Vamos al lĂ­o Spanish Podcast

La Navidad en España.

• Mirian Manzano

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

0:00 | 12:55

🎄🎅En este episodio de Vamos al lĂ­o hablamos de la Navidad en España tal y como se vive de verdad. Recorremos los dĂ­as más importantes de estas fechas: los preparativos en casa, la LoterĂ­a de Navidad, la Nochebuena, la Nochevieja con las doce uvas, el chocolate con churros del 1 de enero y la llegada de los Reyes Magos. Un episodio lleno de recuerdos, tradiciones y español real para que conozcas mejor la cultura y la vida cotidiana de los españoles. 

Support the show

¡Hola a todos! ¿Cómo estáis? Bienvenidos a un nuevo pódcast de Vamos al lío. En el pódcast de hoy vamos a hablar de la Navidad, de cómo vivimos los españoles esta época, que para muchos es una época muy feliz y para otros no tanto.

Si te pregunto a ti qué es lo primero que te viene a la cabeza cuando piensas en la Navidad, seguramente me vas a decir que la familia, la comida, los regalos. Y sí, todo eso está ahí. Pero yo podría decir que la Navidad en España es más que eso. Es una época donde se exagera todo un poco: se come mucho más, se bebe mucho más, se habla muy alto y se pasa mucho tiempo con la familia. Y eso, pues… como ya he dicho, puede ser maravilloso… o algunas veces bastante agotador.

Si somos sinceros, en España la Navidad no empieza el 24 de diciembre. Empieza bastante antes. Yo recuerdo cuando era niña que, unos quince días antes más o menos, ya empezábamos con los preparativos. Poco a poco. Primero poníamos el árbol, después el Belén. No se hacía todo de golpe, se hacía con bastante calma, saboreando cada paso y disfrutándolo todo con la familia.

En mi casa recuerdo que montar el Belén era casi un ritual. No solamente era poner figuras y ya está. Íbamos al campo y recogíamos musgo, piedras, ramas, tierra, cualquier cosa que nos parecía bonita para hacer el Belén mucho más real. Y luego, cuando llegábamos a casa, elegíamos una zona, extendíamos unos periódicos, plásticos y poníamos encima todo aquello que habíamos recogido en el campo. Montábamos montañas, ríos con papel de aluminio, caminos con la tierra que habíamos recogido. Todo tenía que quedar perfecto y, sobre todo, lo más real posible.

El árbol también se ponía bastante despacito, con mucha calma. Se colocaban las luces, los adornos que cada año, pues, se solían incorporar, adornos nuevos y cosas que eran viejas, pero bueno, nos recordaban todos esos años que habíamos ido poniendo el árbol.

Estos días previos tenían algo muy especial. Todavía no había prisas ni comidas, ni nada, pero ya había ilusión. Ya sabíamos que una época bastante bonita se estaba acercando.

En el medio de todos estos preparativos, los españoles tienen una fecha concreta en mente y la tienen desde hace bastante tiempo. Incluso podríamos hablar del verano o antes, y es la famosa Lotería de Navidad. La Lotería de Navidad se celebra el 22 de diciembre, pero, como ya digo, los españoles compran boletos de lotería desde muchísimo antes. Incluso, pues cuando vamos de vacaciones en verano y ya están disponibles, pues nos traemos lotería de todas las partes de España.

El día de la lotería, concretamente por la mañana, mucha gente se levanta y enciende la televisión. Muchos se sientan y ven el programa entero, otros tienen la televisión puesta de fondo mientras hacen otras cosas. Se escuchan los números cantados por esos niños de San Ildefonso y, aunque en el fondo tenemos muchas dudas de que nos vaya a tocar, todos estamos ahí mirando un poquito de reojo o pendientes de que nos llegue un mensaje de alguien que nos diga: ¡nos ha tocado!, no? ¡Nos ha tocado la lotería!

Es muy típico compartir décimos con la familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo, comprar lotería en el bar donde nos tomamos el café todos los días o en el supermercado donde compramos todos los días. Y, bueno, pues cuando miras tu número y ves que no ha tocado, casi siempre hay alguien que dice la frase de rigor, la frase que se escucha todos los años:
 â€śBueno… por lo menos tenemos salud.” Y con esto se pasa página y se sigue con el dĂ­a, porque la Navidad continĂşa.

Llegamos por fin al 24 de diciembre, la Nochebuena. Ese día ya se nota en el ambiente que no es un día cualquiera. Ya se nota el ambiente familiar, se nota que estamos esperando una buena comida, una buena compañía.

Por la tarde, cuando empieza a oscurecer, yo recuerdo que salíamos a la calle con otros niños del barrio y pedíamos el famoso aguinaldo. El aguinaldo era ir de casa en casa cantando villancicos para que los vecinos nos dieran algo a cambio. Normalmente lo que te daban no era dinero; eran caramelos o incluso fruta. A veces caía alguna moneda, pero era bastante improbable.

