Levitico, Una Ventana al Corazon de Dios Podcast

#66. La santidad de la palabra: votos y juramentos delante de Dios

Liliana Alvarez Season 2 Episode 66

¿Alguna vez has hecho una promesa que luego te arrepentiste de haber hecho?

¿O has prometido algo a Dios en un momento de crisis y después dejaste que ese compromiso se diluyera con el tiempo?

Vivimos en una época donde las palabras se dicen con ligereza y las promesas se rompen sin consecuencias. Pero en Números capítulo 30, Dios nos confronta con una verdad solemne: delante de Él, las palabras no son livianas. Los votos y los juramentos tienen peso moral, crean obligaciones reales y revelan el carácter de quien los pronuncia.

En este episodio, “La santidad de la palabra: votos y juramentos delante de Dios”, exploramos por qué Dios toma tan en serio nuestras palabras, cómo los votos funcionan dentro del orden moral que Él estableció, y por qué la libertad, la fidelidad y la integridad verbal están profundamente conectadas. A la luz del Antiguo y del Nuevo Testamento —y con la enseñanza de Jesús en Mateo 5— descubrimos que el llamado de Dios sigue siendo el mismo: que nuestro “sí” sea verdaderamente sí, y nuestro “no”, no.

Hola, amigos, bienvenidos al episodio #66 de Números: Una Ventana al Corazón de Dios.

¿Alguna vez has hecho una promesa que luego te arrepentiste de haber hecho? ¿O quizás has prometido algo a Dios en un momento de desesperación y luego olvidaste tu compromiso? Vivimos en una época en la que las palabras se dicen con ligereza y las promesas se rompen como si nada hubiese ocurrido. La palabra ha perdido peso. Pero en Números capítulo 30, Dios nos revela algo extraordinario: las palabras tienen peso eterno, y los votos a Dios no son negociables.

 

En el episodio anterior, exploramos cómo Dios determinó el ritmo de la adoración de Israel mediante un calendario litúrgico completo. Vimos que este calendario contenía sacrificios diarios, ofrendas del sábado, celebraciones mensuales y fiestas anuales que marcaban el tiempo del pueblo de Dios. Este calendario espiritual le recordaba constantemente a Israel que Dios era el centro de sus vidas y que absolutamente nada estaba fuera de su dominio. Cada festividad apuntaba proféticamente hacia Cristo: su primera venida como el Cordero de la Pascua, que quita el pecado del mundo, y su segunda venida, cuando el sonido de las trompetas anuncie el regreso del Rey y su reinado será consumado en la tierra.

Hoy, en Números capítulo 30, Dios nos enseña algo fundamental en nuestra vida personal, pero que a menudo es ignorado en nuestros días: la santidad de nuestras palabras y la seriedad con que Dios toma nuestros votos y juramentos.

En este episodio, “La Santidad de la palabra: votos y juramentos delante de Dios”, exploraremos estas leyes sobre los votos y juramentos que no se limitan a reglas religiosas, sino a cómo el lenguaje humano participa del orden moral que Dios ha establecido. Veremos que hablar no es solo comunicar información. Hablar es crear realidades que, según lo prometido a Dios, implican una responsabilidad adquirida que exige su cumplimiento.

Antes de entrar en Números 30, necesitamos entender por qué Dios toma las palabras tan en serio. El rabino Jonathan Sacks, nos ayuda a comprender esto en su comentario de “Números: Los años en el desierto” y dice:

"Si buscas libertad, trata las palabras como sagradas, los votos y juramentos como sacrosantos. Cuando eso sucede, entonces, así como Dios usó palabras para crear el universo natural, nosotros usamos palabras para crear un universo social. Las palabras crean obligaciones morales, y las obligaciones morales, emprendidas responsablemente y honradas fielmente, crean la posibilidad de una sociedad libre."

La Biblia nos enseña que la palabra no es solo sonido, sino también poder creador. Génesis 1:3 no dice que Dios trabajó, ni que luchó, ni que fabricó la luz con esfuerzo. Dice simplemente: “Y dijo Dios: ‘¡Que haya luz!’, y la luz llegó a existir.” La creación nace de la palabra. Dios habla, y lo que no existía comienza a existir. La palabra y la fidelidad son inseparables.

