Taller Interior
Taller Interior, un podcast de LUMINA NUMINA - un espacio donde la psicología, la espiritualidad y la filosofía convergen para iluminar el camino hacia nuestro bienestar integral.
Taller Interior
Episodio 6 Contención: Cómo aprender a sostenerte emocionalmente
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Ser sostenido es una necesidad tan básica como el alimento. En este episodio exploramos qué es la contención psicológica, cómo ocurre en la terapia y el desarrollo, y cómo podemos aprender a dárnosla a nosotros mism
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SPEAKER_00Bienvenidos al Taller Interior, un espacio donde la psicología, la espiritualidad y la filosofía convergen para iluminar el camino hacia nuestro bienestar integral. Soy Marta González Rondón y seré tu guía en este viaje de autodescubrimiento. Como psicóloga y buscador espiritual, he dedicado mi vida a tender puentes entre la ciencia de la mente y la sabiduría del alma. Este podcast es para ti que buscas respuestas más allá de lo superficial, para ti que sientes que hay algo más profundo por descubrir, para ti que anhelas crecer y evolucionar. Te invito a suscribirte y a formar parte de esta comunidad de buscadores y aprendices eternos. Hola a todos, sean bienvenidos a este nuevo episodio de Taller Interior. El día de hoy vamos a tocar un tema que está estrechamente relacionado con el episodio anterior sobre depresión, porque muchas personas nos preguntaron qué es la contención, y entonces decidimos hacer un episodio dedicado a ese tema, al tema de la contención, porque consideramos que es un tema fundamental no solo dentro de terapia, no solo relacionado con la depresión, sino que es un tema fundamental en la vida emocional de todas las personas. Y bueno, un poquito para arrancar y poder explicar qué es la contención, me gustaría preguntarles un poco si han vivido en algún momento de sus vidas aquellas experiencias, ya sean de pérdidas, dolorosas, en que necesitaron de la escucha de alguien, ya sea tu pareja, tu mamá, tu mejor amiga, cuando tronaste con el novio, cuando te corrieron del trabajo que lo único que necesitabas era poder desahogarte y poder ser escuchado. Tú sabías que esas personas probablemente no tenían respuestas para tus problemas, que probablemente no ibas a poder resolver lo que necesitabas, pero el simple hecho de sentirte escuchado fue útil y te ayudó a sentirte mejor en ese momento. Bueno, pues ese momento tiene un nombre en psicología, se llama contención. Y hoy vamos a hablar de uno de los conceptos más profundos y creo más necesarios de entender qué es la contención psicológica, cómo sucede entre dos personas, cómo ocurre dentro de la terapia y además cómo te puedes tú aprender a dar a ti mismo o a ti misma esa contención y cómo dárselas también a otras personas. Entonces vamos un poco a la raíz del término. Uno de los primeros pensadores en desarrollar este concepto fue el psicoanalista inglés Donald Winnicott Winnicott trabajó mucho tiempo con bebés y con sus mamás y la relación que existía entre ambos. Y fue él quien introdujo la noción de holding, que en inglés significa literalmente sostener, abrazar. Y no la usó solo en sentido físico. Para Winnicott, el holding era la capacidad que tiene una mamá o un cuidador de crear un ambiente suficientemente seguro para que el bebé pueda existir, sentir y desarrollarse sin desinterés. Un bebé no tiene las herramientas para procesar sus propias emociones. Por eso hablamos de desintegración, porque no sabe cómo manejar sus emociones y siente que se desintegra. Si tiene hambre, siente algo aterrador, total, que lo invade por completo. Una vez que la mamá lo carga, cuando él se está sintiendo así, lo mira, le habla con suavidad y con ternura, ese terror se vuelve manejable. Es decir, hay alguien ahí para responder a su estado emocional. Winnicott tenía una frase muy bonita que dice, no existe algo llamado el bebé. Lo que quería decir es que un bebé no puede considerarse sin su entorno de cuidado. El bebé y su cuidador o su mamá son una unidad. Y en esa unidad la contención es lo que permite que el mundo interno de ese bebé se organice, que las emociones no sean un caos, sino que algo que puedan vivirse y procesarse. Y bueno, pues esto es algo crucial porque nos habla de algo que todos llevamos dentro. Aprendimos a manejar