Mindset Para Mamás Católicas

78. ¿Terminas el día sintiendo que no hiciste suficiente?

Liliana Contreras Season 3 Episode 78

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¿Terminas el día sintiendo que no hiciste suficiente? No fue un día de crisis. Fue un día normal. Hiciste de comer, llevaste a los niños, trabajaste, quizás hasta intentaste un momento para ti… y aun así, al cerrar los ojos llegó esa voz: "no fue suficiente, te faltó paciencia, te faltó oración, te faltó presencia."

En este episodio le ponemos nombre a esa voz y la desenmascaramos — porque aunque suene "piadosa", muchas veces no viene de Dios. Viene del perfeccionismo y de una medida injusta que siempre te deja perdiendo.

Hablamos de la trampa de la lista interminable en la maternidad, de cómo terminamos midiendo nuestra dignidad por pendientes tachados, y de una distinción que puede cambiar todo para tu salud mental y tu vida espiritual: la tristeza según Dios te acerca, te invita a crecer y a empezar de nuevo; la tristeza del mundo te acusa, te deja agotada y te aleja.

También compartimos el estándar correcto: Dios no te está pidiendo perfección, te está pidiendo fidelidad.

En este episodio:

  • Por qué la lista de pendientes nunca fue diseñada para terminarse
  • Cómo distinguir la voz de Dios de la voz del perfeccionismo
  • La diferencia entre culpa sana y culpa tóxica (2 Corintios 7:10)
  • Tres pasos concretos para cerrar tu día en paz, no en deuda

Versículo del episodio: Marcos 6:31 — "Venid vosotros solos a un lugar desierto y descansad un poco."

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Preguntas Que Delatan La Culpa

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¿Eres de esas mamás que mientras rezan el rosario, también piensan en lo que cocinarán para la cena? ¿O mientras trabajas, estás pensando en tus hijos? ¿O mientras estás con tus hijos, solo piensas en que necesitas tiempo para ti? Entonces, llegaste al lugar correcto. Bienvenida a Mindset para Mamás Católicas. Aquí vamos a reír y crecer juntas mientras aprendamos a cuidar de nuestra salud espiritual, física y mental. No importa si estás lidiando con pañales, berrinches o con teenagers incomprendidos, esta ¿Qué haces para ti? Vamos a disfrutar de entrevistas fascinantes, reflexiones espirituales y consejos prácticos para mantener tu paciencia intacta. O bueno, ¿qué haces siempre? Mientras navegamos por la emocionante montaña rusa de la maternidad. Porque aquí, si algo sabemos hacer bien, es enfrentar cada día con esperanza, amor y un poquito de caos organizado. Sintoniza cada semana Mindset para Mamas Católicas y únete a esta aventura celestial.

UNKNOWN

Gracias.

Bienvenida Y La Sensación De Fallar

SPEAKER_00

Muy buenos días. Bienvenida a Mindset para mamás católicas. Mi nombre es Liliana Contreras y soy la creadora de este podcast. Hoy quiero empezar con algo un poquito diferente. Quiero hacerte una pregunta. Por supuesto, no tienes que responderla en voz alta. Puedes responderla en tu corazón. ¿Cuántas veces esta semana te acostaste sintiéndote que el día no fue suficiente? No el día que tuviste una crisis, no el día que todo salió mal. Un día normal, un día cualquiera, ¿no? Un día donde hiciste de comer, llevaste los niños, trabajaste, quizás hasta intentaste durar un momento y aún así al final de ese día quedó esa sensación rara en el pecho. Esa sensación de pude haber hecho más, otra vez fallé, otra vez no hice todo lo que tenía que hacer o lo que se suponía que debía de hacer. Hoy vamos a hablar exactamente de eso, de dónde viene esa vocecita, por qué te miente y sobre todo tres cosas concretas que puedes hacer hoy mismo para empezar a escucharla diferente. ¿Estás lista? Perfecto, vamos a comenzar.