Y aquí es donde la reflexión de Jonathan Sacks cobra un peso extraordinario. Si Dios creó el universo natural por medio de la palabra, entonces el ser humano —creado a imagen de Dios— participa de esa misma capacidad, aunque en un nivel distinto. Nosotros no creamos galaxias con palabras, pero creamos realidades morales y sociales con ellas.

Cuando prometemos, cuando hacemos votos y juramentos a Dios y a personas, es decir, cuando damos nuestra palabra, estamos creando obligaciones que antes no existían. Las palabras atan, construyen, sostienen o destruyen relaciones. Por eso Sacks dice que una sociedad verdaderamente libre solo puede existir cuando las palabras son tratadas como sagradas. No porque las palabras tengan poder mágico, sino porque revelan el carácter, la fidelidad y la verdad de cada individuo, y también reflejan el carácter de Dios en la persona.

Hay tanto poder en las palabras, que la misma serpiente las usó para engañar a Eva en el Edén. Cuando las palabras pierden su peso y no comunican la verdad, entonces las consecuencias son devastadoras. Es lo que ocurrió con el padre de las mentiras en el Edén: el ser humano perdió su libertad por creerle a la serpiente y no a Dios. 

Voy a leer Números 30 de la Nueva Versión Internacional y dice:

Moisés dijo a los jefes de las tribus de Israel: «El Señor ha ordenado que 2 cuando un hombre haga una promesa al Señor o bajo juramento haga un compromiso, no deberá faltar a su palabra, sino que cumplirá con todo lo prometido.

3 »Cuando una joven, que todavía viva en casa de su padre, haga una promesa al Señor y se comprometa en algo, 4 si su padre se entera de su promesa y de su compromiso, pero no le dice nada, entonces ella estará obligada a cumplir con todas sus promesas y compromisos. 5 Pero si su padre se entera y no lo aprueba, todas las promesas y compromisos que la joven haya hecho quedarán anulados, y el Señor la absolverá porque fue el padre quien los desaprobó.

6 »Si la joven se casa después de haber hecho una promesa o un compromiso precipitado que la compromete 7 y su esposo se entera, pero no le dice nada, entonces ella estará obligada a cumplir sus promesas y compromisos. 8 Pero si su esposo se entera y no lo aprueba, la promesa y el compromiso que ella hizo en forma precipitada quedarán anulados, y el Señor la absolverá.

9 »La viuda o divorciada que haga una promesa o compromiso estará obligada a cumplirlo.

10 »Cuando una mujer casada haga una promesa o bajo juramento se comprometa en algo, 11 si su esposo se entera, pero se queda callado y no lo desaprueba, entonces ella estará obligada a cumplir todas sus promesas y compromisos. 12 Pero si su esposo se entera y los anula, entonces ninguna de las promesas o compromisos que haya hecho le serán obligatorios, pues su esposo los anuló. El Señor la absolverá.

13 »El esposo tiene la autoridad de confirmar o de anular cualquier promesa o juramento de abstinencia que ella haya hecho. 14 En cambio, si los días pasan y el esposo se queda callado, su silencio confirmará todas las promesas y compromisos contraídos por ella. El esposo los confirmará por no haber dicho nada cuando se enteró. 15 Pero si llega a anularlos después de un tiempo de haberse enterado, entonces él cargará con la culpa de su esposa».

16 Estos son los estatutos que el Señor dio a Moisés en cuanto a la relación entre esposo y esposa, y entre el padre y la hija que todavía viva en su casa.

Jacob Milgrom, nos ayuda a entender la naturaleza de estos compromisos verbales y dice, "El común denominador de los juramentos, votos y dedicaciones es que todos son declaraciones que invocan el nombre de Dios." Esto es crucial para entender que, cuando hacemos un voto o juramento ante Dios, no estamos simplemente haciendo una promesa casual. Estamos invocando el nombre del Dios santo, el Dios que creó el universo con sus palabras.