nuestras emociones porque primero alguien nos enseñó cómo manejarlos, es decir, alguien las sostuvo con nosotros. La regulación emocional viene entonces de nuestra relación con mamá o con la persona que nos haya cuidado fundamentalmente y siempre sucede entre dos personas antes de volverse una función interna, es decir, antes de que yo aprenda a autogestionar mis emociones, alguien me lo enseña. Otro pensador que desarrolló este concepto de manera brillante es el psicoanalista Will Fred Bion, y él es contemporáneo de Winnicott, y él usó una metáfora que me parece extraordinaria, la del contenedor y el contenido. En inglés lo llamó container contained. Bion observó que los bebés y también los pacientes en terapia proyectan hacia afuera sus estados emocionales más crudos, más indigeribles, literalmente no los pueden digerir, y llamó a estos estados elementos beta, experiencias emocionales que todavía no tienen forma que son puro impacto sensorial y afectivo que no pueden pensarse ni simbolizarse y simplemente abruman como cuando un bebé llora desesperadamente y no sabemos bien qué tiene si tiene hambre si tiene cólico miedo dolor hay algo que no puede expresarse de otra manera que no sea con el llanto todavía no hay lenguaje sin todavía no podemos nombrar eso que sentimos entonces que hace una mamá suficientemente buena o un terapeuta o una amiga que realmente sabe escuchar recibe ese estado caótico, lo tolera, lo metaboliza internamente y lo devuelve transformado. En palabras, le explica a esa persona lo que está pasando y le ayuda a calmarse. También con una mirada puede ayudar a calmarse. Bion llamó a esta operación la función alfa. Los elementos beta, que son brutos, indigeribles, son estos estados que nos abruman emocionalmente, se transforman en elementos alfa, es decir, algo que ya puedo sentir y ponerle un nombre que puedo pensar y que puedo recordar. Esto es muy bonito porque además es muy concreto, ¿no? Por ejemplo, una niña de siete años que llega de la escuela llorando porque sus amigas la excluyeron del juego. El dolor que siente es enorme, no tiene palabras para él todavía y la mamá en lugar de decir, ay, no es para tanto o ya se te va a pasar o no les hagas caso, se sienta con ella, la abraza y le dice, esto duele mucho, ¿verdad? Cuando nos dejan afuera sentimos que no somos importantes para los demás. Y esto es muy triste. Lo que hizo la mamá en ese momento fue darle forma a ese dolor. Lo contuvo. No lo negó, no lo minimizó. Simplemente pudo tener esta empatía con la niña. Y si esa operación se repite muchas veces a lo largo de la infancia, la niña va internalizando esa capacidad. Va aprendiendo poco a poco a hacer ella misma eso que antes solo podía hacer con ayuda del otro. Winnicott y Bion no son los únicos que hablan de este tema. Hay toda una tradición de pensadores que han explorado el tema de la contención desde distintos ángulos. Por ejemplo, desde la psicología del yo de René Spitz, que estudió niños en orfanatos en los años 40, documentó algo que llamó depresión anaclítica. Es decir, había niños que tenían alimentación, higiene, todos los aspectos materiales estaban cubiertos, pero a quienes nadie miraba, nadie les hablaba, nadie lo sostenía emocionalmente. Esos niños se deprimían, dejaban de crecer, algunos incluso morían. Es decir, se dieron cuenta que la contención emocional no era un lujo, era tan necesaria como la comida. Entonces, tenemos que entender que la contención no es algo extra, no es algo que sería bonito tener. Estamos hablando de una necesidad biológica y psicológica fundamental. También desde la psicología humanista, Carl Rogers habló de algo muy cercano a la contención, aunque con otros términos. Él hablaba de empatía, de incondicionalidad, de una presencia auténtica que crea un espacio seguro para que la persona pueda ser quien es. Eso es fundamental en la psicología humanista porque Rogers decía que cuando alguien se siente verdaderamente escuchado y aceptado, algo en él se libera, es decir, tiene este permiso de ser el mismo. Y aquí la pregunta es cuántas veces la respuesta que tienen los niños o que tuvimos todos al crecer fue justamente el de no sentirnos seguro expresando nuestras necesidades, nuestras emociones, sino que no era seguro ser nosotros mismos. También desde la neurociencia Hay algo bien interesante. Daniel Siegel, que trabaja en