Levitico, Una Ventana al Corazon de Dios Podcast

#77. Introducción al libro de Deuteronomio

Liliana Alvarez Season 3 Episode 77

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Hola, amigos, bienvenidos. Gracias por estar aquí.

Hoy comenzamos algo nuevo. Una nueva serie. Un nuevo libro. Y créanme — este libro va a sorprenderlos.

El libro de Deuteronomio es uno de los más citados en todo el Nuevo Testamento, con nada menos que 44 referencias. Cuando Jesús fue tentado en el desierto, citó Deuteronomio. Cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante, citó Deuteronomio. Este libro está en el ADN de toda la Escritura.

Pero antes de entrar, quiero que imaginen esto: la noche anterior a una boda largamente esperada. Los preparativos terminaron. Los invitados ya llegaron. Todo está listo. No queda nada más por hacer, excepto esperar el amanecer. Y en esa quietud cargada de emoción, alguien que ama a la novia se sienta a su lado y le dice todo lo que necesita escuchar antes de que su vida cambie para siempre.

Eso es exactamente lo que ocurre en Deuteronomio.

Israel está en las llanuras de Moab. El río Jordán está frente a ellos. La tierra prometida, al otro lado. Y Moisés — un anciano de 120 años — se pone de pie y comienza a hablar.

Hoy, en este episodio, vamos a explorar de qué se trata este libro extraordinario: quién lo escribió, por qué fue escrito, y por qué sigue siendo una palabra viva y poderosa para nosotros hoy.

Vamos.

Hola amigos, bienvenidos. Gracias por estar aquí para el episodio #77 de “Deuteronomio: Una Ventana al Corazón de Dios.”

Hoy comenzamos una nueva serie con el libro de Deuteronomio. Prepárense para explorar un libro extraordinario que ha dejado una huella indeleble no solo en la Torá y el Antiguo Testamento, sino también en el Nuevo Testamento. Es el tercer libro más citado, con nada menos que 44 citas en el Nuevo Testamento; su influencia es innegable. El propio Jesús, al ser interrogado sobre cuál era el mandamiento más importante, recurrió a sus páginas. Su respuesta —amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y con toda la mente, y amar al prójimo como a uno mismo— es un eco directo de Deuteronomio 6, un pasaje que los judíos conocen como el Shemá, el corazón de la fe de Israel.

El nombre Deuteronomio proviene de la traducción griega de la Septuaginta (LXX) de la frase que aparece en 17:18 como "una segunda copia", que fue traducida como Deuteronomium en la versión latina (Vulgata). “Devarim”, el título hebreo del libro, se traduce como “Estas son las palabras”, tomado de las dos primeras palabras del libro. El título hebreo describe mejor el contenido del libro, ya que no se trata de una segunda ley, sino del registro de las palabras de explicación que Moisés dio sobre la ley. Es una explicación de las leyes, y no una segunda ley. 

Moisés ha sido reconocido tradicionalmente como el autor, ya que el libro mismo da testimonio de que Moisés lo escribió (1:1, 5; 31:9, 22, 24). Tanto el Antiguo Testamento (1 Re. 2:3; 8:53; 2 Re. 14:6; 18:12) como el Nuevo Testamento (Hch. 3:22-23; Ro. 10:19) respaldan la autoría mosaica. Los capítulos 32:48–34:12 seguramente fueron añadidos después de la muerte de Moisés (probablemente por Josué). 

Quiero que imagines lo siguiente: la noche anterior a una boda, largamente esperada. Los preparativos terminaron, los invitados ya llegaron, el vestido está listo. No queda nada por hacer excepto esperar el amanecer. Y en esa quietud cargada de emoción, alguien que ama a la novia se le sienta a su lado y le dirá todo lo que necesita escuchar antes de que cambie su vida para siempre.

Eso es lo que ocurre en este libro. Al igual que Levítico, Deuteronomio es un libro que se detiene en el tiempo. Génesis, Éxodo y Números abarcan siglos de historia y vastos territorios. Deuteronomio, en cambio, transcurre en un lapso de apenas 20 a 30 días. Deuteronomio 1:3 dice, “El día primero del mes undécimo del año cuarenta, Moisés declaró a los israelitas todo lo que el Señor había ordenado por medio de él.” Israel se encuentra en las llanuras de Moab, al borde del río Jordán, a punto de entrar a la tierra prometida. No había viajes, no había guerra todavía, solo una pausa. Y en esa quietud cargada de emoción y anticipación, alguien que los ama se pone de pie y les dice todo lo que necesitan escuchar antes de que sus vidas cambien para siempre. Ese alguien es Moisés, un anciano de 120 años que aún tiene mucho que decir. Luego de sus discursos, él muere e Israel hace un luto de 30 días. Deuteronomio 34:8 dice, “Durante treinta días los israelitas lloraron a Moisés en las llanuras de Moab, guardando así el tiempo de llanto y luto por su muerte.” Así que los israelitas están un total de 50-60 días en las llanuras de Moab. Ellos cruzan el Jordán según Josué 4:19 “el día diez del mes primero, el pueblo de Israel cruzó el Jordán y acampó en Guilgal, al este de Jericó.”

