Levitico, Una Ventana al Corazon de Dios Podcast
Seguramente te estarás preguntando que relevancia tienen las leyes de Levítico para hoy y como se aplican.
En este podcast exploraremos el libro de la Biblia menos leído, poco entendido y controversial en su aplicación para el cristiano de hoy. Tambien nos ayudara a entender que las leyes son expresiones de los valores del dador de la ley.
Cada semana compartire enseñanzas que aprendi de eruditos, rabinos, pastores y amigos que influenciaron mi estudio y entendimiento de Levítico.
Los invito a descubrir cosas maravillosas que contiene este libro.
Si tienes una pregunta, la puedes enviar a podcastdelevitico@gmail.com
A CONTINUACION LES SUGIERO UNA BREVE LISTA DE ALGUNOS
COMENTARIOS QUE RECOMIENDO PARA EL ESTUDIO DE LEVITICO
Levine, B.A. (1989), Leviticus, JPS Torah Commentary (Philadelphia: Jewish Publication Society).
Milgrom, Jacob. (1983), Studies in Cultic Theology and Terminology, Studies in Judaism in Late Antiquity 36 (Leiden: Brill).
Milgrom, Jacob. (2004), Leviticus: A Book of Ritual and Ethics, Continental Commentaries (Minneapolis: Fortress Press).
Tidball, D. (2005), The Message of Leviticus: Free to Be Holy, The Bible Speaks Today (Downers Grove/Leicester: IVP).
Wenham, G. J. (1979), The Book of Leviticus, NICOT (Grand Rapids: Eerdmans).
Morales, L. M. (2015). Who Shall Ascend the Mountain of the Lord?: A Biblical Theology of the Book of Leviticus). NICOT (Apollos; InterVarsity Press).
Rugh, W. W. (1998). Christ in the Tabernacle: Person and work of Jesus Christ. (Woodlawn).
Sacks, Rabbi. Jonathan. (2015). Covenant & Conversation, Volume 3: Leviticus, The Book of Holiness. (Maggid).
Sklar, J. (2014). Leviticus: An Introduction and Commentary. TOTC (Inter-Varsity Press).
Heiser, Michael. S. (2015). The Unseen Realm: Rediscovering the Supernatural Worldview of the Bible. (Lexham Press).
A CONTINUACION LES SUGIERO UNA BREVE LISTA DE ALGUNOS
COMENTARIOS QUE RECOMIENDO PARA EL ESTUDIO DE NÚMEROS
Sacks, Rabbi. Jonathan. (2017). Covenant & Conversation, Volume 4: Numbers, The Wilderness Years. (Maggid).
Milgrom, Jacob. (1989), Numbers, JPS Torah Commentary (Philadelphia: Jewish Publication Society).
Wenham, Gordon, J. (2008). Numbers: An Introduction and Commentary. TOTC (Inter-Varsity Press).
Pakula, M. (2006). Numbers: Homeward Bound. (P. Barnett, Ed). Aquila Press.
Cole, R. D. (2000). Numbers. Vol. 38. (Broadman & Holman Publishers).
Woodall, C. (2023). Messiah in the Mishkan: From Shadow to Substance and Beyond. Wipf and Stock.
Levitico, Una Ventana al Corazon de Dios Podcast
#67. La Guerra Santa contra Madián
¿Alguna vez has leído un pasaje bíblico que te ha dejado incómodo?
¿Un texto que, en lugar de tranquilizarte, te ha llenado de preguntas difíciles?
En Números capítulo 31, nos encontramos con uno de esos pasajes. Aquí se nos habla de guerra santa, de juicio divino y de decisiones que desafían nuestra manera moderna de entender a Dios. Y precisamente por eso, no podemos ignorarlo ni suavizarlo. Necesitamos mirarlo con honestidad, con humildad y dentro de todo su contexto.
