The Mind of a Disciple Athlete
Join us for today’s Gospel reading and, together with Dr. Morales-Negrón, discover how God’s Word can speak directly into your athletic and performance journey. Inspired by Pope St. John Paul II, we recognize that faith and reason work hand in hand, forming the foundation of a life of excellence. Through the Holy Spirit and our daily encounter with Scripture, we can strengthen our mindset, elevate our performance, and compete with purpose.
The Mind of a Disciple Athlete
La Mente de un Atleta Discipulo Reflexion Semanal - 6.28.26 - Jesus Primero
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En la reflexión de esta semana, el Dr. Morales-Negrón nos recuerda a los atletas y entrenadores que nuestro mayor compromiso no debe ser con el deporte, el equipo o incluso nuestros sueños, sino con Jesucristo.
Bienvenidos a la reflexión semanal de la mente de un atleta discípulo para la semana del 28 de junio del 2026. Soy el Dr. Héctor Morales Negrón, su guía en este camino de fortalecimiento espiritual. Hoy reflexionaremos sobre cómo Jesús nos instruye a que Él debe ser nuestra primera prioridad. Oremos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles. El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí. El que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí la salvará. Quien los recibe a ustedes me recibe a mí y quien me recibe a mí recibe al que me ha enviado. El que recibe a un profeta por ser profeta recibirá con recompensa de profeta el que recibe a un justo por ser justo recibirá recompensa de justo quien diere aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños por ser discípulo mío yo les aseguro que no perderá su recompensa palabra de dios gloria a ti señor jesús en mateo 10 37 al 42 jesús pronuncia unas palabras que desafían profundamente nuestra manera de vivir El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. A primera vista, estas palabras pueden parecer difíciles. Sin embargo, Jesús no nos está pidiendo que amemos menos a nuestras familias. Nos está invitando a amarlo a Él por encima de todo. Cuando Cristo ocupa el primer lugar en nuestra vida, todas nuestras demás relaciones y responsabilidades encuentran su verdadero orden. Como atletas y entrenadores, es fácil permitir que nuestro rendimiento defina quiénes somos. Podemos llegar a obsesionarnos por las estadísticas, los campeonatos, las becas, los contratos, el reconocimiento o la aprobación de los demás. Poco a poco comenzamos a creer que nuestro propósito se encuentra únicamente en ganar. Pero nuestro porqué debe ser mucho más grande que el marcador. Dios ha confiado a cada uno de nosotros dones únicos, nuestras habilidades, nuestras oportunidades, la influencia que tenemos sobre otros, nuestros compañeros de equipo e incluso los desafíos que enfrentamos. Nada de eso nos pertenece realmente. Todo es un regalo que Dios ha puesto en nuestras manos para administrarlo fielmente y darle gloria. Un buen administrador comprende que el verdadero éxito no se mide solamente por los resultados sino por la fidelidad. Cuando tu por qué o tu razón, tu motivación está fundamentado en Cristo. Entrenar se convierte en un acto de gratitud. Competir se transforma en una oportunidad para honrar a Dios. Liderar significa servir. La victoria produce humildad. La derrota se convierte en una oportunidad para crecer. Cada práctica, cada reunión, cada entrenamiento y cada competencia se convierte en una ocasión para reflejar a aquel que te dio la capacidad de competir. Jesús concluye este pasaje recordándonos que incluso el acto más pequeño realizado en su nombre tiene un valor eterno. Un simple vaso de agua dado a uno de sus discípulos no quedará sin recompensa. Esto significa que ningún acto de fidelidad es insignificante. Cada palabra de ánimo, cada sacrificio, cada decisión íntegra y cada ocasión en la que ponemos a Cristo en primer lugar tiene un significado eterno. La pregunta para nosotros es sencilla. ¿Por qué compites? ¿Por qué entrenas? Si tu respuesta comienza y termina con el éxito deportivo, tu fundamento se tambaleará cada vez que este éxito desaparezca. Pero si tu respuesta es glorificar a Cristo siendo un fiel administrador de los dones que Él te ha confiado, entonces tu propósito permanecerá firme tanto en la victoria como en la derrota. Esforcemos por ser campeones no solo No solo en la competencia, sino sobre todo en la fidelidad a Dios, poniendo a Jesús por encima de todas las cosas y utilizando cada talento que Él nos ha regalado para servir a su reino. Reflexionemos en esto. ¿Está mi identidad basada en lo que logro en mi deporte o quién soy como hijo de Dios en Cristo? Oremos. Señor Jesús, ayúdame a ponerte por encima de toda ambición, logro y relación. Enseñame a ser un fiel administrador de los dones que has puesto en mis manos. Que mi propósito sea siempre glorificante en la manera en que entreno, compito, dirijo, lidero y sirvo a los demás. Que mi vida refleje siempre que tú ocupas el primer lugar. Amén. Que Dios continúe bendiciéndolos y le conceda la fortaleza para ganar sus batallas dentro y fuera del campo. Que tengan una bendecida cenada en Cristo el doctor Héctor Morales