 

Para entender el porqué de estos discursos de Moisés , es necesario recordar quiénes son su audiencia. La generación que salió de Egipto, la que cruzó el mar Rojo, la que tembló al pie del Sinaí y escuchó la voz de Dios, ya no está. Esa generación hizo un pacto con Dios en el Sinaí, un pacto solemne que se comprometió a guardar. Pero murió en el desierto, consecuencia de su propia incredulidad. Los que ahora escuchan a Moisés son sus hijos. Nacieron en el desierto. No vivieron la esclavitud en Egipto, no vieron las plagas, no estuvieron en el Sinaí. Conocen esas historias porque se las contaron, pero no las vivieron en carne propia. Y sin embargo, son ellos quienes están a punto de cruzar el Jordán y tomar posesión de la tierra que Dios prometió a Abraham, a Isaac y a Jacob.

El lenguaje de Deuteronomio es de pacto. Escucha, “shema” en hebreo ocurre más de 92 veces. Jonathan Sacks hace la siguiente observación en su comentario de “Deuteronomio: La renovación del pacto del Sinaí”: “La vista tiene que ver con la orientación hacia el otro, mientras que el oído tiene que ver con la orientación hacia el interior”. Esto nos dice que Deuteronomio está invitando a los israelitas a seguir su propia voz interior —la voz de Dios en su interior— en lugar de observar cómo se comportan los demás e intentar imitarlos. Por eso, escuchar es el verbo fundamental en Deuteronomio.”

También la palabra amor, “AHAB” en hebreo, aparece 23 veces y en este libro expresa el amor de Dios por su pueblo y viceversa. Deuteronomio 6:3-9 dice, “Escucha, Israel, y esfuérzate en obedecer. Así te irá bien y serás un pueblo muy numeroso en la tierra donde abundan la leche y la miel, tal como te lo prometió el Señor, el Dios de tus antepasados. Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo, llévalas en tu frente como una marca y escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.” 

 

 

El capítulo 7:7-9 dice, “El Señor sintió afecto por ti y te eligió, aunque no eras el pueblo más numeroso, sino el más insignificante de todos. El Señor te ama y quería cumplir su juramento a tus antepasados; por eso te rescató de la esclavitud, del poder del faraón, el rey de Egipto, y te sacó con gran despliegue de fuerza. Por tanto, reconoce que el Señor tu Dios es el único Dios, el Dios fiel, que cumple su pacto por mil generaciones y muestra su fiel amor a quienes lo aman y obedecen sus mandamientos,” y capitulo 10:14-19 dice, “Al Señor tu Dios pertenecen los cielos y lo más alto de los cielos, la tierra y todo lo que hay en ella. Sin embargo, el Señor sintió afecto por tus antepasados y los amó; y a ti, que eres su descendencia, te eligió de entre todos los pueblos, como lo vemos hoy. Por eso, circunciden sus corazones y ya no sean tercos. Porque el Señor su Dios es Dios de dioses y Señor de señores; él es el gran Dios, poderoso y terrible, que no actúa con parcialidad ni acepta sobornos. Él defiende la causa del huérfano y de la viuda, y muestra su amor por el extranjero, proveyéndole alimentos y ropa. Así mismo, deben mostrar amor por los extranjeros, porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto.”


Otra palabra importante en el libro de Deuteronomio es la de recordar. El verbo aparece 14 veces a lo largo de sus páginas, como un hilo que teje toda la narrativa. Moisés no está simplemente dando un repaso histórico. Está haciendo algo mucho más profundo: devolverle a esta nueva generación su identidad.

Les recuerda de dónde viene su pueblo. Les recuerda cientos de años de esclavitud en Egipto y que finalmente fueron liberados por la mano poderosa de Dios. Les recuerda el camino por el desierto, los cuarenta años de prueba, las victorias y los fracasos. Les recuerda el pacto: sus condiciones, sus bendiciones y sus consecuencias.