En este episodio, “La Guerra Santa contra Madián”, exploraremos el mandato de Dios, la naturaleza de esta guerra que le pertenece al Señor, la victoria concedida a Israel y las consecuencias que siguieron. Veremos la confrontación de Moisés con sus propios soldados, la necesidad de purificación después de la batalla —porque la santidad no se suspende ni siquiera tras la victoria— y el reparto del botín, donde se revelan profundas lecciones sobre la justicia y la equidad de Dios.
Este no es un episodio fácil, pero sí necesario. Porque el Dios que juzga el pecado con perfecta justicia es el mismo Dios que protege, purifica y redime a su pueblo.
Hola, amigos, bienvenidos al episodio #67 de Números: Una Ventana al Corazón de Dios.
¿Alguna vez has leído un pasaje de la Biblia que te ha dejado incómodo? ¿Un texto que, en lugar de consolarte, te ha generado más preguntas que respuestas? Si es así, hoy estamos entrando en uno de esos capítulos. Números 31 nos confronta con algo que muchos predicadores prefieren evitar: la guerra santa y el juicio divino. Y yo creo que precisamente por eso necesitamos estudiarlo con honestidad, con humildad y con todo el contexto que la Palabra nos da.
En el episodio anterior, exploramos el capítulo 30, en el que Dios nos enseñó algo profundo sobre la santidad de la palabra humana. Vimos que los votos y los juramentos no son asuntos menores; son compromisos que tienen un peso eterno delante de Dios. La palabra, dijimos, tiene poder creador. Cuando prometemos, estamos creando realidades morales que antes no existían y nos atan ante el Señor.
Pero hoy la pregunta se invierte. Si la palabra del ser humano es sagrada delante de Dios, ¿qué pasa cuando es la palabra de Dios la que habla? ¿Qué pasa cuando es Dios quien declara el juicio? Esta es la realidad a la que nos lleva el capítulo 31.
Para entender lo que está pasando aquí, necesitamos recordar algo que estudiamos hace varios episodios: el pecado de Baal-peor del capítulo 25. ¿Recuerdan? Israel fue seducido por las mujeres de Moab y de Madián para que adorara al dios Baal de Peor. ¿Y quién fue el cerebro detrás de esa estrategia? Balam, el profeta mercenario, quien, cuando no pudo maldecir a Israel, enseñó a Madián cómo destruirlo desde adentro. El resultado fue devastador: una plaga que mató a 24,000 israelitas. Este capítulo es una respuesta a los autores intelectuales y materiales que condujeron a la caída de Israel en inmoralidad sexual, adoración pagana e idolatría.
Y aquí es donde necesitamos hacer una pausa importante, porque hay una palabra que aparece en este capítulo y puede generar mucha confusión: venganza. Números 31:2 dice “tienes que vengarte de los madianitas”.
Cuando leemos esa palabra, inmediatamente pensamos en resentimiento, en ira descontrolada, en un Dios que actúa por impulso. Pero eso no es lo que está pasando aquí. Lo que estamos viendo no es venganza en el sentido humano de la palabra. Es la justicia de Dios.
Y esta es una distinción fundamental para entender todo el capítulo 31. La venganza humana es emocional, desproporcionada, a veces ciega. La justicia divina es precisa y siempre tiene un propósito mayor. Dios no actúa por resentimiento. Dios es santo. Cuando un pueblo decide seducir descaradamente y destruir espiritualmente al pueblo de Dios, se convierte en un afronte abierto a la voluntad divina, que eventualmente traerá consecuencias serias a ese pueblo. Dios ve todo. Ninguna acción puede pasar inadvertida. Las acciones y las motivaciones de todas las partes salen a la luz, revelando el mal y la fragilidad del corazón humano. ¡Nadie se escapa!
Ahora sé que surgen preguntas difíciles cuando estudiamos un capítulo como este. Y no vamos a evitarlas. En el transcurso del episodio, vamos a enfrentarlas directamente: ¿Por qué un Dios de amor ordena esto? ¿Cómo reconciliamos este texto con la enseñanza de Jesús? Estas son preguntas legítimas, y merecen respuestas honestas, no respuestas superficiales.