Números 29:39 dice: “Estas son las ofrendas que presentarás al Señor en las fiestas designadas, aparte de otras promesas, ofrendas voluntarias, holocaustos, ofrendas de cereales, ofrendas líquidas y sacrificios de comunión que quieras presentarle”. En las leyes sobre el calendario litúrgico que vimos la semana pasada, vemos que los votos hacen parte de todas estas leyes sobre sacrificios y ofrendas. Milgrom dice, "La ocurrencia regular de votos en las leyes sacrificiales indica que un voto usualmente se cumplía mediante un sacrificio

Vamos a desglosar este capítulo en 3 partes de la siguiente manera:

1.     La diferencia entre un voto y un juramento.


¿Qué es un juramento? Un juramento es una declaración que invoca el nombre de Dios para garantizar la veracidad de lo que se dice o el compromiso asumido. En el mundo del Antiguo Testamento, Dios es llamado como testigo. Existen dos tipos principales:

·      Juramento afirmativo

Su propósito es afirmar que algo es verdadero o declarar la inocencia de una persona. Por ejemplo: “Juro delante del Señor que no tomé esa propiedad.” Se usa para librarse de una acusación. En este caso, Dios actúa como testigo y juez. Este tipo de juramento no crea una obligación futura, sino que confirma una realidad presente o pasada.

 

·      Juramento promisorio

Su propósito es prometer una acción futura. Por ejemplo: “Juro al Señor que haré esto.” Dios no solo es testigo, sino Aquel ante quien la promesa debe cumplirse. Aquí el juramento comienza a acercarse al voto.


¿Y Qué es un voto? Un voto es una promesa voluntaria hecha directamente a Dios. Esta es la diferencia esencial.

·       En un juramento, Dios es invocado.

·       En un voto, Dios es el destinatario de la promesa.

Un voto dice, en esencia: “Si Tú haces esto, Señor, yo haré, daré o me abstendré de aquello.”

Características clave del voto:

·       Siempre es promisorio.

·       Con frecuencia surge en momentos de crisis, de necesidad o de clamor.

·       Crea una nueva obligación moral ante Dios.

·       Generalmente es condicional.


¿Por qué Números 30 trata los votos con tanta seriedad?

Porque los votos atan a la persona que los hace directamente con Dios; son compromisos autoimpuestos; no pueden deshacerse con ligereza; y al romperlos se incurre en culpa y demanda un sacrificio de reparación.

2.    Los hombres y los votos (V1-2). Si un hombre hacía un voto al Señor, estaba en la obligación de cumplirlo. ¡Era un voto inquebrantable! Jefte en el libro de Jueces 11:30-36 nos relata una historia de un padre que hace un voto al Señor y dice,

“Y Jefté hizo un voto al Señor: «Si me das la victoria sobre los amonitas, yo entregaré al Señor al primero que salga de mi casa para recibirme cuando regrese triunfante. Lo sacrificaré como ofrenda quemada». Así que Jefté dirigió al ejército contra los amonitas, y el Señor le dio la victoria. Aplastó a los amonitas, devastó unas veinte ciudades desde Aroer hasta una zona cerca de Minit, y desde allí hasta Abel-keramim. De esa forma, Israel derrotó a los amonitas. Cuando Jefté volvió a su casa en Mizpa, su hija salió a recibirlo tocando una pandereta y danzando de alegría. Ella era su hija única, ya que él no tenía más hijos ni hijas. Cuando la vio, se rasgó la ropa en señal de angustia. —¡Hija mía! —clamó—. ¡Me has destruido por completo! ¡Me has traído una gran calamidad! Pues hice un voto al Señor y no puedo dejar de cumplirlo. Y ella le dijo: —Padre, si hiciste un voto al Señor, debes hacer conmigo lo que prometiste, porque el Señor te ha dado una gran victoria sobre tus enemigos, los amonitas.”

Jefte tuvo que cumplir lo que le había prometido al Señor. Que historia tan fuerte, ya que Jefte y su hija tenían una relación excelente.

 

3.    Las mujeres y los votos (V3-15). Aquí vemos 5 casos específicos acerca de las mujeres y la autoridad de su padre, si están solteras, o casadas, el padre o el esposo puede anular el voto hecho.

