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Día 16 de Adviento

PCBC

Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; Para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto; del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días. Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz. LUCAS 1:67–79

El Espíritu Santo llenó a Zacarías, tal como había llenado a Elisabet, y lo capacitó para profetizar.  Zacarías alabó a Dios por Su fidelidad al cumplir las antiguas promesas enviando un Salvador para redimir a Su pueblo. Cabe destacar que la duda de Zacarías y la pérdida de su habla no marcaron el fin de su camino espiritual ni de su ministerio.  Fue sujeto a la disciplina de Dios, pero ahora lo alaba y le sirve. Antes, María se regocijaba por haber sido bendecida; ahora Zacarías bendice a Yahvé, el Dios de Israel.

Podemos encontrar ánimo al saber que la disciplina de Dios, aunque dolorosa, también abre paso a una nueva temporada de bendición y alabanza.