Transforma el Sistema® - El Podcast de Jaime Yáñez

Antifrágil: Resiliente no es suficiente.

Jaime Yáñez Season 2 Episode 1

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Empezamos la segunda temporada del podcast. Esta temporada 2 llega desde Ufa, al pie de los Urales (Me acabo de mudar aquí).

Llevamos décadas celebrando la resiliencia en el liderazgo. Resistir. Aguantar. Recuperarse. Volver al mismo estado.

Pero Nassim Taleb tiene una pregunta incómoda: ¿y si resistir no es suficiente?

Esta semana me mudé a Ufa, Rusia, al pie de los Urales. Sin hablar el idioma. Sin mapa. Sin los atajos de lo familiar. Y lo que estoy viviendo en tiempo real tiene un nombre que va mucho más allá de la resiliencia.

En este episodio hablo de antifragilidad, de por qué los dueños de negocios, coaches y líderes que eligen deliberadamente el caos desarrollan una capacidad que ningún curso puede darte, y de la pregunta que más evitan los líderes que conozco.

¿Qué cambio estás postergando?

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Transforma el sistema. Ver distinto para transformar distinto. quiero hacerte una pregunta antes de empezar. Y quiero que te la tomes en serio, no como ejercicio retórico, como pregunta real. ¿Cuándo fue la última vez que tomaste una decisión que realmente te sacó de tu zona de certeza? No una decisión difícil dentro de lo conocido, no un cambio de trabajo en la misma industria donde ya sabes cómo se mueven las piezas. No un ajuste de estrategia en el mismo mercado donde ya tienes referencias. No una conversación difícil con alguien que conoces bien una decisión que te puso en territorio completamente desconocido sin mapa sin garantías sin poder predecir cómo iba a terminar una decisión donde la única razón válida para tomarla era que sabías en algún lugar que no se explica fácil que era lo correcto ese tipo de decisión porque hay líderes que hablan de cambio todo el tiempo que facilitan transformaciones en sus organizaciones que acompañan a otros a través de la incertidumbre Y sin embargo, llevan años sin exponerse personalmente a ella. Sin apostar por algo que realmente no saben si va a funcionar. Sin salir del sistema que ya dominan para entrar en uno que todavía no entienden. Si llevas mucho tiempo sin tomar ese tipo de decisiones... Este episodio es para ti. Llevo exactamente una semana viviendo en Ufa, Rusia. que para la mayoría de los que me escuchan ese nombre no dice nada todavía. Así que... déjame ubicarte. Ufa es la capital de Bashkortostán, una república dentro de la Federación Rusa. Está ubicada a unos 100 kilómetros al oeste de los Montes Urales, esa cadena montañosa que desde la geografía marca la frontera natural entre Europa y Asia. Una ciudad de más de un millón de personas, una de las 10 ciudades más pobladas de Rusia, un lugar que existe desde 1574, cuando Iván el Terrible ordenó construir una fortaleza en ese punto estratégico para proteger la ruta comercial que conectaba Kazán con el corazón de Siberia. Piénsalo, una ciudad fundada hace más de 450 años en el cruce entre dos mundos, entre dos continentes, entre dos formas de entender la vida y el tiempo. Hay algo simbólicamente poderoso en eso para alguien que acaba de cruzar su propia frontera. Ufa es una ciudad donde confluyen tres culturas con raíces profundas, la rusa la Tartara y la Bashkir, donde el río Aguidel, que los poetas de esta tierra han cantado durante siglos, corre con una calma que no tiene prisa, donde el verano está apenas empezando ahora mismo y los parques se llenan de familias, de niños, de personas que caminan sin el ritmo frenético que conocemos en las grandes ciudades latinoamericanas, donde hay una estatua ecuestre del héroe nacional Bashkir Salavat Yulaev, que desde una colina mira la ciudad entera con como diciendo, este lugar tiene historia, este lugar tiene raíces, este lugar no es improvisado, los Urales están ahí, cercanos, con sus bosques de pinos y abedules, con sus ríos de agua limpia, con una naturaleza que no pide permiso para impresionarte. Y aquí estoy yo, un latinoamericano, dueño de negocios construidos en La Atam durante 16 años, que opera en español e inglés, que piensa en español e inglés, que construyó todo lo que tiene en esos idiomas y una cultura que ahora, de repente, no les sirven para pedir un café. Hace cuatro meses, antes de casarnos, mi esposa y yo estábamos en una conversación de esas que no tienen agenda. Sin prisa. Sin objetivo declarado. Y en algún punto, casi sin planearlo, surgió la pregunta. ¿Y si nos vamos a Rusia a vivir? No hubo silencio dramático. No hubo análisis