Levitico, Una Ventana al Corazon de Dios Podcast

#68. No Nos Hagas Cruzar el Jordán: La Decisión de Rubén y Gad

Liliana Alvarez Season 2 Episode 68

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¿Es posible querer la bendición de Dios… pero no estar dispuesto a cruzar el Jordán?

En este episodio exploramos Números 32, donde las tribus de Rubén y Gad toman una decisión que parece razonable, pero que revela prioridades profundas del corazón. A las puertas de la Tierra Prometida, ellos piden establecerse antes de tiempo. Moisés responde con una advertencia firme: nuestras decisiones nunca afectan solo a nosotros.

Hablaremos sobre:

  • La responsabilidad compartida dentro del pueblo de Dios
  • El peligro de la prosperidad prematura
  • La integridad “delante del Señor y delante de Israel”
  • Y cómo Cristo es el ejemplo supremo de Aquel que no se quedó cómodo, sino que cruzó por todos

Este episodio nos confronta con preguntas honestas sobre nuestras prioridades, nuestras promesas y nuestro compromiso con la comunidad.

Porque la verdadera herencia no se disfruta solos.

Acompáñame a descubrir lo que este capítulo nos enseña sobre unidad, integridad y el corazón que pone a otros antes que sí mismo.


Hola, amigos, bienvenidos al episodio #68 de Números: Una Ventana al Corazón de Dios.

En el episodio anterior, “La Guerra Santa contra Madián”, exploramos el mandato de Dios, la naturaleza de esta guerra que pertenecía al Señor, la victoria concedida a Israel y las consecuencias que siguieron. Vimos la confrontación de Moisés con sus propios soldados, la necesidad de purificación después de la batalla —pues la santidad en el campamento siempre debía permanecer, aun tras la victoria— y el reparto del botín, donde se revelan profundas lecciones sobre la justicia y la equidad de Dios. 


En el episodio de hoy, “No Nos Hagas Cruzar el Jordán: La Decisión de Rubén y Gad”, exploraremos el conflicto que surge con la petición de Rubén y Gad, la importancia de tener las prioridades claras, la responsabilidad compartida y cómo nuestras palabras revelan lo que realmente valoramos en la vida.

Imagina que estás con tu familia planeando unas vacaciones largas y esperadas. Has estado ahorrando durante años, has hecho todos los planes, y finalmente llega el momento de partir. Pero justo cuando están a punto de subir al avión, dos de tus hijos dicen: "Sabes qué, papá, hemos estado pensando... preferimos quedarnos aquí. Esta ciudad nos gusta más. Ustedes vayan sin nosotros."

¿Cómo te sentirías? ¿Traicionado? ¿Confundido? ¿Preocupado de que esto divida a la familia para siempre?

Esto es exactamente lo que sucede en Números 32, pero con un giro inesperado que nos enseñará lecciones profundas sobre lo que realmente importa en la vida.

Voy a leer el capítulo 32 de la Nueva Versión Internacional y dice

Las tribus de Rubén y Gad, que tenían mucho ganado, se dieron cuenta de que las tierras de Jazer y Galaad eran apropiadas para la ganadería. 2 Así que fueron a decirles a Moisés, al sacerdote Eleazar y a los jefes de la comunidad:

3 —Las tierras de Atarot, Dibón, Jazer, Nimrá, Hesbón, Elalé, Sebán, Nebo y Beón 4 las conquistó el Señor para el pueblo de Israel, y son apropiadas para la ganadería de tus siervos. 5 Si nos hemos ganado tu favor, permítenos tomar esas tierras como heredad. No nos hagas cruzar el Jordán.

