Levitico, Una Ventana al Corazon de Dios Podcast
Seguramente te estarás preguntando que relevancia tienen las leyes de Levítico para hoy y como se aplican.
En este podcast exploraremos el libro de la Biblia menos leído, poco entendido y controversial en su aplicación para el cristiano de hoy. Tambien nos ayudara a entender que las leyes son expresiones de los valores del dador de la ley.
Cada semana compartire enseñanzas que aprendi de eruditos, rabinos, pastores y amigos que influenciaron mi estudio y entendimiento de Levítico.
Los invito a descubrir cosas maravillosas que contiene este libro.
Si tienes una pregunta, la puedes enviar a podcastdelevitico@gmail.com
A CONTINUACION LES SUGIERO UNA BREVE LISTA DE ALGUNOS
COMENTARIOS QUE RECOMIENDO PARA EL ESTUDIO DE LEVITICO
Levine, B.A. (1989), Leviticus, JPS Torah Commentary (Philadelphia: Jewish Publication Society).
Milgrom, Jacob. (1983), Studies in Cultic Theology and Terminology, Studies in Judaism in Late Antiquity 36 (Leiden: Brill).
Milgrom, Jacob. (2004), Leviticus: A Book of Ritual and Ethics, Continental Commentaries (Minneapolis: Fortress Press).
Tidball, D. (2005), The Message of Leviticus: Free to Be Holy, The Bible Speaks Today (Downers Grove/Leicester: IVP).
Wenham, G. J. (1979), The Book of Leviticus, NICOT (Grand Rapids: Eerdmans).
Morales, L. M. (2015). Who Shall Ascend the Mountain of the Lord?: A Biblical Theology of the Book of Leviticus). NICOT (Apollos; InterVarsity Press).
Rugh, W. W. (1998). Christ in the Tabernacle: Person and work of Jesus Christ. (Woodlawn).
Sacks, Rabbi. Jonathan. (2015). Covenant & Conversation, Volume 3: Leviticus, The Book of Holiness. (Maggid).
Sklar, J. (2014). Leviticus: An Introduction and Commentary. TOTC (Inter-Varsity Press).
Heiser, Michael. S. (2015). The Unseen Realm: Rediscovering the Supernatural Worldview of the Bible. (Lexham Press).
A CONTINUACION LES SUGIERO UNA BREVE LISTA DE ALGUNOS
COMENTARIOS QUE RECOMIENDO PARA EL ESTUDIO DE NÚMEROS
Sacks, Rabbi. Jonathan. (2017). Covenant & Conversation, Volume 4: Numbers, The Wilderness Years. (Maggid).
Milgrom, Jacob. (1989), Numbers, JPS Torah Commentary (Philadelphia: Jewish Publication Society).
Wenham, Gordon, J. (2008). Numbers: An Introduction and Commentary. TOTC (Inter-Varsity Press).
Pakula, M. (2006). Numbers: Homeward Bound. (P. Barnett, Ed). Aquila Press.
Cole, R. D. (2000). Numbers. Vol. 38. (Broadman & Holman Publishers).
Woodall, C. (2023). Messiah in the Mishkan: From Shadow to Substance and Beyond. Wipf and Stock.
Levitico, Una Ventana al Corazon de Dios Podcast
#63.Cada número tiene un nombre, cada nombre pertenece a una familia: Dios ordena un censo
Hola amigos, bienvenidos a un nuevo episodio de Números: Una Ventana al Corazón de Dios.
Gracias por estar aquí y por caminar conmigo a través de este libro tan profundo y tan honesto.
En el episodio anterior vimos una caída dolorosa: un pueblo a las puertas de la Tierra Prometida que no fue derrotado por un enemigo externo, sino por una debilidad interna. Seducción, idolatría y falta de vigilancia espiritual dejaron una herida profunda en el campamento.
Pero la historia no termina allí.
Después del juicio, Dios vuelve a hablar.
Y lo que ordena no es retirada… sino un censo.
En Números 26, Dios manda a contar al pueblo una vez más. No para recordarles quién murió, sino para afirmar quiénes permanecen. No para enumerar pérdidas, sino para preparar a los herederos.
Cada número tiene un nombre.
Cada nombre pertenece a una familia.
Y cada familia sigue siendo parte de una promesa que Dios no ha cancelado.
Hoy veremos que este censo no trata de cifras, sino de identidad, pertenencia y herencia.