Primer caso: el voto de una joven anulado por su padre (V3-5). Si una joven vive en casa de su padre, quiere decir que está bajo su autoridad. Si ella hace una promesa y su padre no se entera, entonces está obligada a cumplirla. Pero si su padre se entera y no está de acuerdo con la promesa y compromiso que ella hizo, entonces puede anularlos y será absuelta. Dios está estableciendo un marco de protección, no resaltando fracasos. La responsabilidad recae en la figura de autoridad, en este caso, en el padre, para actuar de inmediato. En el antiguo Israel, la familia era la unidad económica y social básica. Una hija soltera que vivía en casa de su padre estaba bajo la protección y provisión de su padre. Sus votos podían tener implicaciones económicas significativas para toda la familia. Por ejemplo, si ella hacía un voto de dedicar cierta cantidad de productos o animales al Señor, eso afectaría los recursos familiares. Pero hay algo más profundo aquí: Dios está protegiendo tanto la santidad de los votos como la estabilidad de la estructura familiar. Si el padre no dice nada cuando se entera del voto, el voto permanece válido. Esto significa que el padre tiene responsabilidad de supervisar los compromisos espirituales de su hija mientras ella esté bajo su cuidado.

Sin embargo, si el padre se opone inmediatamente cuando se entera, Dios libera a la hija de su obligación. Esto es misericordioso por parte de Dios: reconoce que una joven mujer puede hacer votos impulsivos sin entender completamente las implicaciones, y le da al padre, que tiene más experiencia y sabiduría, la autoridad para protegerla de compromisos que podrían ser perjudiciales.

El punto clave es este: Dios toma los votos tan en serio que incluso cuando son anulados por una autoridad legítima, Él mismo es quien libera a la persona de la obligación. El texto dice explícitamente: "El Señor la librará." No es que el voto simplemente desaparezca; es que Dios, en su gracia, cancela la obligación.

 

Segundo caso: Si la joven se casa después de haber hecho una promesa: (V6-8) la joven hizo una promesa o un compromiso antes de casarse, pues estaba comprometida para casarse y su prometido/esposo no se entera de su promesa y no dice nada, entonces ella debe cumplir sus promesas. Si su prometido/esposo se entera y no lo prueba, el puede anular la promesa y ella queda absuelta.

Tercer caso: la viuda o divorciada que haga una promesa (V9). En ambos casos están obligadas a cumplir con la promesa o compromiso que hicieron.

Este versículo es crucial y a menudo pasado por alto. Una viuda o una mujer divorciada no está bajo la autoridad de un padre ni de un esposo. Por lo tanto, sus votos son completamente válidos y vinculantes, sin posibilidad de anulación.

Esto demuestra algo importante: la capacidad de hacer votos válidos a Dios no depende del género, sino de la estructura de autoridad y responsabilidad en la que la persona se encuentra. Una mujer que no está bajo autoridad paternal o matrimonial es completamente responsable ante Dios por sus palabras y compromisos.

Esto también revela algo sobre el corazón de Dios: Él protege y dignifica a las viudas y divorciadas reconociendo su plena capacidad y responsabilidad espiritual. No son tratadas como personas de segunda clase, sino como individuos plenamente responsables ante Dios por sus compromisos.

Cuarto caso: Una mujer casada hace una promesa o se compromete bajo juramento a algo (V10-12). Si su esposo se entera y se queda callado, entonces ella está obligada a cumplir todas sus promesas y compromisos. Pero si su esposo se entera y no está de acuerdo, él puede anularlas. Ella queda absuelta. Un ejemplo de este caso es la historia de Ana, su esposo Elcana. Ella hizo una promesa o voto a Dios y su esposo no se enteró y ella llevo a cabo lo que había prometido a Dios si le daba un hijo. ¡ Samuel 1:10-11 dice, Ana, en 1 Samuel 1:10-11, dice: “Ana, con una profunda angustia, lloraba amargamente mientras oraba al Señor e hizo el siguiente voto: «Oh Señor de los Ejércitos Celestiales, si miras mi dolor y contestas mi oración y me das un hijo, entonces te lo devolveré. Él será tuyo durante toda su vida, y como señal de que fue dedicado al Señor, nunca se le cortará el cabello».”

 

El principio aquí es similar al de las hijas solteras, pero ahora aplicado al matrimonio. Una vez casada, la mujer está bajo una nueva estructura de autoridad y protección. El esposo, como cabeza del hogar, tiene la responsabilidad de supervisar los compromisos que afectan a la familia.

Debemos entender que esto no es una devaluación de la espiritualidad o el compromiso de la mujer. Más bien, es un reconocimiento de que el matrimonio crea una unidad donde las decisiones significativas deben hacerse juntos. Un voto que afecta los recursos o el tiempo de la familia no debe hacerse de manera unilateral, sin considerar al cónyuge.

