Delitos de Sangre

Fue a Llorar a Su Hija… y Terminó As3sinada | Caso Maritza Martin

Magaly Rivera Season 2

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Un video grabado en un cementerio hizo famoso este caso, pero la parte más importante casi siempre queda fuera del cuadro: quiénes eran Maritza Martín Muñoz y Joandra Núñez antes de convertirse en “la escena”. Hoy lo contamos con contexto y con la incomodidad que merece, porque detrás de esos minutos hay años de migración, pérdida, amenazas y señales de peligro que se fueron acumulando. 

Empezamos en Cuba con una relación que se rompe demasiado pronto, una paternidad marcada por la ausencia y una familia que se parte entre prisión política y exilio. Pasamos por el éxodo del Mariel y el costo real de empezar de cero en Miami, hasta llegar al reencuentro de 1989, cuando Maritza por fin logra reunir a su hija y reconstruir una vida nueva. Pero también es cuando Emilio reaparece, y lo que pudo ser una segunda oportunidad se vuelve tensión, resentimiento y una necesidad obsesiva de controlar el relato. 

Hablamos del embarazo adolescente de Joandra, de su muerte a los 15 años y de cómo el duelo se transforma en acusaciones y hostigamiento. Entramos en el momento en que la televisión interviene: la entrevista en Telemundo, la decisión de grabar en la tumba y el debate que todavía sigue vivo sobre ética periodística, sensacionalismo y el consumo público del sufrimiento. Cerramos con el juicio, la sentencia y una idea que no negociamos: el dolor no convierte la violencia en amor; cuando hay persecución, amenazas y un arma, estamos frente a control y feminicidio. 

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Apertura Y Advertencia Oscura

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Ella llegó a llorar su hija. Él llegó cargando rabia, culpa y algo mucho más peligroso. Lo que pasó después convirtió un cementerio en una escena de horror. Pero detrás de ese momento, que millones de personas llegaron a ver, había una historia mucho más larga, mucho más triste y mucho más oscura. Este es el caso de Maritza Martín, Joandra Núñez y Emilio Núñez. El

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caso de Maritza Martín.

