LEER TE DA MÁS
Me presento, soy Paulo Cosín autor de libros que explican, desarrollan y analizan las claves que permiten que los jóvenes y adolescentes encuentren su interés por los libros y la lectura.
¿A quién no le gusta leer? Esa es la pregunta que les hago a los jóvenes, y resulta que me sucede con frecuencia que más del 80% levanta la mano. A los 40 minutos agradecen que les hayas explicado por qué leer es importante para ellos, ¿qué sucede?
De eso hablaremos en los siguientes episodios de Leer te da más.
LEER TE DA MÁS
36- LEER TE DA MÁS con Paulo Cosín. La bola de cristal.
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
En este pódcast Paulo Cosín narra cómo, a través de las aventuras del Pequeño Nicolás y otras anécdotas divertidas, contribuyó a que unos alumnos de primaria descubrieran su capacidad de anticipar el futuro a través de la lectura y que observaran que funciona como si de una la bola mágica de cristal se tratara.
El día 23 de abril de este año me lo pasé muy bien. Para celebrar el Día del Libro, acepté la invitación de tener una charla con los alumnos del Colegio Público Esperanza de Madrid. Me dijeron que habían leído alguno de los libros del pequeño Nicolás. ¡Qué casualidad que es uno de mis libros preferidos! Justamente este, Les vacances du petit Nicolás. A este libro acudo cuando me apetece tener un buen rato y reírme. Sus autores son Sampe y Gotchini. Este último, Gotchini, lo recordarás porque es el guionista de las aventuras de Asterix Obelis, es decir, el autor del libro La cizaña del que hablamos en el episodio 32. Bueno, pues así que para inspirarme, pensando en el encuentro con esos alumnos de primaria, en el metro, de camino al cole, me entretuve leyendo esas historias de las vacaciones del pequeño Nicolás con su familia. Yo iba partido de risa bajo el asombro del resto de pasajeros. Estos levantaron daban la vista del móvil, así como mirándome con gesto de extrañeza diciendo, a este tío le pasa algo. ¿Verdad? No es normal eso de irse riendo en el metro por la mañana a primera hora. Por eso esa situación me recordó a una viñeta de Kino. En ella vemos al padre de Mafalda en el vagón del metro. Está de pie, con su traje, sujetándose a la barra superior con una mano, mientras que con la otra lleva la cartera. Se dirige al trabajo con una gran sonrisa que contrasta con el gesto malhumorado del resto de los pasajeros. Son Observa que nos ha fitado una pequeña zona aquí en la mejilla. Resulta que es justo donde su niña Mafalda le dio un beso cariñoso por la mañana cuando se levantó. ¡Qué lindo gesto! Llegué así, animado al colegio, y seguía riéndome recordando al pequeño Nicolás cuando comencé el encuentro con los alumnos de tercero y cuarto de primaria. De ocho a diez años, más o menos. desbordaban entusiasmo me saludaron con alegría mientras sentaba yo les iba preguntando qué tal estaban recuerdo que un chico me dijo que realmente estaría mejor en su casa por eso le propuse que cuando termináramos me tendría que decir si finalmente le había gustado más estar en la escuela o en su casa y así fue al terminar me acordé de preguntárselo y con cara de satisfacción y agradecimiento me dijo que tenía razón que lo había pasado muy bien y además añadió he aprendido mucho. Luego otra chica, cuando yo ya me estaba despidiendo de todos y salían, se acercó a mí, me abrazó y mirándome así de abajo arriba me dijo, muchas gracias, ya ves que ese día valió la pena. Pero ¿qué es lo que sucedió durante ese encuentro? Loli, la profesora, que fue la que me propuso ir ese día, me había soplado que les gustaba la serie de Ana Cadabra. Trata de una niña que se aprendió de bruja. Así que me llevé mi bola de cristal, que la tengo, se la mostré y les hablé también de los poderes que me proporcionaba. Antes de comenzar les solicité que, por favor, levantaran la mano aquellos a los que les gustaba leer. Lo hicieron casi todos y con tanto entusiasmo que parecía que el brazo se le iba a desprender del cuerpo. Observé mi bola de cristal y de pronto, mirando con cara de preocupación, les dije, vaya, no me gusta lo que me está mostrando. ¿Qué es? Me preguntaron con curiosidad. Pues mira, veo a alguien que os hace la misma pregunta, pero en el futuro. Y lamentablemente al menos 10 de vosotros ya veo que no levantan la mano. Eso no puede ser, exclamaron algunos indignados. Y antes de que se les ocurriera pensar, vaya, este ha venido aquí a aguarnos la fiesta, me anticipé a calmar su inquietud. No os preocupéis, porque la bola mágica también da el poder de cambiar el futuro. Y a eso he venido. ¿Queréis que lo intentemos? Ante su respuesta afirmativa, comencé con una escena del pequeño Nicolás que acababa de leer en el metro. Era más o menos así. El padre del pequeño Nicolás había puesto lo mejor de sí mismo para defender la propuesta de ese año para las vacaciones de verano. Le iba la vida en ello, pues la alternativa era repetir la de todos los años, que era ir a la casa del pueblo en el interior con sus suegros y con ellos dentro, claro. Se comprende su entusiasmo cuando por fin se encuentra en