Este recorrido no es nostalgia. Es preparación.

Deuteronomio emplea una técnica profundamente arraigada en la cultura del Medio Oriente antiguo: mirar al pasado para interpretar el presente y orientar las decisiones del futuro. En ese sentido, el libro no es simplemente un resumen de lo que ya ocurrió. Es una brújula para lo que está por venir.

Moisés quiere que esta generación entre a la tierra prometida no como extraños que heredan una historia ajena, sino como herederos conscientes de un legado vivo. Que conozcan las lecciones aprendidas por sus padres —a veces con sangre y lágrimas— para que no las repitan. Que sepan quiénes son, de dónde vienen y hacia dónde los llama Dios.

La estructura del libro: se compone básicamente de tres sermones y un legado. El libro de Deuteronomio sigue un patrón que iguala los pactos antiguos. Los registros arqueológicos revelan que los pactos antiguos seguían una estructura fija de seis partes: un preámbulo que identificaba a quien iniciaba el acuerdo, un prólogo histórico que repasaba la relación entre las partes, las estipulaciones del pacto en forma de principios generales y disposiciones detalladas, instrucciones para depositar el documento en un lugar sagrado y leerlo públicamente, las sanciones correspondientes —bendiciones por obedecerlo y maldiciones por quebrantarlo— y, finalmente, la lista de testigos del acuerdo. Estelas como la "Estela de los Buitres" y la de Naram-Sin de Akkad, ambas del tercer milenio a.C., confirman que esta estructura era práctica común mucho antes de la época de Abraham.

Para comprender Deuteronomio en su totalidad, es útil conocer cómo está organizado. El libro se articula en torno a tres grandes discursos de Moisés, seguidos de una sección final de transición hacia el liderazgo de Josué.

El primer discurso, recordando el pasado (1:6–4:43) abre con una introducción al libro y luego ofrece una retrospectiva histórica: desde el Sinaí hasta las llanuras de Moab, pasando por el fracaso de la primera generación. Les recuerda que sus padres no entraron a la tierra por su incredulidad. También les recuerda que él mismo no entrará por su desobediencia. Les recuerda no caer en la idolatría y que solo hay un Dios y no hay otro.

El segundo discurso, recordando el presente (4:44–28:68) Le recuerda a Israel la ley de Dios, comenzando con los diez mandamientos. Luego les recuerda el mandamiento más importante: amar a Dios con toda su mente, alma y fuerzas. Este sermón es el corazón del libro y el más extenso. Ofrece exhortaciones fundamentales, desarrolla legislación específica para la vida en Canaán, y concluye con la solemnidad del pacto: su ratificación, la inscripción de la ley, y el célebre capítulo de las bendiciones y maldiciones. Es aquí donde el peso teológico y legal de Deuteronomio alcanza su punto más alto. Los exhorta a no olvidar a Dios. Los llama a pensar correctamente acerca de sí mismos y Dios. Tambien les recuerda que no son los más lindos o mejores o más obedientes, pero Dios escogió amarlos. Además, promete levantar un profeta como Moisés y es a él a quien deben escuchar, haciendo referencia al futuro Salvador. 

El tercer discurso, recordando el futuro (29:1–30:20) es el sermón más breve pero igualmente poderoso. Moisés hace un llamado a Israel para renovar el pacto. Finalmente, Israel ratifica el pacto con Dios y se compromete a cumplirlo. Es un llamado final a la fidelidad a Dios: pueden elegir la vida o la muerte, la bendición o la maldición, estas opciones están puestas delante del pueblo, y Dios los invita a elegir la vida.

Finalmente, la sección De Moisés a Josué (31:1–34:12) cierra el libro con una serie de actos de entrega: Moisés encarga a Josué la conducción del pueblo, ordena la lectura pública de la ley, profetiza la futura infidelidad de Israel, entona su cántico de despedida, bendice a las tribus y, por último, sube al monte Nebo para contemplar desde lejos la tierra a la cual no enterará. El libro termina con su muerte y con estas palabras: "No volvió a surgir en Israel un profeta como Moisés" (34:10).

¿Por qué es importante este libro para nosotros hoy?

1.    El Nuevo Testamento lo cita más de 44 veces. Obviamente los autores del Nuevo Testamento lo tenían guardado en sus corazones.

 

2.    Jesús citó Deuteronomio cuando fue tentado por Satanás en el desierto.

Mateo 4:4, citando Deut 8:3, dice: “Jesús respondió: —Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.”

Mateo 4:7, citando Deut 6:16, dice: “—También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —contestó Jesús.”