Amor Adolescente Y Ruptura Temprana

Prisión Política Y Ausencia Paterna

El Mariel Y El Precio De Migrar

El Mariel Como Herida Familiar

Reencuentro En Florida Y Nueva Vida

Emilio Regresa Y Nace La Tensión

Adolescencia De Joandra Y Embarazo

Muerte De Joandra Y Duelo Insoportable

Culpa, Teorías Y Hostigamiento

La Televisión Como Plataforma Peligrosa

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Hola mi gente, bienvenidos una vez más a su canal Delitos de Sangre. Gracias por estar aquí, gracias por acompañarme en este espacio donde hablamos de casos reales que nos impactan, nos duelen y también nos obligan a reflexionar. Hoy les voy a contar el caso de Maritza Martín Muñoz, de su hija Joandra Núñez y de Emilio Núñez, porque esto no empezó en un cementerio. Esto venía de mucho antes, venía de Cuba. Venía de una relación rota desde la juventud. Venía de años de distancia, de dolor, de resentimiento, de amenazas y de una tragedia que ya había destruido a esta familia antes de que llegara la segunda. Maritza Martí Muñoz y Emilio Núñez se conocieron siendo bien jóvenes en La Habana, Cuba. Eran adolescentes y Emilio se enamoró de Maritza con una intensidad que con el tiempo iba a verse de una forma mucho más inquietante. De esos amores que nacen de temprano, cuando uno todavía no entiende bien lo que significa casarse, formar una familia, sostener una relación, ni mucho menos cargar con todo lo que viene después. Porque una cosa es enamorarse joven y otra muy distinta es desarrollar una fijación con una persona que nunca realmente se suelta del todo. Aún así, en ese momento, desde afuera probablemente parecían otra pareja joven tratando de abrirse camino en medio de una vida difícil. No que hayan cambiado las cosas, pero en Cuba en esos años no era un lugar fácil para nadie. Había control, había miedo, había carencias, había una sensación constante de que el futuro no estaba del todo en manos de la gente. Y en medio de todo eso, en 1977, ellos se casaron. Maritza tenía alrededor de 18 años y Emilio tenía 19. Eran unos niños jugando a ser adultos en un país donde ya de por sí la vida era complicada. Poco tiempo después nació su hija Joandra Núñez, pero ese matrimonio duró Ya para 1978 se habían divorciado, o sea, desde temprano la relación estaba rota. Y es importante decirlo porque aquí no estamos hablando de una pareja que convivió feliz por años y de momento explotó. No. Desde el principio había fractura, desde el principio había inestabilidad y en medio de todo eso quedó una niña pequeña. Públicamente no está claro del todo cuál fue la razón exacta de la separación, pero sí se sabe que la relación se rompió temprano cuando la niña todavía era pequeña. Después del divorcio, Emilio desapareció prácticamente de la crianza diaria de Joandra y después vino otro golpe duro donde cambió todo. En 1979, Emilio fue arrestado por el gobierno cubano por asuntos políticos relacionados con comentarios contra el gobierno y por supuestamente estar planificando salir del país, por lo cual terminó siendo tratado como preso político y sentenciado a una pena larguísima. Y eso, claro, lo sacó por completo de la vida cotidiana de su hija durante casi toda su niñez. Desde ahí en adelante, Joandra iba a crecer sin él como una presencia real, en su crianza. Mientras tanto, Maritza tomó otro camino. En 1980 salió de Cuba rumbo a Florida y según mi investigación, ella llegó a los Estados Unidos por el Mariel. El Mariel fue uno de los éxodos más grandes y duros en la historia cubana reciente y para muchísimas familias. Fue una mezcla de esperanza, miedo, humillación y supervivencia. Todo empezó en 1980, cuando miles de cubanos entraron en la Embajada de Perú en La Habana buscando asilo. Eso destapó una crisis enorme. Después de eso, Fidel Castro anunció que quien quisiera irse podía hacerlo por el puerto de Mariel en Cuba. Entonces empezó lo que hoy se conoce como el éxodo del Mariel o el Mariel Boatlift. Básicamente, familiares y otras personas salieron desde Cuba en embarcaciones para recoger a cubanos en el puerto de Mariel y traerlos a Estados Unidos. Durante varios meses, entre abril y octubre de 1980, llegaron a Florida más de 100,000 personas. Fue una salida masiva, desesperada y caótica, pero no fue una travesía sencilla ni limpia. Mucha gente salió en barcos sobrecargados, en condiciones difíciles, con miedo al mar, sin saber si realmente iban a llegar. Había personas que se despedían de su vida entera sin saber si iban a volver a ver a su familia. Madres dejaron a sus hijos atrás temporalmente. Familias se rompieron y gente que no se iba porque quería una aventura a Estados Unidos, sino porque sentían que ya no podían vivir más bajo ese sistema. Estaban cansados de la represión, de las limitaciones, de sentir que su vida no les pertenecía del todo. Y además de lo duro del viaje, otra capa bien fea fue la humillación a muchísimos de los que se iban Los señalaron como traidores, escoria o gente indeseable. Antes de irse, algunos fueron insultados públicamente, acosados por actos de repudio, empujados a salir en un ambiente de vergüenza y violencia social. O sea, no fue solamente montarse en un bote y llegar hasta Estados Unidos. Fue cargar con el peso de salir rechazado de tu propio país. Cuando llegaron a Estados Unidos, especialmente al sur de Florida, tampoco todo fue fácil. Sí llegaron a libertad y a una oportunidad nueva, pero también encontraron caos, tuvieron que vivir en campamentos, movimientos, pasar por proceso migratorio, enfrentar prejuicio, pobreza, incertidumbre y un duro proceso de adaptación. Mucha gente venía con trauma encima, otros venían separados de sus seres queridos. Y encima de eso, el gobierno cubano mezcló entre los que salían a personas comunes con algunos presos y pacientes de instituciones psiquiátricas. Lo que creó fue una narrativa bien injusta en Estados Unidos contra todos los cubanos del éxodo de Mariel. Y mucha gente buena trabajadora simplemente desesperada por salir terminó cargando con un estigma que no merecían pero a pesar de todo eso muchos de ellos hicieron su vida aquí trabajaron duro levantaron a su familia sacaron a sus hijos adelante y dejaron una huella brutal en miami en florida y en la comunidad cubana en general En fin, el Mariel no fue solo una salida masiva, fue una herida histórica y también una herida de resistencia. Y cuando yo hablo del Mariel, no lo hablo como un dato histórico nada más, lo hablo de un lugar personal, porque mi abuelo, al menos el que yo llegué a conocer creciendo como mi abuelo, y quien fue padrastro de mi mamá y quien ella se refiere como mi papá porque él fue quien la crió, vino en esos botes. Y en su camino también lo ayudó una sobrina que se llamaba Magali, Fue por ella que me pusieron a mí el nombre de Magali y fue él quien compró los primeros zapatos que yo me puse. Así que para mí hablar del Mariel no es hablar de algo lejano, es hablar de familia, de sacrificio, de separación, de supervivencia, de personas que dejaron atrás todo buscando una vida mejor, cargando miedo, cargando incertidumbre, cargando dolor, pero también una fuerza brutal. Por eso cuando pienso en alguien como Maritza saliendo de Cuba en esa época yo no veo eso como una simple mudanza yo pienso en lo duro que debió haber sido para ella en lo que significa dejar su tierra dejar parte de su familia dejar a su hija atrás y llegar a otro país a empezar de cero a trabajar a sobrevivir para después tratar de reunificar a los suyos maritza Dejó a Joandra con la abuela materna mientras ella trabajaba y trataba de estabilizarse en Miami. Y eso, aunque duele, era y aún es una realidad de muchísimas familias migrantes. Irse primero, sobrevivir, reunir dinero primero, trabajar y luego traer a los tuyos. Pasaron años así, años de distancia, años en los que una niña crecía en Cuba mientras su madre luchaba en Estados Unidos para reunificar a la familia. Finalmente, para 1989, Maritza logró traer a su madre y a su hija a Florida y para entonces también ella ya había rehecho parte de su vida. Se había casado nuevamente, esta vez con Armando Martín, y más adelante tendrían un hijo juntos. O sea, Maritza había armado una nueva estructura familiar. Había levantado otra vida. Ya no era la adolescente de La Habana. Era una mujer que había pasado por separación, migración, trabajo duro y