inmediato de pros y contras. No hubo una hoja de cálculo con con variables ponderadas. Hubo algo más simple y más difícil al mismo tiempo. Hubo disposición. La disposición de tomar la pregunta en serio, de no descartarla porque suena impráctica, de no enterrarla bajo capas de racionalización sobre por qué no es el momento, por qué los negocios necesitan estabilidad, por qué primero hay que consolidar lo que ya existe. Esa disposición fue suficiente para que todo empezara a moverse. Y aquí está la primera elección antifrágil de este episodio. Las decisiones que más te transforman casi nunca llegan como planes, llegan como preguntas, y la diferencia entre quien crece con el caos y quien lo evita no está en la capacidad de planear, está en la disposición de tomar la pregunta en serio. Antes de seguir contándote sobre UFA, necesito entrar en el concepto que da nombre a este episodio, porque antifragilidad no es una palabra que uso livianamente. Nassim Taleb, matemático, filósofo y extrader financiero, publicó en 2012 un libro que para cambió la forma de pensar el cambio, la incertidumbre y el liderazgo. El libro se llama precisamente eso, Antifrágil, y su argumento central es tan simple como profundo. Taleb dice que el lenguaje que tenemos para hablar de la relación entre los sistemas y el caos está incompleto. Tenemos la palabra frágil para describir lo que se rompe con el impacto, y tenemos la palabra robusto para describir lo que resiste. Pero no teníamos una palabra para describir lo opuesto de frágil. Y lo opuesto de frágil no es robusto. Lo opuesto de frágil es algo que no existía en el lenguaje común. Antifrágil. Un sistema frágil se rompe con el caos. Un sistema robusto sobrevive al caos y vuelve al mismo estado. Un sistema antifrágil no solo sobrevive, mejora, se fortalece, crece exactamente en los momentos y en los contextos donde los sistemas frágiles colapsan y los robustos apenas se sostienen. Taleb usa ejemplos que vienen del cuerpo humano. Un hueso que se fractura si el entorno es el correcto no solo suelda, suelda más fuerte que antes en el punto de la fractura. Un músculo que se somete a la tensión del entrenamiento, que se micro desgarra en el proceso, no se deteriora, crece, se hace más capaz de soportar carga. El sistema biológico usa el daño como información, usa el estrés como estímulo, usa la como señal para desarrollar capacidad que antes no tenía. Eso es antifragilidad. Y la pregunta que Taleb lanza y que yo me llevo haciendo desde que leí ese libro es esta. ¿Qué tan antifrágil eres como líder, como dueño de negocios, como persona que toma decisiones en entornos complejos? ¿Usas el caos como información o lo evitas como amenaza? ¿Las crisis te afilan o te desgastan? ¿El cambio te hace más capaz o te agota? Déjame contártelo que significa en la práctica cotidiana llegar a Ufa sin hablar ruso. El ruso es un idioma que no se parece a ninguno de los que ya conozco, y eso que hablo cuatro fluidamente. No tiene las raíces latinas del español, el portugués, el francés o el italiano. El alfabeto es diferente, la fonética es diferente, la estructura gramatical es diferente de una manera que no es intuitiva para alguien que creció en castellano. Y el idioma está en todas partes, en los carteles de la calle en el menú del restaurante en las conversaciones que ocurren a tu alrededor y que no puedes seguir en los trámites cotidianos que en cualquier otro contexto serían automáticos y aquí requieren un nivel de atención y energía que no esperabas hay momentos específicos muy concretos en los que estás rodeado de información y no puedes procesar ninguna en los que la conversación sigue a tu lado y estás literalmente fuera de ella en los que no puedes participar no puedes aportar, no puedes hacer lo que más fácil te sale, comunicarte. Y eso para alguien que construyó su carrera entera a través del lenguaje, que lidera con conversaciones, que asesora con palabras, que hace un podcast, es profundamente incómodo. Pero aquí está la distinción que más me ha importado en esta primera semana. La incomodidad no es el problema, la incomodidad es la señal. Cuando un sistema está en contacto con algo que todavía no puede procesar bien, genera fricción. Esa fricción duele. Esa fricción cansa. Esa fricción a veces desespera. Pero esa fricción también es exactamente la condición necesaria para que ocurra el desarrollo. No hay músculo que crezca sin tensión. No hay criterio que se afine sin contacto con lo que todavía no entiendes. No hay capacidad nueva que aparezca dentro del rango de lo que ya dominas. Un interpreta como peligro y se