Cuando Te Miras Y No Te Ves

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Hoy quiero contarte algo que durante mucho tiempo no me atreví a decir en voz alta. Hubo una etapa en mi vida en la que, bueno, yo ya tenía varios años caminando a la iglesia, ya tenía más o menos mi vida encaminada, ¿no? En la que empecé a darme cuenta que cada vez que me paraba enfrente al espejo, trataba de no mirarme. porque cuando me miraba era como si no reconociera a la persona que tenía enfrente. O sea, yo podía ver a la mamá, yo podía ver a la profesionista, a la esposa, a la hermana, pero la mujer nomás no, no la veía por ningún lado. Y lo más extraño era que desde afuera mi vida se veía bien. O sea, un marido increíble, mis hijos hermosos, sanos, trabajo que realmente me encantaba, comunidad católica, mucha fe en mi corazón. O sea, se suponía que todo estaba bien, pero por dentro mi casa no se sentía como un hogar, ¿no? Se sentía como el epicentro de una batalla. Y yo en medio de todo, tratando de hacer lo necesario para sobrevivir cada día y ya. La verdad es que al final de cada día me llegaba ese inventario, ¿no? Silencioso, pero súper implacable. Todo lo que no había hecho, todo lo que había hecho mal, todo... las veces en las que había perdido la paciencia con mis hijos o con mi esposo esa oración que solamente había quedado en intención porque pues nunca la podía hacer o nunca la podía hacer como yo quería el que siempre estaba con mis hijos pero mi cabeza estaba en otro lado incluso también tenía que reconocer que estaba en mi trabajo pero no me concentraba porque estaba pensando en mil cosas que no tenían nada que ver con el trabajo y con ese inventario pues yo siempre llegaba a la misma conclusión no fue suficiente, le le Ana, no fuiste suficiente. ¿Conoces esa voz? Porque si me estás escuchando ahora mismo, ya sea que vayas manejando, que estás lavando trastes o con los audífonos puestos mientras doblas la ropa, creo que la conoces. Hoy me gustaría que platicáramos de dónde viene esa voz, ¿no? Porque te prometo que cuando la identifiques ya no va a tener el mismo poder sobre de ti. Hablemos

La Trampa De La Lista Infinita

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primero de la trampa de la lista que nunca se termina. Primero quiero dejarte algo súper claro antes de empezar. Esto no es para que te sientas peor. No te estoy juzgando, no te estoy etiquetando. Es para que puedas ver con claridad lo que está pasando a tu alrededor. Esa voz que te hace el inventario al final del día tiene un mecanismo, ¿no? Y cuando lo entiendes, le quitas el poder, le quitas esa capacidad de mantenerte en el mismo círculo vicioso, por decirlo de alguna forma, ¿no? Así funciona. Vivimos midiendo nuestro día por lo que logramos hacer. Y cuando la lista no se acaba, créeme, te prometo que nunca se va a acabar porque así es la maternidad. Siempre hay cosas que hacer, ¿no? Concluimos automáticamente que fallamos. Y aquí está el problema. La lista, esta lista de cosas que tenemos que hacer, nunca fue diseñada para terminarse. Es infinita por naturaleza. Entonces, estás midiendo tu valor como una regla que siempre va a decirte que te faltó algo. Siempre, siempre, siempre. Y muchas veces suena así, ¿no? Es que no llegué a todo, es que no Fui suficientemente paciente. Es que debí haber orado más. Es que debí haber estado más presente. Es que, es que, este. Reconoces esas frases, ¿verdad? ¿Sabes que la Biblia tiene algo hermoso que decirte sobre esto? En Marcos 6, Jesús vio a sus apóstoles regresar después de trabajar muchísimo. Tanto que ni comer habían podido. ¿Te lo puedes imaginar? Y lo primero que les dice Noé es, ¿qué más les faltó hacer hoy? él les dice vengan vamos nosotros solos a descansar en un lugar tranquilo esto está en marco 631 eso mismo te dice el señor a ti hoy no te está preguntando que te faltó no te está diciendo ven descansa ya hiciste suficiente dos mujeres pueden vivir días muy similares una llega a la cama muerta literalmente no sintiendo que falló sintiéndose fatal la otra llega cansada porque el cansancio es real eso no lo vamos a negar pero llega en paz, sabiendo que lo que hizo lo hizo con amor. ¿Cuál es la diferencia entre estas dos mujeres? Definitivamente no es la cantidad de lo que hicieron, es la regla con la que lo midieron. Y eso es exactamente lo que hoy vamos a cambiar. Hay una mujer que me encanta pensar en ella cada vez que empieza con este inventario de todo lo que no hice, ¿no? Su nombre es Alia Martín. Me parece que la he mencionado en el podcast con anterioridad, pero si no, te invito a que leas su historia. Esta mujer fue mamá de cinco hijas, tenía su propio negocio. De hecho, en En el 2015 el Papa Francisco la canonizó, pero créeme, no la canonizaron por terminar su lista. No, la canonizaron por todo el amor con que hacía cada cosa. Esa es la diferencia que me gustaría que hoy te llevaras de este episodio.

