LEER TE DA MÁS

62- LEER TE DA MÁS con Paulo Cosín. Más vale pedir perdón que permiso.

Paulo Cosín Fernández Season 3 Episode 62

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¿Es mejor pedir perdón que pedir permiso? En este episodio, Paulo Cosín parte de una frase que todos hemos oído para reflexionar sobre la responsabilidad, la culpa y el valor del perdón. A través de la cultura coreana, la música K-pop, la literatura y sorprendentes referencias históricas, descubrirás que detrás de una expresión aparentemente inocente se esconden profundas preguntas sobre nuestra forma de actuar y de vivir.

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día se me acercó un amigo totalmente desesperado. Le pregunté qué le pasaba y entonces me comentó su drama. Resulta que estaba viendo una película con su hijo de nueve años y escuchó que uno de los protagonistas decía, animando a su pandilla, «¡Vamos! Más vale pedir perdón que pedir permiso». Desde entonces, me afirmaba con preocupación, su hijo ya no era el mismo. Su autoridad como padre se había desvanecido. En su hijo, me dijo, se había desarrollado una elevada capacidad de pedir perdón cuando era cazado en alguna de sus fechorías o cuando había incumplido alguna norma que tenía impuesta. El gesto de ojos grandes empañados en lágrimas, como el del gato con botas de Shrek, se quedaba a la altura del betún comparado con su habilidad para descomponer la rígida cara de enfado de sus padres. Era todo un experto en pedir perdón. Sabía cómo ablandar a sus padres o enfrentarlos, esperando que alguien se pusiera de su parte. Esta estrategia también era clave. Siempre tenía a alguien cercano para defenderlo. Su abuela, su tío preferido, que rápidamente se animaban a exclamar, «¡Vamos, si es un chaval! Y lo ha hecho sin intención». Me acordé de esta anécdota leyendo un libro que me recomendaron en el stand del Centro de Cultura Coreana en la Feria del Libro de Buenos Aires. Me acerqué a curiosear porque llevo tiempo observando el interés global por la cultura de este país a raíz de la explosión de la música pop, la llamada K-pop, que tiene más de 225 millones de fans en todo el mundo. Especialmente entre el público juvenil. Blackpink es una de las estrellas musicales del momento. Forman el grupo con mayor número de seguidores en YouTube y Spotify y la cantidad de seguidores en Instagram es solo comparable al de deportistas, actores y músicos de fama mundial. Afirman sus fans que lo que les gusta, además de la estética y la coreografía, son los mensajes positivos que transmiten las letras de las canciones. Todo lo referente a esta cultura lleva ahora la letra K delante. Además del K-pop, tenemos los K-dramas, que tienen como denominador común, dicen, la conexión emocional, la superación personal y la autoestima. Todo esto ha hecho que hasta UNICEF y las Naciones Unidas se hayan sumado a este carro y consideren que BTS, otro de los grupos más conocidos del K-pop, sea su socio preferente para promover el cuidado de la salud mental entre los jóvenes. Ojalá fuera todo así de fácil. Ya hemos hablado en episodios anteriores de que nos mueven las emociones. Son el principal instrumento del marketing de la publicidad y tienen a las redes sociales como principal aliado. Y la música no solamente nos mueve, sino que nos conmueve. Por ejemplo, la música de Resistiré, del dúo Dinámico, se convirtió en un mensaje de resiliencia durante la pandemia. La escuchábamos cada tarde en el momento de asomarnos al balcón para aplaudir a los sanitarios... y a todos los que estaban luchando para que saliéramos de esa situación. Y era una estupenda ocasión para ver a los vecinos y poder conversar con ellos a distancia. Yo solía iniciar mis charlas de los colegios e institutos con esa canción, y en el transcurso de las mismas relataba una escena que también cuento en el episodio La sociedad de la nieve. Es en la que Carlos Paez pide que lo abandonen en la nieve. Está agotado, no puede más. Pero finalmente son los amigos los que consiguen que salga de esa situación de desesperanza. En ese momento, retornaba a la sintonía de Resistiré y preguntaba a la audiencia si le hubiera ayudado a Carlos en ese momento o si no fue más eficaz la actitud de los amigos que no lo dejaron morir allí en lugar de cantar la canción únicamente. De ahí llegamos a las claves de la esperanza que ya hemos visto en otros episodios. Pero también nos podemos conmover en un sentido lúdico ¿A quién no le gusta bailar, cantar y pasarlo bien? A mí me encanta y doy muestras de ello. Y es que son hábitos de lo más saludables. Aunque también hay detrás una industria de entretenimiento que busca su máximo beneficio. Por eso no es casual que el grupo Blackpink lo lleva precisamente una empresa de este tipo, YG Entertainment, que según ellos explican, realizan un seguimiento exhaustivo de plataformas como YouTube o Instagram. Y aunque puede que les guste sentir o creer que promueven la salud mental, esa tarea es algo más compleja. Hoy vamos a hacer una lectura profunda de la cultura coreana, pero no olvidaremos retomar otro día al filósofo Byung-Chul Ham y su obra El espíritu de la esperanza, pues tiene relación con mi anécdota anterior. Este autor fue reconocido con el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025 y lo fue por combinar la tradición occidental y oriental para radiografiar los males de la sociedad contemporánea. Vamos a ver cómo se reflejan con humor absurdo esos males sociales con Nos sale bien pedir perdón, de Lee Quijo. que es el libro que te comentaba al principio que me recomendaron en el Centro Cultural Coreano en la Feria del Libro de Buenos Aires. Verás, nos encontramos con todo un relato de humor negro que nos muestra una realidad trágica a través de situaciones absurdas, que como vimos con Alicia, es un absurdo muy real. Nuestros dos protagonistas son, como ellos hacen llamar, los pilares de la institución. A ver si adivinas de qué institución y cuál es su papel con la escena así siguiente.