reconstrucción total. Y justo cuando ella estaba en esa nueva etapa, Emilio reapareció en escena. Ese mismo 1989, tras años en la cárcel, Emilio fue liberado y recibió asilo en Estados Unidos y también llegó a Florida. También llegó a empezar de nuevo. Pero la diferencia era enorme. porque mientras Maritza había vivido cada paso de la crianza y de la vida diaria de Joandra, Emilio llegaba a un mundo donde su hija ya tenía edad, ya tenía rutina, ya tenía recuerdos y afectos construidos sin él. Y eso no se arregla solo porque el apellido sea el mismo. Incluso se reencontraron casi por coincidencia al llegar a Miami. Pero más allá de la imagen casi cinematográfica del reencuentro, lo importante aquí es otra cosa. Joandra realmente no conocía a Emilio como su padre. No había una historia vivida entre ellos. No había asuntos. Años compartidos. No había intimidad cotidiana. Había sangre, sí, y el vínculo biológico, pero una relación real no se improvisa. Y ahí empezó otra de las tensiones más dolorosas de este caso. Ahora, Maritza no estaba tratando de impedir que Emilio tuviera contacto con su hija. El problema era que el tiempo perdido era demasiado, y una muchacha no va a sentir de un día para otro como papá a un hombre que no estuvo presente en su niñez, aunque la razón de esa ausencia también haya sido trágica. Eso debió haber sido bien duro para todos, pero sobre todo para Joandra, que estaba atrapada entre historias viejas de adultos, resentimientos y expectativas que no nacieron de ella. Ya instalada en Florida. Joandra siguió creciendo. Era una muchacha querida, social, con amistades, con buena presencia, buena en la escuela, con buenas notas, y se ha dicho que era popular, que tenía sentido del humor y que mucha gente la apreciaba. Pero como tantas veces, en casos así, desde afuera una vida puede parecer bastante normal, mientras por dentro se están formando grietas que nadie termina de ver a tiempo. Al entrar en la adolescencia, algo en Joandra empezó a cambiar. Sus notas bajaron, empezó a faltar clases, se fue recogiendo más, tenía un noviecito y en algún punto de su historia, Joandra quedó embarazada. Para noviembre de 1992, Johanna, quien solo tenía 15 años, llevaba 13 semanas de embarazo. Con 15 años. Eso por sí solo ya te habla de una enorme presión sobre ella, porque a los 15 años uno no tiene las herramientas emocionales para cargar con tantas cosas al mismo tiempo. Que si la escuela, la identidad, la familia, la relación con la madre, la ausencia del padre, la adaptación a un país nuevo, el embarazo, el miedo al juicio de los demás, ese qué dirán, y miedo al futuro. Todo eso puede aplastar a cualquiera y más a un adolescente. Lo que vino después, mi gente, fue devastador. En noviembre de 1992, durante el fin de semana de Acción de Gracias, Joandra perdió la vida por una herida de bala que los investigadores concluyeron fue autoinfligida. O sea, oficialmente se determinó que Joandra se autoeliminó a sí misma. Ahí fue donde esta historia dejó de ser complicada para convertirse en una pesadilla, porque ya bastante insoportable era la ida de una niña de 15 años embarazada. Pero esa pérdida no se quedó sola, sino que abrió otra, una guerra. Una guerra de culpa, de rabia, de acusaciones y de obsesión. Maritza quedó destrozada. Eso es lo primero que hay que entender antes de ser víctima del crimen por el que el mundo las recuerda. Maritza fue una madre rota en mil pedazos por la muerte de su hija. Y eso a veces se pierde porque la escena final de este caso es tan brutal que se traga todo lo demás. Pero no se nos puede olvidar que Maritza estaba viviendo un duelo insoportable. Además, de que tenía un bebé pequeño de 18 meses, otro hijo que dependía de ella y de una vida que de repente quedó partida en dos. Y mientras ella intentaba sobrevivir ese dolor, Emilio reaccionó de otra manera. Ahora, no sé si fue porque estaba hundida en su dolor, o tenía miedo, o se intentó y no pudo decirle. En fin, Maritza no le comunicó a Emilio sobre el fallecimiento de su hija. Y al él enterarse tarde, cuando la familia lo llamó para avisarle de la muerte ya el día del funeral, eso lo descompuso todavía más. Emilio llegó al funeral devastado. Pero también llegó furioso. Furioso por no haber estado. Furioso por enterarse así. Furioso por no haber tenido una relación con su hija. Furioso por sentir que alguien tenía que pagar por todo lo que ya no se podía reparar. Y ahí fue donde empezó a apuntar esa rabia directamente hacia Maritza. No le bastó con sufrir la muerte de su hija. Emilio necesitó convertir a alguien en responsable. Empezó a levantar teorías, a decir que la niña estaba siendo abusada por el padrastro, que la mamá le dio una pescosa al enterarse del embarazo, a insistir que había algo más detrás de la autoeliminación, a señalar a Maritza y también al padrastro de la niña. que su madre la condujo a eso, que le proveyeron el arma para autoeliminarse, porque la noche anterior, Joandra le había pedido a su mamá para limpiar el carro y su mamá tenía un arma por protección y no la traía a la casa, ya la dejaba en el carro. Y yo no sé exactamente dónde fue que le llegaron estas ideas a la cabeza a Emilio. Si alguien se lo dijo, porque él menciona que él estuvo haciendo preguntas durante el funeral, pero no menciona exactamente qué fue lo que le dije Alguna de esas ideas que él tenía en la cabeza fueron investigadas y a otras no se le encontró respaldo. Pero Emilio no soltó la narrativa, la abrazó con más fuerza, la alimentó y la convirtió en su misión personal. Ahí fue cuando la situación empezó a ponerse verdaderamente peligrosa para Maritza, porque ya no era solamente una expareja dolida. Era un hombre que la culpaba de todo, que la seguía, que la hostigaba, que parecía incapaz de dejarla en paz. Maritza no solo estaba llorando a su hija, también estaba viviendo bajo miedo. Y ese miedo importa muchísimo porque cuando ocurrió después lo del cementerio, mucha gente quiso explicarlo como si estuviera nacido solo en un segundo, pero no. Lo que pasó allí llevaba rato cocinándose. Había señales, había advertencia, había atención previa. Había violencia que venía anunciándose. Y ahí es donde para mí esta historia de verdad se pone insoportable porque un adolescente ya había perdido la vida. Una madre estaba rota y en vez de detenerse ahí, la tragedia siguió creciendo. Emilio, convencido de que las autoridades no le hacían caso, que la policía no le iba a dar la respuesta que él quería. Y eso también hay que decirlo claro, no necesariamente la respuesta correcta, no necesariamente la verdad completa, la respuesta que Emilio quería escuchar. Porque cuando una persona entra en estado de obsesión, ya no está buscando entender, está buscando confirmar lo que su mente ya decidió creer. Y como no consiguió eso por las vías de las autoridades, buscó otra cosa. Él buscó una audiencia. En enero de 1993, casi dos meses después de la muerte de Joandra, Emilio llamó a Telemundo. Él quería contar su versión. Quería decir públicamente que su hija había fallecido y que él creía que la madre tenía algo que ver. Quería que alguien le pusiera cámara, micrófono y una le diera una plataforma a todo lo que llevaba semanas acumulando por dentro. Y ahí fue donde esta historia dio un giro peligrosísimo, porque una cosa es tener a un hombre inestable, dolido y furioso repitiendo acusaciones en privado, pero otra muy distinta es ponerlo en televisión. La periodista Ingrid Cruz del programa Ocurrió Así se interesó en el caso. Y honestamente, desde el punto de vista televisivo, uno entiende por qué. La historia tenía todos los elementos que ese tipo de programa buscaba en aquella época. Un adolescente sin vida, un embarazo oculto, una familia fracturada, un padre acusando a la madre. Dolor, misterio, tensión era el tipo de caso que prometía agarrar a la audiencia desde el primer minuto. El problema es, que una historia así no era solo buena televisión, también era un terreno emocionalmente explosivo. Y nadie midió bien lo peligroso que eso podía ser. El 18 de enero de 1993, el equipo de Ocurrió Así fue a entrevistar a Emilio. Primero lo grabaron en la casa móvil donde vivía. Allí él habló de su hija, de lo que creía que le había pasado, de las teorías que llevaba sosteniendo contra Maritza, de todo ese dolor dolor mezclado con rabia que ya se le notaba encima. Y

