Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Queridos Hijos, Deben Comprender Que Son Importantes Para Dios.
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La Virgen desea que comprendamos una verdad que puede cambiar nuestra vida: somos importantes para Dios. Cuando comprendemos cuánto nos ama y cuánto valemos para Él, aprendemos a acercarnos con confianza al Padre. Entonces la oración se convierte en el encuentro amoroso de un hijo con su Padre, y de esa unión brota un amor que no conoce fronteras.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. El mensaje que vamos a meditar hoy es de alguna manera la continuación del que reflexionamos hace unos días. A primera vista podría parecer muy parecido porque vuelve a hablarnos del Padre y de la oración, pero en realidad la Virgen da un paso más. Escuchemos este hermoso mensaje. "Queridos hijos, con amor maternal deseo abrir el corazón de cada uno de ustedes y enseñarles la unidad personal con el Padre. Para aceptar esto deben comprender que son importantes para Dios y que él los llama individualmente. Deben comprender que su oración es la conversación de un hijo con el Padre. Por eso deben emprender el camino del amor, el amor a Dios y al prójimo. Ese amor no conoce fronteras. Nace de la verdad y persevera hasta el final. Síganme, hijos míos, para que también otros, al reconocer en ustedes la verdad y el amor, los sigan. Les doy las gracias". ¡Qué delicadeza tiene nuestra madre! Fíjense cómo comienza este mensaje. No empieza corrigiéndonos, no empieza pidiéndonos sacrificios, ni siquiera empieza enseñándonos. Empieza diciendo: "Con amor maternal deseo abrir el corazón de cada uno de ustedes". Antes de enseñarnos, nos ama. Antes de llevarnos al Padre, quiere abrir nuestro corazón con la ternura y la delicadeza de una madre, porque solo un corazón abierto puede acoger el inmenso regalo que ella quiere darnos. Y ese regalo es enseñarnos a vivir una unidad personal con el Padre. Pero enseguida la Virgen añade unas palabras que pueden transformar toda nuestra vida: "Para aceptar esto, deben comprender que son importantes para Dios y que Él los llama individualmente". Qué verdad tan hermosa. No dice solamente que Dios ama al mundo, no dice únicamente que ama a la humanidad, nos dice que tú eres importante para Dios. Le importas, te conoce por tu nombre, conoce tus alegrías y tus lágrimas, conoce tus luchas, tus heridas, tus miedos y tus esperanzas. Y aun conociéndolo todo, te ama con un amor infinito. No eres uno más entre millones de personas, no eres un número. El Padre desea tener contigo una relación única, personal e irrepetible. Por eso la Virgen nos dice que primero debemos comprender esta verdad. Nuestro Padre desea que lleguemos a conocer de verdad quién es él. En otros mensajes, la Virgen nos recuerda una y otra vez que Dios es misericordioso, que nos ama con un amor inmenso y que concede gracias especiales a quienes se las piden por medio de la oración. Por eso no tengamos miedo de acercarnos a él. Vayamos con toda confianza, convencidos de que somos importantes para él, convencidos de que nos ama, convencidos de que siempre nos escucha y que podemos abrirle completamente el corazón, que podemos correr a sus brazos, que podemos contarle nuestras alegrías, nuestras preocupaciones, nuestras dudas, nuestros pecados y nuestras lágrimas. Porque él nunca se cansa de escucharnos, nunca se cansa de recibirnos, nunca se cansa de amarnos. Y mientras más conocemos su amor, más aprendemos a confiar en él. Y mientras más confiamos en él, más espacio encuentra su gracia para actuar en nuestra vida. Entonces comprendemos lo que la Virgen nos dice enseguida: su oración es la conversación de un hijo con el Padre Qué diferente se vuelve entonces la oración. Ya no solamente es cumplir con un deber, ya no es repetir unas palabras. Es abrirle el corazón a nuestro Padre Celestial, hablar con él con absoluta confianza, llorar con él cuando sufrimos, reír con él cuando estamos felices, pedirle luz cuando no sabemos qué camino tomar, descansar en su amor. Y de esa unión con el Padre nace también un amor nuevo hacia los demás. Un amor que no conoce fronteras, porque es el mismo amor del Padre latiendo en el corazón de sus hijos. Es un amor que sabe perdonar, servir, comprender y permanecer fiel. Un amor que nace de la verdad y que persevera hasta el final del camino que Dios ha preparado para nosotros. Pidámosle hoy a nuestra Madre que siga abriendo nuestro corazón con su amor maternal para que lleguemos a creer, no solo con la mente, sino con el corazón, cuánto le importamos a Dios. Que aprendamos a correr siempre hacia nuestro Padre, seguros de que nos ama con infinita misericordia y que nuestra oración sea cada día más sencilla, más confiada, más filial. La conversación amorosa de un hijo que descansa en los brazos de su Padre. María, la Reina de la Paz, ruega por nosotros