Quinto caso: El esposo tiene el poder para confirmar o anular cualquier promesa o juramento de abstinencia que ella haya hecho (V13-15). Si el se entera y deja que pasen varios días y no dice nada, entonces ella debe cumplirlos. Pero si él los anula después de un tiempo de haberse enterado, entonces él cargará con la culpa de su esposa.

Bueno y qué dice el Nuevo Testamento:

Tratar la palabra como sagrada no es legalismo; es imitar al Dios que habló, cumplió, y cuya Palabra se hizo carne para mostrarnos cómo se vive la verdad.

Juan retoma esta verdad y la lleva aún más lejos que lo que dice Genesis. Juan 1:1-3 dice: “En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. El que es la Palabra existía en el principio con Dios. Dios creó todas las cosas por medio de él, y nada fue creado sin él.”, nos revela que la Palabra no es solo un medio que Dios usa, sino que la Palabra estaba con Él en el principio y esa Palabra es Dios mismo. Todo fue creado por medio de la Palabra, y nada existe fuera de ella. La realidad —material, moral y espiritual— tiene su origen en la Palabra divina.

Y luego, Juan 1:14 dice: “Entonces la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros. Estaba lleno de amor inagotable y fidelidad. Y hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo del Padre. ”Nos confronta con una verdad asombrosa: esa Palabra creadora se hizo carne y vino a habitar entre nosotros.

 

Colosenses 1:15-17 dice,“Cristo es la imagen visible del Dios invisible. Él ya existía antes de que las cosas fueran creadas y es supremo sobre toda la creación porque, por medio de él, Dios creó todo lo que existe en los lugares celestiales y en la tierra. Hizo las cosas que podemos ver y las que no podemos ver, tales como tronos, reinos, gobernantes y autoridades del mundo invisible. Todo fue creado por medio de él y para él. Él ya existía antes de todas las cosas y mantiene unida toda la creación.”


La Palabra no se quedó en el ámbito abstracto; entró en la historia humana. Vivió entre nosotros. Caminó, habló, prometió, cumplió, murió, resucitó… y regresará.

 

Jesús eleva aún más el estándar de los juramentos. En Mateo 5:33-37, Jesús dice:

“También han oído que se dijo a sus antepasados: “No faltes a tu juramento, sino cumple con tus promesas al Señor”. Pero yo digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro. Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no. Cualquier otra cosa que digan más allá de esto proviene del maligno.”

En el tiempo de Jesús, la gente había desarrollado un sistema complejo de juramentos donde algunos juramentos eran considerados más vinculantes que otros. Juraban por el templo, por el oro del templo, por el altar, por la ofrenda sobre el altar, tratando de encontrar maneras de hacer que sus palabras fueran menos absolutas. Era una forma de evasión espiritual.

Jesús dice: "¡Basta! Si tu carácter está formado por la integridad, no necesitas juramentos elaborados. Tu simple 'sí' debería ser suficiente, y tu simple 'no' debería ser suficiente." El estándar de Jesús es aún más alto que el de Números 30: cada palabra que salga de tu boca debería tener el peso de un juramento sagrado.

Santiago 5:12 reafirma esta enseñanza de Jesús y dice, “Sobre todo, hermanos míos, no juren ni por el cielo ni por la tierra ni por ninguna otra cosa. Que su «sí» sea «sí», y su «no», «no», para que no sean condenados.”

 

¿Cuál es la conexión entre Números 30 y la enseñanza de Jesús? Es esta: Dios siempre ha valorado la integridad de las palabras. En el Antiguo Testamento, Él estableció regulaciones sobre los votos para proteger su santidad. En el Nuevo Testamento, Jesús va al corazón del asunto y dice: "Vivan de tal manera que no necesiten juramentos. Sean personas de tal integridad que su palabra simple sea suficiente."

Este es el llamado para los seguidores de Cristo: ser personas de palabra, personas cuya integridad es tan conocida que no necesitamos hacer grandes declaraciones o juramentos para que la gente nos crea.

¿Cómo aplicamos estas verdades antiguas a nuestras vidas? Aquí hay algunas aplicaciones prácticas:


1.    Piensa antes de prometer

Números 30 nos enseña que los votos impulsivos pueden ser peligrosos. Antes de hacer una promesa, especialmente una promesa a Dios, toma tiempo para considerar:

- ¿Puedo realmente cumplir esto?