6 Entonces Moisés dijo a los rubenitas y a los gaditas:

—¿Les parece justo que sus hermanos vayan al combate mientras ustedes se quedan aquí sentados? 7 Los israelitas se han propuesto conquistar la tierra que el Señor les ha dado; ¿no se dan cuenta de que esto los desanimaría? 8 ¡Esto mismo hicieron los padres de ustedes cuando yo los envié a explorar la tierra de Cades Barnea! 9 Fueron a inspeccionar la tierra en el valle de Escol y, cuando volvieron, desanimaron a los israelitas para que no entraran en la tierra que el Señor les había dado. 10 Ese día el Señor se encendió en ira y juró: 11 “Por no haberme seguido de todo corazón, ninguno de los mayores de veinte años que salieron de Egipto verá la tierra que juré dar a Abraham, Isaac y Jacob. 12 Ninguno de ellos la verá, con la sola excepción de Caleb, hijo de Jefone, el quenizita, y Josué, hijo de Nun, los cuales me siguieron a mí, el Señor, de todo corazón”. 13 El Señor se encendió en ira contra Israel y los hizo vagar por el desierto cuarenta años, hasta que murió toda la generación que había pecado.

14 »¡Y ahora ustedes, nido de pecadores, vienen en lugar de sus antepasados para aumentar la ira del Señor contra Israel! 15 Si ustedes se niegan a seguirlo, él volverá a dejar en el desierto a todo este pueblo, y ustedes serán la causa de su destrucción».

16 Entonces ellos se acercaron otra vez a Moisés y dijeron:

—Vamos a construir corrales para el ganado y a edificar ciudades para nuestros pequeños. 17 Sin embargo, tomaremos las armas y marcharemos al frente de los israelitas hasta llevarlos a su lugar. Mientras tanto, nuestros pequeños vivirán en ciudades fortificadas que los protejan de los habitantes del país. 18 No volveremos a nuestras casas hasta que cada uno de los israelitas haya recibido su heredad. 19 Nosotros no queremos compartir con ellos ninguna heredad al otro lado del Jordán, porque nuestra heredad está aquí, en el lado oriental del río.

20 Moisés contestó:

—Si están dispuestos a hacerlo así, delante del Señor tomen las armas y marchen al combate. 21 Crucen con sus armas el Jordán y con la ayuda del Señor luchen hasta que él haya quitado del camino a sus enemigos. 22 Cuando a su paso el Señor haya sometido la tierra, entonces podrán ustedes regresar a casa, pues habrán cumplido con su deber hacia el Señor y hacia Israel. Y con la aprobación del Señor esta tierra será de ustedes.

23 »Pero si se niegan, estarán pecando contra el Señor. Y pueden estar seguros de que no escaparán de su pecado. 24 Edifiquen ciudades para sus pequeños y construyan corrales para su ganado, pero cumplan también lo que han prometido».

25 Los gaditas y los rubenitas dijeron a Moisés:

—Nosotros sus siervos haremos tal como usted lo ha mandado. 26 Aquí en las ciudades de Galaad se quedarán nuestros pequeños, y todos nuestros ganados y rebaños, 27 pero sus siervos cruzarán con sus armas el Jordán para pelear a la vanguardia del Señor, tal como usted lo ha ordenado.

28 Así que Moisés dio las siguientes instrucciones al sacerdote Eleazar y a Josué, hijo de Nun, y a los jefes de las familias patriarcales de las tribus de Israel:

29 —Si los gaditas y los rubenitas, armados para la guerra, cruzan el Jordán con ustedes y conquistan el país, como el Señor quiere, ustedes les entregarán como heredad la tierra de Galaad. 30 Pero si no lo cruzan, ellos recibirán su heredad entre ustedes en Canaán.

31 Los gaditas y los rubenitas respondieron:

—Somos sus siervos y haremos lo que el Señor ha mandado. 32 Tal como él lo quiere, cruzaremos armados delante del Señor a la tierra de Canaán. Pero nuestra heredad estará de este lado del Jordán.

33 Entonces Moisés entregó a los gaditas, rubenitas y a la media tribu de Manasés, hijo de José, el reino de Sijón, rey de los amorreos, y el reino de Og, rey de Basán. Les entregó la tierra con las ciudades que estaban dentro de sus fronteras, es decir, las ciudades de todo el país.