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consecuencias de aquel estudio que mencionamos al principio. Joandra Núñez, la muchachita, era hija de Emilio Núñez y Maritza Martín Muñoz, divorciados hace varios años. Él era un prisionero político cubano. De ella conocemos poco. Él El hijo de Joandra dejó al padre, Emilio Núñez, de 34 años de edad, en estado de desconsuelo y desesperación. Desde entonces, viste de negro. No puede conciliar el sueño. Se lamentaba frente a su esposa actual de no haber podido disfrutar de los mejores años de su hija, Joandra, y sospechaba de todo el mundo por la muerte de la muchachita, pero más, sospechaba de la madre. Así, nerviosísimo, y desconsolado llegó un día a la redacción de ocurrió así para que indagáramos para que moviéramos cielo y tierra hasta conseguir una pista sobre los motivos del suicidio de su chiquita nos abrió entonces las puertas de su casa y justo antes del momento de locura lo acompañamos hasta el cementerio de un ramo de flores que llevaba sacó un clavel se acercó a la tumba de Joandra despejó un poco de tierra y lo enterró como testimonio de su visita.

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O sea, antes del cementerio ya había una entrevista armada. Ya había una narrativa tomando forma. Yamilio estaba siendo presentado como ese padre devastado que sentía que no había recibido respuestas o justicia. Y aquí es donde hay que hacer una pausa porque esta parte pesa. Sí debía estar emocionalmente destruido, pero también era un hombre que según lo que se ha contado, venía ya amenazando a Maritza, venía siguiéndola, venía culpándola y aterrorizándola. Y eso cambia todo, porque si tú te encuentras frente a una persona así, lo estás lidiando solamente con alguien que está herido. estás lidiando con una persona potencialmente peligrosa. Y si no entiendes esa diferencia, puedes cometer un error fatal.

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Tenemos la situación de que la madre tiene antecedentes en computer por abuso infantil con ella misma. Sí, hace menos de tres años la madre tuvo un problema infantil con ella misma, donde ellos tuvieron que ir a una serie de visitas de médicos y de consejeros, etcétera, etcétera,

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etcétera.¿A quién usted culpa de la muerte de su hija?

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Si se viene a ver, hay varios culpables, pero hay un culpable fundamental. El culpable fundamental y principal de esto es la madre. Y yo la estoy acusando formalmente ante la policía. Yo se lo he planteado varias veces al instructor policial que tiene el caso del condado de Browell, el oficial Frank y la raza. Y él me ha dicho, sí, después yo te tomo las aclaraciones. Sí, después vamos a ver qué pasa. Sí, después yo te llamo. Pero hasta ahora, nada en concreto.

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Tratamos de contactar a la madre, pero nunca obtuvimos una respuesta ni contestó el teléfono. Emilio sabía que su hija Joandra estaba embarazada, pero desconocía quién era el padre de la criatura.

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Porque aquí hay una cosa muy cierta. Mi hija está muerta y mi hija estaba embarazada. Mi hija tenía 13 semanas de embarazo.¿Ok? El niño estaba completamente formado dentro de su vientre. El día antes de que la niña muere, ella tiene una discusión con la madre donde ella le dice a la madre que ella está embarazada y la madre la golpea. Fíjense usted si es así, que el mismo un instructor policial me dice a mí de que ella reconoció ante la policía de que sí, de que ella le había dado una galleta el día antes y que ellas habían discutido.

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Emilio criticaba la forma en que la policía estaba investigando el caso.

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¿Cuál es el problema?¿Que Emilio es latino?¿Cuál es el problema?¿De que Emilio no tiene dinero?¿Cuál es el problema?¿De que Emilio no tiene un apellido?¿Ese es el problema que hay?¿Esa es la discriminación que hay conmigo?¿Cuál es el problema?¿De que Emilio no es bilingüe? Entonces,¿cuál es la justicia que hay dentro de la sociedad americana?¿Cómo se llama?¿Se llama dólar? Así como se llama la justicia

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en este país.¿Y qué usted está haciendo?

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¿Qué yo estoy haciendo? Recurriendo a todos los medios. Hoy estoy ante ustedes, mañana estaré en otro lugar y quizás dentro de 15 días estaré en el Congreso americano. Escribiendo una carta o presentándome allí. Yo no sé lo que yo voy a hacer. Ahora, yo lo que sé es que en este caso yo quiero justicia porque el problema de mi hija no fue un accidente. A mi hija la obligaron a matarte. A mi hija le proporcionaron los medios para matarte. Ella dejó cartas escritas que la tienen en su poder sus amistades, sus amistades íntimas, su novio, etcétera, etcétera. Después

Camino Al Cementerio Con Cámaras

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de grabar esa primera entrevista, el equipo tuvo otra idea, y fue la idea de acompañar a Emilio al cementerio a dejar flores en la tumba de Joandra. Desde la lógica de producción, eso era una imagen potentísima. El padre, el duelo, las flores, la tumba, el silencio, la emoción, todo eso funcionaba perfecto para la televisión. Y sin saberlo, estaban caminando directo hacia una tragedia todavía mayor. Antes de llegar al cementerio, Ingrid Sánchez, la periodista y el camarógrafo, también entrevistaron a Ángel, el novio de Joandra. Y eso añadió otra capa a la historia, porque permitía mostrar que la muchacha estaba atravesando muchísimo más de lo que una simple teoría de culpabilidad podía explicar. O sea, poco a poco iba quedando claro que la vida de Joandra había sido más compleja, más dolorosa y más frágil de lo que cabía en el libreto que Emilio quería imponer. Pero para allá entonces, Emilio no estaba en un lugar emocional donde la complejidad importara. Él quería a una culpable y ya había decidido quién era. Durante esa entrevista, Ángel, el novio de Joandra, le encontró unas cartas que él tenía en su posesión que le había dado Joandra, en las que ella escribe que tenía ideas de hacer cosas cosas como lo que hizo.

