Homilías de cuatro minutos
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17 Domingo A Parábola del tesoro escondido y la perla
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Parábolas del tesoro escondido y de la perla de gran valor
Hoy en el evangelio Jesús nos presenta dos parábolas acerca del reino de los cielos: el tesoro escondido y la perla de gran valor. Ambas son parecidas; nos muestran el gran precio del reino de Dios y lo que deberíamos hacer para alcanzarlo. Pero muestran algunas diferencias: el tesoro apunta más a la abundancia de dones, y la perla indica más su belleza. A todos nos atraen las piedras preciosas y la perlas. Brillan con diferentes luces, admiramos sus colores de gran belleza, y nos gustaría poseerlas a cualquier coste. Las usamos para demostrar el amor que tenemos por nuestros seres queridos. La gente arriesga sus vidas para conseguirlas y otros van a la cárcel por robarlas. Nosotros deberíamos arriesgar nuestras vidas para ir al cielo y luchar para conseguirlo.
No hay nada como el reino de los cielos. Nuestro corazón anhela por una vida eterna llena de infinitos bienes. Peter Kreeft menciona un experimento mental que solía poner San Agustín: “Imagina que Dios se te aparece y te dice: ‘Te voy a proponer un negocio. Te daré todo lo que pidas: placer, poder, honor, riquezas, libertad, paz en tu mente y buena conciencia. Nada será pecado para ti. Nada te será prohibido y nada te será imposible. Nunca estarás aburrido y nunca morirás. Solo, que nunca verás mi cara.’ ¿No has notado un escalofrío en lo más profundo de tu corazón al oír estas últimas palabras?” El cielo es ver la faz de Dios. Mirar la cara de una persona significa reconocer su identidad, percibir sus sentimientos y admirar su dignidad y belleza.
¿Qué es el cielo para ti? Para algunas personas es algo bueno pero lejano, un lugar que les gustaría ir en un futuro, como las Bahamas, o algo que considerarán cuando estén más cerca de la muerte. Mucha gente prefiere la vida aquí más que la eternidad: mejor lo que conozco, lo que puedo tocar; no sé qué pasará cuando muera. Pero el cielo es demasiado grande para cambiarlo por la vida aquí en la tierra. La famosa apuesta de Pascal demuestra que la idea del cielo no es solo un cincuenta por ciento de probabilidad; es todo o nada. Si Dios no existe no pierdes nada; si existe, lo ganas todo; ganas más que pierdes.
Otra diferencia entre estas parábolas es que el tesoro es algo que uno se encuentra casi por casualidad, y la perla es un resultado de una larga búsqueda. La fe, la vocación, la verdadera sabiduría, el deseo del cielo, son cosas que a veces se descubren de repente, sin buscarlas, y otras veces después de mucho buscar. Si Dios nos las quiere dar, deberíamos estar eternamente agradecidos. Si quiere que las sigamos buscando, es mejor para nosotros. Nos encanta buscar tesoros, algo que nos sabemos lo que es, o dónde se encuentra. Dios como buen Padre que es, quiere que disfrutemos del tesoro que ha preparado para nosotros. Contiene un número infinito de bienes y gracias, diseñado especialmente para nosotros.
Los dos hombres de las parábolas tienen la misma actitud y consiguen lo mismo. Venden todo lo que tienen, para comprar el campo y la perla, y contra todo pronóstico ambos consiguen la felicidad. Para conseguirla hay que vender todo lo que poseemos; sino no conseguiremos lo que queremos. Es la única manera de ser felices. Una buena pregunta hoy para nosotros: ¿Qué es lo que Dios me está pidiendo que venda para estar más cerca del cielo? San Josemaria decía que debemos andar con los pies anclados en el suelo, y los ojos mirando al cielo.
josephpich@gmail.com