34 Los gaditas edificaron las ciudades de Dibón, Atarot, Aroer, 35 Atarot Sofán, Jazer, Yogbea, 36 Bet Nimrá y Bet Arán. Las edificaron como ciudades fortificadas y construyeron corrales para sus rebaños. 37 Los descendientes de Rubén edificaron las ciudades de Hesbón, Elalé, Quiriatayin, 38 Nebo y Baal Megón (estos nombres fueron cambiados) y Sibmá.

39 Los descendientes de Maquir, hijo de Manasés, fueron a Galaad, la conquistaron y echaron de allí a los amorreos que la habitaban. 40 Entonces Moisés entregó Galaad a los maquiritas, que eran descendientes de Manasés, y ellos se establecieron allí. 41 Yaír, descendiente de Manasés, capturó algunas aldeas y les puso por nombre Javot Yaír. 42 Noba capturó Quenat y sus aldeas; a la región le dio su propio nombre.

Vamos a desglosar este capítulo en 5 partes de la siguiente manera:


1.    La petición (Números 32:1-5). El capítulo comienza con las tribus de Rubén y Gad, que tenían mucho ganado; se dieron cuenta de que las tierras de Jazer y Galaad eran apropiadas para la ganadería. 

Recordemos que Israel se encontraba al final de los 40 años en el desierto y había derrotado a los reyes amorreos Sehón y Og. Las tierras al este del Jordán estaban ahora disponibles, y las tribus de Rubén y Gad se dieron cuenta de que estas tierras eran perfectas para todo su ganado. Su riqueza en ganado era extraordinaria. Los líderes de estas tribus presentaron a Moisés, al sacerdote Eleazar y a los jefes de la comunidad la petición de tomar estas tierras como heredad y no cruzar el Jordán. A primera vista, parece una petición razonable. ¿Por qué no? La tierra estaba disponible y era buena para su ganado, ¿verdad? No pedían regresar a Egipto. No estaban en rebelión abierta. No estaban rechazando explícitamente a Dios. Pero su petición revela algo más profundo: querían heredar antes de tiempo. 

Moisés ve algo que ellos no ven. Y su respuesta revela no solo el problema con la petición, sino también algo mucho más profundo sobre las prioridades de estas tribus.

2.    La respuesta de Moisés: lecciones del pasado (Números 32:6-15). Moisés responde a la petición de Rubén y Gad apelando primero a la justicia y a la responsabilidad colectiva: ¿Les parece justo que sus hermanos vayan a la guerra mientras ustedes se quedan aquí sentados? Luego eleva el argumento recordándoles el impacto espiritual de sus decisiones. Su actitud podría desanimar al resto del pueblo, exactamente como ocurrió en Cades Barnea cuando los espías regresaron con un informe que paralizó el corazón de Israel. Moisés trajo a la memoria ese momento doloroso para mostrar que la incredulidad no es un asunto privado; tiene consecuencias comunitarias y puede frenar el avance del propósito de Dios. 

 

Después recuerda el juicio que siguió a aquella rebelión: la ira del Señor se encendió y juró que esa generación no entraría en la tierra prometida, excepto Caleb y Josué, quienes lo siguieron de todo corazón. Israel vagó cuarenta años hasta que murió toda la generación incrédula. Con ese antecedente, Moisés confronta directamente a estas tribus: si repiten el patrón de sus padres y se niegan a seguir plenamente al Señor, podrían provocar que todo el pueblo vuelva a quedar en el desierto. La advertencia es clara: la obediencia parcial no solo afecta al individuo, sino que puede poner en riesgo el destino de toda la comunidad.

 

Las palabras de Moisés son duras pero necesarias. Está diciendo: "Si se separan del resto de Israel en este momento crítico, ustedes serán responsables de otra tragedia nacional. No cometan el mismo error de sus padres."

