Homilías de cuatro minutos

13 Domingo A Amar a Dios

Joseph Pich

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Amar a Dios 

            “Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.” Lo que nos dice hoy Jesús suena un poco fuerte. ¿Por qué lo dice? Porque hemos sido creados para amar a Dios sobre todas las cosas. Está inscrito en nuestros genes y es el único camino de ser eternamente felices. Tenemos que poner a Dios primero, centrarnos alrededor de él. La Biblia nos lo recuerda unas cuantas veces: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.” ¿Es esto posible? Mira a los santos. Lo hicieron con la ayuda de Dios. Dieron sus vidas a Dios. ¿Se puede amar tanto a una persona como dar la vida por ella? Vemos en la historia de la Iglesia una larga fila de gente que han entregado sus vidas a Dios. Si no nos damos a Dios, él no se nos dará a nosotros.

            ¿Cuánto amamos a Dios? ¿Qué es lo estamos dispuestos a hacer por él? ¿Estamos dispuestos a no ofenderle y a seguir su voluntad? Amar es un poco diferente de emociones y sentimientos. Es cuestión de voluntad. Podemos elegir a quien amamos. Puede haber una atracción al principio, pero después es una decisión nuestra. Amamos a Dios con nuestra inteligencia y voluntad. No podemos amar lo que no conocemos. Cuanto más sabemos de Dios, más le podemos amar. Debemos descubrir a Dios para amarlo plenamente. No hay nadie como Dios.

            Pero ¿Cómo me enamoro de Dios? ¿Cómo queremos a los demás? De la misma manera que amamos a los demás, amamos a Dios. Tenemos un solo corazón. Hay gente que piensa que tenemos dos corazones, uno para Dios, y otro para los demás. También podemos pensar que para amar a una persona hay que verla. Pero la gente ama personajes en su imaginación o actores que nunca van a encontrarse. Queremos a los demás pasando tiempo con ellos, haciendo cosas por ellos, dándoles regalos, diciéndoles que cuentan en nuestras vidas, dándonos a ellos, haciendo sacrificios. Es lo mismo con Dios.

            El amor humano depende de otra persona. Esta nos puede abandonar, perder la cabeza, cansarse de nosotros, encontrar alguien mejor que nosotros. El amor de Dios depende solo de mí. Dios está siempre dispuesto, es paciente, esperando, listo para perdonar y olvidar. No encontraremos nadie como él.

            ¿Sabemos amar? Creemos que sabemos, pero quizá solo sabemos amarnos a nosotros mismos. El amar es un arte que hay que aprender y practicar. Con Dios tenemos que dar primero. Pensamos que, porque lo tiene todo y no le falta nada, debe darnos lo que necesitamos. Pero como buen padre, no quiere malcriarnos. Quiere que crezcamos fuertes y maduros, y por eso espera que nos demos primero. Cuanto más nos damos, más recibimos. Nos da más de lo que necesitamos. Él es siempre mucho más generoso que nosotros. El tiempo nos da la razón.

 

josephpich@gmail.com