En Reconstrucción
Un espacio para volver a uno mismo.
En este podcast comparto mi proceso de reconstrucción: mi historia, las preguntas que me hice, las caídas, los aprendizajes y las herramientas que me ayudaron —y aún me ayudan— a volver a mí.
En Reconstrucción nace desde la experiencia real, no desde la teoría. Un lugar para mirar la propia historia con amor, comprender lo vivido y empezar a caminar un camino más consciente.
En Reconstrucción
Episodio 4: Cuando vivir se volvió sobrevivir sin darme cuenta...
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
Hay momentos en los que creemos que estamos viviendo…
pero en realidad estamos sobreviviendo.
Encajando.
Adaptándonos.
Aprendiendo sin darnos cuenta qué se espera de nosotros.
En este episodio te invito a mirar más profundo.
A entender cómo muchas de las formas en las que hoy vivimos
no nacieron de una elección consciente,
sino de historias, mandatos y aprendizajes que fuimos incorporando desde muy chicos.
Comparto parte de mi historia.
De dónde vienen ciertas formas de pensar, de vincularme, de sostenerme.
Y también, algo que fue clave para mí:
entender que romper un mandato no siempre es sanarlo…
a veces solo es darle otra forma.
Este no es un episodio para entender desde la cabeza.
Es un episodio para que te mires distinto.
Tal vez, si algo de esto resuena en vos,
empieces a ver que muchas de las cosas que hoy vivís…
no son casualidad.
Y que si se aprendieron…
también se pueden transformar.
Bienvenida, bienvenido a un nuevo episodio. Antes de empezar a grabar este episodio no pude evitar pensar en algo que durante mucho tiempo no había visto con tanta claridad. ¿Cómo muchas veces creemos que estamos viviendo? ¿Creemos en realidad que estamos eligiendo? y en realidad estamos sobreviviendo o viviendo en automático. En este episodio quiero invitarte a mirar un poco más profundo, a entender cómo se forma parte de nuestra identidad, y creencias alrededor de diferentes cosas en este caso alrededor del dinero y del deseo de libertad y cómo sin darnos cuenta empezamos a vivir desde ahí en lo que se llama automático sobreviviendo obvio voy a compartirte parte de mi historia para mostrarte de dónde viene en mi caso muchas de las creencias que tanto tiempo me condicionaron y como algunas de ellas aunque parezcan fuerza en realidad nacieron desde la necesidad de sobrevivir la realidad es que durante mucho tiempo no pensé que estaba sobreviviendo pensé que estaba viviendo como había que vivir encajando adaptándome aprendiendo reglas sin que nadie las dijera. De chicos vamos incorporando información todo el tiempo, como les conté en un episodio anterior. Cómo comportarnos, qué se espera de nosotros, qué lugares ocupar, qué cosas callar. Y con toda esa información se va formando algo que después llamamos identidad. Y sin darnos cuenta empezamos a vivir desde ahí. Eso que se llama vivir en automático. En mi familia esas reglas no nacieron conmigo. Obvio, en ninguna familia. de la de todos nosotros. Venían de tiempos más lejanos, en mi caso de historias donde las mujeres tenían poco margen de elección, donde muchas fueron casadas siendo niñas, donde el cuerpo, el deseo y la vida respondían más a mandatos que a decisiones propias. Historias donde quedarse, respetar y aguantar eran formas de sobrevivir. Y en medio de todo eso, nació mi mamá. Y esa historia, sin darme cuenta, en un momento, también empezó a ser la mía. Mi mamá llegó a esta familia con esa chispa encendida de quien quiere ser diferente, con ganas de salir de ese lugar. Ella hablaba de libertad, no tanto como independencia económica, o como un plan claro de autosuficiencia, sino como la posibilidad de decidir por sí misma. De no tener que pedir permiso, de no tener que dar explicaciones. En su casa no había demasiadas sonrisas. Había mandatos, había silencios, había una forma de vivir que no dejaba mucho espacio para elegir. Y entonces apareció en su adolescencia mi papá, con una risa fácil, con una manera de estar en el