Homilías de cuatro minutos

20 Domingo A La mujer Cananea

Joseph Pich

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La mujer Cananea

            Hoy vemos en el evangelio una mujer gentil consiguiendo de Jesús lo que deseaba. Aunque no era judía, obtiene un milagro del Señor. Nos enseña a rezar, a pedir y a conseguir lo que necesitamos. Nos muestra como acercarnos a Jesús. Nos da ejemplo de cuáles son las características más importantes de la oración de petición: fe, humildad y perseverancia. Deberíamos aprender de ella.

            Jesús fue a la región de Tiro y Sidón, cerca de la costa, para alejarse de Herodes y los judíos, que lo buscaban, y aprovechar para estar un tiempo con sus apóstoles sin muchas distracciones. Era una región de gentiles, colonias de fenicios y griegos, gente sin fe en el Dios de Israel. Pero esta mujer se dio cuenta de quien era Jesús y lo que podía hacer por ella. Era su última esperanza y se aferró a ella como a un clavo ardiendo. Tuvo la determinación de pedir a Jesús lo que necesitaba y no cejó hasta que lo consiguió. Su confianza en el Señor fue tan grande, que Jesús alabó su fe: “¡Mujer, qué grande es tu fe!” Jesús no es una persona que alabe a la gente fácilmente.

            La segunda cualidad de su petición es la humildad. Esta mujer Cananea se arrodilla delante de Jesús, chilla tanto que los apóstoles le piden al Señor que la envíe de paseo y no se desanima cuando él la pone en su sitio. Su hija está poseída por un demonio y sabe que solo Jesús lo puede expulsar. Se encuentra en una posición de extrema necesidad. No tiene nada para dar al Maestro a cambio del milagro. Se halla impotente y sin ninguna carta para jugar. Esta es nuestra disposición delante de Dios.

El mejor ejemplo que nos da esta mujer es el de perseverancia. No se arredra ante las dificultades y no para hasta que consiga lo que quiere. Así tendría que ser nuestra oración. Tenemos que seguir pidiendo lo que necesitamos, aunque parece que Jesús no quiere darnos lo que pedimos. Si seguimos rezando, significa que Jesús nos escucha. Quizás quiera que estemos seguros de que necesitamos lo que pedimos, y su tardanza hace crecer nuestros deseos. Constancia es una gran cualidad de la buena oración.

Otra lección que esta escena nos enseña es qué poderosas son las madres cuando piden a Jesús gracias para sus hijos. Nos recuerda la historia de Santa Mónica, cuando le pidió a un obispo santo por su hijo Agustín. Este la respondió: “Es imposible que se pierda un hijo de tantas lágrimas.” La historia le dio la razón. El corazón de Jesús es especialmente sensible a estas lágrimas. Lo vemos hoy en el evangelio, y en otras ocasiones como con la viuda de Naim o la madre de los hijos de Zebedeo. Dios escucha de modo especial la oración de los que sufren y saben amar.

 

josephpich@gmail.com