Antes de enfrentar las preguntas difíciles, necesitamos entender la historia completa. Esta orden de guerra solo puede comprenderse dentro de su contexto. Cuando aislamos un versículo y lo leemos sin el marco completo, corremos el riesgo de malinterpretar no solo el mandato, sino todo lo que sigue.
Voy a leer el capítulo 31 de Números de la Nueva Versión Internacional y dice:
El Señor dijo a Moisés: 2 «Antes de reunirte con tus antepasados, en nombre de tu pueblo, tienes que vengarte de los madianitas».
3 Moisés se dirigió al pueblo y dijo: «Preparen a algunos de sus hombres para la guerra contra Madián. Vamos a descargar sobre ellos la venganza del Señor. 4 Que cada una de las tribus de Israel envíe mil hombres a la guerra».
5 Los escuadrones de Israel proveyeron mil hombres por cada tribu, con lo que se reunieron doce mil hombres armados para la guerra. 6 Moisés envió a la guerra a los mil hombres de cada tribu. Con ellos iba Finés, hijo del sacerdote Eleazar, quien tenía a su cargo los utensilios del santuario y las trompetas que darían la señal de ataque.
7 Tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés, los israelitas entraron en batalla contra Madián y mataron a todos los varones. 8 Pasaron a espada a Eví, Requen, Zur, Hur y Reba, que eran los cinco reyes de Madián, y también a Balán, hijo de Beor. 9 Capturaron a las mujeres y a los niños de los madianitas, y tomaron como botín de guerra todo su ganado, rebaños y bienes. 10 A todas las ciudades y campamentos donde vivían los madianitas les prendieron fuego, 11 y se apoderaron de gente y de animales. Todos los despojos y el botín 12 se los llevaron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a toda la comunidad israelita. A los prisioneros, el botín y los despojos los llevaron hasta el campamento que estaba en las llanuras de Moab, cerca del Jordán, a la altura de Jericó.
13 Moisés y el sacerdote Eleazar y todos los líderes de la comunidad salieron a recibirlos fuera del campamento. 14 Moisés estaba furioso con los comandantes de mil y de cien soldados que regresaban de la batalla. 15 «¿Cómo es que dejaron con vida a las mujeres? —les preguntó—. 16 ¡Si fueron ellas las que, aconsejadas por Balán, hicieron que los israelitas traicionaran al Señor en Baal Peor! Por eso una plaga hirió de muerte al pueblo del Señor. 17 Maten a todos los niños, y también a todas las mujeres que hayan tenido relaciones sexuales, 18 pero quédense con todas las muchachas que jamás las hayan tenido.
Purificación de combatientes y de prisioneros
19 »Todos los que hayan matado a alguien o hayan tocado un cadáver, deberán quedarse fuera del campamento durante siete días. Al tercer día y al séptimo, se purificarán ustedes y sus prisioneros. 20 También deberán purificar toda la ropa y todo artículo de cuero, de pelo de cabra o de madera».
21 El sacerdote Eleazar dijo a los soldados que habían ido a la guerra: «Esto es lo que manda la ley que el Señor entregó a Moisés: 22 Oro, plata, bronce, hierro, estaño, plomo 23 y todo lo que resista el fuego deberá ser pasado por el fuego para purificarse, pero también deberá limpiarse con las aguas de la purificación. Todo lo que no resista el fuego deberá pasar por las aguas de la purificación. 24 Al séptimo día, lavarán ustedes sus vestidos y quedarán purificados. Entonces podrán reintegrarse al campamento».
Reparto del botín
25 El Señor dijo a Moisés: 26 «Tú y el sacerdote Eleazar y los jefes de las familias patriarcales harán un recuento de toda la gente y de todos los animales capturados. 27 Dividirán el botín entre los soldados que fueron a la guerra y el resto de la comunidad. 28 A los que fueron a la guerra les exigirás del botín una contribución para mí, el Señor. Tanto de la gente como de los asnos, vacas u ovejas, apartarás uno de cada quinientos. 29 Los tomarás de la parte que les tocó a los soldados, y se los darás al sacerdote Eleazar como contribución para mí, el Señor. 30 De la parte que les toca a los israelitas, apartarás de la gente uno de cada cincuenta, lo mismo que de los asnos, vacas, ovejas u otros animales, y se los darás a los levitas, pues ellos son los responsables del cuidado del santuario del Señor».