Porque Dios no cuenta multitudes sin rostro.
Dios cuenta a los suyos.
Acompáñame.
Hola amigos, bienvenidos. Gracias por estar aquí para el episodio #63 de “Números: Una Ventana al Corazón de Dios.”
Continuando con nuestro recorrido por números, en el episodio #61, Seducción sexual, sacrificios e idolatría: la caída de Israel en Sitín, Vimos la triste realidad de un pueblo que, estando a las puertas de la Tierra Prometida, no cayó por un ataque externo, sino por una debilidad interna.
La seducción sexual condujo a los hombres de Israel a participar de sacrificios y banquetes ofrecidos a dioses falsos, y así, casi sin darse cuenta, se unieron en idolatría. Israel estaba confiado, avanzando hacia el cumplimiento de las promesas, pero subestimó su propia vulnerabilidad y el poder seductor de las mujeres moabitas y madianitas.
La vida en el desierto era una batalla constante para Israel, día tras día. Cada enfrentamiento dejaba muertos, remordimientos y heridas, pero también enseñanzas profundas y oportunidades extraordinarias para cambiar.
Las batallas más peligrosas no siempre son las que se libran afuera…sino las que se pelean en el interior del corazón. Esta fue una realidad para Israel en el desierto, y podemos entenderla porque todos lo hemos experimentado de una u otra manera.
En este episodio, “Cada número tiene un nombre, cada nombre pertenece a una familia: Dios ordena un censo”, Dios vuelve a contar a su pueblo, no para recordarles cuántos murieron, sino para mostrarles quiénes permanecen y quiénes están siendo preparados para heredar. Recordemos que han pasado casi 40 años desde el primer censo en Números 1. Una generación completa había muerto en el desierto por su incredulidad. En este capítulo, nos encontramos ante una nueva generación, hijos de aquellos que salieron de Egipto.
Seguramente te estarás preguntando: ¿por qué dos censos en un período de cuarenta años? Piénsalo así. Es como un entrenador que cuenta a sus jugadores antes del partido final, después de una larga temporada de preparación. El primer conteo ocurre al inicio del entrenamiento. Ahí se identifica al equipo, se definen posiciones, se establecen roles. Todos están presentes, llenos de expectativas, pero aún no han sido probados.
El segundo conteo, en cambio, se hace justo antes de salir al campo de batalla. Ya no es para saber quién se inscribió, sino para ver quién resistió, quién aprendió, quién fue disciplinado, y quién está realmente listo para jugar el partido decisivo. Entre ambos censos hay cuarenta años de desierto. Años de formación, de corrección, de caídas y de lecciones profundas. Dios no solo estaba preparando a Israel para conquistar la tierra, sino para sostener la herencia sin perderla.
Este segundo censo no cuenta los que comenzaron el trayecto, sino que cuenta la nueva generación, dispuesta a luchar y recibir las promesas. Cuenta herederos.
Voy a leer el capítulo 26 en la Nueva Versión Internacional y dice:
Después de la plaga, el Señor dijo a Moisés y al sacerdote Eleazar, hijo de Aarón: 2 «Hagan un censo de toda la comunidad israelita por sus familias patriarcales. Enlisten a los varones mayores de veinte años, que sean aptos para la guerra en Israel».
3 Moisés y el sacerdote Eleazar hablaron con el pueblo en las llanuras de Moab, cerca del Jordán, a la altura de Jericó, y ordenaron 4 levantar un censo de todos los varones mayores de veinte años, tal como el Señor se lo había mandado a Moisés.
Los israelitas que salieron de Egipto fueron los siguientes:
5 De Enoc, Falú, Jezrón y Carmí, hijos de Rubén, el primogénito de Israel, proceden los siguientes clanes: los enoquitas, los faluitas, 6 los jezronitas, los carmitas.
7 Estos son los clanes de la tribu de Rubén. Su número llegó a cuarenta y tres mil setecientos treinta hombres.
8 Eliab fue el único hijo de Falú. 9 Los hijos de Eliab fueron Nemuel, Datán y Abirán. Datán y Abirán fueron los mismos jefes de la comunidad que se rebelaron contra Moisés y Aarón, y estaban entre los seguidores de Coré cuando se rebelaron contra el Señor. 10 En esa ocasión, la tierra abrió su boca y se los tragó junto con Coré, muriendo también sus seguidores. El fuego devoró a doscientos cincuenta hombres, y este hecho los convirtió en una señal de advertencia. 11 Sin embargo, los hijos de Coré no perecieron.