Los niños íbamos bien abrigados, con las manos congeladas, y cantando los villancicos de siempre. Acompañábamos estos cantos con las panderetas, algunas zambombas improvisadas y otros que no tenían instrumentos, pues cogían una botella de anís y la hacían sonar, chocándola con un palo. No cantábamos especialmente bien, pero nos daba igual. Llamábamos a los timbres, las puertas se abrían, los vecinos nos sonreían y nos decían: ¡Cuánto has crecido! y, a cambio, pues nos daban caramelos o fruta. Era una tradición muy sencilla, pero muy mágica, y una tradición que ha dejado muy buenos recuerdos en nuestras mentes.

Después de esto llegaba la noche. La cena de Nochebuena. La Navidad en España es muy familiar y esa noche se suele pasar en casa. Son comidas largas, preparadas con bastante tiempo, donde se empieza con entrantes, luego, pues se pasa a algo caliente y después carne o pescado. Cuando piensas que ya no puedes más, de repente viene tu madre con un fabuloso postre y dices… bueno, todavía tengo hueco para un poquito más.

Turrones, polvorones, mazapanes… todas estas cosas se encuentran en bandejas encima de las mesas de las casas, así que puedes ir picoteando todo el día, con cuidado porque, si no, luego llegas sin hambre a la cena.

Después de cenar llega uno de los momentos más importantes de la vida social en España: la sobremesa. Ese ratito en el que nadie se levanta de la mesa, tomando un café, tomando una copa, y se sigue hablando durante horas. A veces se ríe, y a veces se discute… depende del día y de la familia.

Pasan los dĂ­as de Navidad y llegamos a la Nochevieja, el 31 de diciembre.
 Esa noche suele empezar bastante tranquila. Se cena en casa, con la familia o con amigos, y casi siempre con la televisiĂłn encendida. En España es muy tĂ­pico ver los programas especiales de Nochevieja, que cambian un poco de año en año, pero tienen las tĂ­picas actuaciones musicales, actuaciones de humor y tambiĂ©n algunas actuaciones que critican la polĂ­tica y la situaciĂłn social del paĂ­s. Pero bueno, todo el mundo acaba viĂ©ndolos, aunque digan “yo no veo esas cosas”, pero todo el mundo al final, al dĂ­a siguiente, sabe de lo que le hablas.

Y llega el momento clave de la noche: las doce uvas. Unos minutos antes de medianoche, todo el mundo se coloca delante del reloj o delante de la televisión. Muchas personas ven la Puerta del Sol en Madrid abarrotada de personas. Hay que comerse una uva por cada campanada. En teoría es fácil, pero en la práctica no tanto. Siempre hay alguien que se atraganta, alguien que va con retraso, alguien que promete que el año que viene lo hará mejor. Pero da igual. Lo importante es brindar, abrazarse y empezar el año con buen humor.

De dónde les viene a los españoles esta tradición de comer doce uvas, pues no es tan antigua como mucha gente piensa. A principios del siglo XX hubo un excedente enorme de uvas, sobre todo en la zona de Alicante, y se empezó a promover la idea de comer uvas en Nochevieja como símbolo de buena suerte. Al final, la costumbre se popularizó… y aquí seguimos, 2025 y comiendo uvas.

Después de las uvas, hay quien se queda en casa… y hay quien sale de fiesta. Durante muchos años fue muy típico ir a la discoteca o grandes fiestas después de medianoche.

Además, cuando la noche se alarga más de la cuenta, llega uno de los momentos más míticos: el chocolate con churros de la mañana del 1 de enero.
 Cuando estás cansado, te duelen los pies, tienes muchĂ­simo sueño, un chocolate con churros es casi una tradiciĂłn sagrada para entrar en calor y empezar el año con algo dulce.

Pasan los primeros días de enero y llegamos al día 5, la tarde de las cabalgatas de Reyes. Todas las calles se llenan de gente para ver pasar a los Reyes Magos, montados en esas carrozas y tirando caramelos. Los niños miran hacia arriba con los ojos abiertos como platos, intentando coger cuantos más caramelos mejor.

Después de la cabalgata, toca irse a casa, dejar los zapatos preparados, poner vasos de leche y galletas para los Reyes y un poquito de heno para los camellos.

A la mañana siguiente, todo el mundo, con muchísima ilusión, corre directo al árbol de Navidad para ver cuántos regalos les han dejado los Reyes. Muchas familias pasan parte de la mañana abriendo regalos, algunos muy contentos porque les han traído aquellas cosas que les gustan o que habían pedido, otros no tanto; se tienen que conformar con calcetines o calzoncillos.

Pero todavía queda una cosa muy buena: el roscón de Reyes. Un dulce redondo, con fruta escarchada, y que lleva una sorpresa dentro. Además de la sorpresa, también lleva un haba. Y a quien le toca la sorpresa se tiene que poner la corona, pero a quien le toca el haba… debe pagar el roscón.

Ese día pone punto final a la Navidad. Después de eso, ya todos sabemos que toca volver a la rutina.

Al final, las Navidades en España son así: intensas, ruidosas, llenas de comida, de recuerdos, de tradiciones, y se quedan contigo para siempre. Algunas cosas cambian, otras se pierden, pero bueno, la esencia sigue ahí.

Y hasta aquí el pódcast de la Navidad española. Espero que hayas aprendido muchas cosas, pero, sobre todo, que te ayude a mejorar tu español.

Nos vemos en el siguiente, cuidaos mucho.