En Reconstrucción
Un espacio para volver a uno mismo.
En este podcast comparto mi proceso de reconstrucción: mi historia, las preguntas que me hice, las caídas, los aprendizajes y las herramientas que me ayudaron —y aún me ayudan— a volver a mí.
En Reconstrucción nace desde la experiencia real, no desde la teoría. Un lugar para mirar la propia historia con amor, comprender lo vivido y empezar a caminar un camino más consciente.
En Reconstrucción
Episodio 3: La herida no es el final.
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
En este episodio…
Te invito a mirar las metas un poco más allá.
A entender que, aunque muchas veces creemos que hablan del futuro,
si miramos con atención, también pueden estar contando algo del pasado.
Comparto una parte de mi historia
y cómo entendí que muchas de las cosas que buscamos
no nacen desde el deseo…
sino desde una herida que aún no fue vista.
Este no es un episodio para entender…
es un episodio para sentir.
Si estás en un momento donde algo no termina de encajar,
tal vez acá encuentres una puerta para empezar a mirarte distinto.
Porque la herida no es el final…
es el comienzo.
Bienvenida, bienvenido a un nuevo episodio. Estoy grabando un episodio más y no puedo evitar sentirme sumamente feliz. Estoy feliz porque sé que esto ya llegó a algunos oídos, que hay personas que ya escucharon los primeros episodios y mi deseo de verdad, de corazón, es que algo de todo esto que comparto les permita ver que sí, que sí es posible volver a reencontrarnos y reconstruirnos. Eso que tantas veces escuchamos afuera de que las respuestas están dentro, es real. Y ojalá que a través de este espacio algunos puedan animarse a mirar un poquito más allá, tal vez incluso hasta empezar a encontrar esas respuestas, descubrirlas, y si no, que al menos sea la puerta de entrada para que se animen a empezar a hacerse algunas preguntas este episodio lo pensé mucho pensé por dónde empezar y sentí que tenía que ser por acá porque siento que es la puerta de entrada por la que todos empezamos a buscar respuestas entendí mirando hacia atrás en mi historia y viendo muchas otras que acompañé que siempre empezar por el mismo lugar, por la herida, por eso que duele, por eso que incomoda, por eso que inconscientemente nos invita sin que nos demos cuenta a mirar la vida desde otro lugar. No porque nos guste mirar lo que duele, sino porque es ahí donde nacen las preguntas. Cuando algo no encaja, cuando algo falta, cuando algo duele, es que empezamos a buscar respuestas. Es por eso que este episodio se llama La herida no es el final. Cuando era chica no entendía por qué algunas cosas dolían tanto. Sí recuerdo que me esforzaba por ser buena en todo lo que hacía, por no molestar, por no sumar preocupación, por no ser algo así como una carga. De chica sentía que había muchas cosas por las que los adultos se preocupaban y yo quería no ser una más. Me recuerdo también haciendo pequeñas cosas, mostrándolas y buscando en esa mirada sentirme vista y hasta querida. Como que si a través de lo que hacía podía confirmar que valía y que me querían. No porque no me quisieran, sino porque así lo sentía yo, así lo interpretaba yo. Y ese fue el lenguaje del amor que aprendí y que con el tiempo sostuve. Durante muchos años confundí el amor con la aprobación y todavía hoy a veces me encuentro mezclándolos. Así como la presencia con el control y la compañía con el miedo. Desde afuera podía parecer que todo estaba bien, pero por dentro había una certeza silenciosa. Algo no encajaba, había vacío. Había una tristeza que no sabía nombrar. Con el tiempo, todo esto se volvió costumbre. Y sumado a otras vivencias, me volví autosuficiente. Me dije que no necesitaba a nadie, que podía sola. Y me autoconvencí de que sentir era una pérdida de tiempo. Pero la herida seguía ahí. Silenciosa, no hablada, no sanada. No sé exactamente cuándo empezó mi proceso de sanación, por llamarlo de alguna manera, o reparación. Siento que pudo haber sido cuando fui mamá, cuando sin darme cuenta intenté ser esa mamá que yo sentí necesitar. O tal vez cuando toqué fondo emocional, cansada de vivir en automático. Lo que sí sé es que hubo un momento que fue clave, en el que entendí algo fundamental. Si bien venía reparando cosas, venía haciéndolo de manera inconsciente. Pero hubo algo que me permitió verlo con total claridad. Y empecé por primera vez a hacer las cosas desde un lugar de conciencia. Porque hasta ese momento, sin darme cuenta, había estado dándole a otros lo que yo necesitaba para mí. Y para que se entienda todo esto, te voy a contar qué fue lo me llevó a poder poner claridad y conciencia en lo que estaba haciendo y en cómo estaba viviendo. A