12 Los hijos de Simeón formaron los siguientes clanes. De Nemuel, Jamín y Jaquín: los nemuelitas, los jaminitas, los jaquinitas.
13 De Zera y Saúl: los zeraítas, los saulitas.
14 Estos son los clanes de la tribu de Simeón. Su número llegó a veintidós mil doscientos hombres.
15 Los hijos de Gad formaron los siguientes clanes. De Zefón, Jaguí y Suni: los zefonitas, los jaguitas, los sunitas.
16 De Ozni y Erí: los oznitas, los eritas.
17 De Arodí y Arelí: los aroditas, los arelitas.
18 Estos son los clanes de la tribu de Gad. Su número llegó a cuarenta mil quinientos hombres.
19 Er y Onán eran hijos de Judá, pero ambos murieron en Canaán.
20 De sus hijos Selá, Fares y Zera proceden los siguientes clanes: los selaítas, los faresitas, los zeraítas.
21 De Jezrón y de Jamul, hijos de Fares, proceden los clanes: los jezronitas, los jamulitas.
22 Estos son los clanes de la tribu de Judá. Su número llegó a setenta y seis mil quinientos hombres.
23 Los hijos de Isacar formaron los siguientes clanes. De Tola y Fuvá: los tolaítas, los fuvitas.
24 De Yasub y Simrón: los yasubitas, los simronitas.
25 Estos son los clanes de la tribu de Isacar. Su número llegó a sesenta y cuatro mil trescientos hombres.
26 De Séred, Elón y Yalel, hijos de Zabulón, proceden los siguientes clanes: los sereditas, los elonitas, los yalelitas.
27 Estos son los clanes de la tribu de Zabulón. Su número llegó a sesenta mil quinientos hombres.
28 De Manasés y Efraín, hijos de José, proceden los siguientes clanes:
29 De Maquir, hijo de Manasés, y de Galaad, hijo de Maquir, proceden los siguientes clanes: los maquiritas, los galaaditas.
30 Los hijos de Galaad formaron los siguientes clanes. De Jezer y Jélec: los jezeritas, los jelequitas.
31 De Asriel y Siquén: los asrielitas, los siquenitas.
32 De Semidá y Héfer: los semidaítas, los heferitas.
33 Zelofejad, hijo de Héfer, no tuvo hijos, sino solo hijas, cuyos nombres eran Majlá, Noa, Joglá, Milca y Tirsá.
34 Estos son los clanes de la tribu de Manasés. Su número llegó a cincuenta y dos mil setecientos hombres.
35 De Sutela, Béquer y Taján, hijos de Efraín, proceden los siguientes clanes:
los sutelaítas, los bequeritas, los tajanitas.
36 De Erán, hijo de Sutela: los eranitas.
37 Estos son los clanes de la tribu de Efraín. Su número llegó a treinta y dos mil quinientos hombres.
Todos estos clanes descendieron de José.
38 Los hijos de Benjamín formaron los siguientes clanes. De Bela, Asbel y Ajirán:
los belaítas, los asbelitas, los ajiranitas.
39 De Sufán y Jufán: los sufanitas, los jufanitas. 40 De Ard y Naamán, hijos de Bela, proceden los siguientes clanes: los arditas, los naamanitas.
41 Estos son los clanes de la tribu de Benjamín. Su número llegó a cuarenta y cinco mil seiscientos hombres.
42 De Suján, hijo de Dan: los sujanitas, que fueron los únicos clanes danitas. 43 Su número llegó a sesenta y cuatro mil cuatrocientos hombres.
44 De Imná, Isví y Beriá, hijos de Aser, proceden los siguientes clanes:
los imnaítas, los isvitas, los beriaítas.
45 De Héber y Malquiel, hijos de Beriá, proceden los siguientes clanes: los heberitas, los malquielitas.
46 Aser tuvo una hija llamada Sera. 47 Estos son los clanes de la tribu de Aser. Su número llegó a cincuenta y tres mil cuatrocientos hombres.
48 Los hijos de Neftalí formaron los siguientes clanes. De Yazel y Guní:
los yazelitas, los gunitas.