la intersección entre neurociencia y psicología del desarrollo, explica que cuando un cuidador sintoniza emocionalmente con un niño, lo que él llama attunement o sintonía, en el cerebro del niño se van a activar ciertos circuitos de regulación que literalmente se van construyendo gracias a esta experiencia. Es decir, el cerebro se va construyendo y se va organizando a través de las relaciones. de las relaciones emocionales con la persona que lo cuide o su mamá o su papá o quien sea. Así que la contención no es sólo algo que sentimos, es algo que moldea nuestra neurobiología, es decir, que literalmente deja huellas en cómo nuestro sistema nervioso aprende a calmarse o no. También no podemos dejar de mencionar otro psicoanalista muy importante que es John Bowlby y que desarrolla la teoría del apego. Para Bowlby los bebés tienen un sistema innato orientado a buscar proximidad con su figura de cuidado cuando sienten amenaza o angustia. Esto lo vemos hasta en los animales. Esa figura se convierte en lo que él llamó una base segura. Cuando esa base es confiable, cuando el cuidador está emocionalmente disponible y responde de manera consistente, el niño puede explorar el mundo porque sabe que puede regresar. Cuando empiezan a caminar, por ejemplo, los niños ahí sienten, solo un niño que tiene una apego seguro puede darse el permiso de ir y al principio busca dónde está su mamá para poder regresar a ella, pero poco a poco empieza a independizarse. Podemos decir que en la vida adulta las personas con apego seguro tuvieron suficiente contención, tienden a ser más tolerantes a la frustración, tienen una mayor capacidad para pedir ayuda cuando la necesitan y una mayor habilidad para regular sus emociones. A la inversa, las personas que no tuvieron tuvieron un apego seguro, lo pueden aprender pero con más esfuerzo, es decir, tienen mucho más miedo, mucho menos tolerancia a la frustración, no saben pedir ayuda y les cuesta más trabajo regular sus emociones, tienen mucho más miedo a la separación. Vamos a ver que también cómo sucede en la terapia la contención, porque la contención es lo que va a ayudar a sanar mucho al paciente, a sentirse mejor. Porque creo que muchas personas no tienen muy claro realmente lo que hace un terapeuta, más allá de escuchar. Y este concepto lo ilumina muy bien. La relación terapéutica en sí misma es un agente de cambio. No solo la técnica, no solo las interpretaciones, sino el vínculo que tenemos con nuestro terapeuta, entre terapeuta y cliente o paciente. Y en esa contención está el corazón de ese vínculo. Es decir, el terapeuta me va a escuchar, va a ayudarme a entender, a procesar eso que estoy sintiendo. El terapeuta crea un encuadre. ¿Cómo me va a dar esa contención? ¿Qué es el encuadre? Es este espacio que tiene regularidad, es decir, tengo el mismo horario, el mismo lugar, sé que hay confidencialidad, que puedo confiar en mi terapeuta, que no me va a juzgar. Y este encuadre es lo que hace posible la contención. Es decir, es como este recipiente antes de que llegue el líquido. Imagínate que llegas a terapia después de una semana espantosa Tuviste una pelea fuerte con tu pareja en el trabajo, te criticaron delante de todos y encima se te olvidó una reunión importante. Llegas abrumado con todo esto adentro sin poderlo procesar, hecho un nudo. El terapeuta no va a empezar a darte consejos sobre qué hacer, si lo hiciste bien, si lo hiciste mal. Lo primero que hace es te recibe, te pregunta cómo estás. Y eso es importante porque él va a notar que algo no está bien y entonces se va a crear un espacio para que todo eso que traes puedas depositarlo ahí y entonces ocurre algo que Bion describiría así el terapeuta recibe esos elementos beta ese caos emocional sin asustarse sin necesidad de juzgarte sin que te pida que te calles sin sentirse abrumado por lo que sientes lo sostiene lo tolera y poco a poco a través de preguntas de interpretaciones te ayuda a entender y te ayuda a darle forma a eso que sientes eso requiere de algo algo muy específico de tu terapeuta, que es la capacidad de ensoñación o reverie, que es la palabra que usa Bion, es decir, que el terapeuta tiene esta capacidad de recibir lo que el paciente le está proyectando sin defenderse, sin actuar en consecuencia de manera compulsiva o identificarse demasiado con eso que está pasando. Tiene el poder de metabolizarlo