Mindset Para Mamás Católicas

66.¿Por Qué Te Sientes Desconectada? La Respuesta Está en Tus Hábitos

Liliana Contreras Season 2 Episode 66

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¿Te has sentido desconectada de ti misma, de tu fe o de tu propósito? En este episodio descubrirás por qué tus hábitos diarios revelan lo que realmente gobierna tu vida… y cómo volver a la paz interior que tanto deseas.

Hablamos de:
 ✨ Hábitos que te alejan de tus valores sin que te des cuenta
 ✨ Hábitos que fortalecen tu fe y tu claridad mental
 ✨ El vínculo entre hábitos, paz interior y propósito
 ✨ Qué dice la Palabra sobre vivir con intención

🎙 Taller gratuito esta semana:
El Primer Paso: Descubre el Hábito Clave para Transformar tu Vida
→ Aprende cuál es el hábito que transformará tu claridad y tu vida espiritual
→ Ideal para mamás que quieren recuperar paz, enfoque y propósito

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¿Eres de esas mamás que mientras rezan el rosario, también piensan en lo que cocinarán para la cena? ¿O mientras trabajas, estás pensando en tus hijos? ¿O mientras estás con tus hijos, solo piensas en que necesitas tiempo para ti? Entonces, llegaste al lugar correcto. Bienvenida a Mindset para Mamás Católicas. Aquí vamos a reír y crecer juntas mientras aprendamos a cuidar de nuestra salud espiritual, física y mental. No importa si estás lidiando con pañales, berrinches o con teenagers incomprendidos, Y un poquito de caos organizado. Sintoniza cada semana Mindset para Mamas Católicas y únete a esta aventura celestial.

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Gracias.

