Academia Cristo Podcast

TU PRÓJIMO

Academia Cristo

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

0:00 | 3:19

Martes 14 de julio de 2026

Lucas 10:29

«Pero aquél, queriendo justificarse a sí mismo, le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?”» (RVC)

TU PRÓJIMO

El hombre que hizo esta pregunta quería obtener la vida eterna por medio de la obediencia a la ley de Dios.

Jesús acababa de recordarle que debía amar perfectamente a Dios y a su prójimo. Pero aquel experto en la ley sabía, en el fondo, que no podía cumplir ese mandamiento de manera perfecta.

Entonces hizo una pregunta que parecía sencilla:

«¿Y quién es mi prójimo?»

Con esa pregunta intentaba reducir las exigencias de Dios a algo que pudiera cumplir. Pensaba que, si lograba definir quién merecía su amor y quién no, tal vez podría convencerse de que estaba obedeciendo la ley.

En otras palabras, quería dividir a las personas en dos grupos: los que eran su prójimo y los que no lo eran.

Muchas veces nosotros pensamos de manera parecida.

Por naturaleza, buscamos formas de justificarnos delante de Dios. Nos gusta comparar nuestro comportamiento con el de otros o encontrar razones para creer que hemos cumplido suficientemente bien con lo que Dios pide.

Sin embargo, disminuir el estándar de Dios no nos acerca más al cielo. Lo único que logra es darnos excusas para ignorar a las personas que Dios pone delante de nosotros.

La Biblia enseña algo diferente.

Tu prójimo no es solamente quien vive junto a tu casa. Tu prójimo es cualquier persona que Dios coloca en tu camino. No hay límites, categorías ni excepciones.

Y precisamente por eso necesitamos a Jesús.

Él vino a destruir esa forma egoísta de pensar. Mientras nosotros buscamos razones para limitar nuestro amor, Jesús mostró un amor perfecto. Amó a todas las personas, sin excepción. Demostró ese amor al entregar su vida en la cruz por el mundo entero.

Vivió la vida perfecta que nosotros no hemos podido vivir y ganó para nosotros la vida eterna.

Por eso ya no necesitamos intentar ganar el cielo por medio de nuestras obras.

Jesús ya lo ganó por nosotros.

Ahora, las personas que encontramos cada día ya no son oportunidades para ganar el favor de Dios. Son oportunidades para mostrar el amor que Cristo nos ha mostrado primero.

Cuando recordamos cuánto nos ha amado Jesús, comenzamos a ver a los demás con ojos diferentes.

Y así, por la gracia de Dios, aprendemos a ser prójimos para todos.

Oración:

Señor Jesús, gracias porque ganaste la vida eterna para mí. Ayúdame a demostrar mi amor por ti amando y sirviendo a mi prójimo cada día. Amén.