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…¿QUÉ ESTÁS BUSCANDO?...

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Sábado 12 de septiembre de 2026

Oseas 3: 5.

Después de eso los hijos de Israel volverán a buscar al Señor su Dios y a David su rey, y en los últimos días temerán al Señor y su bondad.

…¿QUÉ ESTÁS BUSCANDO?...

¿Qué estás buscando? ¿Unas llaves perdidas o algo más? ¿Buscas paz en tiempos difíciles? ¿Buscas consuelo y seguridad? Ya sea un objeto perdido o algo más profundo, pasamos mucho tiempo buscando.

En los días del profeta Oseas, los israelitas buscaban algo más. Lamentablemente, buscaban en los lugares equivocados: buscaban paz y esperanza en dioses falsos; buscaban consuelo y seguridad en casas confortables y en una vida cómoda. Cuanto más buscaban, más se perdían: perdieron de vista al único Dios verdadero que los había rescatado y bendecido.

Irónicamente, en nuestra búsqueda, a veces también nosotros perdemos de vista al único que puede darnos ese algo más. ¡Gracias a Dios, tenemos un Dios que sabe buscar mucho mejor que nosotros! Imagínate a un niño perdido en el supermercado. Entra en pánico y trata de encontrar a su mamá. Pero entonces su mamá aparece por detrás, llamándolo por su nombre. Él se voltea, corre a los brazos de su madre y le dice: «¡Te encontré!». En realidad fue su madre quien lo encontró a él: ella salió a buscarlo llamándolo por su nombre.

Los israelitas volverían a buscar al Señor porque el Señor, con su amor que busca, fue tras sus hijos perdidos y los llamó de regreso a su amor. Lo mismo sucede con nosotros. Si dependiera de nuestra habilidad para buscar, seguiríamos perdidos, buscando ese algo más en los lugares equivocados. Pero el Señor es el Dios que busca: envió a su Hijo, Jesucristo, a buscar y a salvar lo que se había perdido. Él te llamó por tu nombre. Y, como aquel niño, puedes exclamar: «¡Te encontré!», cuando en realidad fue él quien te buscó y te encontró en su amor. Y en él encontramos ese algo más: paz en los tiempos difíciles, consuelo y seguridad ahora y para siempre.

Oremos:

Señor, en tu amor me buscaste cuando yo no te buscaba a ti. Ya que me has encontrado por tu gran amor, que siempre acuda a ti para hallar lo que mi corazón anda buscando. Amén.