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UNA VIDA DE CONFLICTO

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Jueves 16 de julio de 2026

Gálatas 5:17

«Porque el deseo de la carne se opone al Espíritu, y el del Espíritu se opone a la carne; y éstos se oponen entre sí para que ustedes no hagan lo que quisieran hacer.» (RVC)

UNA VIDA DE CONFLICTO

Muchas personas piensan que, una vez que alguien llega a ser cristiano, la vida debería volverse más fácil. Imaginan que los problemas desaparecerán y que una profunda tranquilidad llenará cada aspecto de sus pensamientos y emociones.

Sin embargo, el apóstol Pablo describe una realidad diferente.

Cuando el Espíritu Santo nos lleva a la fe en Jesucristo, comienza una lucha dentro de nosotros. Es un conflicto entre nuestra naturaleza pecaminosa y el Espíritu Santo que vive en nuestro corazón.

Esta lucha es real y constante.

Nuestra naturaleza pecaminosa sigue empujándonos hacia aquello que desagrada a Dios. Al mismo tiempo, el Espíritu Santo obra en nosotros para guiarnos hacia lo que agrada al Señor. Como dice Pablo: «El deseo de la carne se opone al Espíritu, y el del Espíritu se opone a la carne».

Por eso, la vida cristiana no consiste en vivir sin luchas. Más bien, consiste en vivir cada día confiando en Dios en medio de esa batalla espiritual.

Y esta no es una lucha pasajera. Nos acompañará durante toda nuestra vida terrenal.

Habrá momentos en los que nos sentiremos cansados. Habrá ocasiones en las que caeremos en pecado y lamentaremos nuestras decisiones. A veces parecerá que la batalla es demasiado difícil.

Pero no luchamos solos.

El Espíritu Santo sigue obrando por medio de la Palabra de Dios. Él fortalece nuestra fe, nos lleva al arrepentimiento y nos recuerda una y otra vez el perdón que Cristo ganó para nosotros.

Cuando nos detenemos a pensar en todo lo que tenemos por medio de Jesús, encontramos nuevas fuerzas para seguir adelante.

Tenemos el perdón completo de nuestros pecados.

Tenemos paz con Dios.

Tenemos su ayuda en cada prueba.

Y tenemos la certeza de la vida eterna en el cielo.

Por eso, aunque la lucha continúe, no perdemos la esperanza.

Cristo ya obtuvo la victoria por nosotros. Y un día, cuando estemos con él en la eternidad, esta batalla habrá terminado para siempre.

Oración:

Señor Jesús, lléname con tu Espíritu para enfrentar la lucha diaria que existe en mi corazón. Recuérdame constantemente todas las bendiciones que poseo por la fe en ti: tu perdón, tu paz y la vida eterna. Amén.