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EL GOZO DE LA VIDA ETERNA

Academia Cristo

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Viernes 3 de julio de 2026

Lucas 10:17-20

«Cuando los setenta y dos volvieron, estaban muy contentos y decían: “Señor, en tu nombre, ¡hasta los demonios se nos sujetan!” Jesús les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren que yo les he dado a ustedes poder para aplastar serpientes y escorpiones, y para vencer a todo el poder del enemigo, sin que nada los dañe. Pero no se alegren de que los espíritus se les sujetan, sino de que los nombres de ustedes ya están escritos en los cielos.”» (RVC)

EL GOZO DE LA VIDA ETERNA

En una ocasión, Jesús envió a sus discípulos a diferentes pueblos y aldeas para anunciar que el reino de Dios estaba cerca. Quienes escucharan ese mensaje encontrarían el reino de Dios en Jesús, el Hijo de Dios.

Los discípulos experimentaron la alegría de compartir las buenas noticias. También quedaron impresionados por el poder que Dios les había dado para llevar a cabo esa tarea.

Cuando regresaron, estaban llenos de gozo. Jesús se alegró con ellos por el éxito que habían tenido. Además, les recordó una verdad importante: cuando sus seguidores proclaman fielmente el perdón de los pecados en su nombre, Satanás cae. Ya no puede presentarse delante de Dios para acusar a los creyentes y reclamar que merecen la condenación eterna.

Jesús también les aseguró que el diablo y sus aliados no podrían detener la obra de Dios. El Señor mismo se encargaría de que su mensaje siguiera avanzando.

Sin embargo, Jesús no quería que sus discípulos centraran su alegría únicamente en los milagros que podían realizar. Había algo mucho más importante. Debían alegrarse de que tenían una herencia eterna reservada para ellos en el cielo.

Ese también es nuestro gozo.

Jesús, nuestro Salvador amoroso, nos ha dado la vida eterna. La ganó para nosotros por medio de su vida perfecta y de su muerte inocente en la cruz. Entre todas las bendiciones por las que damos gracias a Dios, esta es una de las más grandes: que nuestros nombres están escritos en el cielo y que viviremos para siempre con Jesús.

Oración:

Señor Jesús, gracias porque, por todo lo que has hecho por mí, mi nombre está escrito en el cielo. Amén.