3.    Las tribus aclaran sus intenciones (32:16–19). “Vamos a construir corrales para el ganado y a edificar ciudades para nuestros pequeños.” ¿Notaron el orden? Primero, los corrales para el ganado; luego, las ciudades para los hijos. El orden de las palabras revela lo que prima en el corazón de estas tribus, su bienestar económico. Esto nos recuerda la historia de Abraham y Lot cuando se separaron. Génesis 13:10-11 dice, “Lot levantó la vista y observó que todo el valle del Jordán era tierra de regadío, como el jardín del Señor o como la tierra de Egipto en dirección a Zoar. Así era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y a Gomorra. Entonces Lot escogió para sí todo el valle del Jordán y partió hacia el oriente. Fue así como Abram y Lot se separaron.” Más adelante, en el versículo 24, Moisés corrige el error de estas tribus diciendo: “Edifiquen ciudades para sus pequeños y construyan corrales para su ganado.” Moisés corrige ese orden, dando prioridad a lo que verdaderamente tiene valor. El rabino Jonathan Sacks señala algo acerca de la corrección de Moisés como algo fundamental referente a las prioridades y dice,

"La reprensión implícita de Moisés a las tribus de Rubén y Gad no es un detalle histórico menor, sino una declaración fundamental de las prioridades judías. La propiedad es secundaria, los hijos son primarios. Las civilizaciones que valoran a los jóvenes permanecen jóvenes. Aquellas que invierten en el futuro tienen un futuro. No es lo que poseemos lo que nos da una participación en la eternidad, sino aquellos a quienes damos vida y el esfuerzo que hacemos para asegurar que lleven nuestra fe y forma de vida a la siguiente generación."

Rubén y Gad responden con algo clave: No se niegan a pelear. No abandonan a sus hermanos. Prometen ir armados al frente de Israel - no solo irán, sino que irán adelante. No regresarán hasta que todos hereden - su compromiso es total. Prometen ir armados delante del pueblo. Ellos quieren herencia sin renunciar a la responsabilidad.

4.    El principio innegociable: primero la misión, después la herencia (Números 32:20-27). Moisés acepta la propuesta de las tribus recordándoles lo más importante. La misión era muy clara desde que salieron de Egipto, conquistar la tierra que Dios les había prometido. Primero había que batallar para poder tomar posesión. Todo Israel debía permanecer unido en la misión. No había excepciones. El versículo 22 dice, “Cuando a su paso el Señor haya sometido la tierra, entonces podrán ustedes regresar a casa, pues habrán cumplido con su deber hacia el Señor y hacia Israel. Y con la aprobación del Señor esta tierra será de ustedes.” La palabra cumplido, “naqui” en hebreo, significa inocente, sin culpa. Moisés establece un principio crucial: la doble responsabilidad. Primero ante Dios y luego ante el pueblo

¿Qué significa ser "inocente delante del Señor y delante de Israel"?

Jonathan Sacks explica:

"La distinción bíblica es fundamental para todo el sistema del derecho judío y la vida. Ser inocente 'delante del Señor' se refiere a que hemos cumplido con nuestras obligaciones religiosas y morales. Lifnei ha-Shem, ante el Señor, se refiere a cómo nos ve Dios."

"Ser inocente 'delante de Israel' se refiere a cómo nos ven los demás. Sacks está resaltando algo sumamente importante: no basta con que Dios sepa que somos inocentes; otros también deben verlo. ¡Es vivir con completa integridad!


