies, temas de interés. Tratamos de llenar nuestro corazón con muchas cosas buscando la felicidad. Pero los charcos del camino no pueden hacernos felices. Debemos saciar nuestra sed con la auténtica agua viva de Dios. Venimos de él y a él volvemos. Hemos sido creados para conocerle y amarle.
Hay cuatro caminos clásicos para acceder a la Trinidad. Uno es a través de las cosas creadas. Del mismo modo que podemos descubrir a Dios en la creación, en la belleza de la naturaleza, también podemos encontrar huellas de la Trinidad, aunque más escondidas. Los teólogos hablan de grupos de tres: aire, agua y fuego; lluvia, granizo y nieve; arrollo, lago y mar; padre, madre e hijo. Puedes buscar más por tu cuenta. Otro camino es la realidad de la inhabitación de la Trinidad en el alma del justo. Si somos amigos de Dios, él está con nosotros, haciendo su morada en lo más profundo de nuestra alma. Lo encontramos dentro de nosotros. No tenemos que mirar hacia fuera. San Agustín nos dice: “Tu estabas dentro de mí y yo te buscaba fuera de mí.”
El tercer lugar es la Sagrada Escritura. Dios nos ha revelado este misterio en el Nuevo Testamento, con la llegada de Jesús. En el Antiguo Testamento Dios había acentuado la unicidad, para evitar la creencia en muchos dioses. Cuando estábamos dispuestos, nos abrió su intimidad. El cuarto es la liturgia, la acción pública de la Iglesia, especialmente la Eucaristía. Cuando participamos en la Misa, estamos asistiendo a la liturgia del cielo, celebrada por la Santísima Trinidad. Podemos escondernos detrás de nuestra Madre.
josephpich@gmail.com