internamente y de volverlo transformado, que es exactamente lo mismo que hace la mamá con su bebé cuando puede tolerar el llanto, cuando puede tolerar lo que el bebé está sintiendo y lo ayuda a calmarse. Aquí hay algo bien importante que a veces no se dice claramente. El terapeuta tampoco es perfecto. La contención terapéutica no significa que el terapeuta siempre tenga la respuesta perfecta o que no cometa errores o incluso que no alcance a entender el problema como tal. Winnicott hablaba de la madre suficientemente buena, no la madre Y lo mismo aplica al terapeuta. Lo que importa es que los errores se reparen, que haya consistencia en el cuidado general. Quiero nada más aclarar acá que aunque hablamos de la madre o de la relación de la madre en relación con su bebé o hemos estado hablando desde estas personalidades femeninas, esto no implica que esto es independientemente del género, sino cualquier persona que pueda tener un vínculo emocional puede tener un vínculo emocional. desarrollar esta función de contención. Esto, bueno, creo que no sobra decirlo, ¿no? Vamos a entender que es importante que hay personas que llegan a terapia con la expectativa de que el terapeuta tiene que ser impecable y que parte del trabajo terapéutico es justamente vivir la experiencia de que alguien puede cometer un error contigo y eso también da paz, ¿no? Porque saber que podemos cometer errores y que podemos repararlos es algo que nos enseña que no necesitamos ser perfectos y que está bien cometer errores. Y para muchas personas eso es algo que nunca vivieron en su familia de origen. También creo que es importante ver que no es la contención. No es que el terapeuta resuelva tus problemas, no es fusión, no es dependencia perpetua. Una buena contención terapéutica tiene un horizonte, es decir, construir el en el paciente una capacidad para contenerse a sí mismo. El objetivo es la autonomía, no la permanencia del andamiaje externo, es decir, de ese apoyo extra que es temporal y que lo que busca la terapia es justamente que lo pueda el paciente construir dentro de sí mismo para poder resolver sus temas emocionales de manera autónoma. Ahora, ¿qué pasa cuando no hubo la contención de no fue una contención suficientemente durante la infancia y esto es mucho más común de lo que se imaginan porque siempre hubo momentos es muy común que hubo momentos en nuestro desarrollo donde nuestros cuidadores se sintieron abrumados donde no hubo espacio para escucharnos o para ayudarnos a procesar y aquí quiero ser cuidadosa de que no hagamos esto un ejercicio para culpar a los padres porque los papás en la mayoría de los casos hicieron lo mejor que pudieron con lo que ellos mismos tenían la falta de contención generalmente viene de que ellos tampoco la recibieron es importante que podamos nombrar qué consecuencias tiene la falta de contención porque nos va a ayudar a entender patrones que a veces son desconcertantes como por ejemplo cuando falla la contención de manera significativa y repetida el niño tiene que buscar estrategias para sobrevivir emocionalmente Y estas estrategias tienen un costo. ¿De qué estamos hablando? Tenemos que entender que no se nos dio de manera perfecta a nadie esta contención, sin embargo, hay fallas mayores cuando se dio de manera repetida esta falta de contención y de manera significativa. ¿Qué pasa con estos niños? Bueno, pues algunos aprenden a hiperactivarse, a moverse constantemente, a estar siempre ocupados, a no quedarse quietos, porque quedarse quietos significa estar en contacto con lo que sienten, que nadie nunca les ayudó a manejar y eso les resulta aterrador. Otros aprenden justamente lo contrario, a desconectarse, a apagarse, a no sentir. La disociación en cierto modo es una forma de autoprotección cuando el entorno no pudo contener. Si nadie me va a ayudar a procesar esto, entonces mejor no lo siento. Y eso lo vemos muy, muy, muy frecuentemente en la clínica. Otros desarrollan Es decir, hay una hipersensibilidad porque sus emociones nunca encontraron un recipiente y quedaron siempre como a flor de piel. Cualquier crítica, cualquier conflicto, cualquier separación se vive como devastadora. Esa creo que es una palabra que define mucho cuando alguien no tiene esta contención emocional, que es todas las emociones nos devastan. Hay una metáfora que a mí me gusta mucho para ilustrar