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Estábamos muy ocupados disculpándonos ante los cuidadores por las malas acciones de otros residentes. Era nuestro trabajo como delegados. Íbamos a los residentes y les preguntábamos, ¿no tienes nada por lo que disculparte? Sea lo que sea, no te preocupes, nosotros nos disculparemos a los cuidadores por ti. Al principio la mayoría de los nuevos residentes nos respondían, disculparme porque no he De

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qué hablan, quiénes son.

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pero transcurrida una semana, la mayoría nos agarraba de las muñecas o los tobillos y nos decían rogando. —Por favor, pidan disculpas por mí. Si lo hacen, se detendrán las palizas, ¿no? —Sí, sí, por supuesto, necesito disculparme. Soy un miserable.

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—¿Quiénes son? ¿Son los disculpadores?

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—Siempre les respondíamos. —Entonces confiésanos tus malas acciones primero a nosotros. —Sólo si nos cuentas todo, nos disculparemos en lugar. Así los errores que hayas cometido se convierten en nuestros. Pero la mayoría de los residentes no sabían cuáles eran sus malas acciones, así que teníamos que darles ejemplos de todas e incluso cometerlas por ellos. Hasta no lavarse bien puede convertirse en una mala opción. ¿Qué te parece? ¿Deberíamos empezar por eso? Incluso todo lo que piensas puede convertirse en un error. ¿Qué te parece? Por ejemplo, seguro que estás pensando en escapar de aquí. ¿Te gustaría escapar e informarle de todo a la policía? Comentamos una mala acción primero. ¿Qué te parece, por ejemplo, no tomarte las pastillas? Al principio, cada vez que nos disculpábamos por otros, los cuidadores nos alababan. «Claro que sí, muchachos. Tienen que contarnos todas estas cosas a nosotros primero». «Buen trabajo, delegados.