49 De Jéser y Silén: los jeseritas, los silenitas.
50 Estos son los clanes de la tribu de Neftalí. Su número llegó a cuarenta y cinco mil cuatrocientos hombres.
51 Los hombres de Israel eran en total seiscientos un mil setecientos treinta.
Instrucciones para el reparto de la tierra
52 El Señor dijo a Moisés: 53 «Reparte la tierra entre estas tribus para que sea su heredad. Hazlo según el número de nombres registrados. 54 A la tribu más numerosa le darás la heredad más grande, y a la tribu menos numerosa le darás la heredad más pequeña. Cada tribu recibirá su heredad en proporción al número de censados. 55 La tierra deberá repartirse por sorteo, según el nombre de las tribus patriarcales. 56 El sorteo se hará entre todas las tribus, grandes y pequeñas».
Censo de los levitas
57 De los levitas Guersón, Coat y Merari proceden los siguientes clanes:
los guersonitas, los coatitas, los meraritas.
58 De los levitas proceden también los siguientes clanes:
los libnitas, los hebronitas, los majlitas, los musitas, los coreítas.
Coat fue el padre de Amirán. 59 La esposa de Amirán se llamaba Jocabed hija de Leví, y había nacido en Egipto. Los hijos que ella tuvo de Amirán fueron Aarón y Moisés, y su hermana Miriam.
60 Aarón fue el padre de Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar, 61 pero Nadab y Abiú murieron bajo el juicio del Señor por haberle ofrecido fuego ilícito.
62 Los levitas mayores de un mes de edad fueron en total veintitrés mil. Pero no fueron censados junto con los demás israelitas porque no habrían de recibir heredad entre ellos.
63 Estos fueron los israelitas censados por Moisés y el sacerdote Eleazar, cuando los contaron en las llanuras de Moab, cerca del río Jordán, a la altura de Jericó. 64 Entre los censados no figuraba ninguno de los registrados en el censo que Moisés y el sacerdote Aarón habían hecho antes en el desierto del Sinaí, 65 porque el Señor había dicho que todos morirían en el desierto. Con la excepción de Caleb, hijo de Jefone, y de Josué, hijo de Nun, ninguno de ellos quedó con vida.
Este capítulo no es solo un censo. Es una declaración de esperanza. Es la evidencia de que Dios no abandona su plan, aun cuando el ser humano falla.
Vamos a desglosar este capítulo en 4 partes de la siguiente manera:
1. UN NUEVO COMIENZO DESPUÉS DEL JUICIO (V 1–4). Este capítulo comienza dándonos el contexto inmediato y dice en el versículo 1:
"Después de la plaga, el Señor dijo a Moisés y a Eleazar..." El contexto inmediato fueron los eventos que acaban de ocurrir, seducción sexual, idolatría y participación en comidas ofrecidas a ídolos. Este fue uno de los momentos más difíciles para Israel. Israel había pecado gratuitamente, no por miedo, hambre, sed o desilusión. Se desató una plaga en Baal-peor donde murieron 24000 personas. Fines detuvo la plaga con su acción rápida matando a Zimri y Cozbi. Su acción hizo expiación por el pueblo y detuvo la muerte de todos. Este lamentable evento ocurrió en las llanuras de Moab: a las puertas de la Tierra Prometida. En el versículo 2, Dios ordena que hagan un censo de la comunidad israelita por sus familias patriarcales. El pecado no tuvo la última palabra, Dios no cancela su plan y continúa preparando a su pueblo para tomar posesión de sus promesas.
Recordemos que el primer censo en Números 1 ocurrió al pie del Sinaí, recién liberados para organización militar inicial. Esta generación no estaba preparada para las dificultades que enfrentaría en el desierto y sobre todo las luchas internas. Aún tenían mentalidad de esclavos y no estaban preparados para asumir su responsabilidad y tomar la tierra prometida.
Aquí, en Números 26, ocurre el Segundo Censo. Están en las llanuras de Moab listos para cruzar el Jordán y conquistar la tierra. Era una generación nueva nacida libre en el desierto.
Vale la pena preguntarnos: ¿Por qué es importante un censo? ¿Qué logra?
1. Establece identidad: perteneces. Un censo dice: “Eres visto. Eres incluido.” En la Biblia, ser contado significa ser reconocido como parte del pueblo del pacto. Cada persona tiene un nombre, pertenece a una familia y una tribu. El censo afirma pertenencia, no anonimato.
