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GERARDO SÁENZ
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TMEC 2026. Las reformas de la 4T en el escrutinio. Por Gerardo Saenz. El próximo 1 de julio de 2026, México. Estados Unidos y Canadá definirán la ruta con que se revisará el TEMEC. El artículo 34.7 del TEMEC establece una revisión conjunta en el sexto aniversario de su entrada en vigor. Es decir, la revisión formal del tratado entre México, Estados Unidos y Canadá comienza el primero de julio de 2026. Sin embargo, el proceso preparatorio comenzó el pasado 5 de marzo, cuando los secretarios responsables del acuerdo instruyeron formalmente el arranque de mesas técnicas y discusiones bilaterales entre México y Estados Unidos. Esto es importante porque, aunque la revisión sexenal inicia el primero de julio, los gobiernos ya llegan con temas definidos y posiciones preliminares a las mesas de negociación. El Temec representa un asunto que va más allá de un tema comercial para los tres países. Para México, representa el acceso preferencial al mercado de consumo más importante y dinámico del mundo. A Estados Unidos le permite mantener cadenas de suministro competitivas, sin tener que depender de Asia. Para Canadá representa la garantía de estabilidad de una relación económica con sus vecinos. Este mecanismo de intercambio comercial ha logrado que mercancías, insumos, capital y tecnología crucen constantemente las fronteras. Por esa razón, el Temec no puede entenderse como un acuerdo de compraventa entre tres países. América del Norte es una región con productividad integrada. Un vehículo puede incorporar acero estadounidense, autopartes mexicanas, componentes canadienses e insumos provenientes de cadenas globales antes de llegar al consumidor final. Esta integración explica por qué cualquier modificación al Temec tiene efectos para los tres países. Lo que estamos presenciando no es una renegociación, sino una revisión prevista en el propio tratado, donde se establece que, seis años después de su entrada en vigor, se debe revisar su funcionamiento y decidir si se extiende por un periodo de 16 años. Es natural preguntarse: ¿qué pasaría si, bajo las condiciones políticas actuales, no existe consenso para extenderlo? La respuesta está igualmente prevista. El tratado no desaparece automáticamente, pero queda sujeto a revisiones periódicas. Este mecanismo convierte la presente revisión en un evento de gran importancia económica y política. En un ambiente internacional tan convulso, resulta difícil prever si la revisión se limitará a evaluar el funcionamiento del acuerdo o si se plantearán modificaciones a las reglas de origen, contenido regional, autos, acero, aluminio, agricultura, energía y los insumos provenientes de China. Aunque esto es importante, la realidad es que también entran en la revisión el cumplimiento de los cambios en materia laboral, judicial y de seguridad de la 4T. En el campo laboral, Estados Unidos y Canadá no solo revisarán las reformas aprobadas, como la reforma laboral de 2019 o el aumento al salario mínimo, sino la efectividad real de las instituciones y la capacidad de los tribunales para resolver disputas. En el escrutinio también se encuentran la reforma a las plataformas digitales de 2025 y la reducción de la jornada laboral, que alteran los costos de operación y los esquemas de seguridad social. En cuanto a la justicia y el Estado de Derecho, los cambios estructurales resultado de la reforma al Poder Judicial están en el banquillo de los acusados. Los sectores empresariales de Estados Unidos y Canadá han manifestado una profunda preocupación por la amenaza a la certeza jurídica producto de la reconfiguración del sistema de justicia. Aunado a ello, la disolución de órganos autónomos y reguladores independientes en telecomunicaciones, competencia económica y transparencia son vistos como una vulneración al texto original del acuerdo. Otro tema fundamental es la seguridad que, aunque no está redactada como un capítulo arancelario, condiciona la viabilidad operativa del acuerdo. Las interrupciones al transporte de mercancías debido a la inseguridad en las carreteras han propiciado quejas formales de los industriales de los tres países. Adicionalmente, para la administración norteamericana, los avances en materia de control migratorio, seguridad fronteriza y combate al narcotráfico están vinculados a la decisión de una revisión tersa o a exigir una renegociación profunda de las reglas del acuerdo comercial. ¿Cuáles serían las consecuencias si no se logra una revisión terza? Aunque la probabilidad de una ruptura total del Temec es baja, el solo hecho de llegar a una negociación prolongada o a la falta de consenso tendría efectos importantes para los tres países. Esas consecuencias pueden analizarse desde tres perspectivas: la económica, la social y la política. Consecuencias económicas. La primera consecuencia sería un incremento inmediato de la incertidumbre para los mercados e inversionistas. Aunque el tratado no desaparece automáticamente, la ausencia de acuerdos claros no representaría para México una caída inmediata de las exportaciones. La infraestructura industrial construida durante más de 30 años y las cadenas de suministro seguirían operando, pero la incertidumbre retrasaría nuevas inversiones, afectaría la expansión industrial y reduciría el impulso generado por el Near Soring. También tendría un efecto regional importante, ya que podría reducirse la capacidad de América del Norte para competir frente a Europa y hacia en la atracción de inversiones productivas. Consecuencias sociales. Los efectos económicos terminarían reflejándose en el ámbito social. En México, millones de empleos dependen del comercio con Estados Unidos. Los estados con mayor vocación exportadora, como Chihuahua, Nuevo León, Coahuila, Baja California, Sonora, Tamaulipas, Querétaro y Guanajuato, serían los más afectados. Ante la falta de generación de nuevos empleos y un menor crecimiento salarial, disminuirían las oportunidades de desarrollo en las regiones vinculadas a las cadenas productivas de Norteamérica. Consecuencias políticas. Una revisión conflictiva puede convertirse en un factor de tensión en la relación entre los tres gobiernos, con la consecuente dificultad para cooperar en temas estratégicos como la migración, la seguridad fronteriza y el combate al narcotráfico, pero también en temas de energía y política industrial. Se pondría en duda la capacidad de defensa de los intereses nacionales, al mismo tiempo que cualquier concesión en la negociación pondría en tela de juicio la estrategia seguida durante las negociaciones. En un escenario como el que vivimos, es conveniente mantener la perspectiva. La revisión del Temec ocurre en un momento en que la política y la economía mundial atraviesan circunstancias complejas. La competencia entre Estados Unidos y China, los cambios en las cadenas globales de suministro y las tensiones migratorias se suman a los desafíos en materia de seguridad, donde, para salir adelante, es necesario mantener alineados los intereses fundamentales de la región de Norteamérica. Los costos de una revisión o negociación fallida no recaen únicamente en México. Estados Unidos depende de cadenas de suministro construidas junto con México y Canadá. Para mantener la competitividad de los sectores estratégicos norteamericanos, es necesario conservar una relación fluida y armónica. Por ello, el escenario más probable no es una ruptura del acuerdo, sino una negociación intensa en la que cada país defenderá sus intereses principales, pero tendrá que hacer concesiones estratégicas para mantener los beneficios del TEMEC.