5.    EL ACUERDO FINAL (Números 32:28-42) Moisés formaliza el acuerdo delante del sacerdote Eleazar, de Josué y de los jefes de las tribus: si los gaditas y rubenitas cruzan el Jordán armados, pelean junto a Israel y conquistan la tierra como el Señor lo ha dispuesto, recibirán como heredad Galaad; pero si no cumplen, su herencia será en Canaán junto al resto del pueblo. Ellos responden afirmando su obediencia y compromiso de cruzar el Jordán delante del Señor, aunque su posesión quedará al oriente del Jordán. Entonces Moisés acuerda entregarles —junto con la media tribu de Manasés— los territorios conquistados de Sijón y Og. Después de la conquista, Las tribus regresaron y edificaron ciudades fortificadas y corrales estableciéndose definitivamente en esa región.

Lo que finalmente se ratifica con este acuerdo es que las tribus de Rubén y Gad dicen: «Mi bendición no está completa hasta que mis hermanos también sean bendecidos». Las tribus de Rubén y Gad dicen: "Nuestra tierra ya está conquistada, pero no nos quedaremos a disfrutarla hasta que todos nuestros hermanos también tengan su herencia. Iremos con ustedes a la guerra. Pelearemos en la línea del frente. Y solo cuando el último de nuestros hermanos tenga su tierra, entonces volveremos a la nuestra." 

Bueno y que dice el Nuevo Testamento:

Las tribus tuvieron que aprender a poner a sus hermanos antes que su propia comodidad. Cristo es el ejemplo supremo de esto, puso a otros primero.

Filipenses 2:5-8 dice: “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”

Cristo no disfrutó su gloria celestial hasta que completó la obra de nuestra redención. Él dijo: "No he venido para ser servido, sino para servir y dar mi vida en rescate por muchos" (Marcos 10:45).

Las tribus de Rubén y Gad aprendieron: no podemos estar cómodos mientras nuestros hermanos están en batalla y Pablo enfatiza la responsabilidad compartida del Cuerpo de Cristo en su carta a los corintios.

1 Corintios 12:26 - "Si un miembro padece, todos los miembros con él padecen; y si un miembro es honrado, todos los miembros con él se regocijan."

Las tribus estaban atadas a su promesa de ser "Inocentes Delante del Señor y Delante de Israel", Jesús es el único que cumplió perfectamente este estándar. Él fue:

  • Inocente delante de Dios: Mateo 3:17 dice, "Y una voz desde el cielo decía, “Este es mi Hijo amado: estoy muy complacido con él.”” en quien me complazco" 
  • Inocente delante de los hombres: Lucas 23:4 dice, “Entonces Pilato declaró a los jefes de los sacerdotes y a la multitud: —No encuentro que este hombre sea culpable de nada.”

Él fue inocente y por eso nosotros podemos ser declarados inocentes. 2 corintios 5:21 dice, “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.”

Y cómo podemos aplicar estas verdades a nuestras vidas:

1.    Tus palabras revelan lo que atesoras. El orden de nuestras prioridades revela nuestros valores. Las tribus de Rubén y Gad mencionaron primero sus rebaños, luego sus hijos. Eso reveló dónde estaba realmente su corazón.

Lucas 6:45 dice “El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.”

Mateo 6:21 dice: "Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón" (Mateo 6:21).

Pregunta de reflexión: Si alguien escuchara tus conversaciones durante una semana, ¿qué concluirían que es más importante para ti? ¿Tu carrera o tus hijos? ¿Tu cuenta bancaria o tus relaciones? ¿Tus posesiones o tu legado?

2.    Tus decisiones afectan a otros. No vivimos en una isla; nuestras decisiones impactan a otros. Las tribus no podían simplemente decir: "Esta es nuestra tierra, nos vamos a quedar aquí, y ustedes vayan sin nosotros." Su decisión habría desanimado a toda la nación y posiblemente causado otra rebelión.

 

3.    Sé Inocente Ante Dios Y Ante Los Hombres. La integridad requiere que ambas sean una realidad. No basta con que Dios sepa que somos íntegros; sino que otros también puedan verlo.

 

Pablo lo expresa claramente en 2 corintios 8:21 y dice, “porque procuramos hacer lo correcto, no solo delante del Señor, sino también delante de los demás.”