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Los elegimos bien». Cuando estos disculpadores aprendieron a disculparse, de alguna manera les entró cierto alivio, porque daban sentido a las palizas que recibían en esa institución psiquiátrica. Y entonces pensaron que esto vendría bien al resto, pero para ser coherentes debían recibir el justo castigo. Se disculpaban por los otros y también recibían las palizas por ellos. Para ellos debía ser así y para los cuidadores, pues también. Así relatan cómo recibían su justo castigo.

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Nos azotaron con sus cinturones. nos patearon con las botas y también nos golpearon con punteros y a puño limpio. Si Bon y yo cruzábamos miradas de vez en cuando mientras recibíamos los golpes. Cada vez que lo hacíamos se nos dibujaba una sonrisa de par en par en el rostro, sin que los cuidadores se dieran cuenta. Creo que sentíamos lo mismo. Era una sensación de relajación e incluso de orgullo al mismo tiempo, y también de habernos convertido por fin en verdaderos delegados de los residentes. Cada vez que nos golpeaban y cada vez que nos disculpábamos en lugar de otros, me sentía de esa manera. Por eso Sibón y yo continuamos disculpándonos en nombre del resto.

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Esta escena me recordó a la de Tom Sawyer cuando se entrega como el causante de la página rota en el libro del maestro. Con este gesto protegía a la verdadera culpable, la curiosa de Becky. Pero además, mientras el maestro le sacudía a Tom los correspondientes azotes, él se sentía feliz sabiendo que así había conseguido el corazón de su protegida. De la misma forma, los delegados de la institución también tenían su compensación.

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Cada vez que los residentes veían nuestras caras redondas e hinchadas, nos obsequiaban su ropa interior, pasta de dientes, pastillas o toallas. Algunos hasta se arrodillaban ante nosotros llorando. A veces también nos agarraban de los tobillos mientras estaban arrodillados. Siempre les preguntábamos, ¿alguna mala acción que confesar?

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Esto de recibir una paliza por otro no es tan absurdo. ¿Les sucedía a unos príncipes, como describe Mark Twain en El príncipe y el mendigo, en donde nos aparece una nueva sustitución, que es el muchacho de los azotes. Nos dice que cuando eran niños Jaime I y Carlos II de Inglaterra, tuvieron los correspondientes muchachos que recibían los azotes cuando ellos no se sabían sus lecciones. ¿Te imaginas que llegas con las notas de los exámenes a casa, todos ceros, pero acompañado del muchacho de los azotes? Sería este chico el que se quedaría castigado, por ejemplo, con una semana sin salir de casa. Y si ya lo extrapolamos a un supremo sacrificio, también Jesucristo murió en la cruz como salvador por los pecados del mundo. La escena que he recogido de Nos sale bien pedir perdón contiene algo de su humor negro y del absurdo de la cultura K-pop, K-drama y K-series que hablábamos al principio. Lo verás también reflejado en la película Parásitos, del director surcoreano Bong Jun Hu. estrenada en 2019 y que ha recibido varios premios, entre ellos el Oscar a la Mejor Película. Sin embargo, lo más interesante de todo es el final de este libro que mostramos hoy. Es de lo más creativo. ¿Cómo consigue el autor romper esa lógica de estos delegados en las que ellos reciben siempre los golpes que merecen otros? Porque los lectores queremos que se haga justicia, que ya está bien de que reciban palizas. Deseamos que los malos tengan su merecido. Solo una paradoja será capaz de conseguirlo, pero para llegar a ella y comprenderla hay que leer todo el libro. No se me ocurre otra forma. Bueno, y entonces yo mantengo mis preguntas. ¿Pido perdón o pido permiso? ¿Tiene sentido pedir perdón por otro? ¿Y pedir perdón cuando no hemos hecho nada? ¿Qué pasa cuando nos cae la del pulpo por algo que no hemos hecho? Siempre más preguntas que respuestas. Pero seguro que las reflexiones de hoy te pueden llevar a tomar la mejor decisión cuando llegue el momento. Estarás seguro más preparado, porque leer te da más.