retira. Un sistema robusto la tolera, la aguanta, la atraviesa sin romperse pero también sin transformarse. Un sistema antifrágil la usa, la convierte en información, la convierte en estímulo, la convierte en la materia prima del crecimiento. Y yo estoy eligiendo usar la incomodidad del idioma, la incomodidad del contexto nuevo, la incomodidad de operar sin los atajos que me da lo familiar. como el ambiente donde me voy a fortalecer. Pero hay algo que va mucho más allá del idioma y que me parece importante decirlo con claridad, especialmente para quien escucha desde Latam con la imagen de Rusia formada por lo que sale en los medios occidentales. Rusia sorprende a quien llega con preconceptos formados desde afuera. Es un país extraordinariamente ordenado, funcional de una manera que no esperaba, con infraestructura que funciona, con ciudades que tienen escala y coherencia con una vida cotidiana que tiene ritmo y estructura pero lo que más me ha impactado no es la infraestructura es la cultura rusia tiene una cultura de valores que tiene profundidad real no decorativa no de manual corporativo una cultura donde la familia tiene un peso que en muchos contextos occidentales y latinoamericanos ya se ha ido diluyendo lentamente sin que nadie lo haya decidido de manera consciente donde construir algo sólido algo que dure más allá de ti todavía tiene sentido y propósito. Donde la historia importa, donde las raíces importan, donde lo que construyes hoy se piensa en función de lo que vas a dejar después. Ufa en particular, esta ciudad que está al pie de los Urales, tiene algo que pocas ciudades tienen. Es lo suficientemente grande para tener todo lo que necesitas y lo suficientemente arraigada para que no se sienta anónima. Tiene parques que la gente usa, tiene vida en la calle. Tiene esa mezcla de culturas, la bashkir, la tártara, la rusa, que conviven sin borrarse, cada una con sus tradiciones, su música, su gastronomía, su forma de entender el tiempo y la comunidad. Y eso resuena con algo que yo estaba buscando sin saber exactamente cómo nombrarlo. No solo construir negocios, construir una vida, una familia, una historia con raíces. Hay algo en este lugar, en esta ciudad cerca de los Urales, que se siente como tierra donde se puede construir algo que dure. Y esa sensación para un dueño de negocios que ha pasado años construyendo estructuras para otros tiene un peso enorme. Ahora quiero ser muy claro con algo, porque que alguien que me escucha puede estar pensando, Jaime, esto suena bonito, pero ¿qué pasa con los negocios? ¿Qué pasa con todo lo que construiste? La respuesta es directa. Mis negocios en LATAM siguen. La asesoría sigue. El acompañamiento a líderes y organizaciones sigue. El podcast, como evidencia este mismo episodio, sigue. Esto no es una historia de escape, no es un retiro del mundo profesional ni una pausa para respirar. Es exactamente lo contrario. Es una expansión. Porque lo que entendí, y esto es una de las cosas más importantes que me ha dado este proceso, es que la calidad de lo que puedes ofrecer como líder, como asesor, como acompañante de transformaciones, está directamente relacionada con la calidad de los sistemas en los que mismo has operado. Un médico que nunca ha estado enfermo puede ser técnicamente competente. Un médico que ha atravesado una enfermedad seria tiene algo adicional que no está en ningún libro de medicina. Un líder que teoriza sobre el cambio puede ser intelectualmente riguroso. Un líder que está viviendo el cambio en tiempo real, que está operando en un sistema que no domina, que está aprendiendo a funcionar sin los atajos de lo familiar, ese líder tiene acceso a una comprensión que no se enseña en ningún programa de formación. La antifragilidad del dueño de negocios no viene de leer sobre incertidumbre, viene de exponerse a ella deliberadamente, viene de tomar decisiones que te obligan a crecer porque la alternativa no existe, viene de operar en contextos donde no tienes el control que tenías, donde las variables que antes manejabas con facilidad aquí no aplican de la misma manera, donde tienes que observar de nuevo como si fuera la primera vez, aprender de nuevo, construir de nuevo. Y en ese proceso algo se afina en ti que ningún curso, ningún libro, ningún framework puede darte. Un criterio más profundo, una tolerancia real a la ambigüedad, no tolerancia declarada en un slide, sino tolerancia vivida en el cuerpo, en las decisiones cotidianas, en la capacidad de actuar con claridad incluso cuando el mapa no existe. Eso es lo que la antifragilidad construye construyen un líder. No