LEER TE DA MÁS
Me presento, soy Paulo Cosín autor de libros que explican, desarrollan y analizan las claves que permiten que los jóvenes y adolescentes encuentren su interés por los libros y la lectura.
¿A quién no le gusta leer? Esa es la pregunta que les hago a los jóvenes, y resulta que me sucede con frecuencia que más del 80% levanta la mano. A los 40 minutos agradecen que les hayas explicado por qué leer es importante para ellos, ¿qué sucede?
De eso hablaremos en los siguientes episodios de Leer te da más.
LEER TE DA MÁS
60- LEER TE DA MÁS con Paulo Cosín. Necesito unas vacaciones. !Esto es absurdo!
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¿Qué tienen en común Alicia, el humor y las situaciones más disparatadas de la vida? Un viaje por la literatura del absurdo para aprender a pensar de otra manera, reírnos de nuestras contradicciones y descubrir que, a veces, las mejores respuestas están donde menos las buscamos.
Estaba de pie ante el arco de una puerta sobre la que se leía, REINA ALICIA. A ambos lados del arco había sendas manijas: “Campanilla de visitantes” decía una y “de servicio” decía la otra. Aguardaré a que termine la canción —pensó Alicia— y entonces trataré de... ¿Pero ¿cuál de las dos? No soy una visitante ni pertenezco al servicio. Tendría que haber una tercera campanilla que dijera “Reina”.
Justo entonces se entreabrió la puerta y una figura con un pico largo asomó por un instante la cabeza y dijo: —¡Prohibida la entrada hasta la semana después de la próxima! — Y cerró la puerta de golpe.
Alicia, por un buen rato, golpeó la puerta e hizo sonar la campanilla, pero todo fue en vano. Al final, una Rana muy vieja que estaba sentada bajo un árbol se levantó y se la acercó renqueando, muy lentamente: su vestido era de un amarillo vivo y llevaba unas botas enormes.
—¿Qué pasa ahora? —Murmuró con grave ronquera la Rana.
Alicia se volvió, dispuesta a querellarse con el primero que se le cruzase, y empezó a decir muy enojada:
—¿Dónde está el encargado de contestar a la puerta?
—¿Qué puerta? —dijo la Rana.
Está, al hablar, arrastraba tanto las palabras que Alicia apenas pudo reprimir una pataleta de irritación.
—Esta puerta, ¿cuál si no?
La Rana contempló por un rato la puerta con sus ojazos inexpresivos; luego se acercó y la palpo con el pulgar como si comprobara que no se estaba desprendiendo la pintura; finalmente, miró a Alicia.
—¿Contestar a la puerta? —dijo. ¿Qué te ha preguntado? —Su voz era tan ronca que Alicia casi no podía entender lo que decía.
—¿A qué se refiere? —Preguntó Alicia.
—¿Es que hablo en chino? ¿O es que estás sorda? ¿Qué es lo que te ha preguntado la puerta?
—¡Nada! —Respondió con impaciencia Alicia—. Le he estado aporreando ¡y nada!
—¡Mal hecho...!, ¡mal hecho...! —masculló la Rana—. Esto le irrita, lo sabes. —Entonces se acercó a la puerta y le dio un gran puntapié—. Deja la puerta en paz —dijo mientras iba renqueando, jadeante, de regreso a su árbol— y verás cuando te deja a ti también en paz.
Cuando uno se encuentra en una situación tan absurda como la de Alicia es como para abandonar y mejor tomarse unas vacaciones. Es un fragmento de Alicia a través del espejo de Lewis Carroll, uno de los grandes escritores del absurdo junto con Edwar Lear.
Seguro que conoces a algún amigo experto en siempre darle la vuelta al sentido de lo que dices creando una situación absurda o que es capaz de utilizar el lenguaje para crear situaciones sin sentido, absurdas. Un ejemplo es el típico cartel de un bar que dice:
Hoy no se fía, mañana sí.
Para salir de una situación, así como las de Alicia, solo queda imaginación e ingenio como la anécdota que nos recordaba en su monólogo matinal el periodista Carlos Alsina hace unos días. Contaba el caso del profesor de Filosofía que les pidió a sus alumnos que argumentaran en 30 minutos filosóficamente por qué esta silla que tenemos aquí delante no existe, apliquen todo lo aprendido sobre el ser, la existencia, sobre la realidad percibida, la ficción, etc. Mientras todos los alumnos observaban la silla reflexionando cómo enfocar su argumentación, un alumno levantó la mano y le preguntó al profesor: Perdone profesor, pero ¿de qué silla habla? No veo ninguna.
Seguramente ese alumno había leído libros como los dos de Alicia, porque el absurdo es un continuo. Y estoy convencido de que a este periodista le vino la anécdota harto de las conversaciones absurdas que tiene con los políticos a los que entrevista, no me cabe duda.
Dominar el pensamiento absurdo es una gran ventaja y además un excelente recurso para desarrollar el sentido del humor. Tomarse lo absurdo de la vida y sus dificultades con humor siempre resulta de ayuda, y el humor es, además, quizás la mejor manera de mostrar a los demás una crítica de la injusticia social.
Pero el absurdo es mucho más, es más fácil de lo que parece, por ejemplo, cuando jugamos con el significado de las palabras o con el tiempo. Este es el caso que vemos en la merienda de Alicia con el Sombrerero, la Liebre de Marzo y el Lirón que está profundamente dormido, en Alicia en el país de las Maravillas, que verás que es todo un disparate. La Liebre de Marzo le puntualiza a Alicia que no es lo mismo pensar lo que uno dice, que decir lo que uno piensa, como tampoco es lo mismo decir como lo que veo, que veo lo que como, o que me gusta lo que tengo que tengo lo que me gusta.