Mateo 4:10 citando Deut 6:13, dice: “—¡Vete, Satanás! —dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”.”

 

3.      Deuteronomio exalta muchos de los atributos de Dios.

·      Es el único Dios, no . “Reconozcan y consideren seriamente hoy que el Señor es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra; no hay otro.”

Deuteronomio 4:39 NVI

·      Es un Dios celoso y fuego consumidor. “porque el Señor su Dios es fuego consumidor y Dios celoso.”

            Deuteronomio 4:24 NVI

·      Dios es fiel y es amor. “Por tanto, reconoce que el Señor tu Dios es el único Dios, el Dios fiel, que cumple su pacto por mil generaciones y muestra su fiel amor a quienes lo aman y obedecen sus mandamientos,”

            Deuteronomio 7:9 NVI

·      Dios es amor. “Te amará, te multiplicará y bendecirá el fruto de tu vientre, también el fruto de la tierra que juró a tus antepasados que te daría. Es decir, bendecirá el trigo, el vino y el aceite, las crías de tus ganados y los corderos de tus rebaños.”

            Deuteronomio 7:13 NVI

·      Es santo y no tolera el pecado. “pues el Señor tu Dios está contigo y es un Dios celoso; no vaya a ser que su ira se encienda contra ti y te borre de la faz de la tierra.”

                         Deuteronomio 6:15 NVI

·      Dios es compasivo y misericordioso. “Porque el Señor su Dios es un Dios compasivo que no los abandonará ni los destruirá; tampoco se olvidará del pacto que mediante juramento hizo con sus antepasados.”

                        Deuteronomio 4:31 NVI

 

¿Cómo podemos aplicar Deuteronomio hoy en nuestras vidas?

 

1.    Ama al Señor.

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.”

Deuteronomio 6:5 NVI

 

2.        Enséñales a tus hijos.

 “Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.”

Deuteronomio 6:6-7 NVI

 

3.    Tenemos un llamado a ser justos. 

“No pervertirás la justicia ni actuarás con parcialidad. No aceptarás soborno, pues el soborno nubla los ojos del sabio y tuerce las palabras del justo. Seguirás la justicia y solamente la justicia, para que puedas vivir y poseer la tierra que te da el Señor tu Dios.”

            Deuteronomio 16:19-20 NVI

 

4.       Proveer a los pobres. 

“Cuando en alguna de las ciudades de la tierra que el Señor tu Dios te da haya algún pobre entre ustedes, no endurezcas tu corazón ni le cierres tu mano. Antes bien, tiéndele la mano y préstale generosamente lo que necesite.”

Deuteronomio 15:7-8 NVI

“No te aproveches del jornalero pobre y necesitado, sea este un compatriota israelita o un extranjero. Le pagarás su salario cada día, antes de la puesta del sol, porque es pobre y cuenta solo con ese dinero. De lo contrario, él clamará al Señor contra ti y tú resultarás culpable de pecado.”

Deuteronomio 24:14-15 NVI

 

5.       Recuerda al extranjero, al huérfano y a la viuda.

“No niegues sus derechos al extranjero ni al huérfano; tampoco tomes en garantía el manto de la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que el Señor tu Dios te sacó de allí. Por eso te ordeno que actúes con justicia. Cuando recojas la cosecha de tu campo y olvides una gavilla, no vuelvas por ella. Déjala para el extranjero, el huérfano y la viuda. Así el Señor tu Dios bendecirá todo el trabajo de tus manos. Cuando sacudas tus olivos, no rebusques en las ramas; las aceitunas que queden, déjalas para el extranjero, el huérfano y la viuda. Cuando coseches las uvas de tu viña, no repases las ramas; los racimos que queden, déjalos para el extranjero, el huérfano y la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto. Por eso te ordeno que cumplas esto.”

Deuteronomio 24:17-22 NVI

Una palabra para hoy

Deuteronomio no es solo un libro para aquella generación que se preparaba para cruzar el Jordán. Es un libro para todo el pueblo de Dios que se encuentra en un umbral: entre lo que fue y lo que será, entre la promesa recibida y la obediencia requerida. Su mensaje central es tan antiguo como urgente: recuerda lo que Dios ha hecho, confía en lo que Dios ha dicho, y camina con fidelidad hacia lo que Dios ha prometido. De esa manera, Deuteronomio estará guardado en tu corazón.

Te invito a que, juntos, exploremos Deuteronomio y a que escojas la vida y no la muerte.

 

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Los espero la próxima semana, si Dios lo permite. Dios los bendiga.