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Miriam Ramirez Aguirre: Leadership in the face of a serious illness diagnosis

Season 311 Episode 13

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Liderazgo frente al diagnóstico de una enfermedad grave. Por Miriam Ramírez Aguirre. En el mundo empresarial estamos acostumbrados a medir resultados, planificar estrategias y anticipar escenarios. Sin embargo, existen acontecimientos que rompen cualquier proyección. Recibir el diagnóstico de una enfermedad crónico-degenerativa o de una condición que pone en riesgo la vida. En cuestión de minutos, las prioridades cambian y aquello que parecía urgente pierde relevancia frente a una nueva realidad. Cuando quien recibe el diagnóstico es el empresario, el director o un colaborador clave, el impacto no se limita al ámbito personal. También alcanza a la organización, a los equipos de trabajo y a la dinámica de quienes comparten el día a día laboral. En estos momentos, el verdadero liderazgo deja de medirse únicamente por la capacidad de generar utilidades y comienza a reflejarse en la forma en que se acompaña a las personas. Desde la tanatología entendemos que un diagnóstico importante representa una pérdida. No necesariamente la pérdida de la vida, sino de la salud conocida, de la sensación de control, de la rutina y, en muchas ocasiones, de la imagen que la persona tenía de sí misma. Es un duelo que inicia mucho antes de cualquier desenlace y que suele vivirse en silencio. Con frecuencia, esperamos que quien recibe la noticia continúe desempeñándose como si nada hubiera ocurrido. Incluso la propia persona intenta demostrar fortaleza, convencida de que mostrar vulnerabilidad puede interpretarse como debilidad. Sin embargo, sostener esa carga emocional sin espacios para procesarla incrementa el desgaste físico y psicológico. Las empresas que promueven una cultura de humanidad comprenden que acompañar no significa invadir ni asumir el papel de terapeutas. Significa generar condiciones para que la persona conserve su dignidad mientras enfrenta uno de los momentos más complejos de su vida. En ocasiones, pequeños gestos hacen una gran diferencia. Escuchar sin emitir juicios, ofrecer flexibilidad cuando sea posible, mantener una comunicación clara y evitar que el colaborador sienta que ha dejado de ser valioso a causa de su enfermedad. También es importante reconocer que el equipo vive su propio proceso. Surgen preocupaciones, incertidumbre e incluso miedo. Algunos compañeros no saben qué decir, otros prefieren guardar distancia por temor a incomodar. Hablar con respeto sobre la situación, siempre preservando la privacidad de la persona. Ayuda a disminuir los rumores y fortalece la confianza dentro de la organización. Para quienes ocupan puestos de liderazgo, un diagnóstico puede despertar preguntas profundas. ¿Qué pasará con la empresa? ¿Quién podrá asumir mis responsabilidades? ¿Estoy preparado para delegar? Paradójicamente, estas experiencias recuerdan una verdad que con frecuencia olvidamos. Las organizaciones verdaderamente sólidas son aquellas que no dependen exclusivamente de una sola persona. Preparar sucesiones, desarrollar talento y documentar procesos no solo son estrategias administrativas. También representan actos de responsabilidad y cuidado. En consulta he observado que muchas personas descubren, a partir de un diagnóstico, que durante años postergaron aspectos esenciales de su vida, la convivencia familiar, el descanso, la salud emocional o los proyectos personales. No se trata de romantizar la enfermedad, sino de reconocer que, en ocasiones, ésta obliga a replantear aquello que realmente tiene valor. Las empresas del futuro necesitarán líderes técnicamente competentes, pero también emocionalmente conscientes. La productividad y la empatía no son conceptos opuestos, por el contrario, una fortalece a la otra. Cuando una organización acompaña con respeto a quien atraviesa un proceso de salud, envía un mensaje poderoso a todo su equipo. Aquí las personas importan. Al final, ningún diagnóstico define por completo a un ser humano. Lo que sí deja huella es la manera en que elegimos acompañarnos mientras transitamos la incertidumbre. En el ámbito empresarial, ese acompañamiento puede convertirse en uno de los mayores indicadores de liderazgo, porque las empresas más fuertes no son las que nunca enfrentan la adversidad, sino las que aprenden a sostener a su gente cuando la vida cambia de rumbo. Miriam Ramirez Aguirre, maestra en Tanatología. Facebook, Miriam Ramirez.