Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Si Tan Solo Sus Corazones Sintieran El Inmenso Amor Que Dios Tiene Por Ustedes.
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La Virgen nos invita a hacer de nuestra oración una verdadera conversación con Dios. Cuando descubrimos cuánto nos ama nuestro Padre Celestial, abrimos el corazón con confianza, hablamos con Él y también aprendemos a permanecer en silencio para dejarnos abrazar por su paz.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. En los últimos días, nuestra madre nos ha recordado que sin la oración no podemos vivir, porque ella es la cadena que nos acerca a Dios. También nos ha invitado a perseverar en la oración. Hoy da un paso más y nos dice en el mensaje del 25 de septiembre de 1990: "Queridos hijos, los invito a la oración con el corazón para que su oración sea una conversación con Dios. Yo deseo que cada uno de ustedes dedique más tiempo a Dios. Gracias por haber respondido a mi llamado". Qué invitación tan llena de amor. Pero antes de preguntarnos cómo debe ser esa conversación, quizá tendríamos que preguntarnos con quién estamos hablando. No estamos hablando con alguien lejano, no estamos hablando con un desconocido. Estamos hablando con nuestro Padre Celestial, con aquel que nos creó, que nos conoce mejor que nadie y que nos ama con un amor infinito. Nuestra Madre nos ha recordado una verdad que puede transformar por completo nuestra manera de orar. Ustedes son y se llaman hijos de Dios. Si tan solo sus corazones sintieran el inmenso amor que Dios tiene por ustedes, sus corazones lo adorarían y agradecerían en cada instante de su vida. Qué hermoso. Si de verdad creyéramos cuánto nos ama nuestro Padre Celestial, qué distinta sería nuestra oración. Iríamos a él con la confianza de un hijo que sabe que es esperado, con la paz de quien sabe que será escuchado, con la certeza de que aquel que lo recibe desea siempre nuestro mayor bien. Por eso nuestra Madre nos invita a que la oración sea una conversación, una conversación de amor, una conversación de confianza, una conversación de un hijo con su Padre Celestial. No tengamos miedo de abrirle el corazón. Hablemos con él de nuestras alegrías, de nuestras heridas, de nuestras preocupaciones, de nuestros miedos y también de nuestros sueños. Y después de hablarle, permanezcamos un momento en silencio, porque en toda conversación también hay momentos para escuchar. A veces Dios no responde con palabras. Responde con su paz, con la certeza de que nunca nos ha dejado solos, con ese abrazo silencioso que llena el corazón y nos hace experimentar su inmenso amor. Él ya conoce todo lo que vivimos. Sin embargo, desea que vayamos a él. Como un padre que ama profundamente a sus hijos, quiere escucharnos, quiere abrazarnos y quiere que experimentemos la alegría de estar cerca de él Él no espera nuestras palabras perfectas. Espera nuestro corazón abierto. Quiere que le confiemos todo lo que vivimos, porque solo quien se sabe profundamente amado puede abrir su corazón sin miedo. Porque cuando descubrimos cuánto nos ama Dios, la oración deja de ser una obligación y se convierte en el momento más hermoso del día: estar con nuestro Padre María, Reina de la Paz, ruega por nosotros