Transforma el Sistema® - El Podcast de Jaime Yáñez

La Paradoja: Controlar más. Lograr menos.

Jaime Yáñez Season 2 Episode 2

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Queremos controlar todo. La carrera. El equipo. Los resultados. El futuro.

Y esa obsesión, que parece disciplina, que parece profesionalismo, que parece madurez… es exactamente lo que nos está destruyendo.

En este episodio desmonto la ilusión del control, por qué intentar eliminarlo te hace más frágil, y las cuatro cosas que sí puedes controlar y que nadie te enseñó a usar.

Spoiler: son menos de lo que crees. Y más poderosas de lo que imaginas.

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Hay algo que nadie te dice cuando te enseñan a liderar, que la obsesión por controlar todo no te hace más efectivo, te hace más frágil. Y hoy quiero hablarte de eso. Piensa en la última vez que tomaste una decisión importante. cuánto tiempo esperaste antes de actuar, cuántas variables intentaste asegurar primero, cuántas garantías necesitabas antes de moverte. Vivimos en una cultura que nos enseñó algo muy específico sobre el éxito, que si planificas bien, si eres lo suficientemente disciplinado, si tienes la estrategia correcta, puedes controlar los resultados. Queremos planificar toda nuestra carrera de principio a fin, queremos saber exactamente qué pasará en cinco años, queremos garantías antes de actuar, queremos un plan que nos proteja de la incertidumbre y esa búsqueda de control que parece tan razonable tan profesional tan madura es exactamente lo que nos está destruyendo porque la vida real nunca firma contratos los mercados cambian sin avisar los equipos evolucionan de formas que ningún modelo predijo las relaciones toman direcciones que ningún plan contempló los sistemas complejos y la vida es un sistema complejo no obedecen hojas de ruta y sin embargo seguimos construyendo la ficción del control porque porque el control se siente increíble tener un plan detallado una hoja de ruta clara un cronograma con hitos definidos genera una sensación de seguridad que es casi física reduce la ansiedad da la ilusión de que sabes lo que va a pasar El problema es que es exactamente eso, una ilusión. Y las ilusiones cuando chocan con la realidad no solo se rompen, te rompen a ti con ellas. Lo que quiero que te lleves hoy no es que abandones toda planificación, no es que tires el calendario a la basura, no es que actúes por impulso. Es algo más sutil y más poderoso que eso. Quiero que puedas operar con claridad total sin necesidad control total. Que el caos deje de ser una amenaza y se convierta en el contexto donde tu capacidad real aparece. Que la incertidumbre deje de paralizarte y empiece a activarte. Eso es posible. Y hay un camino para llegar ahí. Pero primero necesito mostrarte lo que pasa cuando no lo hacemos. Quiero que pienses en estas dos situaciones. Dos cosas. contextos que seguramente reconoces. Primera situación, el manager que toma todas las decisiones. Los conozco bien, los he acompañado muchas veces como coach y mentor para salir de esa espiral. Es un manager muy capaz, muy competente, con altos estándares. Quiere garantizar la calidad, controlar que las cosas salgan bien. Entonces está en cada decisión. Aprueba cada acción, revisa cada entregable. ¿Qué produce eso en el equipo? El equipo deja de pensar, deja de decidir, deja de desarrollar criterio propio, porque aprendió que la decisión siempre va a pasar por una persona. Y el manager que quería control y calidad termina con un equipo completamente dependiente, incapaz de operar cuando él no está. Termina siendo el cuello de botella de todo, la persona que más trabaja, más se agota y paradójicamente menos resultados obtiene segunda situación la persona que nunca sale de su rutina todo tiene su lugar todo tiene su momento. El lunes es así, el miércoles es asá. Las vacaciones son en el mismo lugar, el círculo siempre el mismo. No hay nada malo en la rutina. La rutina libera energía cognitiva para cosas más importantes. El problema es cuando la rutina se convierte en el único modo de funcionamiento, cuando cualquier variación genera ansiedad, cuando lo inesperado no es una oportunidad sino una amenaza esas personas cuando la vida les presenta un cambio que no estaba en el plan no tienen el músculo para manejarlo porque nunca lo entrenaron porque eliminaron sistemáticamente todo lo que pudiera generar incomodidad y la vida siempre inevitablemente presenta algo que no estaba en el plan Yo tengo mi propio ejemplo y lo estoy viviendo ahora mismo. Me mudé a Rusia hace unas semanas, sin hablar el idioma completamente, sin los sistemas que me hacían funcionar habitualmente, sin control sobre casi nada del entorno. Y lo que descubrí es que la ausencia de