Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Vuelvan Sus Corazones a La Oración Y Pidan Que El Espíritu Santo Se Derrame Sobre Ustededs.
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La Virgen nos recuerda que estamos viviendo un tiempo de gracias inmensas, pero muchas veces no nos damos cuenta porque vivimos distraídos y absorbidos por las cosas del mundo. Con amor maternal, María viene a despertarnos y a conducirnos nuevamente hacia Dios.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. Continuamos en este camino precioso hacia Pentecostés de la mano de nuestra Madre María, dejándonos guiar por sus mensajes y abriendo el corazón al Espíritu Santo. Y hoy, en este mensaje del 9 de mayo de 1985, la Virgen nos habla con ternura y con el deseo profundo de despertarnos espiritualmente. Ella nos dice: "Queridos hijos, ustedes no están conscientes de las gracias que Dios les regala. En estos días en los cuales el Espíritu Santo está obrando de manera particular, ustedes lamentablemente no se dejan mover. Sus corazones están volcados en las cosas materiales y estas los absorben. Vuelvan sus corazones a la oración y pidan que el Espíritu Santo se derrame sobre ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado". La Virgen con ternura viene a despertarnos. Ella ve las gracias inmensas que Dios está derramando sobre el mundo y le duele que muchas veces sus hijos no se den cuenta. Mientras el cielo nos está regalando tanto, nosotros fácilmente vivimos distraídos, absorbidos por las preocupaciones, por el ruido del mundo y por tantas cosas pasajeras que terminan apagando nuestra alma. María ve lo que nosotros muchas veces no alcanzamos a comprender. Ve la gracia inmensa de su presencia entre nosotros como un regalo del Padre, la gracia de este tiempo de misericordia, el regalo de este tiempo de gracia. La gracia de la conversión, la gracia de la oración, la gracia del ayuno, de la renuncia y de la penitencia, que aunque el mundo no las entienda, son camino de vida para el alma, porque todo eso nos despierta espiritualmente, nos abre los ojos, nos fortalece interiormente, nos hace sensibles a la presencia de Dios, nos ayuda a salir de la tibieza y a volver el corazón al cielo. Y sobre todo, María ve la gracia inmensa del Espíritu Santo derramándose sobre el mundo de una manera extraordinaria. El Espíritu Santo que quiere entrar en nosotros, sanar nuestro corazón, transformarnos, consolarnos y llenarnos de la vida misma de Dios. Y quizá la gracia más grande de este tiempo es ella misma, nuestra madre enviada por el Padre para ayudarnos. Su presencia maternal, sus mensajes, su amor llamándonos incansablemente desde hace ya casi cuarenta y cinco años. Y mientras el cielo insiste en despertarnos, muchas veces seguimos dormidos espiritualmente, sin comprender la grandeza de lo que Dios nos está concediendo en este tiempo. Por eso la Virgen nos dice con dolor: "Ustedes no se dejan mover". Qué profundo es esto. El Espíritu Santo está obrando, pero muchas veces no abrimos el corazón, no escuchamos, no reaccionamos, no dejamos que Dios nos transforme. Y entonces María, con amor y con urgencia, nos da el remedio: vuelvan sus corazones a la oración y pidan que el Espíritu Santo se derrame sobre ustedes". Qué palabras tan llenas de esperanza. Pidamos que el Espíritu Santo se derrame sobre nosotros con su luz, para que podamos abrir los ojos y comprender la grandeza de todo lo que Dios está haciendo en este tiempo a través de nuestra Madre María. Que su luz despierte nuestra alma y nos haga reconocer tantas gracias que el cielo está derramando sobre el mundo. Que se derrame sobre nosotros con su amor para que podamos experimentar verdaderamente cuánto nos ama Dios. Un amor que sana, que abraza, que levanta, que transforma, que sostiene y que desde hace tantos años nos sigue llamando con paciencia infinita a regresar a Él. Que se derrame sobre nosotros con su paz, esa paz profunda que el mundo no puede dar, esa paz que calma el corazón, que sostiene en medio de las pruebas y que nos hace sentir que no estamos solos, porque el cielo camina con nosotros. Y que se derrame sobre nosotros con su fuerza para ayudarnos a cambiar, a levantarnos, a perseverar, a dar testimonio de Dios sin miedo y abrir el corazón completamente a su presencia. Porque cuando el Espíritu Santo entra verdaderamente en un alma, todo comienza a cambiar. Y como la Virgen nos dijo en otro mensaje: cuando tenemos al Espíritu Santo, lo tenemos todo