esto. que dice así, imagina que tienes un vaso que fue hecho con paredes muy delgadas, si le pones agua fría se va a romper, si le pones agua caliente también se va a romper, no fue construido para sostener líquidos, eso le pasa a un sistema nervioso que no recibió suficiente contención, es como un recipiente muy frágil que no puede sostener sus propias emociones sin desbordarse o quebrarse. Ahora, la buena noticia, y esto es algo bien importante, es que el cerebro tiene ¿Qué es esto? Las estructuras de regulación emocional pueden desarrollarse cuando somos adultos. No de la misma manera que en la infancia, no es lo mismo, pero sucede. A eso aspira la terapia a través de relaciones reparadoras, a través de prácticas conscientes en las que vamos a hablar al final de este episodio. Desde lo yunguiano que nos gusta tanto, vamos a entender que antes de llegar a herramientas prácticas, vamos a ver esta perspectiva de Jung. Él no habla explícitamente con el término contención, pero tiene conceptos muy afines. Por ejemplo, el concepto de temenos es muy importante. El temenos era, en la antigua Grecia, este espacio sagrado delimitado alrededor de un templo. Jung hablaba de este espacio para describir el espacio psíquico protegido que se crea en el proceso terapéutico. Y también es este espacio interno que cada persona puede crear para trabajar con su mundo interior. Es un espacio que tiene límites porque está protegido de las instrucciones del mundo externo y dentro del cual algo puede transformarse. Y esto conecta con algo que Jung subrayaba, que es que para que la psique pueda transformarse es importante que para que los contenidos inconscientes puedan ser integrados necesita de un recipiente adecuado. Si En este recipiente la energía psíquica se dispersa o se vuelve destructiva. Y bueno, pues hay una imagen muy bonita que me parece importante en este contexto que tiene que ver mucho con la psicología yunguiana, que es la imagen del alquimista y el atanor. El atanor era este horno en el que los alquimistas realizaban sus transformaciones. ¿Se acuerdan de los alquimistas que eran estas personas que buscaban encontrar la piedra filosofal, que buscaban convertir los metales en oro, pero que en realidad eran estaban hablando de un proceso de transformación interior no eran símbolos para hablar de esta transformación interna y hablando de estos términos alquímicos el atanor que es este horno es el contenedor sin el calor contenido controlado sostenido la transformación no puede ocurrir el fuego libre destruye el fuego en el horno ayuda a transformar a cocinar los alimentos y esta es una imagen muy bonita de la contención. No es suprimir el fuego, las emociones intensas, el dolor, el conflicto, sino crear el recipiente adecuado para que ese fuego se transforme y nos transforme en lugar de destruir. Y bueno, pues, ¿cómo puede una persona adulta aprender a contenerse a sí misma? Porque aunque la contención nace del vínculo con otros, podemos desarrollar la capacidad de ser nuestros propios contenedores. Y bueno, aquí quiero ser muy honesta, esto no reemplaza reemplaza la terapia si la necesitas, no reemplaza las relaciones, pero también es un trabajo que puedes hacer solo y que tiene efectos reales sobre tu bienestar. Y bueno, vamos a ver qué tengo que hacer para aprender a contenerme y para poder desarrollar de la mejor manera esta contención. El primer paso siempre va a ser el reconocimiento. Suena simple, pero no lo es. Antes de poder contener algo, necesitas saber qué estás conteniendo, qué estoy sintiendo. Y muchas personas van por la vida con un rumbo runa emocional de fondo que nunca miran de frente, es decir, están llenos de emociones que los abruman y que no saben ni siquiera qué es lo que están sintiendo. Hay una práctica que yo recomiendo mucho, que viene de la tradición del mindfulness, pero también de la psicología cognitiva, que es el simple acto de nombrar eso que estoy sintiendo. Si estoy sintiendo ansiedad, si estoy sintiendo enojo, esto que siento es tristeza, es Hay un neurocientífico de UCLA que se llama Matthew Lieberman que estudió que el solo acto de poner nombre a una emoción activa la corteza prefrontal y reduce la actividad del amígdala, es decir, el centro de alarma del cerebro, es decir, el que genera la ansiedad. Es decir, el lenguaje literalmente nos regula emocionalmente. Otra