31 Moisés y el sacerdote Eleazar hicieron tal como el Señor se lo ordenó a Moisés.
32 Sin tomar en cuenta los despojos que tomaron los soldados, el botín fue de seiscientas setenta y cinco mil ovejas, 33 setenta y dos mil cabezas de ganado, 34 sesenta y un mil asnos 35 y treinta y dos mil mujeres que jamás habían tenido relaciones sexuales.
36 La mitad fue para los que fueron a la guerra:
Trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas, 37 de las cuales se entregaron seiscientas setenta y cinco como contribución al Señor.
38 Treinta y seis mil vacas, de las cuales se entregaron setenta y dos como contribución al Señor.
39 Treinta mil quinientos asnos, de los cuales se entregaron sesenta y uno como contribución al Señor.
40 Dieciséis mil mujeres, de las cuales se entregaron treinta y dos como contribución al Señor.
41 La parte que correspondía al Señor se la entregó Moisés al sacerdote Eleazar, tal como el Señor se lo había ordenado.
42 Del botín que trajeron los soldados, Moisés tomó la mitad que correspondía a los israelitas, 43 de modo que la mitad que le tocó a la comunidad fue trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas, 44 treinta y seis mil vacas, 45 treinta mil quinientos asnos 46 y dieciséis mil mujeres. 47 De la parte que tocó a los israelitas, Moisés tomó una de cada cincuenta personas y uno de cada cincuenta animales, tal como el Señor se lo había ordenado, y todo se lo entregó a los levitas, que eran los responsables del cuidado del santuario del Señor.
La ofrenda de los capitanes
48 Entonces los oficiales que estaban a cargo de la tropa, es decir, los comandantes de mil y de cien soldados, se acercaron a Moisés 49 y dijeron: «Tus siervos han pasado revista y no falta ninguno de los soldados que estaban bajo nuestras órdenes. 50 Por eso hemos traído, como ofrenda al Señor, los artículos de oro que cada uno de nosotros encontró: pulseras, cadenas, anillos, pendientes y collares. Todo esto lo traemos para pedir perdón por nuestro pecado ante el Señor».
51 Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron todos los artículos de oro. 52 Todo el oro que los comandantes de mil y de cien soldados presentaron como contribución al Señor pesó dieciséis mil setecientos cincuenta siclos.[a]53 Cada soldado había tomado botín para sí mismo. 54 Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de manos de los comandantes, luego lo llevaron a la Tienda de reunión para que el Señor tuviera presente a los israelitas.
La historia del juicio de Núremberg tras la Segunda Guerra Mundial, no fue venganza, sino justicia. Los crímenes cometidos contra la humanidad debían ser juzgados. Hubo quienes argumentaron que era mejor "dejar el pasado atrás", pero la verdadera justicia exigía que se enfrentaran las consecuencias. Asimismo, el juicio contra Madián no fue capricho divino, sino la respuesta justa de un Dios santo ante quienes deliberadamente tramaron la destrucción espiritual de Israel.