control externo no me paralizó. Me obligó a encontrar claridad en lo único que controlo. Cada mañana decido cómo voy a responder a lo que este sistema nuevo me presenta. Decido dónde pongo mi atención. Decido con qué actitud enfrento lo que no entiendo todavía. Y eso, que parece poco comparado con el control total que muchos buscan, es en realidad todo. Imagina por un momento lo que cambia cuando dejas de necesitar el control. La energía que gastas hoy resistiendo lo que no puedes cambiar, intentando predecir lo impredecible, buscando garantías que nadie puede darte, esa energía se libera. Y esa energía liberada la puedes invertir en lo que puedes mover los líderes que logran esto toman decisiones más rápido no porque tengan más información sino porque dejaron de esperar la certeza que nunca llega se adaptan mejor no porque el caos les afecte menos sino porque no necesitan que el caos desaparezca para funcionar sostienen más no porque sean inmunes al estrés sino porque su capacidad de operar no depende de que el entorno sea predecible y algo más son más libres porque la verdadera libertad no nace cuando logras controlar tu entorno nace cuando dejas de necesitar controlarlo entonces qué haces con esto hay cuatro cosas que si están dentro de tu control sólo cuatro pero son las que más importan la primera tus decisiones no controlas lo que pasa controla cómo respondes a lo que pasa no controlas el mercado el equipo el cliente el contexto controlas qué decides hacer frente a lo que el mercado el equipo el cliente y el contexto te presentan esa diferencia parece pequeña no lo es es la diferencia entre un líder que reacciona al entorno y un líder que responde al entorno reaccionar es automático sin distancia responder implica una pausa Una elección, un ejercicio de agencia dentro de la incertidumbre. Nadie te puede quitar la capacidad de decidir cómo respondes. Eso siempre es tuyo. La segunda, tu atención. Lo que atiendes crece, lo que ignoras se debilita. En contextos de incertidumbre, donde hay mil señales compitiendo por tu atención al mismo tiempo, la capacidad de elegir qué miras y qué dejas de mirar es la diferencia entre el pánico y la claridad. Un líder que pone su atención en lo que no puede controlar vive en ansiedad permanente. Un líder que dirige su atención hacia lo que puede mover tiene energía disponible para actuar con claridad incluso cuando el entorno es caótico. Decidir dónde pones tu atención en un mundo diseñado para secuestrarla es uno de los actos más poderosos que existen. La tercera, tu actitud, no en el sentido motivacional superficial de piensa positivo y todo saldrá bien. Puedes no controlar lo que te pasa, puedes controlar qué haces con lo que te pasa. Esa actitud, esa postura frente a la adversidad no es ingenuidad, es una elección activa de dónde pones tu agencia cuando el entorno no te da lo que querías. La cuarta, tu respuesta, no lo que sientes, lo que haces con lo que sientes. Las emociones son respuestas primitivas y en contextos de caos e incertidumbre son inevitables El miedo aparece, la ansiedad aparece, la frustración aparece. No porque seas débil, sino porque eres humano y el sistema nervioso está diseñado para responder a la amenaza y en general a cualquier cambio de contexto. Pero lo que haces con esa emoción, la acción que tomas o no tomas como resultado, eso está dentro de tu control. Y esa distinción entre lo que sientes y lo que haces con lo que sientes es la que separa a los líderes que el caos paraliza de los líderes que el caos activa. Tus decisiones, tu atención, tu actitud, tu respuesta, enfócate ahí y el resto empieza a moverse de forma diferente. Todo lo que hemos hablado hoy tiene un nombre, antifragilidad interna, la capacidad de no solo sobrevivir al caos sino de usarlo, de salir de cada momento de incertidumbre más claro, más capaz, más sólido que antes, es elegir cada día dónde pones tu atención, cómo respondes, qué actitud ¿Qué decides? Es el músculo que se construye cada vez que operas en la incomodidad en lugar de evitarla. Cada vez que decides sin garantías. Cada vez que actúas con incertidumbre, en lugar de esperar a que desaparezca, los sistemas frágiles necesitan estabilidad para funcionar. Los sistemas antifrágiles internos no necesitan que el entorno sea estable. Funcionan en cualquier entorno, porque no dependen del control externo, dependen de la claridad interna. Y esa claridad, a diferencia del control, nadie te la puede quitar. Te dejo con una pregunta para llevar. ¿En qué parte de tu vida estás gastando energía intentando controlar algo que no puedes controlar? ¿Y qué pasaría si esa energía la redirigieras hacia las cuatro cosas que están en tus manos?

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Piénsalo.