2. Construye unidad y fortaleza colectiva. Saber cuántos eran importaba. Cuando Israel escuchaba los números, no oía estadísticas; oía identidad como pueblo. Ya no eran esclavos disperses. Eran una nación contada, ordenada y con dueño. Hay fuerza en los números, no solo en sentido militar, sino espiritual y comunitario. El censo ayudó a Israel a comprender: “Somos muchos. Estamos juntos. Nos pertenecemos.” La unidad crece cuando entendemos que somos parte de algo más grande que nosotros mismos.
3. Preserva la memoria y la continuidad. El censo marca una transición: una generación murió, otra se levantó, pero la historia de Dios continúa. Las promesas de Dios no mueren con una generación; avanzan a través de la siguiente.
4. Prepara al pueblo para la responsabilidad y la misión. En Números, los censos preparan a Israel para: avanzar, luchar y heredar. Ser contado es ser comisionado. Dios cuenta a su pueblo porque piensa usarlos juntos, no aislados.
5. Garantiza justicia y herencia compartida. En Números 26, el censo determina el reparto de la tierra. Esto protege: la equidad, el orden y la paz comunitaria. Ninguna familia quedaba excluida. Ninguna tribu caminaba sola.
6. Declara que Dios conoce a su pueblo personalmente. Aunque el censo resalta la unidad, no borra la individualidad. El censo mantiene dos verdades a la vez: Eres uno entre muchos y eres conocido por nombre. El pueblo de Dios no es una multitud sin rostro. Es una familia con nombres.
¿Qué logra finalmente un censo? Convierte a individuos en un pueblo,y a un pueblo en una comunidad unida de herederos. Israel aprende no solo quién es cada uno, sino quiénes son juntos.
Dios cuenta a su pueblo para que sepan que no están solos,
que no están olvidados y que no son débiles. Hay fuerza en ser conocidos por Dios y hay fuerza en pertenecer unos a otros.
2. Los números cuentan una historia (V 5-51). Vemos la fidelidad de Dios en los números. El total del primer censo: 603,550 (Números 1:46). El total del segundo censo: 601,730 (Números 26:51). Dios mantuvo la fuerza de Israel a pesar del juicio causado por todas las rebeliones en el desierto. Lo más increíble aún es que después de la muerte de la generación que salió de Egipto, hubo solo una disminución de 1,820 personas después de 40 años en el desierto y 10 rebeliones.
Las tribus y sus números del primer censo y segundo censo:
Rubén: 46500-43730
Simeón: 59300-22300 la que más disminuyó en el segundo censo
Gad: 45650-40500
Juda: 74600-76500 la más numerosa
Isacar: 54400-74300
Zabulón: 57400-60500
Manases: 32200-52700 la de más crecimiento
Efraín: 40500-32500
Benjamín: 35400-45600
Dan: 62700-64400
Aser: 41500-53400
Neftalí: 53400-45400
Vemos el cumplimiento de la sentencia de Dios de que esa generación no entraría a la tierra prometida por falta de fe. (Números 14). También vemos la fidelidad de Dios con los hijos de esa generación que murieron y como ellos finalmente recibirían las promesas. Los números del segundo censo es un testimonio de esa realidad.
El versículo 33 dice, “Zelofejad, hijo de Héfer, no tuvo hijos, sino solo hijas, cuyos nombres eran Majlá, Noa, Joglá, Milca y Tirsá”, y nos está dando un anticipo a lo que veremos en el capítulo 27 de números.
3. Equidad y justicia en la repartición (V 52-56). La equidad y representación en los números era de suma importancia. La herencia sería proporcional, es decir, la tribu más numerosa recibiría más tierra y la menos numerosa recibiría menos tierra. Este principio de justicia tenía en cuenta la capacidad y necesidad de cada tribu. También tenía en cuenta equidad según el tamaño. Finalmente, un sorteo determinado por la soberanía de Dios determinaba la ubicación de cada tribu. No había favoritismos. Nadie podía reclamar preferencias.
4. El censo de los levitas (V 57-62). Ellos fueron contados aparte pues fueron separados para el servicio a Dios. No heredarían tierra porque "el Señor es su herencia". Aumentaron de 22.000 a 23.000. Dios les proveía abundantemente y no carecían de nada. Se menciona a Aarón y sus Hijos, incluyendo a Nadab y Abiú – que murieron cuando ofrecieron fuego extraño. Recordando la importancia de la santidad en el servicio a Dios sin improvisación.