- ¿Cómo afectará esto a mi familia y otras responsabilidades?

- ¿Estoy haciendo esta promesa por las razones correctas?

- ¿He consultado con aquellos que serán afectados por mi compromiso?


2.    Cumple lo que prometes

Si has hecho una promesa, especialmente a Dios, cumplirla debe ser una prioridad. Eclesiastés 5:4-5 dice: "Cuando hagas un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque él no se complace en los necios; cumple lo que prometes. Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos."

Esto se aplica no solo a votos formales, sino a todas nuestras promesas:

- Si prometiste encontrarte con alguien, llega a tiempo.

- Si dijiste que harías algo, hazlo.

- Si te comprometiste a un proyecto o ministerio, sé fiel hasta el final.

- Si hiciste votos matrimoniales, hónralos todos los días de tu vida.


3.    Reconoce la conexión entre tus palabras y tu carácter

Como dijo Rabino Sacks, las palabras crean realidades morales. Cada vez que dices algo, estás revelando quién eres. Jesús dijo: "Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado" (Mateo 12:37, NVI).

Nuestras palabras no son neutrales. Construyen o destruyen confianza, crean o erosionan relaciones, glorifican o deshonran a Dios. Proverbios 18:21 dice: "En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto."


4.    Crea una cultura de integridad verbal en tu familia y comunidad

Como seguidores de Cristo, debemos ser conocidos como personas de palabra. Esto comienza en nuestras familias y se extiende a nuestras comunidades:

- Enseña a tus hijos la importancia de cumplir sus promesas, incluso las pequeñas.

- Modela integridad verbal en tus relaciones.

- En tu iglesia o comunidad de fe, cultiva una cultura donde la palabra de la gente sea confiable.

- Sé conocido como alguien cuyo "sí" es "sí" y cuyo "no" es "no".

Recuerda las palabras de Jonathan Sacks: "Una sociedad libre depende de la confianza, y la confianza depende de mantener tu palabra." Esto es tan cierto hoy como lo fue en el antiguo

Números capítulo 30 nos enseña una verdad que nuestro mundo desesperadamente necesita escuchar: las palabras importan. No son simplemente sonidos que hacemos con nuestras bocas. Son actos creativos que construyen o destruyen, que bendicen o maldicen, que establecen confianza o la erosionan.

En un mundo donde las promesas se rompen fácilmente, donde los contratos necesitan abogados, donde la desconfianza es la norma, los seguidores de Cristo debemos ser diferentes. Debemos ser conocidos como personas de palabra, personas cuyas promesas son sagradas, personas en las que se puede confiar.

¿Por qué? Porque representamos a un Dios que siempre cumple su palabra. 

PREGUNTAS PARA REFLEXIÓN Y DISCUSIÓN

1. ¿Hay promesas que has hecho (a Dios, a tu familia, a otros) que todavía no has cumplido? ¿Qué pasos puedes tomar hoy para honrar esos compromisos?

2. ¿Cómo evaluarías tu integridad verbal en una escala del 1 al 10? ¿Te conocen las personas como alguien de palabra? ¿Qué áreas específicas necesitan mejorar?

3. Piensa en un momento en que rompiste una promesa. ¿Cómo afectó eso a tu relación con la persona involucrada? ¿Qué aprendiste de esa experiencia?

4. A la luz de la enseñanza de Jesús en Mateo 5:33-37, ¿cómo puedes cultivar un carácter de tal integridad que tu simple "sí" o "no" sea suficiente?

Que el Señor nos ayude a ser personas de palabra, personas cuya integridad verbal refleje su carácter perfecto. Que nuestras palabras construyan confianza, edifiquen relaciones y glorifiquen el nombre de nuestro Dios, quien siempre cumple sus promesas.

Como dice Salmo 15:1-5:

"¿Quién puede habitar en tu santuario, Señor? ¿Quién puede vivir en tu santo monte? Solo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón dice la verdad; que no calumnia con la lengua, que no le hace mal a su prójimo ni le acarrea desgracias a su vecino; que desprecia al que Dios reprueba, pero honra al que teme al Señor; que cumple lo prometido aunque salga perjudicado. al que presta dinero sin ánimo de lucro y no acepta sobornos que afecten al inocente. El que así actúa no caerá jamás.”

Hasta la próxima semana, si Dios lo permite. ¡Que el Señor los bendiga!f