práctica importantísima y el segundo elemento es lo que en psicología se llama de-centering, es decir, crear una perspectiva pequeña distancia entre tú y la emoción. No para reprimirla, sino para no ser completamente absorbido por ella. La diferencia entre soy un desastre y en este momento estoy sintiendo que soy un desastre puede parecer sutil, pero es enorme. Es decir, ya no estoy identificado con la frase soy un desastre, sino que establezco cierta distancia crítica donde puedo decir estoy sintiendo que soy un desastre, no soy un desastre. Parece una diferencia mínima pero no lo es desde la perspectiva yunguiana esto tiene que ver con no identificarse completamente con ningún complejo es decir con nuestros estados afectivos parciales hay una parte de ti que puede observar lo que la otra parte de ti está viviendo es decir puedo observar que estoy enojado puedo observar que estoy muy triste y esa parte que observa es esa parte que va a ejercer esta función de contenerme porque es el que va a ayudar a tomar decisiones respecto de esas emociones. En tercer lugar, tenemos que entender que la contención también va a ocurrir en el cuerpo. Nuestro sistema nervioso autónomo tiene respuestas fisiológicas a las emociones y podemos aprender a activar el sistema de calma de manera intencional. Así como cuando alguna emoción me sobrepasa, empiezo a sentir sudoración, empiezo a temblar, me puede doler la cabeza o el estómago igualmente si activamos el sistema parasimpático automáticamente el cuerpo va a buscar relajarse. ¿Cómo hacemos esto? Bueno, la respiración lenta y profunda, especialmente la exhalación prolongada, activa el nervio vago y al activarse el nervio vago se activa todo el sistema parasimpático. Esto no es una metáfora, es fisiología pura. Cuando exhalas lentamente, por más tiempo del que inhalas, le dices a tu sistema nervioso que no hay peligro, que todo está bien. La práctica, ¿cómo será? ¿Cómo respiramos en estos momentos de alta activación emocional? Tratamos de inhalar contando hasta cuatro tiempos, sostenemos dos y exhalamos contando seis. Repetimos este mismo ejercicio durante cuatro o cinco veces. El objetivo no es eliminar la emoción, sino bajar la intensidad lo suficiente para poder pensar y ahí es donde completo el trabajo también el contacto con la propia piel tiene un efecto contenedor ponerse la mano en el corazón frotarse los brazos suavemente incluso cruzar los brazos como si me estuviera autoabrazando esto que hace activa receptores del tacto que están vinculados con el sistema de cuidado y calma del sistema nervioso es decir hago lo mismo que hace la mamá con su bebé al cargarlo al abrazarlo le va a dar esa seguridad que necesita. Otro aspecto importantísimo es lo que se llama, una psicóloga llama Christine Neff, llama la autocompasión. ¿Qué es esto? Autocompasión no es autoindulgencia, no es victimismo, no es hacernos los débiles, simplemente es tratarte a ti mismo con la misma amabilidad que tendrías con una persona que quieres y que está sufriendo, tal cual. Piénsalo así, Si tu mejor amiga te llama deshecha porque cometió un error grande en el trabajo, ¿qué le vas a decir? Probablemente algo como lo siento que te sientes tan mal, es normal, todos cometemos errores, ¿qué puedo hacer por ti? Y yo me pregunto qué tanto ese mismo trato que le damos a nuestros seres queridos es el mismo trato que nos damos a nosotros mismos cuando nosotros somos quienes cometemos los errores. La mayoría va a responder que no. Nos hablamos con una dureza que no le aplicaríamos a nadie más. Está otra parte dentro de nuestra personalidad que nos persigue y nos juzga. Entonces es importante ir practicando la voz de este testigo compasivo. ¿Cómo es esto? Cuando estés pasando por algo difícil, escribe en un diario o dite internamente lo que le dirías a alguien que tú quieres que está en esa misma situación. Imagínate a alguien más y háblate a ti como le hablarías a esa persona. No para resolver el problema, sino no simplemente para acompañarte. Empieza con lo que estás sintiendo tiene sentido y háblate a ti con esas palabras. Al principio suena un poco artificial, no estamos acostumbrados, pero de verdad funciona. Otro punto que nos puede ayudar es crear rituales de transición. Esto viene de la tradición sistémica y también de la sabiduría de muchas culturas. Es decir, los rituales