Vamos a desglosar este capítulo en 7 partes de la siguiente manera:
1. El mandato divino: La última batalla de Moisés (31:1-6)
Dios habla a Moisés y le dice. “Antes de reunirte con tus antepasados, en nombre de tu pueblo, tienes que vengarte de los madianitas”. A Moisés aún le quedaban tareas por cumplir antes de su muerte. Su labor no había terminado. El momento de cerrar el capítulo de lo ocurrido en Baal Peor había llegado. Esta no era una batalla que Israel pudiera dejar para otro día. Era urgente. Esta sería la última batalla que Moisés dirigiría como líder del pueblo. Vamos entonces a abordar el tema de la venganza. El contexto de esta guerra es muy importante. Recordemos que las mujeres moabitas y madianitas, aconsejadas por Balan, sedujeron a los hombres israelitas, quienes cometieron adulterio espiritual contra Dios. También recordemos que murieron 24000 hombres en un solo día. Dios ejecutó justicia primero con su pueblo y ahora le tocaba el turno a los madianitas. Tanto Israel como Madian tendrían que sufrir las consecuencias de sus propios pecados. Dios no aplica dobles estándares. Exige fidelidad primero de los suyos y después juzga a los demás pueblos. Recordemos que durante 40 años, Israel se rebeló 10 veces y en cada una de ellas murieron miles de israelitas. Toda una generación murió en el desierto como castigo. Dios trató primero con su pueblo. Así que el mandato de vengarse de los madianitas era una forma clara de declarar juicio sobre ellos. Ellos recibirían el pago de sus propios pecados y acciones.
Israel reclutó 1.000 hombres de cada una de las doce tribus. Fueron 12,000 soldados. No fue un ejército masivo si lo comparamos con los 600,000 varones que salieron de Egipto. Pero el número no fue lo más importante. Lo más importante es quién los lideró espiritualmente. Dios iría con su pueblo. Fineés, hijo del sumo sacerdote Eleazar, fue con ellos.
Gordon Wenham, en su comentario sobre Números, nos explica algo clave para entender la naturaleza de esta batalla. Dice que la participación de Fineés, hijo del sumo sacerdote Eleazar, en la batalla es una señal clara: es una guerra santa. No es una operación militar ordinaria. Es una batalla en la que lo espiritual y lo físico se encuentran. Los sacerdotes tenían deberes específicos en la guerra santa, deberes que están descritos en Deuteronomio capítulo 20. El hecho de que Fineés mismo lidere espiritualmente esta campaña nos dice que la santidad de Dios no se puede apartar de lo que está por pasar.
Y fíjense en algo más que Wenham señala: el sumo sacerdote Eleazar se quedó en el campamento. ¿Por qué? Porque según la ley levítica, un sacerdote no puede tener contacto con los muertos sin quedar contaminado. El principio está en Levítico 21:10-11 dice, “Aquel que sea sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza se haya derramado el aceite de la unción y a quien se le haya conferido autoridad para llevar las vestiduras sacerdotales, no deberá andar despeinado ni rasgarse las vestiduras. No entrará en ningún lugar donde haya un cadáver. No deberá contaminarse, ni siquiera por su padre o por su madre.” En ningún momento de esta batalla de debe comprometer la santidad del campamento, ni siquiera en la guerra.
Wenham explica que cuando un sacerdote va a la batalla, la batalla se convierte en guerra santa. Los sacerdotes llevaban consigo los utensilios del santuario y las trompetas para dar la señal de alarma. Lo espiritual y lo militar se unen en un solo propósito.
Incluso en la guerra, la santidad tiene prioridad. Esta es una lección que debemos llevar con nosotros a lo largo de todo el capítulo.
2. La Victoria Total (31:7-12)
La batalla fue decisiva. Israel peleó contra Madián conforme al mandato de Dios y el resultado fue contundente: mataron a todos los varones madianitas. Los cinco reyes de Madián murieron.
Y junto a los cinco reyes, muere otro: Balam, hijo de Beor. El profeta a sueldo. El que no pudo maldecir a Israel y decidió enseñar a Madián cómo destruirlo desde adentro. Muere a espada, junto con los cómplices. Recordemos que Balam se había regresado a su tierra con las manos vacías, pero eventualmente regreso donde los madianitas.
Fue por el consejo de Balam que las mujeres de Madián sedujeron a Israel en Baal-peor. Balam no fue un observador pasivo. Fue el estratega. Cuando Dios le dijo que no maldijera a Israel, Balam no se fue con las manos vacías. Buscó otra manera de obtener su pago. Y esa otra manera fue enseñar a Madián cómo derrotar a Israel desde adentro, mediante la seducción espiritual.