Y cuando Alicia les dice que podrían emplear mejor el tiempo y no perderlo en acertijos sin solución, el Sombrerero le contesta:
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—Si conocieras el Tiempo como yo, no hablarías de emplearlo o perderlo, él es muy suyo.
—No entiendo lo que quiere decir —dijo Alicia.
—¡Por supuesto que no! —dijo el Sombrerero, sacudiendo altivamente la cabeza—. ¡Me atrevería a decir que ni siquiera le has dirigido la palabra!
—Tal vez no —replicó con prudencia Alicia—; pero en las clases de Música me enseñan a marcar el tiempo.
—¡Ah! ¡Eso lo explica todo! —dijo el Sombrerero—. El Tiempo no soporta que lo marquen no lo clasifiquen. En cambio, si estuvieras con él en buenos tratos, haría casi todo lo que quisieras con el reloj. Por ejemplo, imagínate que fueran las ocho de la mañana, justo antes de empezar la clase: bastaría una simple insinuación tuya, ¡Y el reloj giraría en un santiamén! ¡La una y media: hora de comer!
La cuestión no es tan absurda, cuando uno lo pasa bien el tiempo pasa volando así que en cierta medida si tenemos cierta capacidad para estar a “buen trato” con el señor Tiempo.
Sin embargo, el Sombrerero se peleó con el Tiempo por la culpa de la Reina de Corazones, el caso es que para este trío de la merienda son siempre las seis, es decir la hora del té, y y no les da tiempo lavar los platos porque cuando van a hacerlo ya tienen que tomar de nuevo el té. Y digo yo, ¿a quién no le pasa esto de que se le acumule todo sin hacer? Tampoco es tan absurda esa idea de llevarse bien con el Tiempo.
A veces el pensamiento absurdo es lo que mi amigo Tista llama “tontás”, es decir cosas muy tontas. Muchas de ellas me aparecen a diario en un grupo de WhatsApp que lleva por título Humor absurdo. Encajaría una situación que me contaba mi padre en la que una persona está debajo de una farola buscando con insistencia algo. Se le acerca un paseante que iba por allí y le pregunta, —¿qué busca?, —a lo que el primero le contesta sin levantar la mirada, —las llaves del coche. Así que, el buen hombre se pone a ayudarle hasta que, al cabo de un tiempo, ya desesperado de la búsqueda infructuosa le pregunta, —¿Me puede dar alguna pista de más o menos por donde estaba cuando se dio cuenta de que le faltaban? A lo que le contesta, Sí, claro, más o menos en la esquina de allá, a unos 15 metros.
Ante semejante respuesta, el bondadoso colaborador sorprendido le pregunta: —¿Y por qué las busca justo aquí? —Y el que había perdido las llaves, muy digno y cargado de razón le replica, —Pues hombre, ¿no ve usted que aquí, bajo esta farola, hay mucha más luz?
Esta situación absurda es más frecuente de lo que pensamos en la vida real, buscamos respuestas en los lugares en los que creemos que tenemos mucha más luz, en donde resulta más fácil, supone menos esfuerzo, sin embargo, no son el lugar donde encontraremos las respuestas.
Leer algo mirado con ojos de lo absurdo hará que no lo vuelvas a ver nunca jamás igual, eso me pasó a mí cuando leí lo siguiente:
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Desde hacía una hora y tres cuartos, un señor gordo hablaba. Delante del señor gordo había una jarra de agua y un vaso para los dientes sin el cepillo; de vez en cuando el señor volcaba agua en el vaso, pero no se lavaba los dientes y, visiblemente irritado hablaba de otra cosa, es decir de dromedarios y camellos.
Es la manera en la que un dromedario veía al conferencista revelar su gran sabiduría que consistía en que el camello tiene dos jorobas y el dromedario una, nada más que una, recibiendo ante semejante revelación el aplauso unánime del público que allí se encontraba. Esto es del libro Cuentos para niños traviesos de Jacques Prévert, y describe la realidad absurda de las salas de cine repletas de seguidores de los que venden soluciones para ser feliz. ¡Ahora ya los veo con el vaso de lavarse los dientes!
Chesterton[1], el autor inglés de los relatos policíacos del Padre Brown decía, refiriéndose al autor de Alicia en el País de las Maravillas que el absurdo le proporcionaba unas vacaciones mentales a Lewis Caroll[2] pues le permitía salir de ese mundo habitado por matemáticos, era una escapatoria a un mundo de mascarada, le proporcionaba unas vacaciones mentales.
Lo que pasa con el absurdo es que para un rato está bien, pero... una cosa es tenerlo presente y otra que le pidas las llaves del coche a tu pareja en un momento de prisas y te conteste, ¿qué llaves? Tú veras si es el momento...
Eduardo Stilman en su libro El humor negro nos dice que el humor no es un género, sino una actitud ante el mundo, que no hay verdadera obra de arte que no la incluya de algún modo, será por eso que yo hablo de artilectura. Nos dice, que el humorismo no es para los que ya se dan por satisfechos o se conforman, no para los los ortodoxos de todas las sectas, ni para los que se siente los dueños de las soluciones. El humorista está siempre en una búsqueda continua y mi propuesta es que un lugar donde lo encontrarás, como los ejemplos que he traído aquí es en los libros, leer te sumerge en el mundo del absurdo, y del humor, LEER TE DA MÁS.
[1] https://es.wikipedia.org/wiki/G._K._Chesterton
1874-1936
[2] 1832-1898 https://es.wikipedia.org/wiki/Lewis_Carroll