certeza, capacidad. Y la capacidad a diferencia de la certeza no se rompe cuando el entorno cambia, crece. Hay algo más que está pasando en este proceso que quiero nombrar, porque creo que habla de un tipo de antifragilidad que pocas veces se menciona en los contextos de liderazgo y negocio. Estoy volviendo a la fotografía. Durante años la fotografía fue una parte importante de cómo me relaciono con el mundo, no como biodecorativo, como una forma de mirar, como una práctica que me obliga a observar antes de actuar, a encontrar el ángulo antes de disparar, a ver lo que está ahí antes de interpretarlo. Y en algún momento de la construcción de los negocios, de la aceleración del trabajo, de la acumulación de responsabilidades, esa práctica se fue quedando un poquito atrás. No fue una decisión consciente, simplemente fue desapareciendo. Rusia me la está devolviendo. La luz de Ufa en verano es particular, Hay algo en la calidad de la luz cerca de los Urales, en la forma en que cae sobre los abedules, sobre el río, sobre las personas en los parques, que me está llamando a mirar de nuevo. La arquitectura de la ciudad, esa mezcla de lo soviético y lo contemporáneo y lo tradicional, tiene una textura visual que no he encontrado en ningún otro lugar donde he vivido. Y ese reencuentro con la fotografía no es separable del proceso de antifragilidad. Es parte de él. Por Porque un líder que sacrifica las partes de mismo que lo hacen humano en nombre de la productividad, que optimiza todo hacia el rendimiento y deja de hacer lo que lo conecta con algo más grande que los resultados trimestrales, ese líder puede ser eficiente a corto plazo. Pero no es antifrágil. La antifragilidad del líder completo requiere mantener vivas las partes que no producen directamente. Las que observan, las que crean, las que conectan con la belleza o con la naturaleza o con el juego. las que te recuerdan que eres más que el rol que desempeñas. Esas partes son las que te dan sostenimiento a largo plazo, las que te hacen capaz de seguir cuando el entorno se complica, las que te dan perspectiva cuando todo lo demás presiona hacia la urgencia. La antifragilidad no es solo empresarial, es existencial. Y UFA, de maneras que no anticipé, me está ayudando a recuperar esa dimensión. Quiero cerrar con algo que te prometí al principio, una invitación real. No a mudarte a Rusia necesariamente. No a tomar exactamente la misma decisión que tomé yo. Las decisiones antifrágiles no se copian. Se construyen desde tu propio sistema, desde tu propia historia, desde tu propio momento. La invitación es más profunda que eso. Es a preguntarte con honestidad algo que muchos líderes, muchos dueños de negocios, muchos profesionales que acompañan transformaciones evitan preguntarse. Lo evitan porque la respuesta los incomoda. Porque la respuesta implica acción, porque la respuesta revela algo que han estado posponiendo con muy buenas razones. ¿Qué cambio estás postergando? No el cambio que ya planeaste y estás ejecutando. Ese ya está en movimiento, ya tiene estructura, ya tiene certeza suficiente para funcionar. El otro, el que aparece en tus pensamientos cuando hay silencio. El que has racionalizado mil veces con argumentos que todos suenan razonables El que sientes que te haría crecer de una manera que el camino actual no te puede dar. El que requeriría que salieras del sistema que ya dominas para entrar en uno que todavía no entiendes. Ese cambio. Los sistemas frágiles esperan condiciones perfectas para moverse. Esperan el momento correcto, la información suficiente, la garantía de que va a funcionar. Y como las condiciones perfectas no existen, nunca se mueven. Se mantienen en el mismo estado que va perdiendo vitalidad lentamente hasta que el entorno los fuerza a cambiar de manera abrupta. Y ahí, sin haber desarrollado la capacidad de adaptación, colapsan. Los sistemas robustos se mueven cuando tienen suficiente claridad. Resisten bien. Aguantan, pero tampoco crecen más allá del rango que ya conocen. Los sistemas antifrágiles se mueven antes de tener toda la claridad. Se mueven con la pregunta, no con la respuesta. Se mueven porque entienden que la capacidad de navegar lo desconocido no se desarrolla estudiándolo desde la distancia. Se desarrolla entrando. El caos no es el obstáculo para el crecimiento. Es el medio donde ocurre. La incertidumbre no es lo que hay que eliminar antes de actuar. Es la condición en la que la capacidad real se construye. El cambio que incomoda no es la señal de que algo está mal. Es la señal de que algo importante está disponible. ¿Qué cambio estás postergando? Piénsalo.