veces creemos que nuestras metas hablan solo del futuro, pero muchas veces si miramos con atención están contando algo del pasado, algo que sigue ahí, escondido, como esperando ser visto. Hace algunos años, después de empezar a estudiar y de hacer ese primer taller de metas y dinero que les conté, me uní a la escuela de Nati. Y en una de las tantas clases trabajamos el tema de las metas. No solo escribir metas, sino aprender a narrarlas y a escucharlas. La consigna no era dejarlas lindas en un papel. Era mirar qué decían de nosotras. Recuerdo que cuando fue mi turno, dije que mi meta era encontrar un trabajo, que me diera más dinero y más tiempo para disfrutar con mis hijas. La realidad es que no era algo nuevo. Siempre había buscado trabajos que, aunque no fueran bonitos para todos, me dieran lo que yo valoraba, ingresos y tiempo para estar con ellas. Recuerdo como que si fuera ayer. Nati me escuchó muy atenta, como siempre. Me hizo algunas preguntas, esas que son las concretas para correr los velos. Y de pronto señaló algo que yo no estaba escuchando. Esa frase que hoy se hizo tan mía. Y me dijo, ¿escuchaste lo que dijiste? En toda mi meta... lo que se repetía una y otra vez era una palabra. Tiempo. Tiempo para disfrutar. Y entonces apareció la pregunta que lo cambió todo. En alquimia nosotros aprendemos que las palabras esconden mucho más que el significado que tienen ya otorgado. que las palabras están vivas y que en su contexto a veces dicen mucho más de lo que podemos comprender. Entonces la pregunta que Nati me hizo fue ¿a quién le había faltado tiempo para disfrutar? Créanme que cuando uno está en medio de eso a lo que le quiere poner luz, nuestro cuerpo nos muestra a través del sentir la respuesta. Y a nuestra mente llega automáticamente después ese recuerdo que lo conecta. No pude evitar que se me llenaran los ojos de lágrimas. Fue inmediato el sentir en el cuerpo. Angustia. Nostalgia. y una sensación como de dolor en el pecho. Y en mi mente apareció esa persona, que sí, no había tenido tiempo de disfrutar conmigo. Esa persona era mi papá. Mi papá falleció un día después de mi cumpleaños número 5. Y aunque parezca loco, uno de los únicos lugares que yo había compartido con él era en una plaza donde él me iba a ver. Y yo durante años viví trabajando de cosas que me permitieran tener las tardes libres para llevar a mis hijas a la plaza y disfrutar de las tardes con ellas. Es más, es uno de los recuerdos más sólidos que tienen de su niñez y les asombra que no había día que no fuéramos a la plaza. Recuerdo que íbamos con todos los amiguitos que más se pudiera. La realidad es que nunca había hablado de lo que sentí. Si bien muchas veces hablé de él con mi mamá, porque había muchas cosas que quería saber, pero nunca de cómo me sentí. Ella había puesto en palabras su dolor, pero el mío nunca había encontrado lugar. Y aunque él ya no estaba, se ve que había una parte de mí que aún lo seguía esperando. Ese día entendí algo mucho más profundo, que no eran mis hijas las que necesitaban tanto tiempo conmigo, sino que era mi niña la que necesitaba eso. Esa nena que se había quedado en aquel momento con un vacío tan grande. Las palabras de Nati fueron, Dai, ¿te das cuenta que esa es tu historia y la estás trasladando a tus hijas? Nati es una persona que le pone mucho humor a todo y creo que es una de las formas más fáciles de reescribir a veces nuestra historia y me dice, tus hijas no necesitan tanto tiempo con vos como vos crees, capaz que ellas ya están cansadas de estar tanto tiempo con vos y entre Entre risas y angustia, obviamente, pude entender que la que necesitaba eso era mi niña y que inconscientemente había estado buscando reparar eso a través de mis hijas. Ahí entendí que había estado viviendo en automático y que en mi interior había un duelo no resuelto y una reparación que hacer conmigo misma. Fue difícil poder aceptar que había estado intentando darle a mis hijas lo que yo hubiera querido recibir. Y no había podido mirar que tal vez mis hijas necesitaban o querían algo diferente. Y aunque en el fondo era un acto de amor, necesitaba reconocerlo para empezar a sanar. Ese día aprendimos que las metas no siempre son lo que parecen. A veces lo que decimos que queremos es en realidad la forma que tiene nuestra herida de pedir ser escuchada y que si nos damos el tiempo de mirar más allá descubrimos algo importante, que la herida no es el final. Es apenas el comienzo hacia nosotras mismas. Así que si sentís que algo de todo esto resonó con vos, con tu historia, te invito a seguir escuchando. Este camino recién comienza. Gracias por estar acá. Gracias por escucharme. Nos encontramos en el próximo episodio.