crean contención porque marcan límites simbólicos. El El final del día de trabajo, el inicio de un momento de descanso, el paso de un rol a otro. Por ejemplo, lo que hacemos en terapia es un ritual tal cual. Hay un inicio y un final claros, hay un ritual de cierre y esto no es totalmente arbitrario. El terapeuta no dice, bueno, ya me voy, adiós, gracias, sino que el terapeuta le va diciendo al sistema nervioso del paciente, esto es lo que hay, aquí está y aquí cerramos, terminamos. ir y continuar tu día continuar tu vida y ya cerramos ese espacio, bueno los rituales personales funcionan exactamente igual a lo mejor una ducha al llegar a casa cinco minutos sentado antes de entrar en una dinámica familiar que es caótica salir a dar un paseo corto cualquier acción que marque simbólicamente aquí termina una cosa y aquí empieza otra simplemente una respiración puede cumplir esta función James Penbaker que es un psicólogo de la Universidad de Texas, se ha pasado décadas investigando el efecto de la escritura expresiva sobre la salud mental y física, es decir, lo que se conoce como el journaling. Sus hallazgos son consistentes. Escribir sobre las experiencias emocionalmente difíciles, no para publicarlo ni para que nadie lo lea, sino solo como un acto de poner fuera, de externalizar, tiene efectos medibles sobre el sistema inmunológico, los niveles de estrés y del bienestar en general. Inténtenlo y van a ver cómo De verdad, llevar un diario y poner las cosas que sentimos ayuda. ¿Y cómo? ¿Por qué es que funciona? Porque la escritura es una forma de ejercer la función alfa de la que hablaba Bion. Tomar lo que era un caos emocional interno y darle forma a través del lenguaje. Al escribirlo, lo vas a convertir en algo que puedes ver, que tiene contornos y que ya no te desborda de la misma manera. Te invito también, esta es una práctica muy útil, a que le des 10 minutos, 3 cuatro veces a la semana escribe sin censura lo que estás viviendo emocionalmente no te importa ni la gramática ni la coherencia ni la ortografía lo único que importa es que puedas sacar afuera lo que traes dentro es decir poder poner en este cuaderno que funciona justamente como un contenedor Bueno, pues creo que, espero que estas reflexiones les sean útiles y me gustaría simplemente hacer una pequeña síntesis de lo que hemos hablado. Como esta capacidad que implica la contención de una persona, de un entorno, de un vínculo, de recibir los estados emocionales más intensos sin destruirse, de poderlos sostener y de volver transformados. No importa lo que te haya pasado, no importa la gravedad de los hechos, si tú lo puedes poner fuera, es inmediatamente hay una contención y un alivio automático. Desde Winnicott y su holding hasta Bion y la función de contenedor contenido, hasta el apego seguro de Bowlby, hasta la sabiduría yonguiana del T-. Todos estos pensadores nos dicen lo mismo desde ángulos distintos. ¿Qué nos dicen? Los seres humanos necesitamos ser sostenidos. Es una necesidad tan básica como el alimento. Eh... Y bueno, lo que es esperanzador es esta capacidad que idealmente se desarrolla en la infancia, se construye también en la adultez. Y yo me quedo con esta imagen. La contención no es una armadura, no es cerrarte al mundo ni volverte impermeable al dolor. Es más como aprender a ser un buen recipiente para ti misma o para ti mismo. Es un recipiente que tiene paredes suficientemente firmes para que lo que entra no te destruya y suficientemente porosas para que pueda transformar y salir y esto creo que es muy necesario y les preguntamos a quienes nos escuchan quién les enseñó la contención de quienes aprendieron a hacer contenidos quienes en su vida han ejercido esa función y con más delicadeza que también se contienen ustedes mismos cuando lo que sienten es muy grande que tanto se persiguen se juzgan empeoran no la situación emocional y bueno no tiene que tener esta respuesta ahora a veces la pregunta ya es suficiente para comenzar algo y con esto me despido y si tienen algún comentario déjenoslo saber por favor aquí en la plataforma donde están escuchando o nos pueden escribir nuestra red social es psico.marta psico con es p s i c o punto marta con th en instagram y estamos aquí para escucharlos para contener y contenernos y los invitamos al siguiente espacio y al siguiente programa de Taller Interior. Un beso. Hasta luego.