Culpa No Es Conciencia

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hablemos ahora acerca de dónde viene esa vocecita que escuchamos y por qué definitivamente no viene de Dios y esto es sumamente importante y para entenderlo créeme que cambió todo esa voz que te hace el inventario al final del día no es la voz de Dios y yo que muchas veces nos confundimos porque como mujeres de fe a veces creemos que sentirse culpable es lo mismo que tener conciencia que si te sientes mal por lo que te faltó entonces eso es ser buena mamá pero no es así y déjame con Compartirte algo que creo que lo voy a compartir en otros episodios. Si ya lo habías escuchado, disculpa. Si no lo has escuchado, bueno, espero que te sirva. Durante el COVID, cuando de repente todos estábamos en casa, yo con cinco hijos, trabajando desde la sala, desde el comedor, desde donde podía, me di cuenta de algo que me partió el corazón, pero tremendamente. En medio de todo esto, me cayó el 20 de que no sabía prácticamente nada acerca de la vida de mis hijos. No sabía los nombres de sus amiguitos, no sabía que estaban aprendiendo en clase, no sabía cuáles eran sus canciones o sus temas favoritos. Es más, o sea, ni siquiera me sabía el nombre de todos sus maestros. Sí, yo que son cinco, bueno, es que son muchos. Sí, pero créeme que yo vivía sumamente desconectada de la realidad de mis niños, ¿no? O sea, siempre poniendo el trabajo primero, según yo. Si me preguntabas, Liliana, ¿cuáles son tus prioridades yo siempre decía, no, sí, mi familia, la fe y demás, pero ahí en el COVID mi golpe de realidad tremendo porque me di cuenta de que en realidad para la prioridad era el trabajo, por muchas razones, ¿no? Que ahorita eso es como para otro episodio completo, pero sí, fue un golpe de realidad tremendo. Había estado tan ocupada sobreviviendo el día que me había perdido realmente de cada día, ¿no? Llegó esa voz fuerte, implacable, es que eres la peor de las mamás, ¿no? Estabas ahí y nunca te enterabas de nada. Pero escucha esto con atención. Esa voz acusadora, aunque dolía, no era la voz de Dios. Era el enemigo usando mi amor por mis hijos como arma. Porque Dios no me habló esa tarde con culpa. Me habló con una invitación. Ok, empieza hoy. Todavía estás a tiempo. Todavía puedes arreglar las cosas. ¿Ves la diferencia? San Pablo nos lo explica clarísimo en la segunda carta a los Corintios 7.10. La tristeza, según Dios, produce arrepentimiento que lleva a la salvación. La tristeza del mundo produce muerte. Y entonces aquí está la pregunta clave. Esa voz que te habla al final del día, ¿te está acercando o te está alejando de Dios? ¿Te dan ganas de intentarlo de nuevo mañana, de abrazar más a tus hijos, de rezar, de estar más presente, de crecer, de aprender? Esa es la tristeza que viene de Dios. Eso es conversión. Pero si esa voz solamente te deja sintiéndote fatal, agotada, sintiéndote fracasada, entonces esa no es tu conciencia, mamá. Ese es el enemigo usando tu perfeccionismo como arma. Y créeme, no tienes por qué seguir viviendo así.