Hay algo de justicia poética en lo que paso aquí: el que buscó lucrar vendiendo a Israel, muere con los mismos a quienes sirvió
Israel se regresa al campamento con un botín enorme. (V9-12) Las mujeres y los niños madianitas fueron llevados cautivos. Todo su ganado, rebaños y bienes fueron tomados como botín. Sus ciudades fueron incendiadas. Fue una victoria completa y decisiva.
3. LA CONFRONTACIÓN DE MOISÉS (31:13-18)
Moisés, Eleazar y los príncipes salen a recibir al ejército que regresa victorioso. Y en ese momento, cuando deben estar celebrando, Moisés vio algo que enciende su ira. Los soldados trajeron a las mujeres madianitas como cautivas. Pero Moisés inmediatamente sabe quiénes eran esas mujeres.
"¿Han dejado con vida a todas las mujeres?", les pregunta Moisés. ¡Si fueron ellas las que, aconsejadas por Balán, hicieron que los israelitas traicionaran al Señor en Baal Peor! Por eso una plaga hirió de muerte al pueblo del Señor. Maten a todos los niños, y también a todas las mujeres que hayan tenido relaciones sexuales,” Parece fuerte, pero ellas no fueron víctimas inocentes, fueron instrumentos conscientes de la estrategia de Balan. La seducción espiritual fue deliberada.
La sentencia que da Moisés es precisa. Los que deben morir: todo varón entre los niños, y toda mujer que haya conocido a un varón. Es decir, toda mujer que haya participado de la seducción sexual que llevó a Israel al pecado de Baal-peor.
Las que pueden vivir son las niñas que no han conocido a ningún varón. ¿Por qué? Es decir, estas niñas eran sexualmente vírgenes e inocentes, por lo que no pudieron haber estado involucradas en la conspiración.
Y aquí hay algo importante que notar: estas niñas no quedaron abandonadas. Serían incorporadas a Israel. Según Deuteronomio 21:10-14, podrían casarse con los guerreros israelitas, integrándose así a la nación elegida de Dios. Es una misericordia en medio del juicio
4. LA PURIFICACIÓN DESPUÉS DE LA BATALLA (31:19-24)
Moisés le dice a los soldados: No entren al campamento sin purificarse. Siete días afuera. Todos los que mataron a alguna persona, todos los que tocaron algún muerto, deben pasar por un proceso de purificación. No solo ellos, sino también sus cautivos. No solo ellos, sino todos sus objetos: vestiduras, objetos de piel, obra de pelo de cabra, utensilios de madera. Absolutamente todo.
Este principio es el mismo que vimos antes con el sumo sacerdote que se quedó en el campamento. Eleazar, el sumo sacerdote, es quien da las instrucciones técnicas de la purificación. Y la ley es clara: lo que resiste el fuego, se purifica por fuego. Lo que no resiste el fuego, se purifica por agua.
Los metales —oro, plata, bronce, hierro, estaño, plomo— pasan por el fuego. Son purificados por la llama. Los otros objetos —las telas, los cueros, la madera— pasan por las aguas de purificación. Es un proceso detallado, preciso, y completamente deliberado.
Solo después de cumplir los siete días y lavarse en el séptimo día, entonces se puede regresar al campamento. La purificación debía cumplirse al pie de la letra antes de reentrar. No había excepciones.
5. LA DISTRIBUCIÓN DEL BOTÍN (31:25-47)
Dios da un mandato que, al principio, puede parecer sorprendente: el botín se divide en dos mitades exactas. Una mitad para los que pelean en la batalla. La otra mitad para la congregación que se quedó en el campamento.
¿Por qué? ¿Por qué los que no fueron a pelear reciben la misma cantidad? Los que pelean y los que sostienen son parte del mismo plan. La victoria es colectiva. No puedes tener un ejército sin una comunidad que lo sostenga.
Dentro de cada mitad, hay un tributo que va directamente al Señor. De la parte de los guerreros: uno de cada 500. De la parte de la congregación: uno de cada 50. En ambos la proporción es del 10:1. Es la misma proporción que se usa en los diezmos, según Números 18:26.