mundo que a sus ojos parecía libre. Creo y me atrevo a pensar que eso fue lo que la enamoró. No un proyecto, no una estructura, sino la sensación de movimiento, de salida, de aire. Quedar embarazada fue también una forma de romper, de correrse del lugar de hija, de convertirse en adulta, de empezar a decidir por ella misma. No sé si en ese momento podía ver todo lo que eso implicaba, pero sí sé que fue su manera de decir «Ahora decido yo». Pero romper un mandato no siempre significa sanarlo. A veces solo lo da vuelta. Y en ese intento de ser libre, mi mamá construyó otro relato posible. Uno donde no necesitar a nadie. Era sinónimo de fortaleza. Ese relato me crió. Lo escuché, lo absorbí y sin darme cuenta, empecé a vivir desde ahí. No lo cuestioné, lo hice propio y después automático, hasta que el cuerpo empezó a cansarse. Hay una frase que escuché toda mi vida y que todavía hoy me resuena en el cuerpo. Yo no le debo nada a nadie, esta es mi casa y lo que tengo lo hice rompiéndome. Y ya saben que sigue. Mi mamá lo decía con orgullo, como quien se defiende del mundo, como quien necesita creer que todo lo que logró fue sin ayuda, sin deber, sin depender. Y yo, que era chica, la escuchaba y lo guardé. No como una frase, sino como una regla para vivir. Crecí creyendo que ser fuerte era poder sola. Que pedir era exponerse. Que recibir era quedar en deuda. que si alguien te daba algo, después iba a tener algo para reclamarte. Pero cuando miro mi infancia con los ojos de hoy, veo que la historia era un poco más compleja. Veo mucha carencia, veo días largos, noches tristes, veo manos que ayudaron y aún así el relato era otro. Era yo pude sola. Ahí aprendí algo sin que nadie me lo dijera. Que la ayuda se esconde, que recibir no se nombra, que admitir necesidad te hace menos. Y a mi manera, de niña, entendí que para valer había que poder sola. Aunque doliera, aunque faltara, aunque no alcanzara. Hoy veo que esa frase no era libertad. Era supervivencia. Era la forma que mi mamá encontró para no sentirse chica frente a tanta carencia. Durante mucho tiempo la admiré mucho. Después me enojé con sus formas. Hoy la amo inmensamente y puedo mirarla Sin juzgarla. Entender que hizo lo que pudo con lo que tenía. Pero también veo cuánto de eso se metió dentro mío. Y empezó a aparecer en mi vida sin que me diera cuenta. Porque de grande me pasa que pedir me cuesta, recibir me incomoda y de ver me activa un miedo que no siempre tiene que ver con el presente. Siento que una deuda no es solo un número, es una emoción. Una sensación de quedar en desventaja. De que el otro tiene poder sobre mí. De que en algún momento me lo va a reclamar. Por eso, durante mucho tiempo, la única persona a la que le pude pedir algo fue al papá de mis hijas. Porque ahí yo tenía otro relato. Él estaba en deuda conmigo. Obvio, eso será parte de otro episodio. Entonces, de esta manera, no era yo la que debía. Yo no quedaba expuesta. Yo no quedaba vulnerable. Y hoy me doy cuenta de eso. Y duele verlo. Pero también libera. transportando todo esto a la energía del dinero. Entiendo que no era el dinero lo que me pesaba, era la historia que había aprendido sobre pedir, sobre recibir, sobre deber. Entiendo que muchas de mis deudas no fueron solo económicas, fueron emocionales, fueron viejas, fueron heredadas. Y yo no quería seguir viviendo desde ahí, quería poder pedir sin sentir vergüenza Quería poder recibir sin sentir culpa. Quería poder tener una deuda sin creer que eso definía mi valor. Quería dejar de pensar que ser fuerte era poder sola. Hoy sé algo distinto. Que abrir la mano también es fortaleza. Que dejarse ayudar no te hace menos. Que recibir no te hace quedar en deuda. Y quizás sanar sea esto, darme permiso para escribir una historia nueva, sin negar de dónde vengo, pero sin seguir repitiendo. Si sentís que algo de todo esto resuena con vos o con tu historia, te invito a que me sigas escuchando. Gracias por estar acá. Gracias por escucharme. Nos vemos en el próximo episodio.