la playa, de arena fina, dorada, dispuesto a tomar su baño de sol. Según llegaron, le indicó a Nicolás que fuera a jugar con sus amiguitos. Y mientras se su gran sonrisa de satisfacción y le escuchaba decir ¡Ay, Nicolás! ¿Cuándo pienso en mis colegas que están ahora en la oficina? Ya tumbado en la toalla, la paz del padre se interrumpe cuando el balón de Irene, una amiga de Nicolás, le da en la cabeza. Su ración nos hace esperar y sintiéndose joven y alegre, le da una patada fuerte al balón y le dice a su hijo Por favor, ¿podéis iros a jugar un poquito más lejos? Y se vuelve a tumbar en su esperada toalla. Todo parece que vuelve a la normalidad hasta que llega Irene con su padre que señala al padre Nicolás con el dedo diciendo ¡Ha sido él, papá! Entonces el padre de Irene, que tiene un físico de boxeador de pesos pesados, le pregunta al padre de Nicolás. ¿Es usted quien ha enviado el balón de mi hija al mar? Bueno, sí, respondió el padre de Nicolás. Pero eso fue después de recibir yo también un balonazo en la cara. Fíjese cómo la tengo. Todavía se veía la marca de arena creada por el balón en la cara untuosa de crema del padre de Nicolás. Los niños vienen a la playa a disfrutar, continuó el padre de Irene. Y si a usted eso le molesta, haría mejor quedándose en su casa. Bueno, no se preocupe, iré a buscar ese famoso balón, acudió el padre Nicolás. Todo esto en contra del consejo de su esposa, que también quiso intervenir recomendándole que hiciera caso omiso del padre de Irene, pero luego observó que su recomendación había sido ignorada. Así que se quedó con esa cara como pensando, pero qué calzonazo eres. Hace usted muy bien, yo en su lugar también iría, finalizó amenazante el padre de Irene. Así que el padre de Nicolás no tardó en zabullirse en rescate del balón, que la brisa de ese día además empujaba con insistencia hacia Altamar. Pero nuestro héroe del día, el bonachón del padre Nicolás, regresó con su presa, fatigado y exhausto, eso sí, pero lo consiguió. Ahí no terminan las dificultades que tendrá que seguir superando el padre Nicolás. Ahí te dejo el libro. Les conté más o menos este relato y también les relaté otra anécdota que me hizo recordar una escena parecida que me sucedió en una playa del Mediterráneo muy turística. Sucedió que el viento predominante que hacía ese día era de tierra-mar. Yo lo estaba observando pues me disponía a salir a navegar en Serifos, que es un velero 470 que me estaba esperando. En esto llegó una familia de norteamericanos con gran expresión de felicidad en sus rostros, como la del padre Nicolás cuando llegó a la playa. Esta familia llamaba la atención porque cada uno de ellos llevaba un hinchable a cual más grande. La niña, un unicornio. El más pequeño, un delfín que lo eclipsaba totalmente. El padre, un flotador king size. Y ya no recuerdo el de la madre. Mientras el padre escarbaba para sujetar bien la sombrilla y la madre embadurnaba de crema a sus hijos, yo que observaba la escena empecé a decir ¡Ay madre, ay madre! Estaba adivinando lo que iba a suceder. Creo que te lo puedes imaginar, ¿verdad? Los alumnos del Colegio Esperanza no tuvieron ninguna dificultad para acertar. A ver tú. Pues eso, flotador, delfín y unicornio comenzaron a alzar el vuelo para luego seguir brincando por toda la playa hasta recalar en la orilla. Y ya en el agua empezaron a girar y girar sobre sí mismos, perdiéndose en el horizonte. Padre e hijos corrieron hacia la orilla. Incluso se adentraron en el agua en un intento inútil por recuperar sus juguetitos de playa. Seguro que se llevaron un disgusto, pero no creo que eso les hiciera perder la ilusión del día. Al poco rato, yo salí a navegar con un amigo, en Serifus. ¿Y qué pasó? Que rescaté al delfín. Del unicornio y del flotador nunca se supo. Imagino que un bañista de Mallorca, al otro lado, a lo mejor se llevó una grata sorpresa. Cuando yo regresé con el delfín ya no estaba la conocida familia, así que les di una alegría a mis hijos. El famoso hinchable nos duró varios años y cada vez que lo veía me sonreía recordando a esa familia y al padre del pequeño Nicolás. Es solo un ejemplo de cómo somos capaces de anticipar lo que va a suceder, una de las funciones mentales que se desarrollan con la lectura. Esa capacidad nos permite anticipar el futuro y prevenirnos ante las consecuencias si si estas no nos gustan. Esto les conté a mi joven audiencia después de otros 50 minutos más que durosa charla con ellos, en la que hablamos de la magia y de los poderes que nos ofrecen los libros. Para demostrarlo les dije, veamos si somos capaces de cambiar el futuro. Les hice cerrar los ojos. Cuando ya todos los tenían cerrados, salvo uno que le dije, eh, tú no te escapas, también los cerró. Dejamos un rato y todos concentrados, silencio, les pregunté. ¿Veis el futuro? Bien, ahora que os veis en el futuro, os pregunto, ¿os veis a todos con un libro leyendo? Entonces me contestaron que sí. Y les dije, ¿veis? Si esto es así, ya hemos cambiado el futuro. Pero solo queda una cosa, y es hacerlo realidad. Y para eso debéis recordar que leer te da más.