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Hola, ¿qué tal? Mi nombre es Liliana Contreras y si esta es tu primera vez aquí, te doy la bienvenida a nuestro podcast Mindset para Mamás Católicas. Pero si eres de esas mamás que ya son parte de esta comunidad, muchas, muchas gracias por seguir escuchándonos. ¿Alguna vez te has detenido a pensar si lo que haces cada día realmente refleja lo que es más importante en tu vida, lo que más valoras? Tal vez dices que tu prioridad es Dios, tu familia o tu paz interior, pero cuando miras tus días, ves que terminas corriendo de un lado a otro sin tiempo para orar, descansar o disfrutar de quien más amas. Y no estoy diciendo que no ames a Dios o a tu familia, ojo. Simplemente lo que nos sucede muchas veces sin darnos cuenta es que la rutina nos absorbe y poco a poco nuestras acciones se desconectan de nuestros valores más profundos. Jesús nos lo dijo súper claro en el Evangelio. Porque donde está tu tesoro, ahí estará también tu corazón. Esto está en Mateo 6.21. La realidad es que nuestros hábitos revelan donde está nuestro tesoro, es decir, en qué estamos invirtiendo realmente nuestro corazón y nuestro tiempo. Y cuando esos hábitos no reflejan lo que verdaderamente valoramos, empezamos a sentir esa incomodidad interior, esa falta de paz que nos dice que algo no está bien. Pero tranquila, porque con pequeños cambios puedes volver a ordenar tu vida según el plan de Dios y a vivir con propósito. San Francisco de Sales decía muy bien, la devoción no destruye nada, sino que perfecciona todo. Y esto aplica también a nuestros hábitos. Cuando los orden venamos desde la fe, todo cobra sentido. En este episodio quiero acompañarte a descubrir qué te están revelando tus hábitos sobre tu corazón, cómo identificar los valores que realmente guían tu vida y cómo crear hábitos que estén en armonía con tu fe, con tu familia y con tu propósito. Así que si sientes que estás viviendo en automático o que tus días no reflejan la vida que Dios soñó para ti, bueno, quédate a escuchar porque hoy puede ser el primer paso para reconectar con tu corazón, con tus valores y con la paz que solo viene de vivir con nuestro Señor. ¿Estás lista? Ponte cómoda porque vamos a empezar. Cuando comprendemos que nuestros hábitos nacen del corazón, todo cambia. Porque no se trata solo de lo que hacemos, sino desde dónde lo hacemos. La palabra de Dios nos recuerda que nuestras acciones exteriores son el reflejo de lo que llevamos dentro. Lucas 6.45 nos lo dice muy claro. El hombre bueno dice cosas buenas porque el bien está en su corazón. Y el hombre malo dice cosas malas porque el mal está en su corazón. Porque de lo que abunda en su corazón... habla su boca. Así que bien podemos decir que de la abundancia del corazón actúa nuestro cuerpo y también nuestra mente al decidir nuestros hábitos. Y aquí es donde entra la reflexión más profunda. Si tus hábitos diarios, lo que haces al despertar, cómo organizas tu día, cómo respondes al cansancio o al estrés, no están reflejando tus valores, probablemente no se trata de falta de fuerza de voluntad, sino de falta de conexión interior. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que la libertad hace el hombre responsable de sus actos en la medida en que son voluntarios progreso en la virtud el conocimiento del bien y la cesis aumentan el dominio de la voluntad sobre los propios actos esto está en el numeral 1734 y en otras palabras lo que nos dice es que tenemos la capacidad y la gracia de elegir mejor cada día nuestros hábitos no son cadenas son caminos que podemos redirigir hacia lo que realmente importa yo que seguramente has escuchado muchas veces que es imposible cambiarnos Sobre todo ya cuando tienes cierta edad. Pero eso no es cierto. Y la ciencia lo ha demostrado muchas veces a través de la neuroscience y otras ciencias. Dios nos crea con esta capacidad física e intelectual para cambiar. Dios nos crea de una manera tan hermosa, tan increíblemente perfecta en él, que podemos cambiar, por supuesto, siempre ayudadas por su gracia. Seguramente conoces esta frase de San Agustín. Ama y haz lo que quieras. Porque cuando tu corazón está lleno de amor verdadero, amor a Dios, a tu familia y a ti misma, tus acciones naturalmente se ordenan hacia el bien, hacia la verdad, es decir, hacia Cristo. Así que antes de intentar cambiar tus hábitos, el primer paso es mirar dentro de ti. Yo que esto es lo que a veces más nos cuesta trabajo, pero es importante que lo hagas, que te empieces a preguntar, ¿qué está moviendo tus acciones? ¿Qué valor o creencia está atrás de tus decisiones diarias? ¿Son los valores que hay en tu corazón o son los valores del exterior? es decir, los valores del mundo, los que están moviéndote. Por ejemplo, si revisas tu celular cada cinco minutos, bueno, quizás aquí no es solamente una adicción, sino más bien estás buscando conexión, reconocimiento, o tal vez es una distracción para ignorar una realidad que te has negado a mirar. O si postergas constantemente tu tiempo de oración, tal vez no es solamente flojera o esta excusa que ponemos en nuestra mente de que no tenemos tiempo, sino más bien es una lucha interior porque tal vez no te sientes digna del amor de Dios, tal vez hay algo en tu interior que no has querido mirar, ¿no? Y sabes que la oración te lleva a la reflexión y eso es lo que no quieres. O tal vez si llenas tu agenda de tareas siempre, es decir, no te dejas tiempo para el descanso, quizás hay dentro de ti un miedo, ¿no? A no sentirte suficiente, a no sentirte valiosa si no estás haciendo algo todo el tiempo. Nuestros hábitos, buenos o malos, son mensajes silenciosos a nuestro interior. Cuando estás desconectada de tus valores o tu fe, tus hábitos empiezan a reflejar esa desconexión. Y