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Después

Encuentro Inesperado Con Maritza

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de esa parada, el equipo se dirigió al cementerio Our Lady Queen of Haven en North Florida. Allí Emilio se reunió con ellos. Él iba acompañado por su esposa actual y por el hijo de ella. Y la idea era sencilla, al menos en apariencia, simplemente grabarlo poniendo flores en la tumba de su hija. Solamente eso, un segundo visual para completar el reportaje. Y aquí es donde uno siente escalofríos, mi gente, porque todo lo que vino después pasó en cuestión de minutos. La cámara lo grabó acercándose a la tumba de Joandra. La imagen era la que cualquier productor había creído. El padre de pie, frente a la tumba de su hija adolescente, con flores en mano, duelo a flor de piel. Pero de pronto, apareció un vehículo. Y era Maritza. Y eso cambió el aire del lugar al instante. La llegada de Maritza fue una coincidencia total. Maritza no fue invitada por la producción, no fue citada, no estaba allí para hablar con nadie, no llegó a pelear, no llegó a defenderse ante cámaras, llegó por la razón más básica y más humana y triste del mundo. Llegó a visitar la tumba de su hija. Y de verdad, cuando uno lo piensa así, esto duele más, porque esa mujer venía como madre, venía a ver a su niña en el cementerio, Venía a un lugar donde se supone que aunque sea por un rato, una persona puede estar sola con su dolor. Pero ella no estuvo sola. Y Emilio reconoció el carro enseguida. Le dijo a la reportera que ese era el carro de su exesposa. Y entonces Ingrid Cruz se acercó al automóvil, tocó la ventana, confirmó que sí, que dentro estaba Maritza. Y ahí vino uno de los momentos más tensos de esta historia. Porque imagínense la escena. Tú llegas al cementerio a ver a la tumba de tu hija. Todavía estás destrozada por su pérdida. Sabes que el padre de esa niña te culpa de todo y de pronto te encuentras no solo con él, sino con micrófonos, cámaras y una periodista preguntándote si tú tienes algo que decir sobre la muerte de tu hija y que si tú sabes por qué lo hizo. Eso debió sentirse como una emboscada emocional, aunque no fuera planificada como tal. Maritza se quedó en silencio total. No respondió. Respondió, no se bajó gritando, no entró en la narrativa. no se defendió frente al lente. Se quedó mirando de frente como si estuviera tratando de procesar el hecho de que el peor escenario posible acababa de materializarse frente a ella. Y a veces, el silencio dice muchísimo. Dice que estás cansado, dice que tienes miedo, dice que esa persona ya no tiene energía para participar en otro circo más. Dice que probablemente estás tratando de no romperte en público. Mientras tanto, Emilio comenzó a acercarse. Y al principio parecía contenido, pero Emilio ya estaba cargado. Ya se le sentía la rabia encima, le hervía la sangre. Emilio empezó a retarla para que hablara como si estuviera esperando que ella dijera algo, cualquier cosa, para usarlo de combustible. La reportera trató de mantener distancia, de calmar la situación, pero ya la tensión estaba instalada. Marisa finalmente salió del carro y ese detalle, aunque parezca pequeño, es de los más duros en esta secuencia porque una parte de uno quisiera pensar, ojalá se hubiera ido, ojalá hubiera arrancado el carro, ojalá nunca se hubiera bajado. Pero ella se bajó y lo hizo sin responder, sin gritar y sin entrar en confrontación. En un momento incluso anotó el número de la tablilla de Emilio, lo cual te deja ver clarísimo que ella no estaba tranquila. Ella sabía que ese hombre era una amenaza. Ella estaba documentando, ella estaba pensando en protegerse o dejar constancia. Y después de eso, siguió caminando hacia la tumba de su hija. Esto es lo que hace la historia tan desgarradora, mi gente, porque Maritza siguió caminando como madre, no como acusada, no como rival, no como participante de un show. Como madre. Y por un instante, por un segundo apenas, ahí parece que todo va a terminar. Parece que baja la tensión, parece que Emilio se va, parece que el momento incómodo ya pasó. Pero no, porque de un segundo a otro, Emilio fue hasta su carro y sacó un arma y regresó. Y ahí se acabó todo.

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apareció casualmente su exesposa Maritza, por lo que intentamos obtener una respuesta de ella sobre la muerte de su hija Joandra.¡Doña Maritza! Marisa,¿me daría una reacción para lo que ocurrió así, por favor, sobre la muerte de su hija Joandra? Ya que estamos aquí, trataba de conseguirla a usted, si es tan amable.¿Me da una reacción para el programa que ocurrió así?¿De por qué su hija se suicidó?

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¡Hala!

UNKNOWN

¡Tiene tan guapa!

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¡Hala! Por favor, allá. Por favor, allá. Don Emilio, por favor.

SPEAKER_06

¡Hala ahora!

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Por favor, allá. Doña Mariso, si es tan amable, quisiera tener una reacción de usted. Si es tan amable y me da una reacción, se lo voy a agradecer. Quiero saber por qué, la reacción, el por qué usted quiere esquivarnos a nosotros.¿Usted está molesta?¿Por qué no me quiere dar una reacción? Lo que quiero saber es por qué razón su hija tomó esa decisión de quitarse la vida. Esto

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no tiene nada que ver...¡Vámonos, vámonos!¿Qué se hiciste?¡Dije todo

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eso!

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¿Cómo se llama esto?¿Qué?