Y que dice el Nuevo Testamento:
· En Números 26, Dios ordena un censo porque la tierra estaba a punto de ser repartida. El pueblo era contado no para vagar, sino para heredar. Jesús toma ese mismo lenguaje de herencia y lo expande. La promesa ya no se limita a Canaán ni a una sola nación. Ahora apunta a la tierra renovada bajo el reinado de Cristo.
Cuando Jesús dijo en Mateo 5:5:
“Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia,”
Jesús no estaba introduciendo una idea nueva, sino retomando una realidad bíblica de herencia territorial.
· El censo de Números nos recuerda que, antes de que el pueblo supiera cuántos eran, Dios ya lo sabía. El ser contado y nombrado por Dios no significa ser reducido a una cifra, sino ser reconocido como suyo.
Pablo lo expresa con claridad cuando escribe en 2 Timoteo 2:19,
“El fundamento de Dios es sólido y se mantiene firme, pues este sellado con esta inscripción: y tiene este sello: “El Señor conoce a los suyos”, y esta otra: “Que se aparte de maldad todo el que invoca el nombre del Señor.”
Esto nos revela una verdad profunda: Dios no conoce a su pueblo de manera general o distante. Él conoce nombres, historias, procesos y corazones.
· El censo de Números 26 tenía un propósito claro: preparar al pueblo para recibir la herencia. No se contaba a Israel por curiosidad, sino porque la tierra iba a ser repartida. Cada familia debía saber que tenía una porción asegurada.
El apóstol Pablo toma esta idea y la eleva a su cumplimiento máximo cuando declara en Romanos 8:17:
“Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.”
En Cristo, la herencia ya no es una franja de tierra en Canaán, sino una vida compartida con Él, un reino inconmovible, una promesa eterna.
Algunas lecciones que podemos aplicar a nuestras vidas
La Diferencia Generacional. Dios puede hacer con nuestros hijos lo que nosotros no podemos hacer. Dios es fiel en toda generación.
El Poder de la Perseverancia. El que persevera alcanzará las promesas. ¡No desmayes!
La Importancia de los Nuevos Comienzos. Dios no canceló su plan por las rebeliones de una generación. Cada generación tiene retos y oportunidades. El fracaso del pasado no determina el futuro
ALGUNAS PREGUNTAS PARA REFLEXIÓN
1. ¿Eres parte de una generación que conquista o que es conquistada?
2. ¿Qué legado estás dejando para la próxima generación?
3. Como Caleb y Josué, ¿mantienes tu fe cuando todos a tu alrededor dudan?
Recuerda que Dios nunca olvida sus promesas. Una generación puede fallar, pero Dios levanta otra. El segundo censo nos muestra que Dios es el Dios de las segundas oportunidades y los nuevos comienzos.
Queridos amigos, quiero terminar este episodio con una oración despidiendo EL 2025:
Señor,
al llegar al final de este año, 2025,
hacemos una pausa delante de Ti.
Miramos atrás y reconocemos que no todos los días fueron fáciles.
Hubo desiertos que no esperábamos,
batallas que nos cansaron,
pérdidas que nos dolieron
y retos que no supimos superar.
Pero hoy recordamos algo muy real:
Tú estuviste con nosotros en cada momento y en cada paso.
Gracias por lo que nos diste,
y también por lo que no nos diste,
porque aún en las esos nos
Tú estabas formando nuestro carácter.
Gracias por las lecciones aprendidas,
por la gracia que nos sostuvo cuando fallamos,
y por tu fidelidad que nunca se agotó,
ni siquiera cuando la nuestra fue débil.
Señor, ponemos en tus manos todo lo que fue este año:
las alegrías y las lágrimas,
los logros y los errores,
las puertas que se abrieron
y las que se cerraron.
Y al mirar hacia el nuevo año,
no pedimos caminos sin dificultades,
sino corazones vigilantes.
No pedimos ausencia de pruebas,
sino fe para atravesarlas contigo.
Prepáranos, Señor,
como preparaste a tu pueblo en el desierto.
Haznos humildes para aprender,
firmes para permanecer,
y confiados para heredar
todo lo que Tú has prometido.
Que entremos al nuevo año
no con temor,
sino con esperanza.
No confiando en nuestras fuerzas,
sino en el poder de tu Espíritu Santo.
Te damos gracias porque somos conocidos por Ti,
llamados por nombre,
y sostenidos por tu gracia.
En el nombre de Jesús,
nuestro Rey, nuestro Pastor,
y Aquel que nos guía a la verdadera herencia.
Amén.
Feliz Ano! Bendiciones!