El texto nos da los números exactos. De los 675,000 ovejas que fueron capturadas: 337,500 van para los guerreros y 337,500 para la congregación. De la porción de los guerreros, 675 ovejas van al Señor. De los 72,000 bueyes: 36,000 para cada grupo, y 72 bueyes van al Señor. De los 61,000 asnos: 30,500 para cada grupo, y 61 asnos al Señor. De las 32,000 personas: 16,000 para cada grupo, y 32 personas van al Señor.
Y estas 32 niñas que van para los sacerdotes, como nos indica Wenham, o bien se convierten en sus siervas o en empleadas del servicio del santuario. El precedente bíblico se encuentra en Éxodo 38:8 y dice: “Además, con el bronce de los espejos de las mujeres que servían a la entrada de la Tienda de reunión, hizo el recipiente de bronce y su pedestal.” No quedaban en limbo. Tenían un lugar y un propósito dentro del pueblo de Dios.
6. LA OFRENDA VOLUNTARIA DE LOS OFICIALES (31:48-54)
Los jefes de millares y de centenas se acercaron a Moisés con un reporte que, en pocas palabras, fue un milagro. Ellos contaron a todos los soldados que fueron a la batalla, y ni uno solo faltaba.
Piensen en eso un momento. 12,000 soldados fueron a pelear contra un enemigo real. Nadie murió. Ni una sola persona. En un mundo donde la guerra significaba muertes masivas, esto no es normal. Fue una protección divina tan clara y visible que los propios soldados no pudieron negarla. Y entonces los oficiales hacen algo que nadie les pidió. Ellos llevaron una ofrenda voluntaria y dijeron: “Por eso hemos traído, como ofrenda al Señor, los artículos de oro que cada uno de nosotros encontró: pulseras, cadenas, anillos, pendientes y collares.” Según el texto, el total pesaba aproximadamente 16.750 siclos de oro, lo que equivalía a 193 kilos de oro.
¿Cuál fue el propósito de esta ofrenda? Los mismos oficiales lo dijeron: “Todo esto lo traemos para pedir perdón por nuestro pecado ante el Señor”. Es un reconocimiento de que la victoria no fue suya. Reconocen que Dios los protegió y perdonó sus vidas. La mejor manera de demostrarlo fue llevándolo al lugar más sagrado: el tabernáculo.
7. PREGUNTAS DIFÍCILES QUE DEBEMOS ENFRENTAR
1. ¿Por qué la orden de matar incluso a los niños varones?
Esta es, quizás, la pregunta más difícil que surge al estudiar este capítulo. Y no la voy a esquivar. Pero necesitamos entender el contexto completo antes de responder.
Primero, estamos hablando de una guerra santa en el marco del Antiguo Testamento. Las reglas que rigen este tipo de conflicto son diferentes a las de una guerra ordinaria. Es un conflicto espiritual que tiene dimensiones físicas.
Segundo, los niños varones, al crecer, representaban la continuidad de Madián como una amenaza futura y latente. Ellos eventualmente vengarían a sus familias.
Y finalmente, algo que es absolutamente importante: este es un evento específico dentro de la historia redentora. No es un patrón para imitar. Es una situación única, en un momento único, dentro del plan único de Dios.
2. ¿Cómo reconciliamos esto con el Dios de amor del Nuevo Testamento?
Es el mismo Dios. ¡Dios no cambia! Él es el mismo hoy y siempre. El Dios que actúa aquí es santo, justo y amoroso. En el Antiguo Testamento, vemos esa santidad de manera más directa y visible. En el Nuevo Testamento, vemos cómo esa misma santidad se expresa a través de Cristo, quien asume sobre sí el juicio que todos merecemos.
La paciencia de Dios tiene límites. Madián había cruzado todas las líneas. Pero el mismo Dios que juzga a Madián es quien preserva a las niñas inocentes. Es el que protege a los 12,000 soldados y los trae a casa sin una pérdida. Es el mismo Dios.