entonces se vuelve más fácil vivir en automático, procrastinar o buscar satisfacción en cosas superficiales. Cada hábito moldea tu alma. No solo cambia tu día, sino que transforma quién estás llegando a ser. Por eso los hábitos no son neutros, porque o te acercan o te alejan del propósito que Dios tiene para ti. Solo cuando ves con claridad desde dónde actúas, puedes empezar a crear hábitos que realmente reflejen los valores que te sostienen. Tu fe, tu familia y tu paz interior. Hablemos ahora de cómo identificar tus valores principales. Una de las razones por las que muchas mamás nos sentimos frustradas o desordenadas a veces no es porque no sabemos qué hacer, sino porque no tenemos claro qué es verdaderamente importante para nosotras. Vivimos en una sociedad que nos empuja a hacerlo todo, a compararnos con todas las mamás que parecen perfectas, sobre todo las que están en social media, a rendir más, a hacer más, a trabajar más. Y sin darnos cuenta, terminamos llenando nuestra vida de hábitos que no reflejan nuestros valores. Si sino las expectativas de los demás o las del mundo. Y la verdad es que no puedes vivir con propósitos si no sabes qué es lo que te guía, qué es lo que más valoras, qué es lo más importante en tu corazón. Por eso, este segundo paso es fundamental. Identificar tus valores principales. Y aquí el ejercicio es detenerte un momento. La invitación es que sea un momento de reflexión, de oración, de silencio. Y que realmente te preguntes y contestes con toda honestidad. al menos los tres valores más importantes en tu vida el día de hoy. No los que deberías de tener, sino los que realmente importan, los que realmente mueven tu corazón. Por ejemplo, si valoras la fe, probablemente anhelas que tus días empiecen con oración, con paz, con silencio, que tengas esta conexión con el Señor y que crezcas en tu relación con Él. Si valoras la familia, tus decisiones deberían reflejar presencia, escucha, amor, paz, reaccionar siempre no desde la ansiedad, no desde el prisa, no desde el corre-corre, no, desde el amor, desde la paz en tu corazón. O tal vez si para ti el valor es la salud, bueno, cuidar tu cuerpo, dormir bien y comer con conciencia se vuelve una forma de honrar tu cuerpo, que es templo del Espíritu Santo. San Ignacio de Loyola decía, no el mucho saber harta y satisfacer el alma, sino el gustar internamente de las cosas. Y esto también aplica a los valores. No se trate Se trata de hacer listas interminables y de seguirnos llenando de informaciones y más, más, más, más. No, se trata de sentir internamente que te da vida, que te conecta con Dios y con tu propósito. Si tienes alguna duda acerca de cuáles son los valores que deben regir tu vida, déjame compartirte esta parte de la palabra en Miquea 6.8. El Señor ya te ha dicho, oh hombre, ¿en qué consiste lo bueno? ¿Y qué es lo que Él espera de ti? ¿Que hagas justicia? que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios. ¿No? Súper claro. Estos son los valores con los que Dios quiere que dirijas tu vida. Justicia, fidelidad, amor, obediencia. obediencia a él el catecismo de la iglesia católica también nos dice que la virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien permite a la persona no sólo realizar actos buenos sino dar lo mejor de misma esto está en el numeral 1803 cuando identificas tus valores te das cuenta de que tus hábitos son la manera práctica de vivir tus virtudes por ejemplo de nuevo si valoras la familia el hábito podría ser cenar juntos sin pantallas no si valoras la fe el hábito podría ser meditar la palabra antes de dormir? Si valoras la caridad o el amor, el hábito podría ser ofrecer tu rosario una vez a la semana por alguna persona, por alguna causa en particular, o tal vez visitar a los enfermos, o dar tu tiempo al servicio, al servicio de la iglesia, pero hacerlo de una forma habitual. Este hábito es hermoso, pero de verdad, porque no solo recibes la alegría y ese gozo que solamente viene cuando das, sino que también le enseñas a tus hijos este hábito maravilloso de dar a los demás, ¿no? Y de practicar el segundo mandamiento, amar a tu prójimo como a ti mismo. La invitación de verdad es que te tomes unos minutos para escribir y meditar qué valor necesito colocar en el centro de mi vida, en esa etapa en la que estoy. Dios no te pide que desatiendas tu hogar, que faltes a la primera misión que te dio, la primera vocación que te dio como esposa y como madre. No, Él no te está pidiendo eso, pero te está pidiendo que alinees tus hábitos y tus acciones con Él. Así que primero piensa qué valor necesito colocar en el centro de mi vida, en Y después, ¿qué hábito puede ayudarme a expresar ese valor cada día? Recuerda, no puedes vivir una vida alineada si tus hábitos contradicen tus valores. Y tampoco puedes cambiar tus hábitos si no tienes claro por qué y para qué los estás cambiando. De verdad, el propósito aquí no es hacer más cosas, sino hacer lo que realmente importa con amor y dirección. El Evangelio nos lo dice muy claro en Mateo 6.33. Busquen primero el reino de Dios y su justicia perfecta. perfecta y todo lo demás se les dará por añadidura. Hablemos ahora de cómo alinear tus hábitos con tus valores. Ahora que ya sabes que tus valores son los pilares de tu vida, viene el paso más hermoso y también más difícil, alinear tus hábitos con ellos. Porque de nada sirve saber lo que valoras si tus días no lo reflejan. Y, again, de verdad, no se trata de hacerlo todo perfecto, sino de darle una forma visible a tu propósito. ¿Cómo lo vamos a hacer? Bueno, primero tienes que hacer espacio para lo esencial. Antes de construir nuevos hábitos, necesitas abrir espacio. El exceso de actividades, de ruido, de distracciones puedes estar apagando lo que más amas. Es