Doce Disparos Frente Al Lente

Huida, Cacería Y Arresto Federal

Debate Sobre Morbo Y Periodismo

Retrasos Judiciales Y Estrategias De Defensa

Juicio, Veredicto Rápido Y Sentencia

Cierre: Señales Ignoradas Y Feminicidio

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Y en realidad no hace falta contarlo, mostrar esto de forma gráfica para entender la brutalidad. Emilio le disparó a Maritza mientras ella caminaba hacia la tumba de su hija. Le disparó en un cementerio frente a una cámara en uno de los momentos más vulnerables que puede vivir una madre. Y después siguió disparando un total de 12 veces, 10 de los cuales alcanzaron a Maritza. Mi gente, lo que ocurrió aquí no fue una simple explosión emocional. No fue una escena romántica torcida. No fue una tragedia pasional. Fue una ejecución. Y esa palabra pesa, pero aquí aplica. Porque hubo una secuencia, hubo un movimiento, hubo decisión. Hubo un hombre que fue a su carro a buscar un arma. Eso no es accidente. Eso no es una confusión. Eso no es un impulso inexplicable que cayó del cielo. Eso es violencia decidida. Maritza falleció allí mismo, a pocos pasos de la tumba de Joandra. Y mientras la reportera gritaba y el camarógrafo seguía grabando, la historia cambió para siempre porque en ese instante dejó de ser solamente un caso de un adolescente que había perdido la vida por autoeliminación. Ahora también era el caso de una madre asesinada frente a las cámaras en un cementerio. Y eso fue exactamente lo que el público vio después. No la vida de Maritza, no la complejidad de Joandra, No los años de fractura y dolor, sino el segundo más brutal de toda la historia. Y honestamente, eso también es una tragedia aparte, porque el video se volvió tan famoso, tan impactante, tan repetido, que casi se tragó a las personas reales que había detrás. Joandra quedó reducida a la hija muerta. Maritza quedó reducida a la mujer del video. Y Emilio, por un tiempo, quedó retratado en algunos espacios como el padre devastado. Pero la verdad era mucho más fea que eso. La verdad era que había habido amenazas, que había habido persecución, que había habido miedo. Había habido una mujer tratando de escapar de un hombre que no la soltaba y no la dejaba tranquila. Y había habido señales de peligro que no se atendieron como debía. Maritza tenía tanto miedo que había hasta comprado un traje para su funeral. Después de cometer el crimen contra Maritza, Emilio no se quedó allí para enfrentar lo que acababa de hacer. No se entregó, no cayó de rodillas, no No hubo ese momento de supuesta realización que a veces la gente imagina en estos casos. Lo que hizo fue huir. Y ese detalle importa muchísimo porque ayuda a tumbar otra vez esa narrativa cómoda de que todo fue un arranque emocional, un segundo de locura, un hombre fuera de sí. No, después de dispararle a Maritza, Emilio se fue. Y mientras él escapaba, en el cementerio quedaba una escena imposible de olvidar. Una reportera gritando, un camarógrafo llamando al 911, una familia en shock y una mujer tendida en el mismo lugar al que había ido a visitar la tumba de su hija. O sea, en cuestión de segundos, lo que había empezado como un reportaje sobre una tragedia familiar, se convirtió en otra tragedia todavía más espantosa. Y esa transición fue tan rápida, tan absurda, tan brutal, que todavía hoy cuesta procesarla. La policía empezó a buscar a Emilio de inmediato. Ya tenían testigos, ya tenían el video, ya tenían el nombre, ya sabían exactamente a quién estaban buscando. Y como la escena había quedado grabada, el caso explotó rapidísimo. Esto ya no era solo una noticia de local del sur de florida esto empezó a correr por noticieros grandes por cadenas nacionales por distintos mercados de televisión muchísima gente vio o escuchó hablar de ese vídeo y en 1993 eso tenía un peso enorme porque no estábamos hablando de la época de la internet como ahora Lo que salía en televisión nacional se metía de golpe en la conversación pública de todo el país. Pero con esa exposición vino también algo bien peligroso, y eso fue la simplificación, porque mucha gente empezó a ver el caso como la historia de un padre devastado que había tomado venganza contra la madre de su hija. O sea, no estamos hablando de alguien que se fue a pensar, ni de alguien que se quedó escondido cerca. Estamos hablando de un hombre que estaba tratando de largarse, de poner la mayor distancia posible entre él, el crimen y las consecuencias. Y eso también habla y habla fuerte. Según los reportes, agentes federales interceptaron el autobús en Fork Stockton. Y aquí hay otro detalle que tumba todavía más, la imagen del supuesto hombre quebrado por el dolor. Cuando Emilio vio que iban por él, Emilio intentó alcanzar otra arma, o sea, seguía armado, seguía siendo peligroso, seguía reaccionando con violencia. pero allí fue reducido y arrestado por agentes del FBI de la patrulla fronteriza y así terminó la huida. No porque él decidiera parar, terminó porque lo alcanzaron. Discúlpeme que estoy como tupida, se me ha tupido la nariz, tengo unas alergias. Otro día les cuento. Mientras tanto, en Florida, la familia de Maritza quedaba tratando de entender cómo se suponía que se sigue viviendo después de algo así. Porque aquí, Hay que volver a poner la mirada donde debe estar. No en el show, no en el video, no en la fama macabra del caso. En las personas. En Maritza, en Joandra, en el esposo de Maritza, en ese niño pequeño, ese bebé que se quedó sin su madre. En los familiares que habían pasado de enterrar a un adolescente a perder también a la madre de esa muchacha en cuestión de semanas. Eso no es una cadena de malas noticias. Eso es la destrucción de una familia entera. Y mientras tanto, el público discutía el video. También empezó otra discusión bien incómoda y era cuánto debía mostrarse, porque algunas estaciones enseñaron partes del metraje y otras decidieron no mostrar el momento exacto del ataque. Hubo protestas, hubo llamadas de gente indignada, hubo debate sobre si era periodismo o sensacionalismo, sobre si mostrar aquello ayudaba a exponer la realidad de la violencia doméstica O si convertía los últimos segundos de una mujer viva en un producto de consumo televisivo. Y honestamente, mi gente, esa conversación sigue siendo válida hasta hoy. Porque una cosa es documentar una tragedia y otra es repetirla una y otra vez hasta arrancarle toda la humanidad a la víctima. Y lo más triste es que mientras esa discusión pasaba, la historia real de Joandra se fue quedando atrás. La muchacha por la que originalmente estaban allí, la adolescente de 15 años, la embarazada, la joven que estaba pasando por una crisis que terminó en autoeliminación. Todo eso quedó de repente sepultado debajo del desvivimiento de Maritza y debajo de la fuerza brutal de esas imágenes. Y eso también da pena, porque significa que una tragedia Media se comió a la otra. Y si tú te fijas, eso pasa en muchos casos así. La violencia más