Rubén y Gad terminan reconociendo que tenían que cruzar el Jordán con el resto del pueblo y que sus hijos eran más importantes que cualquier prosperidad económica. Ellos tuvieron que hacer ajustes en sus ideas. Sin esos ajustes hubiera sido imposible que llegaran a un acuerdo final ante Dios y toda la comunidad. ¡Dios sería su testigo! Ellos estaban atados a lo que habían prometido. Una lección muy valiosa para nuestras vidas. 

Eventualmente las tribus de Rubén, Gad y media tribu de Manasés vivieron al este del Jordán. El resto de Israel vivió al oeste. Tenían diferentes terrenos, diferentes desafíos, diferentes economías. Pero seguían siendo parte de la misma nación, con las mismas obligaciones y el mismo Dios.

Es importante recordar que mi bendición no está completa hasta que mis hermanos también sean bendecidos. ¡¡Que belleza!! Un corazón que piensa y siente así crea lazos de amor y de unidad. 

Recordemos que hay un orden en todo. A veces la trampa de la prosperidad prematura revela lo que hay en nuestros corazones. Siempre hay un precio que pagar y a veces puede ser tu alma, tu familia o tu legado. 

Reflexiona y responde a las siguientes preguntas:

Sobre Prioridades:

1.    Si alguien observara tu agenda y tu cuenta bancaria de los últimos tres meses, ¿qué concluiría que es más importante para ti?

2.    ¿Hay algún "ganado" (trabajo, dinero, hobby, etc.) que hayas puesto antes que tus "hijos" (familia, relaciones, legado espiritual)?

3.    ¿Qué corrección necesitas hacer en el orden de tus prioridades?

Sobre Responsabilidad Compartida:

4.    ¿Hay alguna manera en que te has "establecido cómodamente" mientras otros hermanos en Cristo están "en batalla"?

5.    ¿Cómo podrías aplicar el principio "mi bendición no está completa hasta que mis hermanos sean bendecidos"?

6.    ¿Hay alguien en tu comunidad que necesita que pelees junto a ellos hasta que obtengan su "herencia"?

Sobre Integridad:

7.    ¿Hay algún área de tu vida en la que eres "inocente delante de Dios" pero no delante de los hombres?

8.    ¿Hay alguna promesa o compromiso que hayas hecho que necesites cumplir?

Sobre Unidad en Diversidad:

10.¿Cómo puedes celebrar y valorar a alguien que es diferente a ti en tu iglesia o comunidad?

Para terminar quiero orar,

Padre celestial,

Gracias por esta lección de Números 32. Perdónanos por las veces que hemos puesto nuestro "ganado" antes que nuestros "hijos", nuestras posesiones antes que las personas, nuestra comodidad antes que nuestra comunidad.

Ayúdanos a tener las prioridades correctas: Tú primero, luego nuestras familias, luego nuestro trabajo. 

Danos valor para cumplir con nuestra responsabilidad compartida hacia nuestros hermanos. No permitas que nos conformemos con bendiciones prematuras cuando tienes algo mejor para nosotros al otro lado del Jordán.

Haznos íntegros, transparentes, inocentes no solo delante de Ti, sino también delante de los hombres.

Y danos una visión de unidad en la diversidad, donde nuestras diferencias no nos dividan, sino que nos hagan más fuertes juntos.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

 

En el próximo episodio, exploraremos Números 33, donde Moisés registra todas las jornadas de Israel desde Egipto hasta las llanuras de Moab. Es un recuento fascinante de 40 años de historia, con lecciones sobre:

  • La importancia de recordar nuestro viaje con Dios
  • Cómo Dios nos guía paso a paso
  • El significado de los nombres de los lugares donde acamparon
  • Y cómo cada etapa del desierto nos prepara para la Tierra Prometida

No te lo pierdas. Hasta la próxima semana, si Dios lo permite. El Señor los bendiga y los guarde.