súper importante que te tomes un tiempo para reflexionar y para hacer una revisión de tu día y que decidas qué cosas podrías simplificar o simplemente eliminar porque no te sirven de nada, no te ayudan en tu misión como madre, como esposa, no te ayudan en tu meta final que es la santidad. También es importante saber en dónde estás invirtiendo energía que no te produce paz ni propósito. A veces el soltar lo innecesario te da la claridad que necesitas necesitas. Es increíble como algo así, algo que puede parecer muy simple en la práctica, te puede ayudar tanto, ¿no? Y entonces el orden exterior comienza a reflejar tu orden interior, ¿no? Eclesiastes nos lo dice, todo tiene su momento oportuno. Hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo. Cuando entiendes esto, aprendes a vivir no en prisa, corre, corre, sino en propósito. El segundo paso es crear micro hábitos que reflejen lo que amas. No necesitas grandes cambios, no necesitas así como que cambiar toda tu vida, vida en un día. No, solo pequeños actos de coherencia diaria. Y esto es lo más difícil. Qué difícil es vivir de una manera congruente. Qué difícil es vivir tu fe 24-7, porque el mundo nos jala, nos absorbe, porque no hacemos el tiempo para realmente alinear nuestro propósito, nuestras acciones y todo al Señor. Si tu valor es la fe, de verdad, puedes comenzar con algo tan simple como darle gracias a Dios cuando despiertes, ¿no? O tal vez el leer un versículo de la palabra antes de irte a dormir. Si tu valor es la familia, propon una cena sin pantallas o hacer oración al final de cada día. Son cosas simples, de verdad, no necesitas cambiar el mundo. Si tu valor es la paz, apaga las notificaciones del teléfono, desconectate del celular en cuanto llegues a tu casa, disfruta los momentos de silencio. El catecismo nos dice que las virtudes humanas adquiridas mediante la educación, mediante actos del y por una perseverancia mantenida siempre en el esfuerzo, son purificadas y elevadas por la gracia divina. Esto está en el numeral 1810, ¿no? Aquí para nada habla de perfección, ojo, pero de perseverancia, de esfuerzo. Para nada es fácil mantener o crear hábitos alineados con el Señor, ¿no? Porque el demonio nos pone tentaciones, nos pone muchas distracciones. Por supuesto, no conoce nuestras debilidades y nos presenta cosas que son que hacen que nuestras debilidades salgan que son apetecibles que son atractivas a nosotras el demonio siempre nos ataca pero con la gracia de Dios nos mantenemos en la lucha y ganamos porque Cristo venció primero cada pequeño paso le repite al mundo y a ti misma esto es lo que valoro esto es lo que quiero cultivar esta es la manera en la que yo vivo mi propósito y mi fe 24 7 y con el tiempo estos micro hábitos se vuelven estilo de vida definitivamente Nuevamente, sí. Y el paso tres, revisa tu día con intención. No puedes alinear, ni corregir, ni ajustar lo que no observas, ¿no? Por eso el dedicar unos minutos al final del día para hacer un pequeño examen de conciencia es súper, súper importante. Y además estaba muy recomendado por San Ignacio de Loyola. Así que por favor pregúntate, ¿viví hoy de acuerdo con mis valores? ¿Dónde actué desde el amor? ¿En qué momentos me desconecté de lo esencial? Again, esto no es un momento para juzgarte, ni para culparte, ni para give up. Al contrario, Es para reconciliarte, para agradecerle al Señor el que te esté mostrando tus fallas y para hacer todo lo que esté de tu parte para corregirlas para el siguiente día. Recuerda, y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Esto está en Gálatas 2.20. Cada noche puedes ofrecerle a Dios tu jornada, tus errores, tu esfuerzo y pedirle la gracia de seguir creciendo y de empezar de nuevo cada día. Cuando intentas cambiar tus hábitos desde la fuerza de voluntad, el cansancio te alcanza súper rápido, ¿no? Pero cuando los cambias desde la gracia, desde el amor y la conciencia de que Dios te acompaña en cada paso, la vida cambia. Porque no se trata solo de ser disciplinada, sino de dejar que el Espíritu Santo transforme tu corazón y tu vida. Ahí es donde la fe se convierte en acción. Y te lo vuelvo a decir, no necesitas hacerlo todo perfecto. Solo dar un primer paso con conciencia, con fe y con la confianza de que Dios hará el resto. Y hablando de primeros pasos, te quiero invitar a que nos acompañes el próximo 20 de noviembre en un taller especial que hemos preparado solo para ti. Y este taller se llama El Primer Paso. Descubre el hábito clave para transformar tu vida. Este va a ser un espacio para reflexionar, para identificar ese hábito que puede desbloquear grandes cambios y para que empieces a vivir con más claridad, con más propósito y con más paz. Si aún no estás en nuestra lista de correo, inscríbete a nuestra página del podcast. Te la voy a dejar aquí abajito para que te llegue muy, muy pronto esta invitación. Again, es el jueves 20 de noviembre, 6 de la tarde, Easter time desde Zoom. Esto es un taller online. Además, si aún no lo has hecho, quiero invitarte a responder nuestro quiz gratuito, ¿Por qué procrastinas? Descubre tu bloqueo y cómo vencerlo. Este es un quiz súper rápido, dos minutitos y te va a ayudar a descubrir que te está robando la paz. Y también al finalizar, vas a recibir nuestra guía 5 estrategias espirituales para mamás católicas. Deja de procrastinar y vive con paz y con propósito. Estos recursos son para ti, son creados con todo el amor y por supuesto basados en nuestra fe católica. Muchas, muchas gracias por haberme acompañado en este episodio. De verdad espero verte el 20 de noviembre en nuestro taller. Que Dios y nuestra Madre María Santísima te acompañen siempre y nos escuchamos muy pronto.

UNKNOWN

Bye, bye.

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