Dios Pide Fidelidad, No Perfección

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Hablemos ahora del estándar correcto, porque Dios no te está pidiendo perfección, te está pidiendo fidelidad. Entonces, si la lista no es el estándar correcto y la voz de la culpa no es de Dios, pues es el estándar correcto. Aquí es donde quiero contarte por qué estoy aquí, por qué empecé este podcast. Cuando yo comencé a aprender todo esto, las herramientas, el mindset, la fe integrada en el día a día, había un pensamiento que me volvía una y otra y otra y otra vez, ¿no? Y ese pensamiento era, si mi mamá hubiera sabido esto, qué diferente hubiera sido todo. No solamente la vida para mi hermano, para también la vida para ella es más hasta el día de hoy su realidad sería totalmente diferente mi mamá fue mamá soltera hizo todo lo que pudo con lo que tenía alrededor que con sus propios dones y talentos pero también hizo también lo hizo con sus propias heridas y dolores nos amó como pudo a su manera pero nadie le enseñó a ser mamá nadie le dijo que podía vivir su fe y su vida al mismo tiempo nadie le dijo que dios la amaba incondicionalmente desde mucho antes Antes de haberla creado, nadie caminó con ella. Y yo crecí sintiendo esa soledad. No porque me faltara el amor, sino porque a ella le faltaron las herramientas. Yo no quiero que haya más mamás allá afuera sintiéndose solas en esto. Y no quiero más hijos que crezcan pensando que a sus mamás no les importaba, cuando en realidad lo que les faltó fue alguien que las acompañara, alguien que las guiara, que les enseñara, pero sobre todo que les dijera, hey, Dios te ama. ¿Sabes qué significa ser fiel en la maternidad? Significa que me levanté, intenté, amé, y cuando fallé, volví a empezar. Eso es todo. Eso es fidelidad. La madre Teresa decía algo que me parece hermosísimo. Ella decía, Dios no nos llamó a ser exitosos, nos llamó a ser fieles. Ese es el estándar real. No cuánto hiciste, más bien si fuiste fiel y si amaste, aunque sea en un momento del día.

Tres Pasos Para Cambiar La Voz

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Hablemos ahora de los tres pasos concretos y cómo empezar desde el día de hoy. Bueno, ya sabemos de dónde viene esa voz. Ya sabemos que no es de Dios. Ya sabemos cuál es el estándar correcto. Ahora, ¿cómo empezamos a cambiar esto hoy? No mañana, hoy. Solo tres cosas, pequeñas pero reales. La primera, cambia la pregunta del cierre del día. Esta noche, antes de cerrar tus ojitos, en lugar de preguntarte qué me faltó hacer, pregúntate esto. A hoy intenté... ¿Estuve presente o qué en un momento? Puede ser un momento tan pequeño como el abrazo que le diste a tu hijo o a tu hija. El momento que escuchaste a tu esposo aunque estabas cansada. La vez que respiraste hondo en lugar de gritar. Si la respuesta es a cualquiera de estas preguntas, di en voz baja. Gracias, señor. Gracias, porque hoy hice lo suficiente. Eso es todo. No necesitas más. Paso número dos. Identifica la voz en tiempo real. Esta semana, cuando escuches esa voz acusadora, porque créeme, va a llegar, o sea, te lo prometo. Quiero que hagas una sola cosa. Pregúntate, ¿esta voz me acerca o me está alejando de Dios? Si te acerca, es conversión. Escúchala y haz lo posible por corregir lo que puedas. Si te aleja, entonces es el enemigo. Ignórala. Y en el momento en que la identifiques, puedes decir mentalmente, yo soy la hija muy amada de Dios. Esta voz Solamente haz esa pausa. Recuerda decirte, yo soy la hija muy amada de Dios y esta voz no habla por él. Y paso número tres. Una oración de 30 segundos al cerrar el día. Antes de apagar la luz, antes de que te duermas, di esto. No tienes que memorizarlo perfectamente. Las palabras pueden ser tuyas, pero más o menos algo así. Señor, hoy no lo hice todo y está bien. Intenté, amé, seguí. Tu gracia es suficiente, Señor, aunque yo no lo sea. Mañana empezamos de nuevo, y yo, Señor.