visible, la más escandalosa, la más televisable, termina devorándose a todo lo demás. Devora el contexto, devora los matices, devora a las víctimas. Y entonces la historia se reduce a una escena, a una sola escena. Y este caso merece mucho más que eso. Porque esto no fue solamente la historia de una mujer que le quitaron la vida frente a una cámara. Esto fue una historia de años, de juventud, de separación, de cárcel, de migración, de ausencia, de una hija creciendo entre vacíos emocionales, de un adolescente que terminó derrumbándose, de una madre en duelo, de un ex-exposo obsesionado, de amenazas, de miedo y finalmente de una violencia que se venía anunciando. Eso es lo que hace que la siguiente etapa del caso, la judicial, también dé tanto coraje, mi gente, porque aún con todo eso, con video, con testigos, con la fuga Todavía hubo gente tratando de suavizar lo que Emilio hizo. Todavía hubo intentos de venderlo como una explosión emocional. Todavía hubo abogados intentando remover la culpa hacia otros. Y ahí es donde la historia entra a otro capítulo, el del juicio. Después de la captura en Texas, mucha gente pudo haber pensado que el resto del caso iba a ser rápido. Que con testigos, con la escena grabada, con la fuga, con el arresto, ya todo estaba prácticamente resuelto. Parte de lo frustrante de esta historia porque mientras la familia de Maritza intentaba sobrevivir a una pérdida doble, primero Joandra, luego la de ella, el caso empezó a moverse con una lentitud desesperante que tantas veces uno ve en el sistema. Emilio fue acusado por el asesinato de Maritza, pero el proceso no caminó rápido. Hubo retrasos, hubo conflictos, hubo problemas con abogados, hubo señalamientos sobre su estado mental, y con cada demora, lo que se alargaba no era solamente el expediente judicial, Era el sufrimiento de una familia que llevaba años esperando que por lo menos alguien llamara las cosas por su nombre. Porque esa es otra cosa que da coraje en estos casos. Y es que a veces la gente cree que el dolor termina cuando arrestan al agresor y no. Ahí cambia de forma, pero no termina. Después viene la espera, viene el juicio pendiente, las estrategias legales. Después viene escuchar a otras personas tratar de explicar, a justificar o acomodar cosas. Lo que sabemos perfectamente que fue un acto brutal. Y eso es exactamente lo que pasó aquí. Con el tiempo, la defensa de Emilio comenzó a empujar una narrativa bien conveniente para él. La idea era presentar lo ocurrido no como un asesinato frío y decidido, sino como un acto impulsivo nacido del dolor, de la presión, de la emoción, del momento. En otras palabras, tratar de bajarle peso a lo que hizo, convertir una ejecución en un arrebato, convertir violencia en descontrol, irresponsabilidad en tragedia emocional. Y eso, honestamente, es de las partes más indignantes del caso. Porque una cosa es alguien que está destruido por una pérdida. Eso nadie lo niega. Pero otra muy distinta es usar ese dolor como paraguas para cubrir años de obsesión, de hostigamiento, de decisión clarísima de ir a buscar un arma y dispararle a una mujer que iba caminando hacia la tumba de su hija. Eso no fue confusión. Eso no fue un accidente. emocional, eso fue una acción. Y mientras el caso seguía estancado, también empezaron a salir con más fuerza detalles que pintaban mejor quién era Emilio y qué clase de patrón había detrás de todo esto. Porque ya no solo se trataba de lo que Maritza y su esposo habían dicho. También, según se ha contado, el propio padre de Emilio hablaba de él como un hombre violento, con problemas emocionales serios y con una obsesión vieja hacia Maritza. Eso pesa muchísimo porque cuando hasta tu propio padre, Está diciendo que llevas años prometiendo terminar con la vida de una mujer. Ya no estamos ante una supuesta explosión del instante. Estamos ante una amenaza incubada desde hacía tiempo. Otra línea que la defensa intentó mover fue la de la prensa. Y esto hay que decirlo con mucho cuidado porque sí ocurrió. Es válido cuestionar el papel de los medios en una escena tan cargada. Sí es válido preguntarse si aquella cobertura fue prudente. Sí es válido hablar del sensacionalismo. Pero una cosa es analizar eso y otra... es tratar de convertir a la reportera en la causa del crimen, porque durante el juicio se intentó insinuar que Ingrid Cruz había presionado demasiado, que había insistido demasiado, que la presencia de la cámara había provocado a Emilio, incluso que la propia reportera había hecho que Marisa estuviera allí. Y esa idea, además de injusta, era falsa. Marisa llegó al cementerio por coincidencia, por su propia cuenta. Ella no fue citada por los periodistas. No fue parte de un montaje. No fue una emboscada. fabricada por producción fue una coincidencia fatal en el peor lugar y en el peor momento posible y eso es importante decirlo porque si no la conversación se tuerce la prensa puede ser cuestionable la cobertura puede haber sido irresponsable el morbo puede haber empeorado el ambiente pero quien sacó el arma fue Emilio quien disparó fue Emilio quien huyó fue Emilio quien decidió matar fue Emilio y eso no se puede repartir entre otras personas sólo porque a la defensa Otra cosa que complicó el proceso fue el tema de la salud mental. Hubo momentos en que se cuestionó si Emilio era apto para enfrentar un juicio. Hubo evaluaciones, hubo sugerencias de una posible defensa por insanidad, pero aún dentro de ese panorama, lo que importa aquí no es usar eso para borrar responsabilidad. Lo importante es entender que una persona puede tener problemas emocionales o psiquiátricos, y los cuales él rechazó esa oferta. Y aún así puede ser responsable de un acto violento, especialmente cuando existe violencia en el caso. Y eso también hay que decirlo claro, porque a veces cuando sale el tema de salud mental, la conversación se contamina. Hay gente que lo usa para explicarlo todo, y no, no todo acto violento se resume a eso. Y en este caso, la conducta previa importa, el historial importa, todo eso importa. Finalmente, después de años de retrasos, el juicio arrancó en enero del año 2000 siete años después del asesinato siete años mi gente imagínate lo que significa eso para la familia de maritza vivir siete años con el caso suspendido en el aire con ese vídeo todavía dando vueltas en la memoria pública con la ausencia permanente de ella con la ausencia permanente de joandra también y con el sistema todavía sin cerrar ese capítulo en corte para entonces ya el caso tenía una fama enorme muchísima gente los recordaba Muchísima gente tenía una opinión formada, pero en sala lo que importaba no era el ruido público, lo que importaba era lo que había allí, los hechos, la evidencia, los testigos, el patrón. Y cuando el jurado vio el cuadro completo, la historia del crimen de pasión no aguantó. No aguantó porque había demasiado detrás, demasiado rencor, demasiada violencia previa, demasiada intención. Al