Y que dice el nuevo testamento
Tanto judíos como gentiles rendiremos cuentas a Dios.
Romanos 2:5-11 dice, “Pero por tu obstinación y por tu corazón sin arrepentimiento sigues acumulando castigo contra ti mismo para el día de la ira, cuando Dios revelará su justo juicio. Porque Dios «pagará a cada uno según lo que merezcan sus obras». Él dará vida eterna a los que, perseverando en las buenas obras, buscan gloria, honor e inmortalidad. Pero los que por egoísmo rechazan la verdad para aferrarse a la maldad recibirán ira y enojo de Dios. Habrá sufrimiento y angustia para todos los que hacen el mal, los judíos primeramente y también los que no son judíos; pero gloria, honor y paz para todos los que hacen el bien, los judíos primeramente y también los que no son judíos. Porque con Dios no hay favoritismos.” Aquí Pablo deja claro que judíos y gentiles serán evaluados con el mismo criterio. Este marco explica Números 31: Israel fue corregido primero por su adulterio espiritual; luego, Madián fue juzgado por provocar esa caída.
Jesús no peleó una batalla militar; sino que él voluntariamente entregó su vida para el rescate de muchos. Su batalla fue ganada en la cruz una vez por siempre. La cruz no canceló la justicia divina; más bien la consumó.
Marcos 10:45 dice, “Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.”
Cristo como el verdadero Purificador
La purificación necesaria después de la batalla en el capítulo 31 apunta a algo mucho más grande. 1 Juan 1:7 nos dice que la sangre de Jesús nos limpia de todo pecado. Su sangre es más eficaz que toda la sangre de animales y las aguas de purificación del Antiguo Testamento. Cristo es el verdadero Purificador. Él es nuestra santificación completa.
Hebreos 9:13-14 dice, “La sangre de machos cabríos y de toros, y las cenizas de una novilla rociadas sobre personas impuras, las santifican de modo que quedan limpias por fuera. Si esto es así, ¡cuánto más la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente!”
Y como podemos aplicar estas verdades a nuestras vidas
· La santidad de Dios no es negociable.
El pecado tiene consecuencias reales. La justicia divina es perfecta, aunque no siempre la comprendamos. Dios protege la santidad de su pueblo. Y nadie puede manipular a Dios para sus propios propósitos.
· La responsabilidad personal es real
Balam, no escapo del juicio. Las mujeres madianitas que participaron activamente en la seducción tampoco escaparon del juicio de Dios. Cada uno dará cuenta de sus propias acciones. No hay excusas.
· La gratitud es la respuesta correcta
La ofrenda de los oficiales no fue ordenada. Fue voluntaria y ofrecida a Dios. La gratitud es un reconocimiento de la bondad de Dios.
Algunas preguntas para reflexión personal:
1. ¿En qué áreas de tu vida estás luchando con la idea de que la justicia de Dios no es tan "justa" como crees? ¿Qué te está generando esa creencia?
2. Piensa en un momento en el que Dios te protegió de una manera que no esperabas. ¿Cómo respondiste?
3. ¿Hay algo en tu vida que necesite ser "purificado" antes de poder volver a entrar al lugar sagrado de la comunión con Dios?
El Dios que juzga el pecado con perfecta justicia es el mismo Dios que protege, provee y purifica a su pueblo. Ninguna estrategia del enemigo, por astuta que sea, puede frustrar los propósitos eternos de Dios. Balaam lo intentó. Madián lo intentó. Y en ambos casos, los propósitos de Dios continuaron adelante.
Así que reconozcamos la seriedad del pecado y la santidad de Dios. Mantengamos la pureza en medio de un mundo que la desafía todos los días. Agradezcamos a Dios por su protección y su provisión, y recordemos y declaremos sus victorias no solo en nuestro corazón, sino en testimonio vivo. Y confiemos, sobre todo, en que Cristo ha ganado la victoria final.
¡Hasta la próxima semana si Dios lo permite! ¡Dios los bendiga!