Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Los Miro, Les Sonrío Y Los Amo Como Sólo Una Madre Puede Hacerlo.
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En esta reflexión, la Virgen María nos recuerda que nos mira con ternura, nos sonríe y nos ama profundamente como sólo una madre puede hacerlo.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. Después de Pentecostés, no termina la acción del Espíritu Santo en nosotros. Al contrario, ahora comienza la misión de vivir ese amor recibido y convertirnos en apóstoles del amor de Dios. Y precisamente de eso nos habla la Virgen en este mensaje del doce de febrero del 2015. "Queridos hijos, aquí me tienen. Estoy aquí entre ustedes. Los miro, les sonrío y los amo como solo una madre puede hacerlo. A través del Espíritu Santo, que viene por medio de mi pureza, veo vuestros corazones y los ofrezco a mi Hijo. Desde hace tiempo les pido que sean mis apóstoles y que oren por quienes no han conocido el amor de Dios. Pido la oración hecha con amor que realiza obras y sacrificios. No pierdan el tiempo en pensar si son dignos de ser mis apóstoles. El Padre celestial juzgará a todos, pero ustedes ámenlo y escúchenlo. Sé que todo esto los confunde, como también mi permanencia entre ustedes. Pero acéptenla con gozo y oren para comprender que son dignos de trabajar para el cielo. Mi amor está en ustedes. Oren para que mi amor venza en todos los corazones, porque este es un amor que perdona, da y nunca termina. Les doy las gracias". Qué hermoso cuando la Virgen nos dice: "Estoy aquí entre ustedes, los miro, les sonrío y los amo como solo una madre puede hacerlo". Es hermosísimo imaginarla mirándonos así, no solamente viéndonos, sino contemplándonos con ternura, como una madre que ve incluso nuestras heridas, nuestros cansancios y nuestras luchas. Y aun así, sonríe con amor porque seguimos siendo sus hijos. Y precisamente porque ve nuestras heridas, nos mira con más ternura todavía. Una madre verdadera no se asusta de las heridas de su hijo, las ve y quiere sanarlas. Luego la Virgen dice algo profundísimo: "Veo vuestros corazones y los ofrezco a mi hijo". Qué grandeza encierra esta frase, porque María sabe que quien verdaderamente sana el corazón es Jesús. Entonces, ella toma nuestro corazón herido y lo presenta a su hijo, como diciendo: "Jesús, mira este corazón, necesita tu paz, necesita tu amor, necesita tu luz, necesita sanar". Qué esperanza tan grande nos da esto, porque la Virgen no espera a que nuestro corazón esté perfecto para llevarlo a Jesús. Lo lleva así como está: herido, cansado, confundido, pero amado profundamente. Y después nos dice: "Mi amor está en ustedes". Qué misterio tan hermoso. Cuando nos abrimos verdaderamente a María, su amor comienza a vivir dentro de nosotros. Poco a poco empezamos a amar distinto, a perdonar más, a tener más paciencia, más compasión, más deseo de oración y más amor por Jesús. No porque seamos perfectos, sino porque el amor de María empieza a transformar nuestro corazón. Por eso ella nos pide: "Oren para que mi amor venza en todos los corazones". Porque este mundo necesita desesperadamente ese amor que perdona, que da y nunca termina. Y también nos dice algo muy importante: no pierdan el tiempo en pensar si son dignos". ¿Cuántas veces pensamos que no somos capaces, que tenemos demasiados errores o que no somos dignos de servir a Dios? Pero la Virgen no nos llama a quedarnos paralizados mirando nuestras miserias. Nos llama a amar, a orar y a dejarnos transformar por Dios. La dignidad del apóstol no nace de ser perfecto, nace de dejarse amar por Dios y permitir que él obre en nosotros. Pidámosle hoy a María que tome nuestro corazón tal como está y lo lleve a Jesús, que sane nuestras heridas, nos llene de su amor y haga de nosotros verdaderos apóstoles de ese amor que perdona, da y nunca termina.