UNKNOWN

Amén.

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Eso es todo. 30 segundos. Eso es todo. 30 segundos. Todos los días antes de dormirte. Te prometo que algo va a empezar a cambiar en tu corazón. Crea.

Dos Mundos, Rosario Y Siguiente Paso

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Y ya para terminar este episodio, quiero decirte algo que a nadie me dijo cuando más lo necesitaba. Así que si lo necesitas, espero que realmente te sirva. Hubo un tiempo en que yo quería hablar de cómo me sentía, ¿no? Ese cansancio, esa sensación de no estar siendo la mamá que yo quería ser, pero no sabía quién contarle sin sentirme juzgada, ¿no? Me sentía realmente como en dos mundos diferentes. Por un lado, mi mundo de la comunidad de la iglesia, pero no se hablaba de cuidar tu salud mental, de tu salud física, como que no había... Sin ánimo de criticar a nadie, no estoy criticando a mi comunidad ni nada, pero como que me costaba mucho encontrar la manera de aterrizar mi fe en el día a día. Y por el otro lado, yo en cursos de desarrollo personal, de crecimiento en el trabajo, donde había mucho de esto, de salud mental y demás, pero cero salud espiritual. Entonces era como estar en medio de dos mundos totalmente diferentes. No sé, me costaba mucho encontrar a alguien con quien platicar, con quien desahogarme. con quien ser honesto y decirles que esto es lo que está sintiendo mi corazón y esto es lo que hay en mi cabeza y no qué hacer no y si hoy te sientes así quiero que sepas que no estás sola y que lo que sientes tiene solución no perfecta pero real Lo que a me ayudó primero fue rezar el rosario, siempre de la mano de Nuestra Señora, pues abriéndole mi corazón y diciéndoles que yo no por qué me siento así, no qué hacer, me siento súper culpable porque yo que tengo muchas bendiciones en la vida, pero hay algo que no está bien, ¿no? Y como ya te lo he compartido en otras ocasiones, yo creo que fue ella la que me llevó a un evento online de mamás cristianas en aquel entonces, donde conocí a la que fue mi primera mentora, que es Luisa Canin, que te he compartido en otras ocasiones como parte de mi historia y bueno de ahí empezó un crecimiento tremendo a nivel a nivel personal y a nivel espiritual no pero siempre fue ella siempre fue mi señora y siempre será ella la que me muestre por dónde ir entonces mi recomendación número uno siempre será que creces al rosario Por supuesto, ya después vinieron las herramientas, el acompañamiento, el proceso y demás, pero siempre lo primero es el rosario. Además, créeme que todo este espacio, todo mi trabajo está justo dedicado a esto, acompañarte, ayudarte, a darte herramientas que te sirvan a integrar tu fe en tu día a día. Y si este episodio te movió algo por dentro, ya sabes cuál es el siguiente paso. Tengo un quiz de dos minutos que te va a decir exactamente qué te está frenando tu paz en esta etapa. No es para evaluarte, es para darte claridad. El El enlace está aquí en las notas. Ve y contéstalo hoy, no mañana, hoy. Porque no estás llamada a vivir confundida. Estás llamada a vivir con intención como la hija muy amada de Dios. Que Dios y Nuestra Madre María Santísima te acompañen. Nos escuchamos muy, muy pronto. Gracias por estar aquí. Gracias por seguir aquí. Y bueno, seguimos juntas caminando para la gloria de Dios. Bye, bye.

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