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Día 20 de Adviento

PCBC

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en 
el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.  Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. -JUAN 1:1–14

Así como Dios una vez habitó con su pueblo en el desierto, la Palabra viva vino a habitar con nosotros en Jesús. Juan se basa en la rica imagen bíblica de Dios “acampando” o “estableciendo Su morada” entre Israel en gloria visible. Para Juan, 
“gloria” significa tanto la presencia radiante de Dios entre Su pueblo como la honra que solo a Él le corresponde.Y ahora, dado que Cristo está con nosotros en toda temporada, la pregunta sigue siendo: ¿le estamos dando la honra que se merece?