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UN MENSAJERO

Academia Cristo

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Lunes 6 de julio de 2026

Ezequiel 3:3

«Me dijo: “Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy”. Lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel.» (RV95)

UN MENSAJERO

¿Recuerdas a ese niño del jardín de infancia que se llevaba todo a la boca, incluso el papel? Tal vez tú eras ese niño. Aun para un pequeño de cinco años parecía algo extraño. ¡Imagina lo raro que sería ver a un adulto comerse una hoja de papel!

Sin embargo, eso fue exactamente lo que Dios le pidió al profeta Ezequiel en una visión.

«alimenta tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy».

Qué petición tan inusual. ¿Qué quería enseñarle Dios?

Su mensaje era sencillo: antes de ser un mensajero de Dios, primero hay que alimentarse de su mensaje. Antes de guiar a otros, debemos ser fortalecidos por la Palabra.

Dios tenía buenas razones para dar esta instrucción.

La primera tiene que ver con quienes escuchan el mensaje. Hoy en día muchas personas buscan autenticidad. No quieren escuchar a alguien que dice una cosa y vive otra. Si el mensaje de Dios no ha impactado primero tu propia vida, difícilmente otros se interesarán en escuchar lo que tienes para compartir.

Pero esta enseñanza no es solo para beneficio de quienes escuchan. También es una bendición para el mensajero.

Cuando leemos y meditamos en la Palabra de Dios pensando primero en nosotros mismos, pronto descubrimos que las buenas noticias de Jesús no son solamente para otras personas. También son para ti y para mí.

La ley de Dios nos muestra nuestro pecado. El evangelio nos muestra a nuestro Salvador. Ambos mensajes vienen de Dios y cumplen perfectamente su propósito.

Por eso la Palabra de Dios es dulce. Es dulce porque nos habla de Cristo. Es dulce porque nos recuerda que nuestros pecados han sido perdonados. Es dulce porque sabemos que Dios siempre cumple lo que promete.

Hoy, tómate un momento para saborear la dulzura de la Palabra de Dios.

Oración:

Espíritu Santo, muchas veces leo la Biblia como una tarea más o como un simple ejercicio intelectual. Ayúdame a disfrutar y valorar la dulzura de cada una de tus palabras. Amén.