final, el jurado no se dejó llevar por el maquillaje emocional de la defensa. No se vendió ante la idea de que aquello había sido una simple explosión. Y en 40 minutos lo encontró culpable. En 40 minutos. A veces un jurado tarda días, a veces tardas semanas, aquí no. Porque llega un momento en que la realidad, la verdad, pesa demasiado. Y la realidad era clara. Emilio Núñez había asesinado a Marisa Martín Muñoz. Y ya. La sentencia fue cadena perpetua con la posibilidad de libertad condicional después de 25 años, y aún así, ni en ese momento apareció una verdadera aceptación de responsabilidad. Emilio siguió insistiendo en que no había tenido un juicio justo, seguía señalando a otros, seguía aferrado a su propia narrativa, o sea, ni siquiera después del veredicto. lo que salió fue arrepentimiento, lo que salió fue más resentimiento y eso también encaja con todo lo demás. Porque esta historia nunca fue sobre un hombre que procesó su dolor de forma humana y se quebró. Esta fue la historia de un hombre que se aferró al rencor como identidad, que convirtió su dolor en obsesión y que en vez de aceptar la pérdida de su hija como una tragedia insoportable, decidió transformarla en excusa para perseguir y finalmente terminar con la vida de su exesposa. Y aunque el juicio tardó demasiado, por lo menos dejó algo claro. Que no fue un accidente emocional, no fue una locura romántica, no fue un mal rato que se salió de control. Fue asesinato. Y al final, cuando uno se sienta a mirar esta historia completa, lo que nos queda no es solamente el espanto de una escena grabada, Lo que queda es una tristeza bien pesada porque aquí no se destruyó una sola vida. Aquí se destruyó una familia entera, pedazo por pedazo. Primero Joandra, de apenas 15 años, con toda una vida por delante, cargando cosas demasiado grandes para su edad. Una muchacha que por fuera podía parecer una nena querida, sociable, con amistades, con futuro, pero que por dentro claramente estaba pasando, estaba peleando una batalla que terminó siendo demasiado para ella. Y eso ya de por sí era una inmensa tragedia. Una de esas tragedias que deberían haber hecho que todo el mundo a su alrededor bajara la voz, mirara con más cuidado y pensara en cómo proteger a los que seguían vivos. Pero eso no pasó aquí. Después vino Maritza y esto es lo que hace este caso tan insoportable. Porque Maritza no ha sido recordada por mucha gente como lo que realmente era. Una madre, una mujer, una inmigrante cubana, una persona que había reconstruido su vida, que había pasado por separación, distancia, sacrificio, trabajo, maternidad, duelo, y que al final terminó convertida para la gente en la mujer del video. Y no, Maritza no era un video, no era una escena. Maritza no era un clip impactante que la gente vio una vez y luego comentó por morbo. Maritza era una madre que fue al cementerio a visitar la tumba de su hija. Y para mí, esa es la parte más dura de todas. Murió uno de los momentos más vulnerables que puede vivir una persona, yendo a llorar a su hija. Y ni siquiera ahí estuvo segura, ni siquiera ahí la dejaron en paz. Y cuando uno los dice así, simple, sin adorno, sin espectáculo, sin lenguaje bonito, lo que se queda es lo que siempre debió quedarse. Y es coraje. Porque aquí hubo señales, hubo advertencias, hubo una familia que vivía con tensión. Hubo una violencia que llevaba tiempo enunciándose. Y aún así, nada logró detener el final. Y eso pasa demasiado. Eso pasa más de lo que debería. Muchas mujeres dicen que tienen miedo. Dicen que las siguen. Dicen que las amenazan. Mujeres que cambian su vida entera para esconderse. Mujeres que tratan de protegerse. Y aún así, la ayuda llega tarde o no llega. Entonces, después, cuando finalmente ocurre la tragedia, el mundo actúa sorprendido. Mi gente, el dolor no convierte la violencia en amor. El dolor no convierte el asesinato en tragedia romántica. que amenaza, persigue, saca un arma, dispara y luego huye. Eso no es amor. Eso no es pasión. Eso no es desesperación. Eso es violencia. Eso es castigo. Eso es control. Y eso es feminicidio. Y este caso no debería recordarse solamente por lo que pasó delante de la cámara. Debería recordarse por lo que revela. Y es como la sociedad consume el sufrimiento de las mujeres. Por como a veces el morbo se traga a la humanidad de la víctima. Por como una muchacha de 15 años terminó convertida en el punto de arranque de una guerra adulta, por cómo una madre en duelo terminó siendo reducida a sus últimos segundos y por cómo aún cuando todo estaba tan claro, todavía hubo gente tratando de repartir culpa hacia el dolor, hacia la prensa, hacia el momento, hacia cualquiera menos hacia el hombre que decidió cometer el crimen. Y la verdad es que la culpa siempre estuvo donde tenía que estar. En él. No en Maritza, no en la reportera, no en la cámara, no en la tumba, no en el momento. En él. Así que cuando esta historia se cuente, que se cuente completa, que se diga que antes del cementerio hubo una hija, que antes del video hubo una madre. Y que antes de todo lo que pasó, hubo una historia larga y rota. Porque si no se cuenta completa, entonces la historia se deforma. Y cuando se deforma, la víctima vuelve a perder. Así que no, yo no quiero recordar a Marisa solamente por cómo murió. Yo quiero que las recordemos por lo que representa esta historia. Una mujer que merecía tiempo, merecía paz, merecía protección y merecía vivir. Y tampoco quiero que el nombre de Joandra quede como una simple introducción al crimen que vino después porque ella también fue víctima Ella también merecía más, merecía llegar a ser adulta, merecía ayuda, merecía tiempo, merecía la oportunidad de crecer y salir del dolor que la estaba aplastando. Pero ninguna de las dos la tuvo y eso es lo que deja esta historia al final. No solamente el impacto, no solamente el shock, no solamente una escena difícil de olvidar. Deja una herida, una herida hecha de duelo, de rabia, de preguntas, de injusticia y de esa sensación horrible de que todo esto pudo haber terminado de otra manera. Y quizás por eso sigue pesando tanto, porque no se trata solo de lo que vimos, se trata de todo lo que se ignoró antes de que pasara. Y bueno, mi gente, hasta aquí la historia de hoy, una historia dolorosa, pesada y de esas que no se olvidan fácil, porque más allá del video, más allá del impacto, más allá de lo que millones de personas llegaron a ver, aquí hubo dos vidas que se perdieron demasiado pronto. La de Joandra Nunez, y la de Maritza Martín Muñoz. Gracias, Yasmín Negrón, por recomendar este caso. Mi gente, si este caso te dejó pensando, cuéntame en los comentarios. Los quiero mucho. Hagan bien sin mirar a quién y nos vemos en el próximo video. Delitos de sangre y discúlpenme que no sé qué me está pasando con estas alergias que no se me quieren quitar. Pero nos vemos pronto, tú pida o no. Delitos de sangre.

UNKNOWN

Bye.

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